Documenting Syria

Russell Chapman

I have spent a month in Syria looking at the war in order to understand why this war is happening. At the moment I am in the process of writing about my experience. I had the opportunity to talk to many people from political, military and humanitarian wings of the new Syrian opposition. My intention is to give as clear a description of what I found as possible. With that, I also took many photos of what I saw and they form a chronological record of my time in this fascinating country. After two years of war I find the people very resilient and resourceful. What really amazed me was the children, how they deal with the war really encapsulates the spirit and determination of this people.

I will be making exhibitions of my pictures from Syria that form a narrative to the human side of what is a very…

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MEC: Asociación de Criminólogos de Castilla La Mancha

Sociedad de Conocedores del Crimen

Vengo escuchando hablar de Criminología en Castilla La Mancha desde que aún era estudiante, y no hace falta moverse mucho hoy en día por las redes sociales, para ver que su Asociación es de las más activas a nivel informativo. Hace poco contactó conmigo su Presidente, Miguel Peña, para participar en el Proyecto MEC, y creo que esta entrevista va a interesar no sólo a criminólogos, sino también a policías.

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“Ahora estoy en las manos de Dios”

En un periódico salió unas informaciones cuyo contenido se trataba de la inmigración irregular o bien mas, como un gobierno estaba arreglando su país para enfrentar la población indocumentada que entraba de manera irregular o bien desconforme con las leyes del país.
Pues, mirando la noticia y leyendo el artículo, no que sea gran cosa o bien una gran novedad, pero me llamo la atención la portada, una foto de una niña con sus ocho años y sin documentación ninguna estaba delante del juez dentro de un juzgado, enfrentando un fiscal, y lo que me llamo más la atención sin abogado. (Me encanta esa justicia ciega).
Bueno, seguí con la lectura y me sorprendido aún más, porque no era la única y no iba a terminar allí…lamentable artículo, no porque sea malo, pero que la verdad del país, el temido EUA, es vergonzoso, no quiero hablar aquí de irregularidad procesal o mucho menos de racismo, u otro tipo penal, pero que es un crimen tratar a los niños con tanta soberbia, con tanta mala leche, (perdona), y con tanta indiferencia… pero bueno, son raptados de sus países, son maltratados en las calles, son deportados como ratas de laboratorio, son violadas, vendidas por sus familiares, son llevadas a los carteles de la droga, son vendidas una vez más, abusadas una vez mas, o bien violadas por días sin parar, sin tregua.
Pasan por todos los tipos de traumas y sufrimientos en sus países, son llevadas a cometer una locura para entrar en EUA en busca de una vida mejor al mejor un futuro diferente, porque el presente está muerto y el pasado latente en sus memorias, les restan el futuro en un país, que debería dar una oportunidad a los NIÑOS, pero no, que hacen?
Pues eso, deportar… con el lema de que los criminales del futuro tienen que estar en sus países, o bien articulando una manera nueva de ver el mundo: “deportar estos, que no son nuestros, que no son nuestros problemas, que esos casi 60 mil niños y niñas son problemas de sus padres y de sus países, que se pudran allí con las bandas de criminales que allí están, porque aquí somos demasiado civilizados para esa gente”
En otras palabras, lo siento por ser inmigrante, lo siento por haber nacido en un país de tercer mundo con poca o casi ninguna educación, perdona señor EUA y otros países de Europa que tienen la misma política, perdona por traer al mundo tanta barbaría por ser de Sudamérica, perdonarme países de primera liña por ser casi perfecto, perdóname por no entender el carácter del mundo o bien no entender que se tengo hambre, comeré, se tengo sed beberé, agua …la misma agua la misma comida que Dios nos dejó… para todos.
Anderson Alves Ribeiro
http://www.criminologiainvestigativa.wordprees.com

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/22/actualidad/1408733954_727728.html

“Ahora estoy en las manos de Dios”

Los menores acuden sin abogado a los juzgados buscando la posibilidad de quedarse en EE UU

VICENTE JIMÉNEZ Nueva York 22 AGO 2014 – 21:06 CEST88

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Stefany Marjorie, salvadoreña de ocho años, posa tras cruzar de México a EE UU, el 24 de julio. / JOHN MOORE (AFP)

—Hola, mi nombre es Elizabeth Lamb y soy juez. ¿Qué idioma quieres utilizar, Ana? Lo siento, pero yo no hablo español. [Un intérprete realiza la traducción simultánea].
—Español.
—Muy bien. ¿Quién es el caballero que se sienta a tu lado?
—Mi tío.
—Bien. Mira, ese señor de ahí es el fiscal de inmigración. ¿Vienes sin abogado, verdad? Te voy a citar para el 21 de octubre. Y tienes que venir con un abogado. ¿Imagino que vas a ir a la escuela, no? Pues si estás en clase no hace falta que vengas, pero tu abogado tiene que traer un justificante. Gracias, Ana, que tengas un buen día.
Y Ana Gladys, de 13 años, salvadoreña, tímida, asustada, abandona la sala. Después de ella entran Jocilyn , Guilder, Elder, Dixon, Mayra, Dafny Xiomara, Yoel, Jonathan, Melquisedic, Celia Marleny, Jason Vladimir, Jaime… y así hasta 35.
El mayor tiene 20 años; la menor, cuatro. Son una mínima parte de los más de 60.000 menores llegados solos a EE UU desde Centroamérica en algo menos de un año, tras arriesgados viajes de semanas o meses, que suelen concluir con un arresto en la frontera y el ingreso en un centro de refugiados hasta que son entregados a sus padres o a algún familiar.
Es el caso de Óscar, de 16 años, que salió de El Salvador por miedo a la violencia de las pandillas. Tardó 13 días en llegar a la frontera con México. Tuvo suerte. No le atracaron, ni le violaron, ni cayó en manos de los carteles de la droga. Simplemente le detuvieron en Texas.
Hoy está confiado. “Ahora estoy en las manos de Dios”, dice, mientras su padrastro le acaricia el pelo. O el de Katty y Minnie, de seis y cuatro años. Salieron de Guatemala solas, viajaron de furgoneta en furgoneta a través de rutas establecidas, de la mano de gente de confianza, según narra Mario, su padre, indocumentado como ellas. “La vida aquí es mejor que allá. Con un poquito de fortuna, se quedarán”, afirma.
O Jaime y Jonathan, de 15 y 20 años. Huyeron de la violencia de las maras salvadoreñas en busca de sus respectivos padres, inmigrantes sin papeles en EE UU desde hace años. “Allí, o te matan, o matas”, señala Jonathan, que tardó dos meses en cruzar el río Grande.

Sin derecho a abogado de oficio, los jóvenes tienen letrados voluntarios

Todos ellos han sido citados esta mañana de martes en el edificio federal del 26 de Federal Plaza, en Lower Manhattan, que acoge los juzgados de inmigración, para iniciar el procedimiento de expulsión acelerado decretado por el presidente Barack Obama.
La mayoría de los chicos acude sin abogado, ya que el sistema judicial estadounidense no contempla el derecho a letrado de oficio a los inmigrantes irregulares.
Si no consiguen un abogado capaz de dar con un motivo legal que les retenga (asilo político, ser víctima de violencia doméstica, tráfico de humanos, maltrato o de un crimen grave cometido en Estados Unidos…) serán deportados en menos de un año.
Ese es el mensaje de Obama: cruzar la frontera no garantiza la permanencia. Aunque el tono es amable y los funcionarios se afanan por tratar bien a los niños, la tensión y el desconcierto se palpan en el ambiente.
Una nube de ángeles intenta calmarles, ayudarles, orientarles. Son los abogados de las organizaciones que, sin ánimo de lucro, trabajan en los juzgados: Catholic Charities, American Immigration Lawyers Association, Legal Aid, Safe Passage Project y The Door, entre otras.
Les dan la bienvenida, les acompañan, entrevistan a los niños para ver qué resquicio legal se puede explorar. Impresionan las escenas de 10 o 15 letrados voluntarios, sentados por los pasillos, en cualquier parte del edificio, interrogando dulcemente a niños de corta edad. “Estamos muy desbordados.
Ya lo estábamos antes, pero ha ido a más”, explica Jojo Annobil, responsable de Legal Aid Society. A su lado, Tina Ramos, de la ONG The Door (La Puerta), reparte folletos y aclara dudas.
Jackson Chin, consejero de Latino Justice, una organización de asistencia legal a latinos, se ha pasado esta mañana por la sala de la juez Lamb. Quiere ver si el proceso es correcto. Sentado junto a los niños y padres que esperan su turno, Chin toma notas.
“Creo que la juez está adoptando plazos razonables. Donde habrá que estar vigilante es en las vistas individuales, donde realmente se sustancian los casos. Si el procedimiento no es el adecuado, actuaremos”, explica Chin.

Allí o te matan o matas”, dice uno de los inmigrantes que huyó de El Salvador

A escasos metros, en otra sala de vistas convertida en improvisada clase escolar, actúa Elvis. No canta, pero es un ángel. Se llama Elvis García Calleja y tiene 24 años. Llegó con 15 a Estados Unidos tras recorrer miles de kilómetros desde Honduras, un país violento como pocos. Su familia quedó atrás.
Nadie mejor que Elvis conoce lo que sienten los menores llegados estos meses. Como case manager de Catholic Charities, Elvis acude cada mañana a los juzgados del Lower Manhattan con una misión: explicar a las familias y a los niños cómo funciona el sistema legal de Estados Unidos.
Antes de que comiencen las vistas, Elvis recorre los pasillos y pregunta: “¿Están aquí para su primera vista? Vengan, yo les explico”. Poco a poco, reúne a unas 50 o 60 personas, adultos y niños, en una sala de juicios vacía, donde imparte su clase.
“Estén tranquilos. Sobre todo, tengan en cuenta que si vienen aquí, podrán pelear por su caso; si no, les expulsarán. Así que escuchen. Ahora van a ver al juez, y al fiscal… No se pongan nerviosos”.
Y Elvis les explica los tipos de visa a los que pueden aspirar, qué defensa pueden contratar —“un abogado, no un notario; los notarios no pueden venir a la corte”—, les describe cómo es la sala de vistas… “No se me casen, porque si se casan no les serviría la visa juvenil”, advierte a los presentes. “¿Si uno está amenazado por las maras puede acogerse al asilo político?”, pregunta un padre.
“Mis sobrinas no tienen mamá ni papá. ¿Qué podemos hacer?”, inquiere una mujer. Y Elvis responde a todo. Y bromea. Y ofrece cariño, tal vez lo único bueno que de momento pueden recibir los niños en una corte estadounidense.
Los abogados temen que muchos niños no sean capaces de encontrar una representación legal competente. “Esos niños afrontan la amenaza de ser deportados y acabar en un país donde su vida corre peligro.
Forzarlos a defenderse por sí mismos ante fiscales experimentados viola cualquier procedimiento legal”, proclama Ahilan Arulanantham, de la American Civil Liberties Union, en una nota. “El Gobierno ha construido una cinta transportadora de deportación para niños”, remacha Eve Stotland, de The Door.

EE UU acelera la expulsión de menores
V. JIMÉNEZ
Los tribunales de Nueva York han comenzado este mes de agosto a aplicar procedimientos urgentes para deportar a miles de menores sin papeles llegados solos a EE UU desde Centroamérica. De acuerdo con la orden del Gobierno de Barack Obama, los “expedientes cohete”, como los denominan los abogados, se colocan por delante del resto, para que los chicos comparezcan ante el juez tres semanas después de su detención. Unos 40 tribunales en todo el país están aplicando los nuevos métodos. En total, unos 3.500 menores sin papeles, de los más de 60.000 llegados a EE UU en menos de un año, pasarán por los tribunales de Nueva York. El Estado de la gran metrópoli es el segundo, después de Texas, en número de menores acogidos. Le siguen Florida y California.
La preocupación por garantizar los derechos de los menores ha movilizado a las asociaciones de asistencia legal sin ánimo de lucro. Letitia James, Defensora del Pueblo (Public Advocate) de Nueva York, hizo un llamamiento público para convocar abogados dispuestos a representar a los chicos de forma altruista. “Como Defensora del Pueblo y abogada, anteriormente trabajé para Legal Aid Society. Ahora no puedo hacer otra cosa que colaborar”, declaró recientemente en una conferencia de prensa ante el Ayuntamiento de Nueva York, acompañada de representantes de otras organizaciones.
“Imaginen mi horror, nuestro horror, cuando nos encontramos con que el Gobierno federal había ordenado a la corte de aquí al lado que acelere los casos de los niños más vulnerables, los que huyen de las condiciones más horribles en Centroamérica, los que cruzan la frontera por sí solos”, denunció en el mismo acto Eve Stotland, de la ONG The Door (La Puerta).
El gobernador de California, Jerry Brown, anunció este jueves que el Estado proporcionará tres millones de dólares (2,26 millones de euros) a las organizaciones que defiendan a niños indocumentados. “Ayudar a estos jóvenes a navegar por nuestro sistema legal es lo correcto y está en consonancia con el espíritu progresista de California”, dijo Brown.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/22/actualidad/1408733954_727728.html

MEC: Associació Interuniversitària de Criminologia (Barcelona)

Sociedad de Conocedores del Crimen

Gracias al desarrollo de este proyecto estoy conociendo varias asociaciones de estudiantes de criminología, y considero que también es importante que participen en el MEC porque todo el mundo puede aportar algo útil a la hora de luchar por la Criminología.
Hoy conocemos la Associació Interuniversitària de Criminologia, de la mano de su presidente, David Buil.

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Asegurad@s: Contraseñas

Sociedad de Conocedores del Crimen

ASEGURAD@S
Seguridad informática contada de forma sencilla

Esta serie de artículos nace como una colaboración entre David Senabre, Ingeniero Electrónico e informático y Carlota Barrios, criminóloga, con idea de dar a conocer el lazo existente entre la Informática y la Criminología, así como explicar la seguridad informática de una manera amena y sencilla.

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“Características cualitativas y cuantitativas de la delincuencia actual de menores”

 ISSN: 2340-6046 9

 ”EL CRIMINALISTA DIGITAL. PAPELES DE CRIMINOLOGÍA – 3/2014”

ISSN: 2340-6046 Director: José María Suárez López Fecha de publicación: abril, 2014

Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología Sección de la Universidad de Granada

 

 

 

 

 

 

 

“Características cualitativas y cuantitativas de la delincuencia actual de menores”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mª Victoria Eugenia Hernández González. Licenciada en Derecho. Doctoranda en Programa de Derecho Penal y Política Criminal. Universidad de Granada. Técnico Superior. Dpto. Justicia Juvenil.

 

 

 

 

1. Introducción a informes delincuenciales.

De manera sucinta y de acuerdo con la estadística comparada oficial, fundamentalmente la elaborada por los correspondientes institutos policiales, de los países de nuestra área de cultura (países occidentales más industrializados) la delincuencia juvenil “in genere” se aproxima, en cuanto al volumen de los últimos años, al 15% de la delincuencia general total1.

Si bien, las estadísticas de algunas de esas naciones, como es el caso, por ejemplo, de Francia, ofrecen cifras apreciablemente mayores: 20 ó 22%.2 Por el contrario, otros países ofrecen estadísticas muy por debajo de la media. Las más bien escasas encuestas de “victimización” y los más escasos, aún, informes de “delincuencia autorrevelada”, apuntan igualmente a la notable participación de los menores en el campo de la actividad penalmente ilícita.

 Aunque también, aquí, la cifra negra, es muy alta3. El volumen de la delincuencia juvenil, hace referencia a su cantidad, comprendiendo criterios cuantitativos (densidad y concentración demográfica…); la orientación y la intensidad delictivas expresan, por el contrario, su calidad, ya que hacen referencia a los bienes, valores o intereses agredidos por el infractor y a la gravedad de la lesión; poniendo de manifiesto cuál es el peligro de tales delitos para la convivencia de una comunidad, al mismo tiempo que advierten a ésta sobre las disfunciones de sus formas de civilización y cultura capaces de desestructurarla más allá de lo estadísticamente “normal”4.

 No podemos olvidar que ésta clase de disfunciones se convierten siempre en estímulos o incitaciones criminógenos. Sobre todo, cuando los receptores son personas en proceso elemental de crecimiento biopsicológico y maduración en las relaciones5.

La infracción cometida y el modo de cometerlo apuntan siempre a las carencias afectivas, a la ausencia de los valores personales y sociales que afectan al infractor, así como a las privaciones socioeconómicas en que se ve envuelto. En ello, no está exenta de responsabilidad la sociedad concreta donde aquél habita.6

En España, durante la última década, dejando aparte la avalancha de entrada de jóvenes extranjeros en los últimos años, la delincuencia juvenil ha transcurrido, estadísticamente, sin especiales sobresaltos graves. En comparación con otros países política y socioeconómicamente afines al nuestro, es, según las estadísticas oficiales, matizadamente menor en cuanto a su volumen se refiere.

Efectivamente, y por ejemplo, en el año 2010, el número de detenidos fue de 212.000 dentro de la delincuencia en general. Los detenidos, dentro de la delincuencia juvenil, fueron, según las estadísticas policiales 27.117, para el mismo año.

 Conforme a estas cifras, pues, los delincuentes juveniles detenidos representarían alrededor del 12% de la delincuencia total.7. Ha de advertirse que es arriesgado y asimismo inidóneo tratar de deducir “ratios” representativos de la delincuencia juvenil, partiendo de la comparación entre el número de detenidos adultos y menores; ya que es mucho más frecuente que los menores actúen en grupo.

Ello puede conllevar, y de hecho conlleva, en consecuencia, que una única lesión jurídica producida al mismo sujeto pasivo (por ejemplo, contra la vida), al tener que ser imputada como tal (delito de homicidio) a cada uno de los codelincuentes, crezca más el número de delincuentes detenidos cuanto mayor sea el grupo de los mismos. Y todo ello, sin que el bien jurídico (aquí vida humana) haya sufrido más detrimento que si hubiese sido autor (o sujeto activo) una sola persona.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que los delincuentes adultos actúan con mucha más frecuencia solos que los delincuentes menores, tendremos que, por el mismo volumen de bienes jurídicos quebrantados, habrá más delincuentes menores detenidos que delincuentes mayores de edad.

Este dato ha de tenerse en cuenta, pues, a la hora de medir la delincuencia juvenil cuando para ello se parta de comparar su magnitud de detenidos con la de adultos. Desde este punto de vista, es claro, que no se puede afirmar con seriedad, que por ejemplo, la delincuencia juvenil representa a un 10% de la delincuencia total porque esa sea la “ratio” respecto de detenidos menores y detenidos adultos.

Como mucho, podrá hablarse, en estos casos, de proporción de delincuentes, pero no de representatividad de la delincuencia como tal, ya que, en esta, cuenta y mucho, el número de veces que son quebrantados, objetivamente, los bienes jurídicos protegidos.

1 A este respecto: “Anuarios Estadísticos” del Ministerio del Interior (de España)

2 Sobre este particular puede verse: “Aspects de la criminalité el de la délinquance en France”, de estos últimos años, en publicación de “La Documentation francaise” (Paris). Estudios de prestigio de este país, como BORRICAND, J., ponen el acento, al analizar esta delincuencia, en el relevante número de sujetos activos detenidos. Y así afirma que: “cuantitativamente, las estadísticas ponen de manifiesto un acrecimiento sensible de este fenómeno.

3 Autores como QUELOZ,N., sostienen que algunos estudios, en este sentido, llevados a cabo en América del Norte y en algunos países de Europa occidental, revelan (“encuestas de autodenuncia”) que el 80% de los jóvenes de entre 12 y 18 años, requeridos a través de aquéllas, habían cometido alguno o algunos de los delitos insinuados.

4 Como ha escrito PICCA, G.: “El principio de la normalidad estadística de la criminalidad en toda sociedad, fue planteado desde 1892 por Durkheim. Esta observación fundamental da lugar a una consecuencia: el crimen no encuentra sus fuentes en causas excepcionales sino en la cultura de la sociedad en que se observa. En consecuencia, siempre debe analizarse el fenómeno criminal en relación con una cultura determinada en el tiempo, o en el espacio.

De ahí que el objeto de una crítica prioritaria por parte del criminólogo deban ser los valores y las normas propuestos por la sociedad e impuestos por el derecho”.

5 Precisamente, por este peculiar modo de ser y estar del menor se analiza la delincuencia juvenil como una parte especial o específica de la criminalidad. Por ello, estudiosos como G. STEFANI y G. LEVASSEUR han hecho observar que han de subrayarse las grandes diferencias que existen entre la delincuencia de adultos y la juvenil porque: “tanto en lo que concierne a las formas de la delincuencia como en su significación, tanto en sus causas como en su tratamiento…, la edad constituye una característica individualidad que hace evolucionar la capacidad física y psíquica en virtud en determinado tiempo que vive”. (“Criminologie et Science Pénitentiaire”, Edit. Dalloz, París, 1985, pp. 84 y 95.

6 Sobre este aspecto, por ejemplo: SCHNEIDER, H.J.: “Causas de la delincuencia infantil y juvenil”, en Revista de Derecho Penal y Criminología, 4 (1994) pp.800 y ss.

7 La fuente de estos datos: “Anuario Estadístico del Ministerio del Interior. Secretaría General Técnica, Madrid, 2010.

2. Entornos y factores de riesgo.

Los factores que se encuentran en la base del delinquir, según sociólogos, criminólogos, psicólogos y demás cultivadores de las ciencias de la conducta, se ajustan a diversos esquemas etiológicos donde en los mismos, encajan el origen de la delincuencia en general. En la actualidad, se acude a teorías psicobiológicas, psicomorales, psicosociales o interaccionistas y teorías del conflicto.

Teorías psicobiológicas: con estas teorías, se pretende situar el origen del paso del acto criminoso en la existencia de una pluralidad heterogénea de factores, de carácter genético, psicobiólogico y psicofisiológico, que incidiendo de forma aislada, o en convergencia, en el individuo afectado, le impulsan con mayor o menor fuerza a la acción y operación antisocial.

– Teorías psicomorales: según estas teorías, la delincuencia (o el delincuente como desencadenante de la misma) sería reflejo de la confirmación, en él, activada por elementos biofisiólogicos, psicológicos, sociológicos, morales o, por lo que es más probable, por la convergencia, en distinto grado, de todos los factores de una personalidad delincuencial. Personalidad estructurada a partir de un conjunto de características fundamentales, vertebradoras de la misma, operantes en grado superior a la media, y expresivas, por su tendencia, de valores contrarios a los de la comunidad. Estas particularidades estarían representadas sustancialmente, por el egocentrismo, la agresividad (negativa) y la indiferencia afectiva.8

8 Así, las características neutralizarían los frenos inhibitorios frente a las pulsiones antisociales de la persona infractora.

De modo complementario, bastaría, para que estas radicales características de personalidad, propias del acto antisocial, se proyectaran, de forma eficientemente concreta, en el mundo real, que el afectado por ellas poseyera un mínimo de “adaptación social” (habilidad y habilitación cognoscitiva y práctica del medio) y se encontrase, al mismo tiempo, con la ocasión propicia o inmediatamente provocante. (E. de Greeff, Hesnard, Mailloux, Pinatel, Favard,Cario)

– Teorías psicosociales o interaccionistas moderadas: desde la óptica de estas teorías, la delincuencia es fruto de la interacción entre estímulos individuales, sociales y situacionales. Prevaleciendo, en todo caso, los estímulos sociales y situacionales, de carácter destructor. Se impondrían, casi siempre, a determinados individuos, venciendo su escasa resistencia interior frente a aquéllos, por carecer de recursos personales adecuados (de valores de convivencia, de respeto al prójimo, de motivación…)9

9 Desde esta óptica, la criminalidad debe entenderse, por ejemplo, como un producto del aprendizaje (“asociación diferencial”), de SUTHERLAND), como aceptación de una cultura específica, acogedora de ideales antisociales e, incluso, antiéticos (COHEN. A), como fruto de ausencia o deficiente control social (HIRSCHI .T). Se habla de teorías interaccionistas moderadas, porque existen, también, teorías de neta orientación psicosocial tendentes a explicar la criminalidad desde postulados más o menos críticos, extremistas o radicalizados, aunque con diversa intensidad de tonos.

– Teorías del conflicto: para estas teorías, la delincuencia se desencadena impulsada por las contradicciones de las modernas sociedades, cultivadoras decididas de los valores del “tener” sobre los del “ser”, abonadoras de la llamada privación relativa, caldo de cultivo de inestabilidad social y hasta de revancha colectiva.10

10 Estas sociedades son propicias para engendrar frustración, resentimiento, agresividad, pasotismo; ingredientes, todos ellos, de delincuencia (delitos de lesiones, delitos contra la propiedad, delitos contra la salud pública (tráfico ilícito de drogas)… (PARSONS, T. MERTON; MILLER; MATZ; SONGER…)

Así todas las teorías mencionadas, afirman una serie de explicaciones en torno a la comprensión de la delincuencia.

3. Áreas contextuales criminógenas.

En el entorno del menor hay determinados contextos sociales e institucionales que generan destacadas disfunciones, impulsoras de la criminalidad o infracción juveniles:

– Área de la educación escolar: en este espacio existen, lagunas que impulsan a situaciones de marginación que, por sus motivaciones y exaltaciones, engendran reacciones de despecho social, agresividad y violencia. La escuela debería ir por delante de las “desviaciones sociales”, centrando, en cada momento, el ideal educativo, elaborable desde postulados humanistas. Sin embargo, acaece, lo contrario. La escuela se limita a transmitir los mensajes de la cultura ambiente.

– Área socioeconómica y de relaciones sociales: trabajos empíricos en torno a estas vertientes ponen de manifiesto cómo las precarias condiciones económicas familiares, el contexto inadecuado, las relaciones sociales, permanentemente distorsionantes con respecto al modelo considerable como “normal”, impide la aproximación a valores de realización personal y equilibrada y, por tanto, favorecedoras de una relativa inadaptación social de convivencia.

-Área de las relaciones laborales: existen menores, adolescentes y jóvenes laboralmente explotados, que son aceptados, incluso por sus familiares más próximos, tan solo como instrumentos de ingreso económico.

-Área de la marginación étnica: la persistencia de la marginación, alejamiento y separación por pertenencia a determinados grupos raciales: se ha venido afirmando por ejemplo, en Estados Unidos que el índice delictivo de las personas de raza negra sería de dos a cinco veces más alto que el referido a la población en general, exceptuando puertorriquenses y chicanos que delinquían, aproximadamente, con la frecuencia de los primeros.

-Área en el consumo de tóxicos: el entorno consumista y habitual de sustancias estupefacientes, psicotrópicas y otras relacionados con drogas tóxicas, proporciona un problema capital a la hora de abordar la cuestión de las drogas, que no es el de su relación con la delincuencia, sino indagar por qué, a pesar de sus trágicas secuelas, tanto personales como sociales múltiples, conocemos como generaciones de todas las clases sociales, de todos los países del mundo, se entregan a su consumo.

– Área de la política criminal infantil: los distintos agentes del “sistema penal” como es obvio, no tienen ninguna misión de estimular la delincuencia. Pero no es menos cierto que, en la medida en que actúen con cualidad disfuncional, se convierten o pueden convertirse en creadores de incentivos delincuenciales. Desde esta perspectiva, cabría, advertir a funcionarios y autoridades que han de tratar con menores, sea porque éstos han sido víctimas del delito o porque han sido sujetos activos de comportamientos ilícitos, que una inadecuada relación con estos ciudadanos, en pleno y forzoso período de desarrollo personal, estaría destinada a convertirse en criminológicamente negativa.

  1. Cuestión de la imputabilidad en los menores.

Constituye un tema en el que no ha existido aún suficiente debate doctrinal. Sólo cabe esbozar las líneas generales de la cuestión y dejar para el futuro la construcción de una teoría sobre cómo puede entenderse que un menor que ha cometido un delito o falta de los tipificados como tales en el código o en las leyes penales especiales y que no es culpable conforme a esas leyes penales, sin embargo, le es exigible una responsabilidad penal conforme a lo establecido en una ley especial, para lo cual si se considera que es culpable o imputable.

La imputabilidad no es un concepto incluido o definido por el derecho positivo y hay que acudir a la doctrina para llegar a la conclusión de que se trata de uno de los elementos integrantes de la culpabilidad, que, su vez, sigue siendo considerada, todavía hoy, un pilar básico de la existencia del delito, y ello, a pesar de la historia polémica sobre su necesidad y el contenido de su formulación dentro de la Teoría General del Delito.

La moderna doctrina viene a entender por imputabilidad “la posibilidad de conocer el sentido de los mandatos y prohibiciones del derecho y de actuar conforme a esa comprensión”, QUINTERO OLIVARES11 o “conjunto de las facultades mínimas requeridas para considerar a un sujeto culpable por haber hecho algo

11 QUINTERO OLIVARES, G., Curso de Derecho Penal. Parte General. Barcelona: Cedecs, 1996. pp. 416 y 417.

típico y antijurídico”, MUÑOZ CONDE12 y de ahí que al carecer los menores de esa capacidad o de esas facultades mínimas serían inimputables y en consecuencia, puedan ser declarados exentos de responsabilidad conforme a la legislación penal de adultos, tal como hace el Art. 19 del vigente código penalista, si bien pueden ser responsables puniblemente conforme a la ley que regule tal posibilidad.

12 MUÑOZ CONDE, F. Derecho Penal. Parte General. Valencia: Tirant lo Blanch, 1996, p. 397,

13 Ibid, pp. 382 y 383.

14 MOVILLA ÁLVAREZ, C., “Jurisdicción de menores y Constitución”. En: Los problemas del menor inadaptado y marginado socialmente, pp. 149 y ss.

15 GONZÁLEZ ZORRILLA, C., “Minoría de edad penal, inimputabilidad y responsabilidad”, en Documentación Jurídica. 37/40, Madrid: Ministerio de Justicia, 1983, pp. 163 a 176.

16 GARCÍA PABLOS, A., “Presupuestos criminológicos y político criminales de un modelo de responsabilidad de jóvenes y menores”, en Menores privados de libertad. Madrid: Escuela Judicial, Consejo General del Poder Judicial, pp. 251 y ss.

17 Ibid, Capítulo 1.2. MUÑOZ CONDE,13 entiende que los menores son inimputables aunque responsables del hecho delictivo cometido de una manera distinta y esa situación se justificaría por el hecho de que tienen un tratamiento penal diferenciado de los adultos. De ahí que diga que se trata de una irresponsabilidad relativa.

Hace algunos años MOVILLA ÁLVAREZ,14 entendió que la inimputabilidad se fundaba no tanto en la falta de capacidad de entender como en la de querer, en cuanto que ésta depende de la formación del carácter y de la personalidad del menor y destacó que existía “una falta de coherencia entre los principios y los resultados, dado que la solución a que se llega no es tanto una exención de responsabilidad sino una diferenciación de las medidas aplicables”.

GONZÁLEZ ZORRILLA,15 en un sugestivo trabajo efectuado en 1983, señaló que, desaparecido el antiguo criterio del discernimiento para delimitar la imputabilidad, resultaba dudoso admitir que todos los adolescentes y jóvenes menores de dieciséis años carecían de capacidad de motivación suficiente frente a las normas. Por otro lado, entendía que justificar que los jóvenes eran inimputables y que por ello quedaban al margen del derecho penal “no ha evitado en absoluto ni el castigo –a menudo mucho más duro que el que hubieran sufrido en caso de ser considerados imputables – ni los fenómenos de estigmatización y exclusión inherentes a la función penal”.

Cabe matizar que este trabajo fue escrito cuando todavía estaba en vigor la antigua Ley de Tribunales Tutelares de Menores, con todo el sistema que estableció, aunque las conclusiones a las que llegaba siguen estando vigentes, en cuanto reclamaba la existencia en nuestro país de un derecho penal juvenil en el que se estableciese la responsabilidad de los jóvenes para poder dotarles, a través de el, de un sistema de garantías y derechos.

GARCÍA PABLOS,16 ha defendido el abandono del “paradigma de la inimputabilidad”, puesto que debe reconocerse en el menor una capacidad elemental de responsabilidad, de asumir las consecuencias de sus actos, pero con la necesidad de que el sistema a través del cual se establezca, salga del derecho penal. Además, destaca que el modelo tutelar 17 utiliza la tesis de la inimputabilidad como “evasiva” o “subterfugio” para construir, después, para los menores una “modalidad sucedánea” de la respuesta penal, ya que no renuncia a los instrumentos represivos del derecho penal de adultos, ni a sus técnicas y actitudes.

La más reciente doctrina relativa a la Ley Orgánica de Responsabilidad Penal de los Menores ha venido a considerar que lo que supone en la práctica dicha ley es la bajada de la responsabilidad penal a los catorce años y que a partir de esa edad los menores son plenamente imputables, aunque ello tenga consecuencias penales diferentes.

La cuestión no es sosegada, requiriendo un desarrollo doctrinal y jurisprudencial ya que es evidente que la ley del menor optó en su día por una política criminal no suficientemente explicada en su Exposición de Motivos, tal como hubiese sido necesario.

 

  1. Conclusiones

Con esta publicación se pretende poner a disposición de los estudiosos y operadores de la justicia penal juvenil, el desarrollo del conjunto de factores y entornos que dan paso al acto antisocial.

No parece discutible afirmar que, para actuar de forma adecuada, sobre una realidad como la delincuencia de menores, se impone conocerla con el suficiente rigor. A ser posible, científicamente desde parámetros cuantitativos y cualitativos, es decir, conocimiento etiológico de la realidad. Así, es claro por qué, en un intento de conocer la delincuencia juvenil, es necesario hablar de causas, de sus causas, de factores propios y perfiles.

En el entorno del menor determinados contextos sociales e institucionales generan notables disfunciones, impulsoras de la criminalidad juvenil, como ocurre: en el campo de la educación escolar; en el área socioeconómica y de las relaciones sociales; en la persistencia de la marginación por pertenecer a determinados grupos étnicos; en el área de las relaciones laborales; en el campo de la política criminal infantil en la que los distintos agentes del sistema penal, no tienen obviamente ninguna misión de estimular la delincuencia: pero no es menos cierto que, en la medida en que actúen de forma disfuncional, se convierten, o pueden convertirse con fundamento, en creadores de incentivos delincuenciales y en el entorno consumista de sustancias psicotrópicas relacionadas con drogas tóxicas.

Del conjunto de factores descritos, no inciden todos, ni de la misma manera, en cada uno de los agentes o sujetos activos del delito. El estudio de los diferentes elementos es imprescindible para conocer el contexto de referencia en que deben desenvolverse el análisis de las causas de infracción penal. Y es que el fenómeno de la delincuencia solo puede describirse y comprenderse desde la doble vertiente sincronizada de lo individual y social. No cabe olvidar aquí, que la sociedad es parte negativamente afectada por el delito, pero tampoco, que incide también como parte activa del mismo.

Las estadísticas deben pasar por un proceso correcto de evaluación, adoptándose para ello precauciones en la elaboración, en los criterios de los datos, para juzgar de manera equilibrada los números absolutos, para lo cual se ha de estimar de forma previa e ineludible: si todos los hechos cuantificados han de estimarse como infracciones delictivas, si están depuradas de posibles y probables denuncias falsas, control policial sobre los distintos sectores de la delincuencia, aplicabilidad de métodos operativos diversos, realización de encuestas de victimización y de autodenuncia, para aproximarse a la cifra negra, e igualmente analizar el volumen de la población de menores considerados sujetos activos de los delitos cuantificados en la estadística. Es la mejor opción para ofrecer juicios rigurosos estadísticos y detallados.

En definitiva y razonable es, que como premisa se ha de tomar conciencia permanente tanto por parte de los controles formales como informales de que para, hacer frente a la delincuencia, y especialmente a la delincuencia actual juvenil, es preciso conocer sus factores endógenos y exógenos para poder impedirlos convenientemente.

Las políticas criminales que considero proporcionadas y eficaces al tratamiento actual de las infracciones en menores serían aquellas orientadas a la recuperación personal y social del menor, rechazando plenamente las informadas en postulados represivos y retribucionistas.

BIBLIOGRAFÍA

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VÁZQUEZ GONZÁLEZ, C. Delincuencia juvenil. Consideraciones penales y criminológicas. Madrid: Colex 2003.

MEC: Asociación Catalana de Criminólogos

Sociedad de Conocedores del Crimen

Si no me falla la memoria, la primera Asociación relacionada con la Criminología que conocí (allá por el año 2004, cuando empecé mis estudios), fue la Asociación Catalana de Criminólogos. Por aquél entonces no había mucho movimiento en Madrid en lo que a asociaciones se refiere, pero parecía que en Cataluña tenían ‘las pilas puestas’.
Conocí un poco más a fondo esta Asociación en 2008, durante la celebración en Barcelona del XV Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Criminología, viaje que recuerdo con mucho cariño.
Responde a la entrevista su Secretario, Pedro Campoy Torrente. Conozcamos pues, un poco más sobre ellos.

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Personajes: Alexandre Lacassagne

Toda una inspiración…

Sociedad de Conocedores del Crimen

Hoy sí que he usado el método del sorteo para elegir al tipo sobre el que hablar en esta serie de ‘Personajes’ y ha tocado uno de mis favoritos (no ha habido tongo, ¡lo juro!): Lacassagne, o como a mi me gusta llamarle, ‘el del cultivo’.

Está anécdota viene de una clase que di en 4º de carrera con Ponce de León. Yo tenía la costumbre de sentarme en primera fila para ver bien la pizarra y las diapositivas, aunque lo malo era que el profesor siempre que preguntaba algo miraba a los de la primera fila… Aquél día con Ponce de León se me quedó grabado que Lacassagne era ‘el del cultivo’ porque me preguntó si yo conocía lo que decía Lacassagne. Como respondí bien, nos pusimos a hablar de su teoría microbiológica, y hasta ahora no lo he olvidado 🙂 Fue una clase muy entretenida y esa teoría…

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