“LA MEDIACIÓN EN LA LEY ORGÁNICA 5/2000, REGULADORA DE LA RESPONSABILIDAD PENAL DE LOS MENORES: CONCILIACIÓN Y REPARACIÓN DEL DAÑO” (Beatriz Cruz Márquez Investigadora (doctora) de Derecho Penal. Universidad de Extremadura).

Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología ARTÍCULOS
ISSN 1695-0194 RECPC 07-14 (2005)
RECPC 07-14 (2005) http://criminet.ugr.es/recpc ISSN 1695-0194
LA MEDIACIÓN EN LA LEY ORGÁNICA 5/2000, REGULADORA DE LA RESPONSABILIDAD PENAL DE LOS MENORES: CONCILIACIÓN Y REPARACIÓN DEL DAÑO
Beatriz Cruz Márquez
Investigadora (doctora) de Derecho Penal. Universidad de Extremadura
___________________________________________________________________________
CRUZ MÁRQUEZ, Beatriz. La mediación en la
Ley Orgánica 5/2000, reguladora de la responsabilidad penal de los menores: conciliación y reparación del daño. Revista Electrónica de Ciencia Penal
y Criminología (en línea). 2005, núm. 07-14, p.
14:1-14:34. Disponible en internet:
http://criminet.ugr.es/recpc/07/recpc07-14.pdf
ISSN 1695-0194 [RECPC 07-14 (2005), 3 nov]
RESUMEN: En el artículo se aborda el estudio de
la mediación en la Ley reguladora de la responsabilidad penal de los menores, analizando concret amente las figuras de la conciliación y la reparación
del daño y su relación con el resto de medidas
previstas en la citada Ley. A tal objeto se exponen
los rasgos principales de ambas figuras, así como
las distintas modalidades y efectos derivados de su
celebración, tratando de profundizar en la naturaleza y posición de la mediación en el marco de la
Justicia penal juvenil, como alternativa a las
medidas de carácter formal y, en especial, a las
medidas privativas de libertad. Por último, y sobre
la base de las conclusiones alcanzadas al analizar
estos aspectos, se delimita el ámbito de aplicación
de la conciliación y la reparación del daño a
través de la determinación del grupo de menores
para quienes resulta adecuada la participación en
alguna de estas medidas y de los supuestos a tratar
en los procesos de mediación y se perfilan una
serie de elementos básicos para su configuración en
la práctica, a tenor de las experiencias realizadas al
respecto.
PALABRAS CLAVES: Mediación, conciliación,
reparación, derecho penal de menores, justicia penal
juvenil, medidas, justicia reparadora.
Fecha de recepción: 23 septiembre 2005
Fecha de publicación: 3 noviembre 2005
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SUMARIO: 1. Contenido de la conciliación y de la reparación del daño. 2. Regulación
legal: garantías y modalidades. 3. Destinatarios. 4. Configuración de la mediación entre el
menor y la víctima. 5. Conclusiones.
La recepción de la conciliación y la reparación del daño en la Ley Orgánica 5/2000,
de 12 de enero, Reguladora de la Responsabilidad penal de los Menores (en adelante,
LORRPM), responde a intereses distintos1
, relacionados, en mayor o menor medida,
1 Acerca de los factores decisivos en la acogida por parte del Derecho penal de los programas de conciliación
y reparación del daño entre el autor y la víctima, vid. TAMARIT SUMALLA, Josep María, «La mediación reparadora
en la Ley de responsabilidad penal del menor», en: GONZÁLEZ CUSSAC, José Luis / TAMARIT SUMALLA, Josep
María, Justicia penal de menores y jóvenes (Análisis sustantivo y procesal de la nueva regulación),p. 115-125;
SANZ HERMIDA, Ágata Mª, «La víctima en el proceso penal de menores», AJM, Nº I, 2001, p. nota núm. 36. Sobre Beatriz Cruz
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con la doble naturaleza, penal y educativa, de esta materia. Por un lado, constituye un
paso más para el desarrollo del principio de intervención mínima en el ámbito penal,
pues reconoce efectos a la resolución informal del conflicto2
, por cauces situados fuera
del proceso penal, evitando así la estigmatización individual o social que éste pueda
provocar. Por otro lado, pretende solucionar el problema de la saturación de los juzgados de menores, ofreciendo un instrumento para responder a los supuestos de escasa
relevancia que, sin dejar de intervenir ante las primeras infracciones del menor, permita
reservar la intervención judicial para los casos de mayor gravedad. Por último, supone
también la concesión de un mayor protagonismo a la víctima del delito, tradicionalmente desatendida en el ámbito penal, centrándose en la elaboración conjunta, entre
ésta y el menor infractor, del conflicto interpersonal que desencadena el hecho delictivo.
Como suele ocurrir ante la introducción de innovaciones relevantes en sistemas bastante consolidados, la previsión de estas figuras suscita críticas y alabanzas por parte de
la doctrina y de los distintos operadores del sistema de Justicia juvenil3
, que habrán de
ser tenidas en cuenta de cara a permitir que ambas figuras desplieguen su potencial
educativo. De este modo, junto al análisis de los rasgos que las definen, apuntados
brevemente en la Ley4
, y la exposición de las pautas básicas a seguir para su configuración pedagógica, resulta imprescindible reflexionar acerca de su naturaleza, a fin de
examinar las consecuencias que plantea la introducción de estas figuras respecto del
tratamiento de la responsabilidad penal, al tiempo que se perfila su relación con las
medidas previstas en el art. 7 de la LORRPM.
1. Contenido de la conciliación y de la reparación del daño
La conciliación y la reparación son definidas legalmente en el artículo 19.2 de la
LORRPM5
, concretamente: se entenderá producida la conciliación cuando el menor
reconozca el daño causado y se disculpe ante la víctima y ésta acepte sus disculpas6
;
el desarrollo e introducción de la Justicia informal en el ámbito de la Justicia juvenil, FUNES, Jaume, «La
mediación aquí y fuera de aquí: teorías y proyectos», en: FUNES ARTIAGA, Jaume (dir.), Mediación y Justicia
juvenil, 1995, p. 27-37
2
Sea a través de la desjudicialización o de la reducción de la sanción juvenil, vid. FUNES, «La mediación aquí
y fuera de aquí», ob. cit., p. 33.
3 TRENCZEK, Thomas, «V.O.R.P.; Algunos temas centrales en la mediación del conflicto víctima-infractor»,
IS, n.º 23, 1993, p. 113.
4 Art. 19.2 y Exposición de Motivos II, núm. 12 de la LORRPM.
5Cuyo precedente inmediato se encuentra en la Ley Orgánica 4/92 de 5 de junio, reguladora de la Competencia y el Procedimiento de los Juzgados de Menores (LOCPJM), arts. 15.1, regla 6ª yb 16.3, DE LAMO RUBIO,
Jaime, «La víctima en el actual proceso de menores: presencias y ausencias», LL, 1999 (5), p. 1917 s. De hecho, la
recepción de la mediación en la LORRPM estaba avalada por la experiencia práctica desarrollada en Cataluña
desde el año 1989-90 y su confirmación en la LOCPJM, vid. GIMÉNEZ-SALINAS I COLOMER, Esther, «La nueva
Ley de Justicia juvenil en España: un reto para el 2000», en: GIMÉNEZ-SALINAS I COLOMER, Esther (dir.),
Legislación de menores en el siglo XXI: análisis de Derecho comparado, 1999, p. 113;FUNES, «La mediación aquí
y fuera de aquí», ob. cit., p. 39; HIGUERA GUIMERÁ, Juan Felipe, Derecho penal juvenil, 2003, p. 438, (nota núm.
525 in fine); TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 53.
6 Critica la relevancia concedida al requisito de la aceptación de las disculpas por parte de la víctima, por
supeditar la operatividad de la conciliación a la voluntad de la víctima, GÓMEZ RIVERO, Mª Carmen, «Algunos La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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mientras que la reparación se define como el compromiso con la víctima o con el
perjudicado de realizar determinadas acciones en beneficio de ellos o de la comunidad,
seguido de su realización efectiva7
. Ambas figuras se dirigen a la regulación del
conflicto8
, asociado a la comisión de un hecho delictivo, entre el infractor y la víctima
o perjudicado9
, centrándose la primera en elaborar dicho conflicto a través del reconocimiento del daño y la petición de disculpas por parte del menor, mientras la segunda
lo hace mediante su compensación “simbólica”10, con la realización de las actividades
concertadas en el acuerdo de reparación. En este sentido, la diferencia entre la conciliación y la reparación, no reside tanto en el carácter psicológico o moral de la primera
frente al contenido material de la segunda11, sino que, siendo común a ambas la celebración de un proceso de mediación entre el menor y la víctima12, en el que tiene lugar
aspectos de la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal del menor», APen,
2001, X, p. 168.
7 LANDROVE DÍAZ, Gerardo, Derecho penal de menores, 2001, p. 289; TORRES FERNÁNDEZ, María Elena,
«Los caminos hacia una Justicia reparadora en la Ley Orgánica de responsabilidad penal del menor», APen, 2002,
XXV, p. 655; PERIS RIERA, Jaime, «El modelo de mediación y reparación en el nuevo marco de la responsabilidad
penal de los menores previsto por la L.O. 5/2000», LL, 2001 (2), p. 1649-1653, p. 1649, entre otros.
8
Su correspondiente en la Ley de Tribunales de menores alemana (Jugendgerichtsgesetz, en adelante JGG) es
la figura de la compensación entre el autor y la víctima (Täter-Opfer-Ausgleich, en adelante TOA), que constituye
la posibilidad de solucionar el conflicto desencadenado por el hecho delictivo mediante el establecimiento de un
acuerdo entre ambas partes con la mediación de un tercero (§§10.7 y 45.2 JGG, con la diferencia, respecto de la
legislación española, art. 19.4 LORRPM, de que en este último caso el Fiscal desiste de la continuación del
expediente sin necesidad de consentimiento por parte del Juez de Menores). Vid. BAG, «Leitfaden für die
Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen” (“Minederstandards”)», en: BUNDESARBEITSGEMEINSCHAFT FÜR AMBULANTE MAßNAHMEN NACH DEM JUGENDRECHT, Ambulante Maßnahmen und
sozialpädagogische Jugendhilfeangebote für junge Straffällige. DVJJ Bd. 20, 1992, p. 411; SCHRECKLING, Jürgen,
«Täter-Opfer-Ausgleich bei Jugendstraftaten: Zur Lage der Projektarbeit und ihren Perspektiven in der Bundesrepublik Deutschland», en: BMJ (ed.) Jugendstrafrechtsreform durch die Praxis. Konstanzer Symposium, 1989, p.
218s; OSTENDORF, Heribert, Jugendgerichtsgesetz – Kommentar, 5., völlig überarb. Aufl., 2000, comentario al §
10 JGG, núm. marginal 18, p. 134 s.; BANNENBERG, Britta, Wiedergutmachung in der Strafrechtspraxis. Eine
empirisch-kriminologische Untersuchung von Täter-Opfer-Ausgleichsprojekten in der Bundesrepublik Deutschland, 1993, p. 6; TRENCZEK, Thomas, Strafe, Erziehung oder Hilfe?, 1996, p. 54s; BÖHM, Alexander, Einführung
in das Jugendstrafrecht, 3ª ed., 1996, p. 174; MEßNER, Claudius, «Hermes oder: über die Rolle “alternativer”
Sanktionen in der Jugendkriminalpolitik und die Idee der Mediation», KrimJ 28/1996, p. 166; EISENBERG, Ulrich,
Jugendgerichtsgesetz, 8ª ed., 2000, comentario al § 10 JGG, núm. marginal 27; HERING, Eike/ SESSAR, Klaus,
Praktizierte Diversion. Das “Modell Lübeck” sowie die Diversionsprogramme in Köln, Braunschweig und
Hamburg, 1990, p. 25.
9La idea de “regulación del conflicto” en este ámbito sólo indica, en principio, que el conflicto suscitado por
el delito será sometido a una solución racional y orientada a la consecución de un fin, sin explicitar, sin embargo,
el modo de alcanzar esa solución, ni tampoco el contenido de la misma. PÉREZ SANZBERRO, Guadalupe, Reparación y conciliación en el sistema penal. ¿Apertura de una nueva vía?, 1999, p. 20.
10En tanto no se trata, a diferencia de la pieza de responsabilidad civil, de la reparación material, valorable
según criterios objetivos previamente fijados, sino más bien de lo que puede significar el hecho de que el menor
infractor realice determinadas actividades que han sido acordadas entre éste y la víctima del delito en el proceso de
mediación. Insiste en la diferenciación entre la conciliación-reparación y la responsabilidad civil, TAMARIT
SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 67.
11 Mantienen esta distinción, entre otros, SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 203; HIGUERA GUIMERÁ, Derecho penal juvenil, ob. cit., p. 438; GÓMEZ RIVERO, APen, 2001, X, ob. cit., p. 168. En otro sentido, señala
la falta de un criterio homogéneo como base de la distinción entre ambas figuras, HERRERA MORENO, Myriam,
«La “conciliación menor-víctima” en el ámbito de la desviación juvenil: reflexiones en torno a su controvertida
plasmación en la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero», AJM, Nº I, 2001, p. 433.
12 “La “mediación” constituye una forma de intervención en un conflicto, un método, que consiste básicamente
en facilitar la comunicación entre las partes enfrentadas que posibilite la adopción de un acuerdo entre las
mismas (nota bene)”. Cit. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 22. Vid. también, GARCÍA Beatriz Cruz
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el tratamiento del hecho cometido y de sus consecuencias, representan dos modalidades
distintas de plantear la solución pacificadora entre las partes13: bien a través de un
acuerdo en el que se determinan las actividades a realizar por el menor en beneficio de
la víctima o de la comunidad, en el caso de la reparación, bien mediante la presentación
de disculpas por el menor y su posterior aceptación por la víctima, en el caso de la
conciliación14. Desde esta perspectiva, el procedimiento de mediación, que tiene lugar
tanto en la conciliación como en la reparación del daño, recupera el primer plano en la
exposición de estas figuras15, resaltando el hecho de que ambas implican la concesión
de un espacio específico para la atención directa del conflicto interpersonal, paralelo al
social, que provoca el delito16/
17, al tiempo que obliga a plantear el análisis de los
efectos que desencadena su solución18, en un ámbito, el del Derecho penal de menores,
cuya razón de ser no es otra que la defensa social.
La idea de “conciliación” implica el acuerdo entre sujetos que parten, en principio,
de posturas discrepantes o posiciones de intereses enfrentadas19. Según la regulación
establecida en la LORRPM, supone el reconocimiento del daño causado por parte del
menor, junto a la petición de disculpas ante la víctima y su consiguiente aceptación por
MATAS, Elvira, «La mediación penal», en: RUIZ RODRÍGUEZ, Luis Ramón / NAVARRO GUZMÁN, José Ignacio
(coord.), Menores, Responsabilidad penal y atención psicosocial, 2004, p. 635.
13Califica a la restitución del daño como un “paso simbólico hacia la conciliación”, TRENCZEK, IS, n.º 3,
1993, ob. cit., p. 115.
14 Al objeto de evitar la normativización de dos categorías de víctimas —las que perdonan, por un lado, y las
que demandan esfuerzos materiales, por otro, como apunta HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, p. 433, n.p. n.º
36—, conviene dejar en manos de ambas partes la decisión por uno u otro modo de finalizar la mediación,
dependiendo de su percepción individual del conflicto y del tratamiento interactivo del hecho delictivo y sus
consecuencias.
15 Cabe afirmar, de hecho, que la nota distintiva de estas figuras reside en el profundo impacto psicológico de
la comunicación interpersonal, HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 432 (nota núm. 33), en referencia
a GARCÍA PABLOS DE MOLINA, Antonio, Derecho Penal. Introducción, 2000, p. 501; GIMÉNEZ-SALINAS I
COLOMER, Esther, «La mediación en la justicia juvenil: una visión desde el Derecho comparado», Eguzkilore,
Número 10, 1996, p. 208. Si se entiende recogido bajo el término “actividad” tanto la conversación con ánimo
conciliador como la prestación de un servicio encaminada a compensar, directa o indirectamente, los daños
inflingidos, se puede afirmar, siguiendo a FUNES ARTIAGA, que la esencia de ambas figuras reside en “la confrontación del sujeto infractor con la propia conducta y sus consecuencias, la responsabilización de las propias
acciones y la compensación posterior a la víctima mediante la realización de una actividad en beneficio suyo”,
FUNES, «La mediación aquí y fuera de aquí», ob. cit., p. 42. También TAMARIT SUMALLA, «La mediación
reparadora», ob. cit., p. 64 ss., quien señala que ambas figuras se refieren a un mismo programa político criminal.
16TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 114; PETERS, Tony / NEYS, Achille, «La pena considerada desde una
perspectiva de la reparación», Eguzkilore, Número 8, 1994, p. 191; FUNES, Jaume, «Una introducción inevitable:
¿por qué este libro y por qué la mediación?», en: FUNES ARTIAGA, Jaume (dir.), Mediación y Justicia juvenil,
1995, p. 19 s.; GARCÍA MATAS, «Mediación penal», ob. cit., p. 637.
17 Si bien es preciso señalar que la idea de conciliación y de consecución de un acuerdo entre las partes “no
implica necesariamente que se produzca una aceptación íntima o identificación personal completa con el
contenido del acuerdo, ni que se recupere íntegramente el estado de una relación interpersonal existente antes de
que se produzca la situación de confrontación (nota bene)”, cit. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación,
ob. cit., p. 22.
18Resulta apropiada la crítica realizada por HERRERA MORENO acerca de la reconducción de la mediación a
bases puramente fácticas, en relación a sus repercusiones de carácter procesal, en vez conceder a estas figuras un
espacio menos dependiente, en razón de los efectos de relevancia sustantiva, procedimental y ejecutiva que
provoca, vid. HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, p. 427-429.
19 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 22.La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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esta última20. Así, y aunque en la Exposición de Motivos se exige el arrepentimiento
del menor infractor, la omisión de toda referencia a este último en el texto del art. 19.2
de la LORRPM hace decaer este requisito21; incompatible por otra parte con una
concepción preventiva del Derecho penal alejada de pretensiones moralizantes22. Por
otra parte, en cuanto a la aceptación de las disculpas por la víctima, indispensable para
que tenga lugar la conciliación entre ambas partes23, su ausencia no impide que se
reconozcan efectos procesales a la participación del menor en un procedimiento de este
tipo, siempre y cuando ello sea debido a causas ajenas a su voluntad (art. 19.4
LORRPM). Esta posibilidad, que deberá ser tratada en todo caso con suma cautela24
,
favorece claramente la consecución del interés superior del menor, ejercitando el
aprendizaje para la asunción de responsabilidades a través del reconocimiento del daño
causado y la solicitud de disculpas a la víctima, y coloca al proceso de mediación en sí
mismo como eje central de esta institución25, con independencia del concreto resultado
obtenido26
.
La reparación, como prestación voluntaria del menor infractor, sirve de soporte a la
regulación del conflicto en el que están involucradas éste y la víctima, con la ayuda de
la instancia mediadora, cuya función consiste en posibilitar la comunicación entre
ambas partes. Concretamente, en el marco de la LORRPM, se materializa en el compromiso del menor con la víctima o con el perjudicado para realizar determinadas
acciones en beneficio de ellos —reparación directa— o de la comunidad —reparación
20Vid. BERNUZ BENEITEZ, María José, «La conciliación y la reparación en la L.O. 5/2000, de 12 de enero,
reguladora de la responsabilidad penal de los menores. Un recurso alternativo o complementario a la Justicia de
Menores», RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), p. 278; HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 434;
HIGUERA GUIMERÁ, Derecho penal juvenil, ob. cit., p. 439; PERIS RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p. 1649; LANDROVE DÍAZ, Derecho penal de menores, ob. cit., p. 289; MAPELLI CAFFARENA, Borja / GONZÁLEZ CANO, María
Isabel / AGUADO CORREA, Teresa, Comentarios a la Ley Orgánica 5 / 2000, de 12 de enero, Reguladora de la
Responsabilidad Penal de los Menores, 2001, p. 160.
21 LANDROVE DÍAZ, Derecho penal de menores, ob. cit., p. 289; HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob.
cit., p.434. Entiende, en sentido contrario, que esta medida sólo puede desplegar su eficacia cuando el infractor
esté efectivamente arrepentido, se disculpe, y la víctima otorgue su perdón porque lo interioriza y hace suyo, PERIS
RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p. 1649.
22 Al respecto, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 396-398; HERRERA MORENO, AJM,
N.º I, 2001, ob. cit., p. 433 s.
23 No es que su carencia sea contradictoria con el concepto de conciliación —como puntualizan TORRES FERNÁNDEZ, APen, 2002, XXV, ob. cit., p. 655; PERIS RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p. 1650—, sino simplemente que
el proceso de mediación entre el menor y la víctima no finaliza con un acuerdo de conciliación, quedando
paralizado en la presentación de las disculpas por parte del menor.
24 TORRES FERNÁNDEZ, APen, 2002, XXV, ob. cit., p. 655.
25En este sentido, PÉREZ SANZBERRO distingue dos dimensiones en el concepto de conciliación: por un lado,
la que hace referencia al logro de un resultado, el acuerdo entre las partes; por otro, el propio “procedimiento”, que
supone el protagonismo de los sujetos directamente implicados en el delito (infractor y víctima) en su tratamiento
y en la regulación de sus consecuencias, a través de un proceso comunicativo que se caracteriza por la horizontalidad y la finalidad de contribuir a la pacificación de las relaciones entre ambas. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y
conciliación, ob. cit., p. 22 (nota núm. 60).
26 De modo que lo realmente relevante sea el tratamiento del conflicto particular, entre el menor y la víctima,
provocado por el delito; de hecho, la mediación no aspira únicamente a la satisfacción de esta última sino también
a confrontar al menor con su conducta y las consecuencias que de ella se desprenden, vid.. DELGADO MARTÍN,
Joaquín, «La mediación de la justicia de menores. Una experiencia positiva», Apen, 1998, II, p. 20. Beatriz Cruz
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indirecta—27, seguida de su efectivo cumplimiento. La reparación del daño constituye
el «núcleo cristalizador» del acuerdo entre el autor y la víctima, aunque, en su calidad
de prestación a la víctima, no resulte imprescindible en todo caso para que pueda darse
por zanjada la situación de conflicto28. Su concurrencia implica en último término, al
igual que la conciliación, la satisfacción psico-emocional de la víctima, atendiendo a
sus intereses globalmente, lo que abarca tanto prestaciones materiales como inmateriales29, y ello sobre la base de la disposición del menor para asumir su responsabilidad
ante ella y reparar el daño causado, lo que confiere a esta figura un cierto carácter
simbólico de cara a la sociedad30. Precisamente esta flexibilidad constituye un rasgo
distintivo de la reparación convenida en el ámbito de la mediación penal respecto de la
que emana del ejercicio de la acción por responsabilidad civil derivada del delito o
falta, distinta del procedimiento de mediación31 y encaminada directamente a la indemnización de los daños causados efectivamente a la víctima, como efecto jurídico
obligado que sigue al delito32. Todo ello, eso sí, sin perjuicio de que en la valoración de
esta última se tengan en cuenta las prestaciones realizadas por parte del menor como
consecuencia del compromiso acordado en el marco de un proceso de mediación
penal33. Por último, el procedimiento mediador finalizado con un acuerdo de reparación concreto, mediante el que el menor se compromete a la realización de las prestaciones convenidas, es susceptible, al igual que ocurre con el proceso de conciliación, de
provocar efectos de carácter procesal aún cuando no tenga lugar la ejecución de tales
prestaciones, siempre que los compromisos de reparación no pudieran llevarse a cabo
27 BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 276; VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Carlos, Delincuencia juvenil. Consideraciones penales y criminológicas, 2003, p. 293 s.
28 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 23.
29 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 19 s.
30 Señalan la relevancia de la asunción de compromisos por parte de la comunidad en que viven los jóvenes,
de cara a posibilitar la realización de actividades relacionadas con la personalidad del menor infractor VÁZQUEZ
GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 294; FUNES, «Violencia juvenil», ob. cit., p. 269. De hecho, en
algunos países las experiencias de mediación han derivado en formas que involucran a la comunidad en el proceso,
compensando un enfoque reduccionista del hecho criminal como un conflicto bilateral entre el autor y la víctima; a
la vez que protegen la integración del infractor en la comunidad, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora»,
ob. cit., p. 49.
31 Así, a diferencia de la LOCPJM, en que no se abría automáticamente pieza separada de responsabilidad
civil, con la regulación actual se evita la “tentación” de admitir la reparación para evitar así cualquier otra
compensación, económica o no, BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 277. Insisten en la
necesidad de diferenciar ambas figuras, PERIS RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p. 1652; LANDROVE DÍAZ, Derecho
penal de menores, ob. cit., p. 289; VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 285, quien, en referencia
a ALASTUEY DOBÓN, Mª Carmen, La reparación a la víctima en el marco de las sanciones penales, 2000, p. 201,
considera que la procedencia de la reparación se encuentra en el derecho civil de daños. En otro sentido, QUERALT, Joan J., «Víctimas y garantías: algunos cabos sueltos», en: SILVA SÁNCHEZ, Jesús Mª, Política Criminal y
nuevo Derecho Penal (Libro Homenaje a Claus Roxin), 1997, p. 153.
32 Distingue expresamente entre la “obligación” penal de restituir y el resarcimiento civil, HIRSCH, Hans Joachim, «La posición del ofendido en el Derecho penal y en el Derecho procesal penal, con especial referencia a la
reparación», CPCr, n.º 42, 1990, p. 565 ss.; siguiéndole, SANZ HERMIDA, Ágata Mª, «La víctima en el proceso
penal de menores» , AJM, N.º I, 2001, p. 202. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 18s.
33 Acerca del concepto de regulación del conflicto, así como de la distinción entre los conflictos anteriores y
posteriores al delito y su consiguiente tratamiento en el ámbito de la mediación penal, PÉREZ SANZBERRO,
Reparación y conciliación, ob. cit., p. 20 ss. La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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por causas ajenas a la voluntad del menor (art. 19.4 LORRPM)34. Lo que confirma la
relevancia otorgada al procedimiento de mediación en sí mismo, como espacio destinado al tratamiento de los hechos por parte de las personas directamente implicadas, en
orden a promover la educación social del menor y la solución del conflicto interpersonal derivado del delito.
2. Regulación legal: garantías y modalidades
Por lo que se refiere a las garantías, interesa señalar desde un principio que el carácter informal35 de la mediación penal no exime del mantenimiento de las garantías
exigidas en el proceso penal de menores36, en tanto estas figuras despliegan efectos
respecto de la declaración de la responsabilidad penal del menor —posibilidad de
sobreseimiento del expediente una vez producida la conciliación o la reparación del
daño, limitada exclusivamente en función de la gravedad del delito (art. 19.1 de la
LORRPM)—37, así como respecto de la ejecución de la medida aplicada —el art. 51.2
LORRPM permite al Juez de menores dejarla sin efecto cuando considere que ésta y el
tiempo de duración de la medida ya cumplido son suficientes para expresar el reproche
que merecen los hechos cometidos—. En el contexto de la delimitación de la responsabilidad penal, se habla de recursos “pseudojudiciales”38, en tanto es el Ministerio Fiscal
quien decide, dentro de los límites legales relativos a la gravedad del delito cometido
—habrá de tratarse en cualquier caso de un delito menos grave o falta (art. 19.1 in fine
34 PERIS RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p. 1650. Con anterioridad a la LORRPM, el art. 15.1.6º de la LTTM,
tras la reforma introducida por la Ley Orgánica 4/1992, de 5 de junio, requería, para proceder al archivo de la
causa, que el Fiscal lo solicitara, que no se hubiera empleado violencia o intimidación y que los hechos fueran de
“poca gravedad”, que el menor hubiera reparado o se comprometiera a reparar el daño causado a la víctima,
bastando con la concurrencia de alguna de estas causas para poder acordarlo, según la Instrucción 1/1993 de la
FGE, ob. cit., p. 149, que, a su vez, considera el incumplimiento del compromiso de reparación determinante de la
reapertura del expediente, p. 150. Respecto de esto último, en sentido contrario, AGUIRRE ZAMORANO, Pío,
«Medidas aplicables en la legislación de menores», en: MARTÍNEZ-PEREDA RODRÍGUEZ, José Manuel (dir.),
Menores privados de libertad, 1996, p. 205.
35 Por tratarse de medidas que tienen lugar “fuera” del procedimiento penal formal, distinguiéndose así de las
previstas en el art. 7 de la LORRPM, que se imponen por medio de sentencia judicial, una vez concluido el
proceso. Por todos, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 48.
36 Precisamente éste es uno de los aspectos más criticados respecto de los procesos de conciliación y reparación del daño; en este sentido, señala SANZ HERMIDA “la escasa trasparencia y publicidad […]; la falta de
imparcialidad del organismo al que se confían las labores de mediación; la forma de configuración de la solución
del conflicto, apartándose de las reglas jurídicas y desembocando muchas veces en la aplicación simple de la
lógica de las relaciones de fuerza económica y sociales; o las graves limitaciones que en orden a la eficacia
supone la carencia de poderes coercitivos en los sujetos que resuelvan, lo que impide dictar medidas cautelares o
iniciar procedimientos ejecutivos (nota bene)”, cit. SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 203.
37En realidad, con el sobreseimiento del expediente se produce “una renuncia a la exigencia de responsabilidad penal en una relación formal del Estado frente al delincuente, pero que, en absoluto se encuentra falta de
control, sino sujeta a un protocolo de actuación en manos de entes públicos”, cit. TORRES FERNÁNDEZ, CPCr
2003, n.º 79, ob. cit., p. 89. “La conciliación víctima-delincuente debe ubicarse dentro del Derecho Penal, y
regirse según sus principios generales, aunque se lleva a término fuera del proceso penal”, GIMÉNEZ-SALINAS I
COLOMER, Esther, «La conciliación víctima delincuente como alternativa a la justicia penal», en: SORIA VERDE,
Miguel Ángel (comp.), La víctima: entre la justicia y la delincuencia. Aspectos psicológicos, sociales y jurídicos
de la victimización, 1993, p. 153, citado por BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 266
(nota núm. 5).
38BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 265. Beatriz Cruz
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de la LORRPM) —, acerca de los efectos procesales de ambas figuras, solicitando al
Juez de menores el sobreseimiento del expediente. Ahora bien, la decisión final de este
último acerca del reconocimiento de efectos desjudicializadores al proceso de mediación39, no es suficiente para asegurar el mantenimiento de las garantías penales básicas
durante el inicio y posterior desarrollo de dicho proceso.
Concretamente, la introducción de la conciliación y la reparación del daño en el
Derecho penal de menores plantea ciertas dudas desde el punto de vista del mantenimiento del principio de presunción de inocencia40
, pues en el proceso de mediación
extrajudicial se presupone que el menor ha cometido el delito objeto del procedimiento,
siendo la víctima quien afirma la comisión de los hechos por éste, además de actuar
como parte en la negociación del acuerdo de solución del conflicto41. Por otra parte,
existe el riesgo de que el menor, ante la amenaza de continuación del proceso penal,
renuncie a defender su inocencia y participe en la solución informal del caso al objeto
de beneficiarse del sobreseimiento del expediente por parte del Fiscal de Menores, en
virtud del art. 19.4 LORRPM42. Asimismo, la propia celeridad del proceso43, junto a la
excepción prevista en el art. 27.3 de la LORRPM que exime al Equipo Técnico de la
obligación de realizar un informe acerca de la situación personal y social del menor
39 Sobre la necesidad de mantener la “garantía judicial en el cierre del proceso mediador”, TORRES FERNÁNDEZ, CPCr 2003, n.º 79, ob. cit., p. 89, quien considera que esta decisión “deberá ser siempre motivada en función
de la valoración que resulte de los hechos y de las circunstancias personales, familiares y sociales del menor”;
AGUIRRE ZAMORANO, Pío, «Los jóvenes del siglo XIX: proyecto de Ley de Justicia Juvenil», en: GIMÉNEZSALINAS I COLOMER, Esther(dir.), Legislación de menores en el siglo XXI: Análisis de Derecho comparado, EDJ-
18, 1999, p. 343. En sentido contrario, entiende que el sobreseimiento es, en realidad, automático, debiendo
acordarlo el Juez sin examinar el cumplimiento de los requisitos legales para entender válidamente producida la
conciliación y la reparación a la víctima, cuya comprobación corresponde al Fiscal, ORNOSA FERNÁNDEZ, María
Rosario, «El juez de menores en la fase de instrucción en el procedimiento penal de menores. Relaciones FiscalíaJuzgado», ORNOSA FERNÁNDEZ, M.R. (Dir.), La responsabilidad penal de los menores: aspectos sustantivos y
procesales, 2002, p. 211 s.
40 CANO PAÑOS, Miguel Ángel, «Posibilidades de “diversión” por parte del Ministerio Fiscal en el Derecho
penal juvenil alemán», RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), p 251, en referencia al sobreseimiento del Fiscal de
Menores alemán tras haber propuesto una medida educativa (§ 45.2 JGG), entre las que se encuentra la conciliación-reparación entre el menor y la víctima; VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 284.
41 Por todos, ALBRECHT, Peter-Alexis, «Strafrechtsverfremdende Schattenjustiz. Zehn Thesen zum TäterOpfer-Ausgleich», en: ALBRECHT, Peter-Alexis / EHLERS, Alexander P. F. / LAMOTT, Franziska / PFEIFFER,
Christian / SCHWIND, Hans-Dieter / WALTER, Michael, Festschrift für Horst Schüler-Springorum zum 65.
Geburtstag, 1993, p. 84.
42En la doctrina alemana, manifiestan dicho temor, entre otros, BÖTTCHER, Reinhard, «Täter-OpferAusgleich. Eine kritische Zwischenbilanz bisheriger Praxiserfahrungen und Forschungsergebnisse», BewHi 1/94,
p. 49 s.; OSTENDORF, Heribert, «Gutachten zum Jugendgerichtsgesetz (JGG). Rechtlichen Grundlagen», en:
LEMPP, R. / SCHÜTZE, G. / KÖHNKEN, G. (eds.), Forensiche Psychiatrie und Psychologie des Kindes- und
Jugendalters, 1999, p. 25 s. En España, vid. MARTÍN, Jaume / FUNES, Jaume, «Cifras e ideas: El balance de las
primeras prácticas», en: FUNES ARTIAGA, Jaume (dir.), Mediación y Justicia juvenil, 1995, p. 130; PÉREZ
SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 380-385.
43 Mitificada, por otra parte, ya que consumar un proceso de conciliación puede ser más laborioso que imponer una medida. En realidad, “la reparación no es una manera de agitar la justicia, de sacarse casos, sino de
introducir en términos de Derecho penal, en un sentido más amplio, la posibilidad de una justicia negociada”, cit.
GIMÉNEZ-SALINAS COLOMER, Eguzkilore, Número 10, 1996, ob. cit., p. 202. “La media del tiempo empleado en
la resolución mediada es de dos meses, oscilando entre 24 días y seis meses las medias comparadas”, cit.,
HERRERA MORENO, Myriam, «Introducción a la problemática de la conciliación víctima-ofensor. Hacia la paz
social por la conciliación», RDPCr, 6-1996, p. 401 (nota núm. 50); BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º
(2001), ob. cit., p. 282 s.La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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cuando advierta al Fiscal acerca de la idoneidad de optar por una solución informal del
conflicto, debilita la comprobación de la capacidad de culpabilidad del menor.
El riesgo de que se produzcan irregularidades tan graves exige, en primer lugar, un
escrupuloso proceso de verificación de los hechos admitidos por el menor44, de manera
que la existencia de contradicciones y la falta de seguridad acerca de su comisión por el
menor cierren la posibilidad de iniciar la mediación, sin que ello impida admitirla
cuando la declaración del infractor y de la víctima coincidan sólo parcialmente. En
cualquier caso, la conformidad para participar en un proceso de conciliación o de
reparación del daño no debe equivaler a la confesión formal de la comisión del delito,
en los mismos términos en que se recoge en la acusación, sino que habrá de interpretarse como manifestación de una voluntad de entendimiento con la víctima, a fin de
aclarar los términos en que se produce su participación en los hechos45. Por otra parte,
la capacidad y disposición para intervenir en un procedimiento de mediación46
, acerca
de la que se pronuncia el Equipo Técnico cuando informa sobre la conveniencia de su
iniciación —que no es incompatible a priori, y con todas las precauciones que requiera
el caso concreto, con la aplicación de ciertas medidas terapéuticas—, debe distinguirse
también de la comprobación de la capacidad de culpabilidad. De manera que ésta
tendrá que ser analizada por separado allí donde el proceso penal continúe por fracasar
el intento de conciliación o de reparación del daño o por superar el límite relativo a la
gravedad del delito fijado para el sobreseimiento. Por último, como no podía ser de
otro modo, el acuerdo de conciliación y de reparación deberá respetar en todo caso el
límite máximo de la proporcionalidad con la gravedad del delito cometido47, además de
44 Acerca de las distintas fórmulas sugeridas para asegurar la veracidad de la admisión de los hechos por parte
del menor, KONDZIELA, Andreas, «Täter-Opfer-Ausgleich und Unschuldvermutung», MschrKrim 72, 3/1989, p.
184-189, quien propone la participación personal del juez en la decisión acerca del inicio de la TOA, tras haber
escuchado la confesión del menor. En el mismo sentido, el GRUPO DE ESTUDIOS DE POLÍTICA CRIMINAL propone
decidir acerca de la procedencia de la mediación en una comparecencia preliminar ante el Juez de Menores,
GRUPO DE ESTUDIOS DE POLÍTICA CRIMINAL, Un proyecto alternativo a la regulación de la responsabilidad penal
de los menores, 2000, p. 42, 44 s.
45 Así, en la doctrina alemana, se viene entendiendo que “en el ámbito del § 45 párrafo 2 no se produce ningún
fallo de culpabilidad, es decir, la cuestión relativa a la culpabilidad penal del menor sigue abierta”, cit. CANO
PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 252. En este sentido, defiende TAMARIT SUMALLA que “la
participación del imputado en la mediación no puede ser tomada como prueba ni como indicio de culpabilidad en
el seno del proceso penal”, cit. TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 72.
46LÓPEZ MARTÍN, Enrique / DÓLERA CARRILLO, María A., «Ejecución de las medidas no privativas de libertad», en: LÓPEZ MARTÍN, Enrique / RIPOLL SPITERI, Antonio (coord.), Justicia de menores e intervención
socioeducativa, 2001, p. 202, señalan la capacidad para reconocer las consecuencias negativas de los hechos
cometidos, así como para asumir la responsabilidad de los mismos. Vid. también, MARTÍN / FUNES, «El balance de
las primeras prácticas», ob. cit., p. 102 s. En un sentido excesivamente procesalista, entiende la capacidad para
participar en un programa de conciliación o de reparación del daño como “la aptitud necesaria para participar de
modo consciente en el juicio, comprender la acusación formulada contra él y ejercer el derecho de defensa (nota
bene)”, cit. SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 209. Respecto de la víctima o perjudicado, la Ley parece
identificar la capacidad para participar en un procedimiento de mediación con la capacidad de obrar (arts. 322 y
323 Cc), al señalar que, cuando la víctima sea menor de edad —se entiende, no emancipado— o incapaz, el
acuerdo de conciliación deberá ser asumido por su representante legal, con la aprobación del Juez de menores (art.
19.6 LORRPM), SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 211.
47 Al respecto, lamenta la falta de una referencia explícita a la garantía proporcional, HERRERA MORENO,
AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 435. Aunque, en realidad, la vigencia del principio de proporcionalidad es tan
evidente en un Estado de Derecho, que su mención expresa podría ser interpretada como necesidad de agotar el Beatriz Cruz
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garantizar el respeto a la dignidad y libre desarrollo de la personalidad del menor
infractor.
Al mismo tiempo, resulta necesario asegurar también una serie de garantías a la víctima en el contexto de la mediación48, poniendo especial cuidado en evitar que la
propia insistencia en las ventajas que ofrecen los mecanismos de intervención informales para la consecución del interés superior del menor49 comprometa su participación
en un proceso de este tipo50. En relación a este último aspecto, adquiere una especial
relevancia la posibilidad de optar al sobreseimiento del expediente a través del compromiso por parte del menor de realizar las actividades educativas propuestas por el
Equipo Técnico en su informe (art. 19.1 LORRPM)51, ya que descarga de responsabilidad a la víctima, cuya participación deja de ser así la única vía para la solución informal del caso52
.
Junto a los elementos comunes a todos los procesos de mediación, entre los que
destaca el protagonismo concedido al tratamiento del conflicto interpersonal derivado
del delito, se distinguen en la LORRPM diferentes modalidades en función de sus
efectos sobre el proceso penal y sobre la ejecución de la medida aplicada53. Así, cabe
hablar de una “mediación prejudicial” 54, que tiene lugar en la fase de instrucción,
dejando en suspenso el proceso penal mientras se intenta la conciliación o la obtención
de un acuerdo de reparación del daño. En este caso, el Ministerio Fiscal, siempre y
cuando el hecho imputado al menor se mantenga en el ámbito del delito menos grave o
la falta, dará por concluida la instrucción55, solicitando del Juez el sobreseimiento y
límite máximo representado por la gravedad del delito. Parece entenderlo también en este sentido, GIMÉNEZSALINAS COLOMER, Eguzkilore, Número 10, 1996, ob. cit., p. 202.
48 Que no deben eludirse por el hecho de que la mediación suponga, en términos generales, la concesión de un
mayor protagonismo a la víctima del que le es propio en el Derecho penal moderno. Vid. GIMÉNEZ-SALINAS
COLOMER, Eguzkilore, Número 10, 1996, ob. cit., p. 196.
49 Uno de los argumentos de mayor peso al respecto es el de la evitación de los efectos estigmatizantes de los
procesos formalizados. Vid. CUELLO CONTRERAS, Joaquín, El nuevo derecho penal de menores, 2000, p. 89 s.;
TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 57.
50BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p.270 (nota núm. 25). Conviene resaltar que, en
la práctica, las víctimas manifiestan, en general, estar satisfechas con la información recibida y no se sienten
obligadas a cooperar, TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 116, en referencia a un estudio de COATES, R. / GEHM,
J., «Victims meet ofender; An evaluation of victim ofender programs», PACT, 1985, p. 8. En esta línea, desacredita el mito de la víctima no participativa y poco interesada en involucrarse personalmente en los mecanismos de
reacción al conflicto, HERRERA MORENO, RDPCr, 6-1996, ob. cit., p. 386 s. Vid. también, al respecto, VARONA
MARTÍNEZ, Gema, La mediación reparadora como estrategia de control social. Una perspectiva criminológica,
1998, p. 241 s., 247, específicamente, acerca de la mediación en la justicia de menores en España, p. 259, 267.
51 Sobre las dudas que plantea el equivalente a esta figura en el Derecho penal juvenil alemán (§ 45.2 JGG), en
tanto puede entenderse como una trasmisión de competencias estrictamente judiciales al Fiscal de Menores, CANO
PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 242 ss.
52 ELICEGUI GONZÁLEZ, María Ángeles / SANTIBÁÑEZ GRUBER, Rosa, «La mediación en la justicia de menores. Primer año de la LO 5/2000. La experiencia de Bizkaia», en: ECHANO BASALDÚA, Juan I. (Coord.), Estudios
Jurídicos en Memoria de José María Lidón, 2002, p. 197.
53 Distingue entre mediación antes de la condena y después de la condena, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 60 ss.
54 LAMARCA PÉREZ, Carmen, «Una alternativa a la solución judicial de los conflictos: la mediación penal»,
en: ORTS BERENGUER, Enrique (ed.), Estudios jurídicos: libro homenaje en memoria del profesor José Ramón
Casabó Ruiz, Segundo Volumen, 1997, p.138.
55 Señala el hecho de que en el § 45.2 JGG, a diferencia del desistimiento incondicionado (§ 45.1 JGG), no se
atribuye una facultad discrecional al Ministerio Fiscal para decidir la conclusión anticipada del proceso, “sino que La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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archivo de las actuaciones (art. 19.4 LORRPM) 56, una vez producida la conciliación o
cumplidos los compromisos de reparación del daño asumidos por la víctima57. Junto a
esta modalidad, la LORRPM también acoge fórmulas de “mediación judicial”, caracterizada por producirse de forma paralela a la continuación del proceso penal, con
posterioridad incluso a la imposición de una medida por el Juez de menores 58; de
manera que su celebración no evita la declaración de la responsabilidad penal del
menor, sino que constituye una vía para dejar sin efecto la medida impuesta (art. 51.2
LORRPM). Al respecto, resulta oportuno matizar lo siguiente: en primer lugar, aunque
el art. 51.2 LORRPM menciona exclusivamente la conciliación, conviene interpretar
este término en sentido amplio entendiéndolo como mediación entre ambas partes,
independientemente de la forma concreta en que ésta se clausure, e incluir también la
reparación del daño, en consonancia con la alusión legal expresa al acuerdo alcanzado
entre el menor y la víctima en el marco del art. 19 LORRPM. Pues lo contrario, además
de reducir considerablemente las posibilidades reales de cesar la ejecución de la
medida impuesta piénsese en la multitud de supuestos en que la solicitud de disculpas por parte del menor no sea considerada suficiente por la víctima para dar por
zanjado el conflicto que se deriva del delito, contradice el principio de atención al
interés superior del menor, en tanto niega todo valor a la voluntad de reparar del daño
manifestada por éste59. En segundo lugar, tampoco parece adecuado entender que la
previsión de la conciliación como supuesto concreto en que cabe acordar el cese de la
medida, recogida en el art. 51.2 LORRPM, impide tener en cuenta su celebración en el
seno de las decisiones adoptadas en el marco de los artículos 14 y 51.1 de la LORRPM,
donde se regulan otras posibilidades de modificación de la medida impuesta
concretamente, reducir su duración o sustituirla por otra 60
.
La observación de los efectos que despliegan los procesos de mediación respecto
del proceso penal y de la ejecución de la medida aplicada constituye un instrumento
imprescindible para precisar las razones que fundamentan su inclusión en el Derecho
penal juvenil, a partir de las cuales poder contrastar la pertinencia de las reservas que
ello plantea. Entre estas últimas destacan las críticas de quienes consideran, sobre la
base del fin preventivo del Derecho penal, que la reparación constituye una vuelta a la
«debe» hacerlo cuando se den las condiciones para ello. Dicha reforma fue operada por la 1.JGGÄndG 1990 con
la finalidad de robustecer las posibilidades de reacción informal en el Derecho penal juvenil”, cit. CANO PAÑOS,
RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 240; observación que es extrapolable a la LORRPM al comparar el
art. 18 (“podrá desistir”) y el 19.4 (“dará por concluida la instrucción”).
56Critica la ambigüedad legal respecto del carácter, vinculante o no para el Juez, de la propuesta de sobreseimiento por parte del Fiscal, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 70.
57 Conviene recordar que también en los casos en que falte la aceptación de las disculpas por la víctima o el
cumplimiento de los compromisos asumidos, el Ministerio Fiscal dará por concluido el expediente y solicitará el
sobreseimiento, siempre que una y otro no concurran por causas ajenas a la voluntad del menor. Por todos, PERIS
RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p. 1652.
58 Sobre las ventajas e inconvenientes que plantea la reparación después de la condena, TAMARIT SUMALLA,
«La mediación reparadora», ob. cit., p. 73 s.
59 Así, PERIS RIERA, LL, 2001 (2), ob. cit., p.1652. De otra opinión, entendiendo que al excluir la reparación
se evita la duplicidad entre la aflicción, propia de la privación de derechos de la medida impuesta, y el esfuerzo
reparador material, HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 436.
60 Al respecto, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 76-78; SANZ HERMIDA, AJM, N.º
I, 2001, ob. cit., p. 214 ss.Beatriz Cruz
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ideología de la retribución, rechazando todo intento de conformar un modelo de
“justicia reparadora”61 en el ámbito penal62. En otro orden de cosas, se cuestiona la
capacidad de la mediación para constituir una verdadera alternativa, más humana y
social, a la intervención penal tradicional, subestimando el potencial educativo de estas
figuras, al entenderlas impregnadas de la ideología represiva propia del Derecho
penal63. Por último, cabe mencionar las reticencias de quienes identifican la introducción de los mecanismos de mediación con la privatización de la Justicia penal, por
considerar que deja en manos de los intereses de la víctima y del infractor la configuración de la respuesta sancionadora. Lo que lleva aparejado el riesgo de generalizar una
concepción individualista y material de la resolución del conflicto64 —agravando las
diferencias en función de la clase social y de los recursos económicos del infractor—,
así como de extender la red de control social65 a supuestos que, de no existir las posibilidades de conciliación-reparación, no habrían sido condenados en un proceso formal66
,
y ello exclusivamente en aras de la satisfacción de la víctima.
Frente a tales observaciones cabe objetar lo siguiente: en primer lugar, sin dejar de
admitir que en la actualidad la reparación ocupa una posición preferente entre las
distintas tendencias político-criminales de intervención frente al delito cometido67
,
basada en el reconocimiento de un cierto protagonismo a la víctima68 anteriormente
excluida del proceso de determinación de la respuesta penal y relegada al cumplimiento
de un mero papel declarativo, ello no implica que la introducción de estas figuras
provoque el destierro del fundamento preventivo de la intervención penal69
y su
sustitución por el principio de reparación70. La atribución de cualidad restitutiva a las
61 Acerca de los principios de la justicia reparadora GIMÉNEZ-SALINAS COLOMER, Eguzkilore, Número 10,
1996, ob. cit., p. 196-202. Básicamente este modelo se basa en tres ideas fundamentales: “1) el delito es un
conflicto entre individuos que produce un daño a la víctima, a la comunidad y a los propios infractores, siendo la
misión del proceso judicial penal reparar todos estos daños; 2) el objetivo es crear paz en la comunidad reconciliando a las partes y reparando los daños ocasionados; 3) el proceso judicial penal debe facilitar la participación
activa de las víctimas, infractores y sus comunidades para encontrar soluciones al conflicto”, cit. MARTÍN LÓPEZ,
Mª Teresa, «Modelos de justicia juvenil: análisis de derecho comparado», en: MARTÍN LÓPEZ, Mª Teresa (coord.),
La responsabilidad penal de los menores, 2001, p. 99.
62BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 273.
63 “La conciliación y la reparación aspiran en último término a “demostrar que el menor ha sufrido o que se
ha reformado”, al igual que es ésta la pretensión del sistema retributivo” BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º
8º (2001), ob. cit., p. 273 s., en referencia a FAGET, Jacques, Justice et travail social. Le rhizome pénal, 1992, p.
66-67.
64 VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 284.
65 BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 279-283;
66 Por todos, GARCÍA PÉREZ, Octavio, «Los actuales principios rectores del Derecho penal juvenil: un análisis
crítico», RDPCr, 2ª época, n.º 3 (1999), p. 50.
67 Siendo indicativo la abundancia de publicaciones al respecto, SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit.,
nota núm. 31.
68 GIMÉNEZ-SALINAS COLOMER, Eguzkilore, Número 10, 1996, ob. cit., p. 196; VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 280.
69 SILVA SÁNCHEZ, Jesús María, «Sobre la relevancia jurídico-penal de la realización de actos de “reparación”», PJ, Núm. 45, 1997, 198 s.
70 Lo que no implica necesariamente fundamentar la introducción del modelo reparador en el ámbito penal en
criterios preventivo-generales, exigiendo resultados en ese sentido, sino que más bien se trata de asumir la
necesidad de respetar los rasgos esenciales de este sistema, dirigido en último término a la defensa social. De
manera que, solventado el requisito de no contradecir el fin preventivo general de la intervención penal, nada
impide que este modelo se dirija específicamente al tratamiento del conflicto interpersonal provocado por el delito, La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
RECPC 07-14 (2005) – http://criminet.ugr.es/recpc/07/recpc07-14.pdf
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distintas modalidades de mediación y su consiguiente rechazo, en sintonía con las
críticas que despiertan las teorías absolutas de la pena, es más bien consecuencia de
una interpretación precipitada y reduccionista, en clave vengativa, del hecho de que
estas medidas se centren en el tratamiento del delito cometido y sus efectos. Esta visión
sesgada de la conciliación y reparación del daño desatiende el significado propio del
proceso previo a la obtención del acuerdo entre el autor y la víctima, que comprende
necesariamente un acercamiento entre ambas partes, así como el conocimiento, por
parte del autor, de las consecuencias particulares provocadas por los hechos cometidos
y, por parte de la víctima, de la perspectiva del infractor y de la situación que rodeó la
comisión de los hechos71. En realidad, el tratamiento del hecho cometido y de sus
consecuencias no se corresponde con la imposición al menor infractor de un mal
equivalente al provocado por el delito, sino que más bien se trata de que éste reduzca al
mínimo el daño producido, participando activamente en mejorar la situación en que se
encuentra la víctima como consecuencia de su comportamiento.
En segundo lugar, por lo que se refiere al potencial educativo de la mediación, la
referencia a las connotaciones represivas intrínsecas al ámbito penal es extensible, en
realidad, a la propia pretensión de configurar una respuesta de carácter educativo ante
la delincuencia juvenil en el contexto de un sistema de naturaleza penal; de lo que se
deduce que dicho potencial, referido a su vez a las distintas modalidades mencionadas,
deberá ser valorado en relación con el resto de medidas previstas en la LORRPM72. En
incluso cuando ello no contribuya a la pacificación social —lo que debilita las objeciones realizadas en torno al
escaso potencial intimidatorio y pacificador de estas figuras, vid. CEREZO MIR, Curso de Derecho penal español,
Parte General, I, Introducción, 6ª ed., 2000, p. 46; siguiéndole, VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob.
cit., p. 284—. En este sentido, aunque excesivamente centrado en la satisfacción particular de la víctima, SILVA
SÁNCHEZ, PJ, Núm. 45, 1997, ob. cit., p. 188.
71 Afirma, en esta línea, que el potencial educativo de la conciliación va más allá del ámbito estricto del ofensor, ya que la víctima, a través de la confrontación, puede llegar a comprender, tolerar y entender, en cuanto logre
sublimar sus emociones, seguramente reivindicativas en un principio. “Conocer los motivos y el contexto en que
se fraguó la ofensa suele ser presupuesto inexcusable para que la víctima se abra al diálogo y la tolerancia”, cit.
HERRERA MORENO, RDPCr, 6-1996, ob. cit., p. 394; ÍDEM, AJM, 2001, n.º 1, ob. cit., p. 430 s., en referencia,
entre otros, a ARCE, Ramón / FARIÑA, Francisca, «Estudio psicosocial de la víctima», en: CLEMENTE, Miguel
(coord.), Fundamentos de la Psicología Jurídica, 1995, p. 441. En el mismo sentido, PETERS / NEYS, Eguzkilore,
Número 8, 1994, ob. cit., p.191; PÉREZ MARTELL, Rosa, El proceso del menor. La Ley Orgánica de responsabilidad Penal del Menor, 2002, p. 237. De hecho, sin negar la relevancia que tiene para la víctima la compensación
material del daño sufrido, se puede afirmar que este aspecto no es del todo preeminente, una vez constatado que
“las víctimas aceptan en gran medida las ofertas de reparación (satisfacción personal, disculpas, etc.) de suerte
que la indemnización material suele pasar a un segundo plano”, cit. GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, Antonio, «El
redescubrimiento de la víctima: victimización secundaria y programas de reparación del daño. La denominada
“victimización terciaria” (el penado como víctima del sistema legal)», en: VVAA, La victimología, CDJ-XV,
1993, p. 304; siguiéndole, VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 288.
72 En general, de los resultados de las investigaciones efectuadas en Europa y en Norteamérica se puede afirmar que las tasas de reincidencia no son en ningún caso superiores a las de otras medidas en medio abierto o
privativas de libertad, FUNES ARTIAGA, Jaume, «La nueva Ley: Confirmación de una línea de trabajo y posibilidades para un marasmo interpretativo», en: FUNES ARTIAGA, Jaume, (dir.), Mediación y Justicia juvenil, 1995, p.
234 s. Vid. también, refiriéndose a Alemania, DÜNKEL, Frieder, «Reacciones en los campos de la Administración
de Justicia y de la Pedagogía Social a la delincuencia infantil y juvenil: un estudio comparativo a escala europea»,
en: ORNOSA FERNÁNDEZ, Mª Rosario (dir.), La responsabilidad penal de los menores: aspectos sustantivos y
procesales, CDJ-III, 2001, p. 177 ss. Acerca del índice de reincidencia de los jóvenes infractores participantes en
los programas de mediación-reparación en Cataluña, LED CAPAZ, Pere, «Los programas de mediación para la
resolución no penal de conflictos», en: MARTÍN LÓPEZ, María Teresa, La responsabilidad penal de los menores,
2001, p. 107 s., que califica los resultados —9% en el primer año posterior al primer hecho delictivo y 16-18% en Beatriz Cruz
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este contexto, cabe señalar la evidente correspondencia que existe entre el proceso de
mediación, que implica un enfrentamiento directo del menor con los efectos negativos
de sus actos, y el concepto educativo de responsabilidad73/74 inmanente a la LORRPM,
en tanto neutraliza el proceso de deshumanización, autojustificación y racionalización
del delito que suele mostrar el menor infractor, tendente a evadir su propia responsabilidad75/76. En otro orden de cosas, y sin que ello sea óbice para defender la idoneidad
educativa de estas figuras, cabe explicar la presencia de la mediación en el Derecho
penal juvenil como manifestación del principio de intervención mínima77, en lugar de
fundamentarla en motivos preventivo-especiales. Así, en consonancia con una concepción sistémica de este principio, que lo entiende referido tanto al plano de la tipificación de las conductas penales como al de la valoración de la responsabilidad, resulta
pertinente extraer de esta última aquellos aspectos susceptibles de ser atendidos fuera
del ámbito propiamente penal78, como es la elaboración del conflicto interpersonal que
un seguimiento longitudinal de varios años— de excelentes, en comparación con otro tipo de medidas; en relación
con los programas desarrollados en la Comunidad Autónoma de Madrid, VARONA MARTÍNEZ, La mediación
reparadora, ob. cit., p. 265.
73 La reparación supone en sí misma una alternativa al modelo resocializador tradicional, que prescinde del
recuerdo del hecho delictivo y donde el delincuente habrá de aceptar la sanción como medio de saldar su deuda
abstracta con el Estado, HERRERA MORENO, RDPCr, 6-1996, ob. cit., p. 392; SCHNEIDER, Hans Joachim,
«Recompensación en lugar de sanción. Restablecimiento de la paz entre autor, víctima y sociedad», en: Estudios
Penales y Criminológicos, XV, 1990-91, p. 216; BARREDA HERNÁNDEZ, Armando, «La víctima en el proceso
penal de menores. Especial examen de la pieza separada de responsabilidad civil», en: ORNOSA FERNÁNDEZ, Mª
Rosario (dir.), La responsabilidad penal de los menores: aspectos sustantivos y procesales , CDJ, III-2001, 2001,
p. 539; MARTÍN LÓPEZ, «Modelos de justicia juvenil», ob. cit., p. 99 s.
74 Así, entre los objetivos de la mediación relativos al menor infractor, cabe destacar de la conciliaciónreparación extrajudicial los siguientes rasgos: 1) ayudan al menor infractor a responsabilizarse de sus actos, pues
constituyen un ejercicio de comprensión del daño causado a la víctima, que es real; 2) le ayudan a establecer un
vínculo claro entre su conducta y la respuesta social; 3) al permitir al menor reparar o compensar el daño causado,
favorecen el establecimiento de conductas positivas que aumenten su sentimiento de utilidad y de pertenencia a la
comunidad; 4) estimula el aprendizaje de habilidades de comunicación y de resolución de problemas, de asertividad, etc; lo que supone una ampliación de su repertorio conductual de cara al afrontamiento de situaciones futuras,
vid. TEJEDOR ORDAZ, Antonia, «La intervención psicológica en el ámbito de la Justicia Juvenil», AJM, N.º I,
2001, p. 261.
75 TORRES FERNÁNDEZ, CPCr 2003, n.º 79, ob. cit., p. 88; BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001),
ob. cit., p. 273; HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 430; TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 108.
Sumamente ilustrativos, MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras prácticas», ob. cit., p. 95-98; TAMARIT
SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 57.
76 Profundizan en las condiciones que deben concurrir para que tenga lugar la responsabilización del menor,
esto es, que la resolución del conflicto socio-cognitivo aparecido ¾que tiene lugar cuando en una misma situación
se producen diferentes enfoques cognitivos del mismo problema¾, lleve al menor infractor a coordinar diferentes
puntos de vista, a estructurar una nueva forma de responsabilizarse de sus actos, ALBÀ, Eva / ELEJABARRIETA,
Fran / PORTILLO, Silvia / TRINIDAD, Carme / VILASO, María, «Los programas de mediación: Qué piensan y cómo
los viven las partes», en: FUNES ARTIAGA, Jaume (dir.), Mediación y Justicia juvenil, 1995, p. 196 ss., 209.
77 Que incluye a su vez elementos de este principio en el contexto de la atención asistencial, donde se concede
preferencia al “tiempo”, a la maduración del menor, restringiendo la intervención al mínimo, con independencia de
que se aplique en interés éste, FUNES, «La nueva Ley», ob. cit., p. 225 s.; HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, p.
429 s.
78 Por lo demás tradicionalmente descuidados en dicho ámbito, pues el tratamiento social del daño individual
provocado por el delito resulta siempre insuficiente para la víctima, que debe realizar una labor de abstracción
considerable para entender resuelto su conflicto personal con el menor a través de la imposición a éste de una
medida. Incluso la aplicación de las medidas más restrictivas, reclamadas normalmente por la víctima, no sirve al
tratamiento, asimilación y comprensión de los hechos ocurridos, sino que todo lo más satisface su necesidad de La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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provoca el delito. De este modo, al derivar la introducción de la mediación en el
Derecho penal juvenil del principio de intervención mínima79, se protege su previsión
de posibles ataques basados en consideraciones e intereses de carácter preventivogeneral, cuya valoración debería quedar relegada al plano de la determinación de la
medida juvenil a aplicar, sin que las consideraciones relativas a la gravedad del delito
interfieran en la puesta en marcha de los mecanismos de mediación80
.
Por último, los temores relativos a la privatización de la Justicia penal como efecto
derivado de la concesión de un espacio específico a la mediación entre el menor y la
víctima para la solución del conflicto interpersonal ligado al delito, resultan infundados
cuando se profundiza acerca de la naturaleza de los acuerdos alcanzados en su seno, en
comparación con la del resto de medidas previstas en el art. 7 de la LORRPM, aplicables por el Juez de menores una vez declarada la responsabilidad penal del menor. En
este sentido, conviene distinguir el ámbito en que tienen lugar los procedimientos de
mediación separados del proceso formal y caracterizados por su estructura horizontal
y su naturaleza voluntaria 81, de los efectos que los acuerdos en ellos alcanzados
pueden desplegar en el plano de la determinación de la medida juvenil. Concretamente,
en tanto uno de los elementos de la mediación es la asunción de responsabilidad por
parte del menor y su participación activa para minimizar las consecuencias negativas
individuales de su conducta, se entiende que ello suponga una reducción de la responsabilidad penal total ¾en ningún caso su “privatización”¾, afectando indirectamente,
al fijar ésta el límite máximo de la intervención penal, a la determinación de la concreta
medida a aplicar.
Esta conclusión se deriva de la observación de los distintos aspectos que implica la
comisión de un delito, que, esquemáticamente, pueden desglosarse en: infracción de
una norma penal y provocación de un daño. La infracción de una norma penal pone en
duda su eficacia preventiva y tiene una determinada repercusión en la sociedad, según
la entidad del bien jurídico protegido82. En cuanto al daño concreto provocado, su
gravedad se valora según la magnitud de las consecuencias negativas, tanto de carácter
material como moral, inmediatas y a largo plazo, que se desprenden del delito; distinatención. Vid., al respecto, PETERS / NEYS, Eguzkilore, Número 8, 1994, ob. cit., p. 185 s., 191; HERRERA
MORENO, RDPCr, 6-1996, ob. cit., p. 400 s.
79 Vid. GIMÉNEZ-SALINAS COLOMER, Eguzkilore, Número 10, 1996, ob. cit., p. 203; siguiéndola, SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 201, nota núm. 38.
80 TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p.118 s. En sentido contrario parece manifestarse, SILVA SÁNCHEZ, PJ,
Núm. 45, 1997, ob. cit., p. 198, quien destaca por encima de todo el mantenimiento del carácter preventivo de la
figura de la reparación penal, de manera que debe prescindirse de ella cuando resulte contraindicada por razones
preventivas.
81 Cuya veracidad resulta cuestionada en general, dada la previsión del art. 19.5 de la LORRPM, que incorpora la amenaza de continuar la tramitación del expediente en caso de no cumplirse el acuerdo reparador, vid.
HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 435. Aunque fundamentar en este aspecto la falta de voluntariedad del acuerdo, supone confundir la oferta de incentivos, y su consiguiente retirada cuando no tiene lugar el
comportamiento que se pretende incentivar, con la coacción. Vid.PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación,
ob. cit., p. 381 ss.
82 No se produce, en suma, una “devolución a la víctima del conflicto”, SILVA SÁNCHEZ, PJ, Núm. 45, 1997,
ob. cit., p. 187; sino más bien una concesión a la víctima de la posibilidad de afrontar el conflicto interpersonal con
el autor del delito en un espacio habilitado al efecto, PETERS / NEYS, Eguzkilore, Número 8, 1994, ob. cit., p. 189s,
191. Beatriz Cruz
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guiéndose a su vez una dimensión individual y una dimensión social83. La dimensión
individual del daño va referida a la víctima o perjudicado y en ella intervienen criterios
objetivos, con los que cuantificar con cierta precisión el perjuicio concreto sufrido, y
subjetivos, que atienden a las circunstancias específicas y situación de la víctima, su
percepción particular, e incluso las secuelas emocionales del delito. La dimensión
social alude al efecto que causa el delito en la comunidad, que se encuentra en íntima
conexión con el daño individual sufrido por la víctima, pudiendo hablar de la existencia de una correlación positiva entre ambos84 —cuanto más grave sea el daño particular
provocado por el delito, mayor es la alarma que despierta su comisión en la sociedad—
, aunque también se ve influida por otras variables, entre las que destaca el tratamiento
que recibe el delito en los medios de comunicación85
.
Siguiendo este esquema, mientras que la restitución del daño queda excluida como
respuesta a la dimensión social y la pena estatal encuentra su justificación última en la
prevención del delito en el futuro, no ocurre lo mismo en el plano individual: Precisamente, en este último se sitúa el conflicto interpersonal entre el infractor y la víctima
del delito, siendo así que las consecuencias negativas, tanto materiales como de carácter moral, sufridas por ésta última sí son susceptibles de un tratamiento en clave
conciliadora-reparadora, sin que ello afecte a los objetivos perseguidos por la intervención penal que se deriva del delito. Lo que no debe traducirse en una retribución
“taliónica” del daño particular, impensable por otra parte en un Estado social y democrático de Derecho, sino exclusivamente en la minimización del daño provocado por el
infractor, tanto por medio de prestaciones de carácter material, como a través de la
explicación de los hechos y el tratamiento conjunto de las secuelas emocionales
sufridas por la víctima86. Y es esa minimización de la dimensión individual del daño
provocado por el delito la que deberá verse reflejada en la medición de la responsabilidad penal del menor, al depender ésta, por lo que se refiere exclusivamente al hecho
cometido, de la norma penal infringida y de la gravedad del daño producido por el
delito, en su dimensión social e individual. De manera que allí donde el grado de
responsabilidad restante, una vez alcanzada la conciliación o la reparación del daño,
sea equiparable al de los supuestos en que la Ley permite el “desistimiento incondicionado”87 por parte del Fiscal de menores (art. 18 LORRPM) 88 comisión de una falta o
83 En este sentido, TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 109.
84 En esta línea, es posible hablar incluso de una interacción entre la dimensión individual y la dimensión
social del daño, en tanto cabe esperar una percepción más soportable de las consecuencias dañinas del delito por
parte de la víctima allí donde ésta reciba apoyo y comprensión por parte de la comunidad a la que pertenece.
85 Azuzada con frecuencia en los supuestos más graves por medio de la información sensacionalista, por todos, VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 173; ALBRECHT, Peter-Alexis, Jugendstrafrecht, 3.
Auflage, 2000, p. 16 ss.
86 Sobre estas últimas y los diferentes niveles de afectación según el tipo de delito, así como la evolución que
sufren a lo largo del proceso de mediación, y su relación con el grado de responsabilización inicial del menor
infractor, MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras prácticas», ob. cit., p. 98-100.
87 Por no ir acompañado ni precedido de ninguna consecuencia jurídica de carácter “sancionador-educativo”
todo lo más, la alusión al art. 3 de la LORRPM abre la posibilidad de que se tramiten medidas de protección, en
el ámbito de las entidades de asisitencia de menores, allí donde sea necesario, a diferencia de lo que sucede en el
caso del sobreseimiento por conciliación o reparación del daño. Considera, sin embargo, que no puede hablarse de La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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un delito menos grave sin violencia o intimidación y ausencia de reincidencia 89,
deberá plantearse, en virtud del principio de proporcionalidad, el desistimiento en la
continuación del expediente.
Ocurre, sin embargo, que el margen previsto en la Ley para esta interpretación es
sumamente limitado, dada la mínima diferencia establecida entre los requisitos del
desistimiento incondicionado (art. 18 LORRPM) y los del sobreseimiento por conciliación o reparación del daño (art. 19 LORRPM)90 referida únicamente al aspecto de la
violencia o intimidación91 y a la reincidencia 92—, lo que hace temer una utilización
extensiva93 de los mecanismos de mediación94 hacia supuestos que de otro modo serían
desistimiento incondicionado en el caso del art. 18 LORRPM, entendiendo que éste siempre irá acompañado de
una medida de protección, CANO PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 260.
88 Esta previsión, considerada al margen de los procedimientos de mediación, implica el reconocimiento de
primacía a las instituciones de control informal, renunciando, en aras del interés superior del menor, a la intervención penal, a cambio de que se produzca una actuación socio-educativa, vid. TORRES FERNÁNDEZ, CPCr 2003, n.º
79, ob. cit., p. 95; CANO PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 225 s. Se muestra contrario a la
concesión de facultades al Ministerio Fiscal para decidir sobre el ejercicio de la acción penal, aludiendo a los
principios de seguridad jurídica y de tutela judicial efectiva, LANDROVE DÍAZ, Gerardo, «Marco operativo de la
Ley Orgánica Reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores», LL 2000 (4), p. 1673. A favor del
establecimiento del principio de oportunidad en el ámbito del Derecho penal de menores, entre otros, MARTÍN
PALLÍN, José Antonio, «Un proceso penal distinto para los menores», en: VVAA, El menor en la legislación
actual, 1998, p. 202. Vid. también, MARCHENA GÓMEZ, Manuel, «Reglas generales para la instrucción del
procedimiento (arts. 16 a 27)», en: CONDE-PUMPIDO FERREIRO, Cándido (dir.), Ley de la Responsabilidad Penal
de los Menores, 2001, p. 267. Va más allá, criticando la inseguridad que provoca la sustitución del principio de
intervención mínima, que debería llevar a excluir totalmente del ámbito penal las bagatelas y las conductas
delictivas sumamente leves, por el principio de oportunidad, materializado en la decisión discrecional de los
operadores jurídicos, SANTANA VEGA, Dulce Mª, «Principio de oportunidad y sistema penal», ADP, Tomo XLVII,
1994, p.111-115.
89 Aunque la falta de reincidencia no es un requisito legal para aplicar la disposición del § 45.1 JGG, en la
mayoría de los casos se trata tambén de menores que nunca antes habían tenido contacto con la administración de
justicia, a pesar de las indicaciones de la doctrina mayoritaria, vid. CANO PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13
(2004), ob. cit., p. 238 s.
90 En este sentido, también CANO PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 260 s.
91 En el caso del sobreseimiento por conciliación o reparación del daño constituye un aspecto valorable por el
Fiscal de menores para estimar la gravedad de los hechos (art. 19.1 LORRPM). Vid. DOLZ LAGO, Nueva responsabilidad penal del menor, ob. cit., p. 126. DE LA ROSA CORTINA, José Miguel, «La instrucción en el procedimiento de la LORPM. Intervención del Juez de menores», en: ORNOSA FERNÁNDEZ, Mª Rosario, La responsabilidad
penal de los menores: aspectos sustantivos y procesales, CDJ-III, 2001, p. 259; así parece entenderlo también,
PÉREZ MARTELL, El proceso del menor, ob. cit., p. 234. GARCÍA INGELMO, «El Fiscal y el principio de oportunidad en la LO 5/2000», EJMF VI-2000, p. 440. En sentido contrario, SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p.
205; ESQUIVIAS JARAMILLO, José Ignacio, «El principio de oportunidad procesal. Soluciones al conflicto.
Recursos y ejecución de las medidas», EJMF VI-2000, p. 387.
92 Que no deben suponer impedimento alguno para el sobreseimiento por conciliación o reparación del daño,
entre otros, CERVELLÓ DONDERIS, Vicenta / COLÁS TURÉGANO, Asunción, La responsabilidad penal del menor de
edad, 2002, p. 144. En otro sentido, HERRERA MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 431.
93 Especialmente teniendo en cuenta el carácter de bagatela que presenta de forma genralizada la criminalidad
juvenil en España que coincide por lo demás con los datos relativos a Alemania, donde los delitos contra la
propiedad y el patrimonio aocupan un lugar preponderante, vid., por todos, CANO PAÑOS, Miguel Ángel, «¿Es
conveniente un endurecimiento del Derecho penal juvenil? Una toma de posición crítica», ADPCP, Vol. LV,
2002, p. 302-305.
94 De “superjudicialización” habla BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 280; CERVELLÓ DONDERIS / COLÁS TURÉGANO, Responsabilidad penal del menor, ob. cit., p. 144, en alusión a la experiencia de otros países expuesta por GONZÁLEZ CUSSAC, J.L., «Las medidas susceptibles de ser impuestas a los
menores y las reglas para su aplicación», en: Jornadas sobre la Ley Orgánica 5/2000 reguladora de la responsabilidad penal del menor, 10-11-12 diciembre 2001, p. 4; GARCÍA PÉREZ, RDPCr, 2ª época, n.º 3 (1999), ob. cit., p.
50; ALBRECHT, Jugenstrafecht3
, ob. cit., p. 28, en referencia a HÜGEL, Ch., «Ergebnisse der empirischen Untersu-Beatriz Cruz
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perfectamente saldados a través del desistimiento incondicionado o, todo lo más, con la
imposición de una medida de amonestación95. Más criticable, si cabe, que esta superposición casi total entre el ámbito de aplicación de ambas modalidades, resulta la
restricción del sobreseimiento por conciliación o reparación del daño a los supuestos de
faltas o delitos menos graves, pues cierra lamentablemente el paso a un desarrollo de la
mediación entre el menor y la víctima orientado a la desjudicialización de supuestos de
mediana gravedad96. Afortunadamente, el carácter alternativo de la mediación no queda
limitado a los supuestos de sobreseimiento, sino que estas figuras están llamadas a
desempeñar un papel extraordinariamente relevante en el plano de la determinación y
ejecución de la medida juvenil97, dados los efectos que despliegan sobre la responsabilidad penal al reducir al mínimo el daño individual causado por el delito. Prueba de ello
es la previsión de la conciliación como supuesto concreto para dejar sin efecto la
medida aplicada (art. 51.2 LORRPM), que, por otra parte, constituye la única vía para
romper el férreo régimen establecido para los supuestos de especial gravedad por el art.
9.5ª y la Disposición Adicional 4ª, 2, c) de la LORRPM, que restringen enormemente
las posibilidades de modificación de la medida de internamiento de régimen cerrado98
,
de obligada aplicación en estos supuestos. De ahí que se pueda afirmar sin reservas el
destacado potencial alternativo que, de forma indirecta ya que tiene interviene una
vez impuesta la medida juvenil, ostenta la mediación respecto de las medidas privativas de libertad y que obliga a garantizar un desarrollo eficiente de estos procedimientos en la práctica.
A modo de resumen, interesa resaltar la vocación de la mediación para reducir la
responsabilidad penal derivada del delito, dado que aborda el tratamiento de un aspecto
chung», en: HEINZ, W. / HÜGEL, Ch., Forschungsvorhaben des BMJ: “Erzieherische Maânahmen im deutschen
Jugendstrafrecht”, Abschluâbericht, 1986, p. 21 ss.
95 Al respecto, constatan MARTÍN / FUNES cambios significativos en el perfil de la población que llega a la
Justicia de Menores, que se refleja en las características de los menores que participan en los programas de
mediación, reclamando que ésta “sirva para trabajar y contrarrestar los discursos, las construcciones sociales
reactivas a las conductas difíciles de los adolescentes”, cit. MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras
prácticas», ob. cit., p.78.
96 A favor de la indeterminación del Legislador alemán, por considerar que más que la calificación típica de
los hechos cometidos será condicionante las constelaciones individuales producidas en cada caso, BT-Drucksache
11/5829, p. 17; OSTENDORF, JGG-Kommentar5
, ob. cit., comentario al § 10 JGG, núm. marginal 18, p. 134 s.;
HARTMANN, Arthur, Schlichten oder Richten. Der Täter-Opfer-Ausgleich und das (Jugend-) Strafrecht,
1995, p. 139.
97 Partidarios de no limitar la mediación a los supuestos en que sea posible el sobreseimiento, sino de aportar
una vía autónoma para la solución del conflicto, que, lógicamente habrá de ir acompañada de una reducción de la
intensidad de la respuesta penal: HERING / SESSAR, Praktizierte Diversion, ob. cit., p. 25; KERNER, Hans-Jürgen /
MARKS, Erich / RÖSSNER, Dieter / SHRECKLING, Jürgen, «Täter-Opfer-Ausgleich im Jugendstrafrecht», BewHi
2/90, p. 170; SCHRECKLING, «Täter-Opfer-Ausgleich», ob. cit., p. 126; DRIEBOLD, Rolf, «Täter-Opfer-Ausgleich
— eine Alternative?. Ergebnisse und Überlegungen zu einem Projekt in Oldenburg», BewHi 1/95, p. 90; ALBRECHT, «Zehn Thesen zum Täter-Opfer-Ausgleich», ob. cit., p. 87; DÖLLING, Dieter, «Täter-Opfer-Ausgleich.
Möglichkeiten und Grenzen einer neuen kriminalrechtlichen Reaktionsform», JZ 10/1992, p. 493s; BELZ, Horst /
SCHICK-KÖSER, Beate / MUTHMANN, Christian, «Täter-Opfer-Ausgleich im Bereich des allgemeinen Strafrechts»,
BewHi 1/94, p. 65; BÖTTCHER, BewHi 1/94, ob. cit., p. 49. En España, expone diversas fórmulas en esa línea,
TAMARIT SUMALLA, Reparación a la víctima, ob. cit., p. 190-194. También la plantea como regla independiente
de determinación, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 410 ss.
98 En el caso del art. 9.5ª LORRPM no podrá hacerse uso de dichas posibilidades hasta no haber transcurrido
un año de cumplimiento efectivo de la medida de internamiento y en los supuestos de la Disposición Adicional 4ª
hasta no haber transcurrido la mitad del tiempo de duración establecido. La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
RECPC 07-14 (2005) – http://criminet.ugr.es/recpc/07/recpc07-14.pdf
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determinante en la valoración de esta última concretamente, el daño material y moral
o psíquico padecido por la víctima fuera del proceso judicial penal, en que tiene
lugar la determinación de la medida juvenil, y sobre la base de la decisión voluntaria de
ambas partes. En tanto la mediación no interviene en la determinación de la medida
juvenil, sino que se sitúa en el plano de la medición de la responsabilidad penal, no se
ve afectada, en puridad, por el “tira y afloja” entre las consideraciones preventivogenerales y preventivo-especiales que influyen en dicha decisión. Lo que coloca a los
procesos de mediación, sobre la base de la reducción que operan en la responsabilidad
penal del menor, en una posición alternativa “indirecta” respecto de las medidas más
restrictivas previstas en la LORRPM, que se materializa en la posibilidad de introducir
modificaciones a la medida original, reduciéndola, sustituyéndola por otra o dejándola
sin efecto.
3. Destinatarios
En sintonía con las observaciones realizadas anteriormente en torno al contenido de
la conciliación y la reparación del daño y su posición en el contexto del Derecho penal
juvenil, conviene perfilar el ámbito de aplicación de ambas figuras, a partir de la
delimitación del grupo de menores para quienes resulta aconsejable intervenir en un
proceso de mediación, así como de los supuestos susceptibles de ser tratados, en
atención a su gravedad, en este tipo de procesos.
La determinación del grupo de menores que presentan características adecuadas
para la participación en un proceso de conciliación o de reparación del daño varía
sensiblemente según se ponga el acento en los resultados y acuerdos alcanzados o en el
desarrollo en sí del procedimiento de mediación. Así, acentuar, como rasgo esencial de
ambas figuras, su potencial para estimular, a través de la confrontación directa con la
víctima, la capacidad de asumir responsabilidades por parte del menor, materializada,
según el caso, en la presentación de disculpas o en la compensación del daño causado
¾elementos fundamentales para la consecución de un efecto integrador99—, conduce a
prever un proceso de selección de los menores orientado a obtener dicho resultado.
Frente a esta concepción, en principio razonable100, cabe objetar el riesgo de que la
decisión relativa a la posibilidad de participar en procesos de mediación acabe dependiendo de la concurrencia de una serie de rasgos que certifiquen el arrepentimiento y la
99 BECKWERMERT, Peter, «Täter-Opfer-Ausgleich in Düsseldorf. Erste Erfahrungen und Perspektiven», ZfJ
77, Nr. 7-8/1990, p. 437; BRUNNER, Rudolf / DÖLLING, Dieter, Jugendgerichtsgesetz Kommentar, 10. Auflage,
1996, comentario al § 10 JGG, núm. marginal 12; SCHÖCH, Heinz, «Täter-Opfer-Ausgleich im Jugendrecht»,
RdJB 47 (1999), p. 280; BÖTTCHER, BewHi 1/94, ob. cit., p. 50.
100 De hecho coinciden en ella tanto los defensores de tendencias resocializadoras en el Derecho penal de
menores como aquellos que propugnan la necesidad de conceder prioridad a los criterios preventivo-generales.
Vid. ALBRECHT, Jugendstrafrecht3
, ob. cit., p. 181; RÖSSNER, Dieter, «Erziehungsgedanke und Systematik des
Jugendgerichtsgesetzes», en: BMJ (ed.) Grundfragen des Jugendkriminalrechts und seiner Neuregelung. 2. Kölner
Symposium, 1992, p. 351; BRUNNER / DÖLLING, JGG-Kommentar10, ob. cit., comentario al § 10 JGG, núm.
marginal 12. Beatriz Cruz
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disposición para compensar del menor101, esto es, un pronóstico favorable acerca de su
capacidad reparadora. Resulta fácilmente previsible que la observación de este criterio
desemboque en excluir de la mediación a aquellos menores que presenten dificultades
de socialización o un entorno familiar-ambiental gravemente desestructurado102, al
temer que éstos, dada su pertenencia a un ambiente de por sí conflictivo y hostil, se
muestren más resistentes y apáticos a la hora de asumir responsabilidades y de reparar
los daños producidos103
.
Sobre la base de estas reflexiones, resulta preferible entender la mediación como el
tratamiento conjunto de los hechos producidos104, señalando como objetivo principal
de estas figuras el de ofrecer al menor y a la víctima un espacio específico para la
resolución del conflicto provocado por el delito105. Lo que convierte a la voluntad de
participar en un proceso de estas características, tanto por lo que se refiere al menor
como a la víctima, en el criterio decisivo para su realización. Establecer la disposición
del menor como único requisito, por lo que a éste se refiere, para iniciar la mediación,
exonera a esta decisión de la necesidad de valorar otros aspectos que, si bien habrán de
ser tenidos en cuenta durante su ejecución, no deben limitar a priori las posibilidades
de celebrar la mediación entre las partes106. Desde esta perspectiva, más que hablar de
101 De este modo parecen entenderla: BECKWERMERT, ZfJ 77, Nr. 7-8/1990, ob. cit., p. 437; BÖTTCHER,
BewHi 1/94, ob. cit., p. 57; BELZ / SCHICK-KÖSER / MUTHMANN, BewHi 1/94, ob. cit., p. 65. DÖLLING, Dieter,
«Täter-Opfer-Ausgleich. Möglichkeiten und Grenzen einer neuen kriminalrechtlichen Reaktionsform», JZ
10/1992, p., 499. En España, en relación con el desarrollo de estas medidas en el País Vasco, VARONA MARTÍNEZ,
La mediación reparadora, ob. cit., p. 267.
102 Esta tendencia se constata en el ámbito del sobreseimiento incondicionado, aunque aún no se dispone de
datos relativos al sobreseimiento por conciliación o reparación del daño. Vid. LUDWIG-MAYERHOFER, Wolfgang /
RZEPKA, Dorothea, «Diversion und Täterorientierung im Jugendstrafrecht —Stimmt die These von Hermann und
Wild zur Tatorientierung der Jugendstrafrechtspraxis (noch)? Eine Replikatiensstudie—», MschrKrim 81, 1/1998,
p. 24-33. DREWNIAK, Regine, Ambulante Maßnahmen für junge Straffällige. Interdisziplinäre Beiträge zur
kriminologische Forschung, Bd. 6, 1996, p. 72 s. En la práctica española, se deduce esta exclusión de la exposición de BERNUZ BENEITEZ acerca de la implantación de esta medida en la Comunidad Autónoma de Aragón,
BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 287; también VARONA MARTÍNEZ, La mediación
reparadora, ob. cit., p. 263, al aludir a las críticas acerca del desarrollo de las figuras de mediación en Cataluña, y
AYORA MASCARELL, Lídia, «Alternativas al internamiento en la jurisdicción de menores», en: CID MOLINÉ, José /
LARRAURI PIJOAN, Elena (coords.), Penas alternativas a la prisión, 1997, p. 269.
103 Acerca de las diferentes formas y tiempos de aparición de los “mecanismos de justificación” (Rechtsfertigungskonstruktionen) durante el proceso de mediación, concebido éste de modo interactivo, resulta sumamente
didáctica la exposición de MESSMER, Heinz, Unrechtsaufarbeitung im Täter-Opfer-Ausgleich. Sozialwissenschaftlichen Analysen zur außergerichtlichen Verfahrenspraxis bei Jugendlichen, 1996, especialmente p. 165-227.
104 “El sistema por el que se llega al acuerdo se estima tan valioso como el acuerdo en sí mismo (nota bene)”,
LAMARCA PÉREZ, «La mediación penal», ob. cit., p. 138.
105 Entendiendo por “resolución del conflicto” el intento de que todos los elementos sociales (básicamente, la
percepción de cada parte acerca de los hechos producidos) que participan en el proceso de mediación no perjudiquen sino que favorezcan la verdadera responsabilización, la resolución con éxito, en términos de desarrollo
cognitivo, del conflicto estructurante. Ello dependerá en gran medida de si la intervención del mediador es capaz
de reconducir las dificultades que surjan en dicho proceso, favoreciendo la coordinación de las distintas percepciones y, con ello, una nueva elaboración cognitiva en términos de responsabilidad, vid. ALBÀ / ELEJABARRIETA /
PORTILLO / TRINIDAD / VILASO, «Los programas de mediación», ob. cit., p. 218.
106 El análisis relativo al menor y a su situación social y familiar, correspondiente al Equipo Técnico [acerca
de la distinción entre el informe general y el informe especial de conciliación o reparación a realizar por el Equipo
Técnico, vid. PERIS RIERA, LL, 2001, (2), ob. cit., p. 1650 s.], sirve, por tanto, para encauzar correctamente el
proceso de mediación, sobre la base del conocimiento de los sujetos participantes. De forma que, salvo en casos
extremos, en los que se constata un nivel de desarrollo socio-cognitivo extremadamente bajo —ALBÀ / ELEJABARRIETA / PORTILLO / TRINIDAD / VILASO, «Los programas de mediación», ob. cit., p. 219— o una inestabilidad La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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rasgos indicativos de la conveniencia de emprender la mediación en el caso concreto107, conviene llamar la atención sobre los aspectos que no deben constituir un obstá-
culo, al menos en un primer momento y siempre que se cuente con la disposición de
ambas partes, para iniciar procesos de conciliación y reparación del daño. Tal es el caso
de la reincidencia 108, así como el de la observación de indicios de desintegración social
—referidos normalmente a la familia, ámbito de desarrollo, educación y formación
profesional109—, cuya concurrencia deberá ser interpretada de forma abierta y flexible110, aunque sólo sea porque el riesgo de estigmatización en estos supuestos es
especialmente elevado y justifica el empleo de todos los mecanismos disponibles para
alejar al menor del proceso penal111 o, cuando esto no sea posible, reducir la carga
restrictiva de la medida juvenil. Lo contrario —esto es, considerar los antecedentes
penales y los conflictos y déficit sociales como impedimento para practicar esta medida—, no sólo carece de una justificación empírica —habiéndose podido comprobar que
ambos criterios, a lo sumo, dificultan la conciliación entre autor y víctima, pero no la
imposibilitan112—, sino que supone además la discriminación de los menores más
problemáticos y menos favorecidos sobre la base de una concepción sesgada de estos
factores, en clave de peligrosidad.
Resulta necesario, en definitiva, proporcionar un acceso flexible a la mediación por
parte del menor113 —en función de su voluntad de participar, no tanto el grado de
psíquica relevante por parte del menor, que hagan aconsejable el aplazamiento de la mediación, la existencia de
determinados factores negativos relativos a la situación personal y psico-emocional de éste no es impedimento
para iniciar la mediación entre las partes, sino que son aspectos que habrán de ser tenidos debidamente en cuenta
durante el proceso de conciliación o de reparación.
107 Que, por otra parte, debe ser analizada particularizadamente caso por caso durante los contactos iniciales
del mediador con el menor, MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras prácticas», ob. cit., p. 110 s.
108 VARONA MARTÍNEZ, La mediación reparadora, ob. cit., p. 257. Sin embargo, los antecedentes penales sí
desempeñan en la práctica un papel determinante, SCHÖCH, RdJB 47 (1999), ob. cit., p. 286s DREWNIAK,
Ambulante Maßnahmen, ob. cit., p. 72; BÖTTCHER, BewHi 1/94, ob. cit., p. 49; AYORA MASCARELL, «Alternativas al internamiento», ob. cit., p. 269.
109 BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob. cit., p.406 s. Acerca de
la relación entre la diversion y las características bibliográfico-sociales de los menores a quienes ésta se suele
aplicar, llama la atención la correlación positiva que existe entre una mayor anormalidad social y la decisión de no
utilizar la vía informal, junto al sobreseimiento; correlación que, si bien es menor que la existente entre gravedad
del delito y sanción, pone de manifiesto una interpretación de dicha anormalidad en perjuicio del menor, LUDWIGMAYERHOFER / RZEPKA, MschrKrim 81, 1/1998, ob. cit., p. 29 s. Aunque, respecto a la TOA en concreto, no se
puede asegurar estadísticamente, dada la escasez de proyectos y la carencia de información acerca de las caract erísticas de los menores participantes. DREWNIAK, Ambulante Maßnahmen, ob. cit., p. 72; RESCH, Wolfgang J.,
Alternativen zur Jugendstrafe in der Praxis, 1992, p. 117, 129.
110 Defiende la aplicación de esta medida a adolescentes que ya han sido objeto de sanción o incluso a aqué-
llos que están cumpliendo otra, pues la mediación no es una medida más del catálogo, sino otra manera de
responder, FUNES, «La mediación aquí y fuera de aquí», ob. cit., p. 34; ÍDEM, «La nueva Ley», ob. cit., p. 228.
111 BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob. cit., p.412; SCHÖCH,
RdJB 47 (1999), ob. cit., p. 282; BELZ / SCHICK-KÖSER / MUTHMANN, BewHi 1/94, ob. cit., p. 64; DRIEBOLD,
BewHi 1/95, ob. cit., p. 92. Se hace eco de la escasa eficacia de las reacciones formales respecto de este grupo de
menores, CANO PAÑOS, ADPCP, Vol. LV, ob. cit., p. 306.
112 DÖLLING, JZ 10/1992, ob. cit., p. 496; SCHRECKLING, Jürgen, Täter-Opfer-Ausgleich nach Jugendstraftaten in Köln – Bericht über Aufbau, Verlauf und Ergebnisse des Modellprojekts “Waage”, 1991, p. 124.
113 Sobre la base del reconocimiento de un derecho del menor a reparar a la víctima; de hecho, en programas
de mediación con una asentada experiencia, como el desarrollado por el Equipo de mediación de Barcelona, se ha
producido una evolución en este sentido, primando la voluntariedad mediadora del menor por encima del resto de
aspectos, vid. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 258. Acerca de la influencia de la Beatriz Cruz
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arrepentimiento o disposición a la reparación del daño—, y eliminar criterios restrictivos basados en reticencias de carácter defensista que, por otra parte, no deberían
afectar en lo más mínimo el desarrollo de la mediación, siendo ya cuestionable su
intervención preferente al determinar la respuesta penal en los supuestos graves.
En cuanto a los supuestos que pueden ser incluidos en el ámbito de los programas
de mediación114, conviene distinguir, partiendo de las modalidades previstas en la
LORRPM, entre el proceso de resolución del conflicto en sí y las consecuencias que de
él se derivan en el ámbito penal. Pues aunque la Ley establece límites precisos, relativos a la gravedad de la infracción, para el sobreseimiento por conciliación o reparación
del daño115, en el caso de los procesos de mediación que tienen lugar durante la ejecución de la medida impuesta omite toda referencia a dicho requisito116. En consecuencia,
cabe afirmar la posibilidad de llevar a cabo la mediación no sólo cuando se trate de
falta o delito menos grave —requisito ineludible para la concesión del sobreseimiento—, sino también en los supuestos de mayor gravedad117, siempre que ambas partes
estén de acuerdo118, desempeñando una función alternativa indirecta, en el plano de la
determinación y ejecución, respecto de medidas más restrictivas.
Por otro lado, en lo que se refiere al límite mínimo necesario para iniciar un proceso
de mediación, es preciso realizar ciertas consideraciones, a fin de evitar que el ámbito
de aplicación de la conciliación y la reparación del daño y el propio del sobreseimiento
incondicionado se solapen de forma sistemática119. A tal efecto, las faltas —
disponibilidad de las partes en la viabilidad y éxito de la mediación, MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras
prácticas», ob. cit., p. 101 s.
114 Entre los delitos que tienen una mayor presencia en proyectos extranjeros están las lesiones, vid.PÉREZ
SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 176.
115 De modo que la operatividad del sobreseimiento queda reducida al marco de la pequeña y mediana delincuencia —vid. BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 281 s.—, que, por otra parte, no deja
de ser el ámbito en que tienen lugar las infracciones cometidas con más frecuencia por menores y jóvenes, vid.
TORRES FERNÁNDEZ, CPCr 2003, n.º 79, ob. cit., p. 92; CANO PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit.,
p. 224 s. Que esta limitación del sobreseimiento no resulta obligada lo demuestra el hecho de que la JGG no lo
prevea, vid. BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob. cit., p.412;
EISENBERG, JGG-Kommentar8
, ob. cit., comentario al § 10 JGG, núm. marginal 27a; KNUTH, Holger / SCHILLER,
Ilka / VELASCO, Heide, «Täter-Opfer-Ausgleich in Spanien», DVJJ-Journal 2/1996, Nr. 152, p. 169.
116 SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 215.
117 En este sentido, CERVELLÓ DONDERIS / COLÁS TURÉGANO, Responsabilidad penal del menor, ob. cit., p.
143; FUNES, «La nueva Ley», ob. cit., p. 228; TRENCZEK, Thomas, «Täter-Opfer-Ausgleich. Grundgedaken und
Mindeststandards», ZRP, 1992 (4), p. 131. En sentido contrario, GARCÍA MATAS, «Mediación penal», ob. cit., p.
636. Por otra parte, critica la limitación existente respecto de la mediación en fase instructora, que impide el
desistimiento en la continuación del expediente cuando el hecho imputado constituya un delito grave, TAMARIT
SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 62 ss.
118 BERNUZ BENEITEZ, RDPCr, 2ª época, n.º 8º (2001), ob. cit., p. 291. Tal posibilidad no resulta tan remota
como se pudiera pensar en un principio, teniendo en cuenta que en muchos casos la víctima, a pesar de la gravedad
de los hechos, se muestra favorable a iniciar la mediación, SCHRECKLING, Täter-Opfer-Ausgleich, ob. cit., p. 125.
119 En la práctica alemana, si bien no existe constancia de una disminución del sobreseimiento sin consecuencia jurídica (§ 45.1 JGG) desde la introducción de la TOA en la JGG, no parece tampoco que ésta haya supuesto
un reducción de las medidas privativas de libertad, DRIEBOLD, ob. cit., BewHi 1/95, p. 84. Es más, en línea con
esta evolución hay autores que defienden una restricción de la TOA al ámbito de la criminalidad leve, SCHAFFSTEIN, Friedrich / BEULKE, Werner, Jugendstrafrecht, 13. Auflage, 1998, p. 112; DÖLLING, JZ 10/1992, ob. cit., p.
499. Por lo que se refiere a España, concretamente respecto del programa de mediación catalán, se ha detectado un
cierto efecto de extensión de la red de control social con la introducción de la mediación, aunque también se debe
señalar la constatación de un índice de internamientos más bajo, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora»,
ob. cit., p. 54.La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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contempladas tanto en el art. 18 como en el 19 de la LORRPM— deberían quedar
excluidas de los procedimientos de mediación de carácter penal
120 y concluir directamente con el sobreseimiento del caso por parte del Fiscal de Menores121, pues ante
estas infracciones resulta sumamente cuestionable, por desmedida, la puesta en marcha
de un procedimiento de mediación122, dada su intensidad123/124. En cuanto a los delitos
leves, parece oportuno reservar la mediación como condición del sobreseimiento en los
supuestos en que exista reincidencia 125 o haya concurrido violencia o intimidación en la
comisión de los hechos, respecto de los que la Ley excluye el sobreseimiento incondicionado126
.
4. Configuración de la mediación entre el menor y la víctima
Tras haber analizado la naturaleza y posición que ocupan la conciliación y la reparación del daño en el marco del régimen penal juvenil establecido en la LORRPM,
resta aún por abordar la cuestión relativa a la configuración de estas figuras, perfilando
los aspectos fundamentales de su ejecución, al objeto de ofrecer un esquema general
que contribuya a entender su funcionamiento y a fomentar su ejercicio en la práctica.
120 En este sentido, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 175 s.
121La continuación del procedimiento en los supuestos en que se constate la falta de corrección del ambiente
familiar del menor no tiene razón de ser dada la naturaleza penal de la LORRPM, que impide tomar las necesidades socioeducativas del menor como desencadenante de la intervención penal; previendo en tales supuestos el
traslado del expediente a las autoridades de protección de menores.
122 Sin embargo, y a pesar de que la BAG las excluye terminantemente del ámbito de aplicación de la TOA,
dicha exclusión no resulta tan clara en la práctica, donde, pese a constatarse el tratamiento de delitos de mayor
gravedad (lesiones, robos con fuerza.), también se reconoce la aplicación de la TOA en casos leves y en bagatelas,
DREWNIAK, Ambulante Maßnahmen, ob. cit., p. 73; SCHRECKLING, «Täter-Opfer-Ausgleich», ob. cit., p. 222;
LEMKE, Michael, «Täter-Opfer-Ausgleich in Brandenburg – Ein Sachstandsbericht aus der Praxis», DVJJ-Journal
1/1997, p. 70; BÖTTCHER, BewHi 1/94, ob. cit., p. 49.
123 ALBRECHT, «Zehn Thesen zum Täter-Opfer-Ausgleich», ob. cit., p. 85; BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob. cit., p.412; BANNENBERG, Wiedergutmachung in der Strafrechtspraxis, ob. cit., p. 7; NETZIG, Lutz / WANDREY, Michael, «Was ist drin, wenn TOA draufsteht? —Zur Entwicklung und Etablierung von Standards für den Täter-Opfer-Ausgleich—», DVJJ-Journal 1/1996 (Nr. 151), p. 8;
KERNER / MARKS / RÖSSNER / SHRECKLING, BewHi 2/90, ob. cit., p. 171. ALBÀ / ELEJABARRIETA / PORTILLO /
TRINIDAD / VILASO, «Los programas de mediación», ob. cit., p. 219; FUNES, «La nueva Ley», ob. cit., p. 228;
GARCÍA-PABLOS DE MOLINA pone de relieve que “los estudios e investigaciones sobre jóvenes y menores
demuestran la particular aflictividad del «reencuentro» entre autor-víctima, y la comprobación directa personal e
inmediata por el infractor del daño causado. […] Sus rudimentarios mecanismos de autojustificación se desmoronan al darse de bruces con la realidad quedando desprotegidos frente al complejo de culpa”, GARCÍA-PABLOS DE
MOLINA, «Presupuestos criminológicos», ob. cit., p. 265.
124 De hecho, cualquier intento de relegar estas figuras hacia ámbitos totalmente irrelevantes de la criminalidad juvenil sería ajeno a la realidad social, dada su recepción favorable por parte de la comunidad, SCHÖCH, RdJB
47 (1999), ob. cit., p. 288; SESSAR, Klaus / BEURKENS, Andreas / BOERS, Klaus, «Wiedergutmachung als
Konfliktregelungsparadigma?», KrimJ 18 (1986), p. 86-104. Cabe augurar, además, un efecto en la propia
comunidad en orden a la “consecución de una sociedad más dialogante, flexible y receptiva”, cit. HERRERA
MORENO, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 431.
125 Señalan que la reincidencia no excluye la posibilidad de iniciar un proceso de mediación, entre otros, BANNENBERG, Wiedergutmachung in der Strafrechtspraxis, ob. cit., p. 165 ss., 221; ALBRECHT, Jugendstrafrecht3
, ob.
cit., p. 121; PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 176; TRENCZEK, ZRP, 1992 (4), ob. cit., p.
131; FUNES, «La nueva Ley», ob. cit., p. 228.
126 En este sentido, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 62; DOLZ LAGO, M. J., «El
principio de oportunidad del Fiscal. Las soluciones extrajudiciales. El sistema de recursos de la Ley. La regulación
legal de la ejecución de las medidas», EJMF 2000-VI, p. 494. Beatriz Cruz
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Dado que éste se encuentra supeditado, en gran medida, tanto a la disposición de los
medios materiales y personales adecuados para su correcta implantación, como a la
aceptación que dichas figuras reciban por parte de los operadores jurídicos127
.
Entre los requisitos que deben concurrir para plantear la iniciación del programa de
mediación, son decisivos, junto a la necesidad de que los supuestos objeto de mediación presenten una cierta entidad, el carácter preferentemente personal de la víctima128
y la constatación minuciosa de la comisión de los hechos por parte del menor129, así
como la garantía de la participación voluntaria de ambas partes130. El carácter personal,
individualizable, de la víctima constituye un requisito común de los programas de
mediación131
, aunque ello no excluye totalmente los supuestos en que el perjudicado
sea una persona jurídica132, siempre que no falte la afectación de un individuo por el
hecho delictivo133. En el marco de la comisión de los hechos, se ha flexibilizado el
requisito de la concurrencia de una confesión por parte del menor infractor134, considerando suficiente un reconocimiento del hecho en lo esencial o que las pruebas de que se
disponga hasta el momento sean contundentes135. De forma que lo relevante no es tanto
127 Acerca de la aceptación por parte de jueces y fiscales de menores, parece haberse comprobado que ésta
guarda relación directa con la organización de los órganos de mediación y la coordinación entre éstos y el aparato
judicial; constatándose incluso una evolución interactiva, en el sentido de que las reticencias iniciales por parte de
jueces y fiscales provocan a su vez una mayor conciencia acerca de la necesidad de asegurar la calidad de los
distintos proyectos, DÜNKEL, Frieder / GENG, Bernd / KIRSTEIN, Wolfgang, Soziale Trainingskurse und andere
neue ambulante Maßnahmen nach dem JGG in Deutschland, 1998, p.183; WANDREY, Michael, «Neues Denken
umsetzen», NK 1989, p. 44.
128 ELICEGUI GONZÁLEZ / SANTIBÁÑEZ GRUBER, «La mediación en la justicia de menores», ob. cit., p. 205.
129 Lo que impide el inicio de la mediación allí donde los hechos no hayan sido suficientemente aclarados,
ALBRECHT, Jugendstrafrecht3
, ob. cit., p. 120; TRENCZEK, Strafe, ob. cit., p. 55; BELZ / SCHICK-KÖSER / MUTHMANN, BewHi 1/94, ob. cit., p. 65; DÖLLING, JZ 10/1992, ob. cit., p. 496; NETZIG / WANDREY, DVJJ-Journal
1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 8; BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob.
cit., p. 413. Teniendo en cuenta, por otra parte, que siempre es posible plantear la mediación en un momento
posterior a la declaración judicial de la culpabilidad, haciendo uso de las posibilidades que ofrece esta figura para
el cese de la ejecución de la medida impuesta.
130 Echa en falta una alusión a la participación de la familia del menor y, concretamente, de los representantes
legales del mismo, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 67 s.
131 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 174; BELZ / SCHICK-KÖSER / MUTHMANN,
BewHi 1/94, ob. cit., p. 65; WANDREY, NK 1989, ob. cit., p. 44; HOCHMANN, Jessica, «Qualitätssicherung beim
Täter-Opfer-Ausgleich», NK 1/1998, p. 33.
132 MARTÍN / FUNES aluden a tres grandes colectivos de víctimas en los programas que describen: el definido
por los conflictos entre menores, el caracterizado por la victimación y la tensión adolescentes-adultos y el
conformado por las actuaciones sin víctima directa; requiriendo todos ellos procedimientos y técnicas diferentes,
MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras prácticas», ob. cit., p. 86. Rechazan de entrada los casos sin víctima
directa, NETZIG / WANDREY, DVJJ-Journal 1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 8.
133 HARTMANN, Schlichten oder richten, ob. cit., p. 308 s. De forma que se llega a admitir la mediación en el
caso de personas jurídicas de dimensiones reducidas, o en las que existe un interlocutor constante y, por el
contrario, no se estiman idóneos los casos en que como parte perjudicada aparece una gran empresa comercial —
PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 174 (nota núm. 588)—, para los que parece reservado el
acuerdo de realización de una actividad educativa por parte del menor (art. 19 LORRPM). En sentido contrario,
VÁZQUEZ GONZÁLEZ, Delincuencia juvenil, ob. cit., p. 293. También aluden a esta distinción y a sus consecuencias, MARTÍN / FUNES, «El balance de las primeras prácticas», ob. cit., p. 99.
134 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 177 s.
135 HARTMANN, Schlichten oder Richten, ob. cit., p. 128; siguiéndole, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 178.La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
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que el menor realice una confesión formal136, sino que admita su participación en un
hecho delictivo, o bien que, junto a la disposición del menor a intervenir en un programa de mediación, existan unos hechos suficientemente esclarecidos; de ahí que pueda
bastar con el reconocimiento de una limitada participación en el delito, no coincidente
con la totalidad de los hechos recogidos en la acusación137. Por último, es necesario el
consentimiento de los implicados en el delito para la intermediación dirigida al tratamiento del hecho y la superación de sus consecuencias138; siendo así que la voluntariedad de las partes es presupuesto indispensable para iniciar estas actividades. La oferta
de un intento de mediación debe dejar claro que la participación es voluntaria, es decir,
que puede rechazarse, así como abandonar las negociaciones en cualquier momento,
sin que de ello se desprendan consecuencias perjudiciales para ninguna de las partes.
De este modo, la exigencia de voluntariedad supone una garantía tanto para el menor
infractor como para la víctima139, al tiempo que fomenta un proceso simétrico, manteniendo un cierto equilibrio entre las partes, fundamental para la resolución del conflicto140
.
(1) Respecto del desarrollo del programa de mediación, su apertura depende, aunque resulte obvio decirlo, del momento en que ambas partes sean conscientes de su
oportunidad, lo que es revelador de la relevancia de una comunicación fluida entre el
Fiscal de menores y los equipos mediadores 141, al objeto de plantear la conciliaciónreparación del daño con prontitud y de aprovechar el potencial desjuicializador de la
solución del conflicto entre las partes142
.
La primera fase de actividades, en la que se suele dilucidar la viabilidad del proceso
de mediación, se dirige a establecer contacto con el menor infractor y con la víctima,
136Es más, “el reconocimiento de los hechos no puede ser considerado como una confesión (nota bene) o
como un supuesto de allanamiento(nota bene), sino que produce la probabilidad de los hechos reconocidos en
una escala de posibilidad-probabilidad-certeza (nota bene)”, SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 208;
vid. también, CALVO SÁNCHEZ, Mª del Carmen, «La fase de investigación en el nuevo proceso penal abreviado
regulado por la Ley Orgánica 7/1988, de 28 de diciembre», LL, 1990 (2), p. 1098-1100. De hecho, la exigencia
expresa de confesión formal establecida en el § 45.3 JGG es objeto de crítica por la mayoría de la doctrina penal
alemana, vid.CANO PAÑOS, RDPCrim, 2.ª Época, n.º 13 (2004), ob. cit., p. 247.
137 Para TRENCZEK basta la existencia de un consenso básico entre las partes sobre los hechos que sirven de
base al proceso, sin necesidad de que concurra una confesión formal por parte del menor, TRENCZEK, ZRP, 1992
(4), ob. cit., p. 131.
138 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 179.
139Lo que explica las críticas que recibe en la doctrina alemana la introducción, a través de la reforma de la
JGG de 1990, de la conciliación autor-víctima como “instrucción” (Weisung) que puede impartir el Juez de
menores, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 180. Favorable a la ausencia de una medida de
reparación en el catálogo previsto en el art. 7.1 LORRPM, TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob.
cit., p. 58 s.
140 BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob. cit., p.413; NETZIG /
WANDREY, DVJJ-Journal 1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 11; vid. también, BANNENBERG, Wiedergutmachung in der
Strafrechtspraxis, ob. cit., p.4.
141 Una visión general acerca de los distintos proyectos existentes en Alemania, MÜLLER-DIETZ, Heinz,
«Täter-Opfer-Ausgleich (TOA) in der Bundesrepublik Deutschland», BewHi 2/92, p. 153-167.
142 Pudiéndose observar en la evolución de los proyectos más consolidados una tendencia a buscar la involucración de la Fiscalía, de forma que ésta tenga conocimiento de la intención de iniciar el proceso de mediación, lo
que facilita la predisposición del Fiscal al sobreseimiento. Al respecto, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y
conciliación, ob. cit., p. 181; SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 212; VARONA MARTÍNEZ, La
mediación reparadora, ob. cit., p. 258. En general, acerca de las relaciones entre los organizadores de los
programas de mediación y los operadores jurídicos, WANDREY, NK 1989, ob. cit., p. 43 s.Beatriz Cruz
Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2005, núm. 07-14, p. 14:1-14:34 ISSN 1695-0194
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de manera que el trabajador o pedagogo social responsable de mediar en el conflicto
convoca a las partes por separado143 para informarles directamente acerca de su funcionamiento144, así como de las limitaciones y ventajas de este proceso145. Esta fase inicial
de aproximación facilita el conocimiento mutuo entre el mediador y las partes, al
tiempo que le permiten obtener información acerca de la situación en la que va a
intervenir, esencial para tomar conciencia de las dificultades que plantea cada caso y de
los aspectos que deben potenciarse
146. Tras estas conversaciones con el mediador147
, y
en caso de que el menor y la víctima se muestren de acuerdo, comienza la mediación
propiamente dicha, que normalmente se desarrolla en varios pasos
148
:
a) Celebración de un encuentro entre el menor y la víctima en el que esté presente
el mediador, fijando de mutuo acuerdo las condiciones en que tendrá lugar. El objetivo
principal de estos primeros encuentros es lograr una atmósfera relajada entre el menor
y la víctima, reduciendo en la medida de lo posible las tensiones entre ambas149
.
b) Tratamiento de los hechos producidos, escuchando los diferentes puntos de vista, posibles motivos que condujeron a ellos y las consecuencias que desencadenaron.
Este diálogo entre el menor y la víctima permite exteriorizar la percepción subjetiva y
los sentimientos relacionados con el hecho, proporcionando un espacio para las explicaciones, discusiones, clarificaciones y, en último término para la comprensión entre
las partes; lo que constituye, en suma, la elaboración comunicativa y constructiva de
una situación de conflicto entre personas150
.
143 Normalmente el primer contacto se efectúa con el infractor, con el fin de sondear su disposición, evitando
así que la víctima que ha decidido participar tenga que enfrentarse a la negativa del menor, al tiempo que se usa la
actitud positiva del infractor para motivar a la víctima a participar en el programa, PÉREZ SANZBERRO, Reparación
y conciliación, ob. cit., p. 184.
144 Aunque esta información se puede transmitir por escrito —así lo recomiendan, NETZIG / WANDREY, DVJJJournal 1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 11, es fácil imaginar que las víctimas no se mostrarán proclives a participar
en un proceso desconocido si se ha contactado con ellas exclusivamente a través de una vía administrativa; por lo
que será fundamental que el mediador se aproxime a ellas con sensibilidad, trasmitiendo seguridad y confianza al
plantear las posibilidades de entrevistarse con la otra parte, TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 115.
145 Acerca de la relevancia que ostenta la información trasmitida por el mediador, ALBÀ / ELEJABARRIETA /
PORTILLO / TRINIDAD / VILASO, «Los programas de mediación», ob. cit., p. 143 s.
146Cit. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 184, en referencia, entre otros a KAWAMURA, Gabriele, «Wie wird Täter-Opfer-Ausgleich praktisch durchgeführt?», en: BMJ (ed.), Täter-Opfer-Ausgleich.
Zwischenbilanz und Perspektiven, 1991, p. 75.
147 Acerca de las dificultades más frecuentes que plantea esta primera fase, VARONA MARTÍNEZ, La mediación
reparadora, ob. cit., p. 261.
148 HARTMANN, Schlichten oder Richten, ob. cit., p. 160 s.; HOCHMANN, NK 1/1998, ob. cit., p. 35; NETZIG /
WANDREY, DVJJ-Journal 1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 11; ELICEGUI GONZÁLEZ / SANTIBÁÑEZ GRUBER, «La
mediación en la justicia de menores», ob. cit., p. 198 s.
149También es posible que no se produzca un encuentro directo entre las partes, sirviéndose del mediador
como canal de comunicación. La negativa a un encuentro directo puede tener diversos motivos, siendo frecuente
que su rechazo se deba a una situación emocional o vital coyuntural, PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 185; TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 115.
150 PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 187; un análisis detallado de este proceso, profundizando en las atribuciones de cada una de las partes, se encuentra en ALBÀ / ELEJABARRIETA / PORTILLO /
TRINIDAD / VILASO, «Los programas de mediación», ob. cit., p. 157-169. Mencionan al respecto, entre los
aspectos psicoeducativos a tener en cuenta para la configuración de la mediación: la evaluación de la conducta de
manera crítica, así como la planificación y compromiso de conductas alternativas, ELICEGUI GONZÁLEZ /
SANTIBÁÑEZ GRUBER, «La mediación en la justicia de menores», ob. cit., p. 195.La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
RECPC 07-14 (2005) – http://criminet.ugr.es/recpc/07/recpc07-14.pdf
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c) Planteamiento de las distintas posibilidades de conciliación o reparación sobre
la base de los hechos discutidos y las conclusiones alcanzadas en torno a ellos. Al
respecto, la decisión compete exclusivamente a las partes, mientras el mediador, sin
abandonar su posición neutral151, desempeña una función de sistematización de las
cuestiones que han sido tratadas durante la elaboración del conflicto: explicando la
vivencia de éste por las partes, ordenando los aspectos que han salido a la luz —resulta
fundamental su ayuda para identificar problemas— y negociando los desacuerdos, de
forma parcial y comenzando por el más fácil152
. Durante esta fase, las partes deben
disponer de tiempo suficiente para reflexionar acerca de las diferentes soluciones, de
modo que será aconsejable contar con la posibilidad de conceder un aplazamiento en
los casos en que éste sea preciso. La obtención del acuerdo por las partes153 —que
podrá consistir tanto en la conciliación como en un compromiso de reparación, debiendo constar de forma clara y precisa su contenido154— y su efectivo cumplimiento dan
por concluido positivamente el proceso de mediación155. Aunque esto no es óbice para
reconocer un significado sumamente positivo a otra serie de aspectos, intrínsecos al
proceso de mediación, en los supuestos en que no se haya alcanzado un acuerdo entre
las partes o éste no haya sido efectivamente cumplido156
.
(2) Conviene aludir, por último, a la figura del mediador, esencial en la conciliación
y reparación del daño, tal y como se evidencia en la descripción del procedimiento que
se acaba de exponer. La LORRPM alude expresamente al concurso mediador del
Equipo técnico (art. 19.3 LORRPM)157/ 158 y nos sitúa ante un modelo de mediación en
que el papel de éste consiste en facilitar los acuerdos entre las partes para que resuelvan
el conflicto. Concretamente, la función del mediador consiste en conducir el proceso
con criterios de neutralidad, facilitar la comunicación, garantizando así la buena
marcha del proceso, con el fin de encontrar una solución eficaz al conflicto159. En este
151 De “neutralidad activa” habla TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 69.
152 Vid. VARONA MARTÍNEZ, La mediación reparadora, ob. cit., p. 262.
153 Por lo que se refiere a la consecución de acuerdo, el éxito de los procesos de mediación es elevado, constituyendo uno de los aspectos más subrayados como prueba de la idoneidad de la TOA; mientras que no existen por
el momento datos suficientes acerca del efecto preventivo-especial de esta medida, SCHÖCH, RdJB 47 (1999), ob.
cit., p. 285.
154 Lo que exige por parte del mediador una importante labor de concretización, NETZIG / WANDREY, DVJJJournal 1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 11.
155 Por lo que se refiere a los resultados, vid. PÉREZ SANZBERRO, Reparación y conciliación, ob. cit., p. 191;
VARONAMARTÍNEZ, La mediación reparadora, ob. cit., p. 257, 259, 265. Señalan, respecto de la ejecución de la
mediación en la CA del País Vasco, el cumplimiento de los objetivos trazados en cerca de un 99% de los casos,
ELICEGUI GONZÁLEZ / SANTIBÁÑEZ GRUBER, «La mediación en la justicia de menores», ob. cit., p. 211.
156TRENCZEK, IS, n.º 3, 1993, ob. cit., p. 119 s. Centran el éxito del proceso de mediación en la consecución
de la responsabilización del menor, profundizando en las condiciones que permiten intervenir en su estructuración,
ALBÀ / ELEJABARRIETA / PORTILLO / TRINIDAD / VILASO, «Los programas de mediación», ob. cit., p. 195-210.
157 Entre otros, SANZ HERMIDA, AJM, N.º I, 2001, ob. cit., p. 204; HIGUERA GUIMERÁ, Derecho penal juvenil,
ob. cit., p. 439; TAMARIT SUMALLA, «La mediación reparadora», ob. cit., p. 69.
158 Desarrollado a su vez por el artículo 5 del RLORRPM, que tiene por título “Modo de llevar a cabo las
soluciones extrajudiciales”.
159 PÉREZ MARTELL, El proceso del menor, ob. cit., p. 241; sumamente ilustrativo FUNES, «¿Por qué la mediación?», ob. cit., p. 24, para quien la figura del mediador “no es la de un tasador que fija indemnizaciones (la
mediación, la reparación, no es un acuerdo entre partes sobre indemnizaciones), sino la del personaje empático
que sabe ponerse en el lugar de las dos personas afectadas hasta convencerlas de que cooperen en un cambio Beatriz Cruz
Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2005, núm. 07-14, p. 14:1-14:34 ISSN 1695-0194
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sentido la figura del mediador se puede identificar con la de un elemento activo en el
proceso que escucha a las partes por separado, las informa, explora, valora y prepara
para el encuentro, e introduce técnicas que flexibilicen el conflicto para que éstas
acerquen sus posiciones y lleguen a acuerdos. La dificultad propia de estas tareas hace
recomendable exigir una formación especializada a los equipos de mediación, al objeto
de garantizar el cumplimiento de las pautas definidas en el ejercicio de las actividades
mediadoras 160. Por último, debido a que éstas requieren una dedicación incondicional161 y una perspectiva diversa a aquélla que define el resto de tareas propias del
Equipo Técnico162, resulta recomendable la creación, dentro de éste, de un puesto
específico y especializado, dedicado exclusivamente al desarrollo de los programas de
conciliación y reparación del daño entre el menor y la víctima163
.
5. Conclusiones
La incorporación en el Derecho penal juvenil de distintas fórmulas para el tratamiento del conflicto particular provocado por el delito debe ser entendida en último
término como una consecuencia del principio de intervención mínima, independientemente de las razones preventivo-generales o preventivo-especiales que, dados los
efectos positivos de la conciliación y la reparación del daño en uno y otro sentido,
puedan apoyarla. La relevancia de conectar la mediación a dicho principio y situarla en
un plano diferente al de la determinación de la medida juvenil a aplicar, sometida a
criterios preventivos de ambos signos, se pone claramente de manifiesto en diferentes
aspectos, que abarcan tanto el contenido de ambas figuras como sus efectos para la
valoración de la responsabilidad penal del menor, pasando por los criterios a considerar
al delimitar el grupo de destinatarios de las actividades mediadoras.
Por lo que se refiere al contenido de la conciliación y la reparación del daño, conviene ir más allá del texto legal, que las define en atención al resultado alcanzado, y
señalar al proceso de mediación en sí mismo consistente en el tratamiento conjunto,
por el menor y la víctima, del conflicto interpersonal que provoca el delito como
elemento común y estructural de ambas figuras, que son una mera plasmación del
acuerdo con que se espera finalizar dicho proceso. Esto permite distinguir la cuestión
relativa a la consecución de un acuerdo entre las partes, seguida de su efectiva ejecución, de los efectos que se derivan de la participación en un proceso de mediación para
reparador para las dos. Una figura que incorpora, por un lado la capacidad de mediar en el conflicto y, por otro,
la de mediador entre el mundo adolescente y el mundo adulto”.
160 DREWNIAK, Ambulante Maßnahmen, ob. cit., p. 70-73.
161 Que se pone a su vez de manifiesto en la capacidad del Equipo Técnico para proponer la mediación al
Ministerio Fiscal (art. 27.3 LORRPM) —vid. PERIS RIERA, LL, 2001(2), ob. cit., p. 1651—, que, sin dejar de se
orientativa, pues carece de todo efecto vinculante para éste —TORRES FERNÁNDEZ, APen, 2002, XXV, ob. cit., p.
656—, resulta sumamente acertada de cara al fomento de los procesos de mediación.
162 Basta reflexionar acerca de su posición imparcial en el proceso de mediación para comprender la diferencia
entre ésta, la elaboración del informe y el ofrecimiento de asistencia al menor, DÜNKEL / GENG / KIRSTEIN, Soziale
Trainingskurse, ob. cit., p.181; NETZIG / WANDREY, DVJJ-Journal 1/1996 (Nr. 151), ob. cit., p. 12; HOCHMANN,
NK 1/1998, ob. cit., p. 34; BAG, «Anordnung und Durchführung der “Neue Ambulanten Maßnahmen”», ob. cit.,
p. 413; SCHRECKLING, Täter-Opfer-Ausgleich, ob. cit., p. 138 s.
163 Vid. GARCÍA PÉREZ, APen, 2000, XXXII, ob. cit., p. 696. La mediación en la Ley Penal de Menores: conciliación y reparación del daño
RECPC 07-14 (2005) – http://criminet.ugr.es/recpc/07/recpc07-14.pdf
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la exigencia de responsabilidad penal al menor infractor, que puede decaer cuando la
falta de cumplimiento del acuerdo sea debido a causas ajenas a la voluntad del menor.
Por otra parte, entender contenida la esencia de la conciliación y la reparación del daño
en el propio proceso de mediación, favorece la extensión del marco de destinatarios de
estas figuras, pues su celebración dependerá principalmente, por lo que al menor se
refiere, de su disposición a participar en dicho proceso, en lugar de condicionarla a la
concurrencia de aspectos que permitan augurar con bastante seguridad la consecución
del acuerdo y su efectivo cumplimiento por el menor.
Por último, derivar la presencia de la mediación en el ámbito de la Justicia penal
juvenil del principio de intervención mínima, permite dar debida cuenta de sus efectos
para la responsabilidad penal del menor, pues llama la atención acerca del tratamiento,
fuera del proceso judicial penal y sobre la base de la decisión voluntaria de ambas
partes, de un aspecto que interviene en la valoración de esta última, como es el daño
particular provocado por el delito. Lo que sitúa a la conciliación y a la reparación del
daño en una posición alternativa “indirecta” respecto de las medidas más restrictivas de
la LORRPM, de las consideraciones preventivas que intervienen en la determinación
de la medida juvenil.
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