MAPA DA VIOLÊNCIA 2012 CRIANÇAS E ADOLESCENTES DO BRASIL

http://mapadaviolencia.org.br/pdf2012/MapaViolencia2012_Criancas_e_Adolescentes.pdf

 

Esse é o link que deve ser seguido e abaixo um breve relato em consideraçoes finais, obrigado e boa leitura.

Este es el enlace que deberías clicar, pues a la continuación un pequeño fragmento del texto, gracias buena lectura.

 

“Se o assassinato de qualquer criança ou adolescente já é inadmissível, que qualificativo
merecem muitas de nossas taxas, que superam de longe os níveis epidêmicos para alcançar
dimensão de verdadeira pandemia social. Claro indicador dessa situação é a posição do Brasil
no contexto internacional. Sua taxa de 13 homicídios para cada 100 mil crianças e adolescentes
a leva a ocupar uma 4ª posição entre 92 países do mundo analisados, com índices entre 50 e
150 vezes superiores aos de países como Inglaterra, Portugal, Espanha, Irlanda, Itália, Egito, etc. cujas taxas mal chegam a 0,2 homicídios em 100 mil crianças e adolescentes.”

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“UNA TEORÍA DEL CONTROL DE LA DELINCUENCIA* Travis Hirschi**”

UNA TEORÍA DEL CONTROL
DE LA DELINCUENCIA*
Travis Hirschi**
* Traducción del Capítulo II (“A Control Theory of Delinquency”), del libro Causes of Delinquency
(Las Causas de la Delincuencia), de Travis Hirschi (Berkeley: University of California Press,
1969). Reprinted by permission of Transaction Publishers. Copyright@2001 by Transaction Publishers.
Traducción auspiciada por Juan Manuel Costas, Carolina Dugarte, Alejandra Marval, Vanessa
Peñuela, Leonardo Rattia, Geri-Varé Rivas, Nidia Uribe, y Jennifer Vielma. Traducción realizada
por Gustavo Benítez y revisada por Christopher Birkbeck. Publicación auspiciada por el Grupo
de Investigaciones Criminológicas, Universidad de Los Andes.
** Profesor Emérito, Universidad de Arizona, Estados Unidos. E-mail: hirschi@dakotacom.net

RESUMEN
Las teorías del control suponen que los hechos delictivos se originan
cuando se debilita o se rompe el vínculo entre el individuo y
la sociedad. Dado que estas teorías comprenden dos conceptos
muy complejos, el vínculo del individuo con la sociedad, no resulta
sorprendente que en uno u otro momento dichos conceptos hayan
formado la base de las explicaciones de la mayor parte de las
formas de la conducta aberrante o extraña. Tampoco resulta sorprendente
que las teorías del control hayan descrito de diversas
maneras los elementos del vínculo con la sociedad, y que se hayan
enfocado en una variedad de unidades como el punto de control.
El artículo comienza con una clasificación y una descripción de
los elementos del vínculo con la sociedad convencional. Demuestra
cómo se relaciona cada uno de los elementos con la conducta
delictiva y cómo éstos se relacionan entre sí. Posteriormente, se
regresa a la cuestión de cómo especificar la unidad a la cual se
halla, en mayor o menor grado, sujeta la persona, y a la cuestión
de la suficiencia de la fuerza de motivación establecida en la explicación
de la conducta del delincuente.
Palabras clave: Teoría del control, delincuencia, sociedad, desviación.
A THEORY OF DELINQUENCY CONTROL
ABSTRACT
Control theories imply that delictive activities originate from
ruptures or weakening of the individual-society relationship.
Since these theories include two very complex concepts in the relationaship
between the individual and society, it is not surprising
that at any given moment these concepts have formed the basis
for explanations of the major part of all strange and deplorable
behaviour. Nor is it surprizing that these control theories
describe in diverse manners the elements related to the
individual-society relationship, and that they have focused on a
Una teoría del control de la delincuencia 7
Recibido: 28-07-2003 • Aceptado: 23-10-2003
variety of social units as points of control. This paper attempts a
classification and description of the these linking elements within
a conventional society. It demonstrates the relationships between
these elements and delictive conduct and how they are interrelated.
Finally the question of sufficient motive is established in
relation to delictive conduct.
Key words: Control theory, delinquency, society, deviations.
“Mientras más débiles sean los grupos a los cuales pertenezca
[el individuo], menos dependerá él de ellos; por consiguiente,
el individuo dependerá más de sí mismo y no reconocerá
otras reglas de conducta que no se basen en sus
intereses particulares”1.
LOS ELEMENTOS DEL VÍNCULO
El apego
Cuando los sociólogos explican la conducta conformista hacen hincapié
justificable en la sensibilidad que el individuo manifiesta hacia la opinión
ajena2. Desgraciadamente, como ya se sugirió en el capítulo anterior
Travis Hirschi
8 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
1 Emile Durkheim, Suicide (El Suicidio). Traducido por John A. Spaulding y George
Simpson. New York: The Free Press, 1951, p.209.
2 Libros enteros han sido escritos sobre la creciente importancia de la sensibilidad interpersonal
en la vida moderna. Según esta perspectiva, los controles internos han devenido
cada vez menos importantes frente a los controles externos en la producción de la conformidad.
Independientemente de la veracidad de la afirmación anterior como una descripción
de las tendencias históricas, puede sostenerse como cierto que la sensibilidad interpersonal
se ha vuelto más importante en la explicación de la conformidad. Aunque,
por lógica, la sensibilidad también debería haberse vuelto mas importante en la explicación
de la conducta desviada, en realidad ha ocurrido lo opuesto, lo cual demuestra una
vez más que la observación de Cohen, de que una explicación de la conformidad debe
ser una explicación de la conducta desviada no puede ser traducida como “una explicación
de la conformidad tiene que ser una explicación de la desviación”. Para el punto de
vista de que la sensibilidad interpersonal actualmente juega un mayor papel que antes en
la producción de la conformidad, ver William J. Goode, “Norm Commitment and Conformity
to Role-Status Obligations” (El Compromiso con las Normas y la Conformidad
de este libro, los sociólogos tienen la tendencia a sugerir que el hombre es
sensible a la opinión de los demás y en consecuencia excluyen la sensibilidad
de sus explicaciones sobre la conducta anómala. En cambio, los psicólogos
enfatizan la falta de sensibilidad a la opinión ajena cuando explican la
conducta desviada3. Desdichadamente, ellos también tienden a hacer caso
omiso de la variación y, además, se inclinan a unir de manera inextricable la
sensibilidad y otras variables con la finalidad de que formen parte de un síndrome
o “tipo”, y, por consiguiente, disminuyen apreciablemente su valor
como concepto explicativo. Al psicópata se le describe sólo parcialmente
cuando se hace referencia a términos como “un vínculo deficiente con los
demás o un afecto deficiente hacia ellos; una insuficiencia en la respuesta a
las motivaciones ordinarias que se fundamentan en el respeto o en la consideración
que se le deben al prójimo” (Martin y Fitzpatrick, 1964), también
se le caracteriza por cuestiones como “exceso de agresividad”, “falta de
control del superyo” y un “nivel infantil de respuesta”4. Desdichadamente
también, la conducta de la que se valen para explicar la psicopatía con frecuencia
forma parte de la definición de psicopatía. En consecuencia, para
decirlo con palabras de Bárbara Wootton, “[El psicópata] es…por excelencia,
y sin pena o limitación, el modelo de proceso circular mediante el cual
la anormalidad mental se infiere de la conducta antisocial, en tanto que la
conducta antisocial la explica la anormalidad mental” (Wootton, 1959).
Los problemas de diagnóstico, de tautología y de denominación se
evitarían si las dimensiones de la psicopatía se tratasen como relaciones
causales y por ende problemáticas, en lugar de tratarlas lógicamente y por
lo tanto entrelazándolas de manera obligatoria entre sí. De hecho, se puede
sostener que todas las características que se le atribuyen al psicópata son
Una teoría del control de la delincuencia 9
con las Obligaciones del Rol y el Status), American Journal of Sociology, LXVI (1960),
246-258. Y, también por supuesto, ver David Reisman, Nathan Glazer y Reuel Denney,
The Lonely Crowd (La Muchedumbre Solitaria) (Garden City, New York: Doubleday,
1950), especialmente la Parte I.
3 La literatura sobre la psicopatía es voluminosa. Ver William McCord y Joan McCord,
The Psychopath (El Psicópata) (Princetown: D. Van Nostrand, 1964).
4 Ibid. Sobre las características adicionales del psicópata, consulte McCord y McCord, The
Psychopath (El Psicópata), pp. 1-22.
consecuencia, o efectos de, su falta de vínculo con los demás. Afirmar que
esta carencia de apego a los demás se halla exenta de restricciones morales
es usar dicha carencia para explicar la falta de culpabilidad del psicópata, o
sea, el hecho de que él aparentemente no posee conciencia o superyo. Desde
este punto de vista, la carencia del apego a los demás no es solamente un
síntoma de psicopatía, sino que es la psicopatía; la falta de conciencia es solamente
otra manera de decir la misma cosa, y una de sus consecuencias es
(o puede ser) la violación de las normas.
De hecho, dado que el hombre es un animal, “la impulsividad” y “la
agresividad” también se pueden ver como consecuencias naturales de la ausencia
de las restricciones morales. Sin embargo, dado que la visión del
hombre como un ser dotado de tendencias y de facultades naturales como
cualquier otro animal no resulta particularmente del gusto de los sociólogos,
no es necesario recurrir a semejante visión para explicar la agresividad humana
amoral5. El proceso de enajenarse de los demás incluye con frecuencia
el conflicto interpersonal o se basa en él. Tal conflicto podría proporcionar
fácilmente un depósito de hostilidad derivada socialmente que sería suficiente
para justificar la agresividad de quienes tienen debilitados sus vínculos
con las demás personas.
Hace muchos años lo expresó Durkheim: “Somos seres morales en la
misma medida en que seamos seres sociales” (Durkheim, 1961). Esto puede
interpretarse para expresar que somos seres morales en la misma medida en
que hayamos “internalizado las normas” de la sociedad. Pero, ¿qué quiere
decir el que una persona haya internalizado las normas de la sociedad? Por
definición, las normas de la sociedad las comparten los miembros de esa sociedad.
Por consiguiente, violar una norma es actuar de modo contrario a
Travis Hirschi
10 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
5 “La imposibilidad lógica [del argumento que existen fuerzas en el hombre que ‘se resisten
a la socialización’] fue hábilmente demostrada por Parsons hace más de 30 años, y
existe un amplio reconocimiento que esa postura es empíricamente deficiente porque supone
[!] algún sistema universal de impulsos biológicos claramente separado de la socialización
y del contexto social – una naturaleza humana básica e intransigente” (Judith
Blake y Kingsley Davis, “Norms, Values, and Sanctions”, (Las Normas, los Valores, y
las Sanciones) Handbook of Modern Sociology (Manual de Sociología Moderna), ed.
Robert E.L. Faris [Chicago: Rand McNally, 1964], p. 471).
los deseos y expectativas de las demás personas. Si a una persona no le importan
ni los deseos ni las expectativas de las demás personas, es decir, que
es insensible a la opinión de los demás, en esa medida, por lo tanto, no se
hallará sujeta a las normas. Es libre para desviarse.
La esencia de la internalización de las normas, la conciencia, o el superyo,
radica, entonces, en la vinculación del individuo con los demás6. Este
punto de vista tiene algunas ventajas sobre el concepto de internalización. Por
una parte, las explicaciones de la conducta desviada que se basan en el apego
no dan por sentado lo mismo que quieren probar, dado que el grado en el cual
una persona se vincula con las demás se puede medir con independencia de
su conducta desviada. Además, el cambio o la variación de la conducta se
puede explicar de manera de manera distinta que cuando se usen las nociones
de internalización o del superyo. Por ejemplo, es más probable que el hombre
divorciado cometa varios actos desviados después del divorcio, como el suicidio
o el fraude. Si le damos explicación a estos actos con referencia al superyo
(o el control interno), estaríamos obligados a decir que el hombre “perdió
su conciencia” cuando se divorció y que, por supuesto, si él se volviese a
casar, tendríamos que concluir que él la recuperará.
Esta dimensión del vínculo con la sociedad convencional se encuentra
en la mayor parte de la teoría y de la investigación centrada en el control social.
El “control interno” y el “control indirecto” de F. Ivan Nye se refieren
al mismo elemento, aunque evitamos el problema de explicar los cambios
que ocurren con el tiempo localizando la “conciencia” en el nexo con los
demás, en lugar de hacerlo parte de la personalidad (Nye, 1958). El apego a
los demás apenas es uno de los aspectos de los “controles personales” de
Albert J. Reiss; evitamos sus problemas de observaciones empíricas tautológicas
estableciendo que las relaciones que existen entre el apego y la delincuencia
son contrastables y no un asunto de definición7. Finalmente, el
Una teoría del control de la delincuencia 11
6 Aunque el apego por sí solo no agota los significados de la internalización, la combinación
del apego y de las creencias parecería dejar solo un residuo pequeño de “control interno”
que no es susceptible, en principio, de medición directa.
7 Albert J. Reiss, Jr., “Delinquency as the Failure of Personal and Social Controls” (La Delincuencia
como una Falla en los Controles Personales y Sociales), American Sociologi“
compromiso” o la “inversión en la conformidad” de Scott Briar e Irving
Piliavin incluye el apego, como lo ilustra su discusión, aunque los términos
que ellos usan se hallan asociados más estrechamente con el siguiente elemento
del vínculo a ser reseñado8.
El Compromiso
“De todas las pasiones, la que menos inclina a los hombres a quebrantar
las leyes es el miedo. Mejor aún, excepción hecha de algunas naturalezas
generosas, es la única cosa que les hace obedecer las leyes cuando parece
que se puede obtener provecho o placer al quebrantarlas” (Hobbes,
1957). Pocos podrían negar que los hombres obedecen de cuando en cuando
las reglas por el simple hecho de temer a las consecuencias. Este componente
racional de la conformidad lo denominamos compromiso. ¿Qué significa
decir que una persona está comprometida con la conformidad? En la
formulación de Hóward S. Becker significa lo siguiente:
Primero, el individuo se halla en una situación en la cual su
decisión, con respecto a una línea de acción particular, tiene
Travis Hirschi
12 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
cal Review, XVI (1951), 196-207. Por ejemplo, “Nuestras observaciones indican…que
los reincidentes en la delincuencia con menor frecuencia son personas con ideales personales
maduros o roles sociales no delictivos” (p. 204).
8 Scott Briar y Irving Piliavin, “Delinquency, Situational Inducements, and Commitment
to Conformity” (Conducta Delictiva, Estímulos Situacionales, y el Compromiso con la
Conformidad), Social Problems, XIII (1965), 41-42. El concepto de “la inversión en la
conformidad” fue introducido por Jackson Toby en su trabajo sobre “Social Disorganization
and Stake in Conformity: Complementary Factors in the Predatory Behavior of Hoodlums”
(La Desorganización Social y la Inversión en la Conformidad: Factores Complementarios
en el Comportamiento Depredador de los Malandros), Journal of Criminal
Law, Criminology and Police Science, XLVIII (1957), 12-17. Ver también de este autor
“Hoodlum or Businessman: An American Dilemma” (Malandro o Empresario: Un Dilema
Americano), The Jews (Los Judíos), ed. Marshall Sklare (New York: The Free Press,
1958), pp. 542-550. A lo largo de este capítulo, ocasionalmente empleo “la inversión en
la conformidad” para referirme de manera general a la fuerza del vínculo entre el individuo
y la sociedad convencional. Empleado de esta manera, el concepto es algo más amplio
que para Toby o Briar y Piliavin, quienes utilizan lo mismo para referirse más o menos
a lo que aquí se denomina “compromiso”.
consecuencias para los intereses y las actividades de los demás
que no necesariamente se hallan relacionadas [directamente]
con ella. Segundo, él se ha colocado en dicha situación por
causa de sus acciones precedentes. Se halla presente un tercer
elemento, aunque éste es tan obvio como para no resultar aparente:
la persona comprometida tiene que poseer conocimiento
[de estos otros intereses] y tiene que reconocer que su decisión
en este caso tendrá ramificaciones que irán mucho más allá de
ella (Becker, 1969).
La idea es, pues, que la persona invierte tiempo, energía, su propio ser,
en una determinada línea de actividad, vale decir, educándose, levantando
un negocio, adquiriendo reputación de virtuosa. Debe de considerar los costos
de su conducta desviada y el riesgo que corre de perder la inversión
efectuada en la conducta convencional cuando estudie la posibilidad de
adoptar esa conducta desviada y cada vez que lo haga.
Si el apego a los demás representa el equivalente sociológico del superyo
o conciencia, el compromiso es el equivalente del yo o sentido común.
A la persona comprometida con las líneas de acción convencionales,
arriesgar de uno a diez años en prisión por un atraco de diez dólares le resulta
una estupidez, en razón de que los costos y los riesgos a todas luces
exceden el valor de los diez dólares. (Para los psicoanalistas, un acto de tal
jaez demuestra una deficiencia de la capacidad de gobernarse por el “principio
de la realidad”). En la teoría sociológica del control, se puede suponer, y
así se hace en líneas generales, que la decisión de cometer un acto delictivo
se puede determinar racionalmente, que la decisión del actor no fue irracional
dados los riesgos y los costos que él enfrenta. Desde luego, como hace
notar Becker, si el actor es capaz de alguna manera de calcular los costos de
una línea de acción, también será capaz de cometer errores de cálculo: en la
teoría del control, la ignorancia y el error regresan de nuevo como explicaciones
posibles de la conducta desviada.
El concepto de compromiso supone que la organización de la sociedad
es tal que los intereses de la mayoría de las personas se verían amenazados
si se entregasen a cometer actos delictivos. La mayoría de las personas, por
el mero hecho de vivir en una sociedad organizada, adquiere bienes, reputaciones
y posibilidades cuya pérdida no desea afrontar. Dichas acumulaciones
son el seguro que posee la sociedad de que ellas obrarán conforme a las
Una teoría del control de la delincuencia 13
reglas. Sobre esta premisa se basan muchas de las hipótesis que tratan sobre
los antecedentes de la conducta delictiva. Por ejemplo, la hipótesis de Arthur
L. Stinchcombe de que “la rebelión en el liceo… ocurre cuando el status
futuro no se halla relacionado claramente con el rendimiento actual”
(Stinchcombe, 1964) sugiere que uno está comprometido con la conformidad
no sólo por lo que se posee, sino también por lo que se espera obtener.
De tal manera, la “ambición” o la “aspiración”, o ambas, desempeñan un
papel importante en la producción de la conformidad. La persona se compromete
con una línea de acción convencional y, por consiguiente, se compromete
con la conformidad.
La mayoría de las líneas de acción en una sociedad son convencionales,
por supuesto. Los ejemplos más claros son las carreras educativas y
ocupacionales. Es probable que se eviten las acciones que se tengan como
amenazadoras de las propias oportunidades en dichas áreas. No deja de resultar
interesante que hasta los compromisos no convencionales pueden
obrar como productores de la conformidad convencional. Por lo menos se
nos ha dicho que a los jóvenes aspirantes a hacer carreras en las bandas delictivas
o de ladrones profesionales se les juzga por su “honestidad” y su
“confiabilidad”, rasgos que tradicionalmente son muy apreciados entre los
administradores que seleccionan el personal para office boys (mensajeros)9.
La Participación
Sin duda alguna, muchas personas le deben una vida virtuosa a una
falta de oportunidad de hacer lo contrario. El tiempo y la energía son limitados
por naturaleza: “Si se pudiese, no es que yo no fuese tanto hermoso
como gordo y bien vestido, gran atleta y ganar un millón al año; ingenioso,
sibarita y un as con las mujeres, así como filósofo, filántropo, hombre de
estado, guerrero y explorador del África, al igual que ‘compositor de poemas
sinfónicos’ y santo. Pero el asunto es sencillamente imposible” (James,
Travis Hirschi
14 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
9 Richard A. Cloward y Lloyd E. Ohlin, Delinquency and Opportunity (Delincuencia y
Oportunidad) (New York: The Free Press, 1960), p. 147, citando a Edwin H. Sutherland,
ed., The Professional Thief (El Ladrón Profesional) (Chicago: University of Chicago
Press, 1937), p. 211-213.
1948). Las cosas que William James dice aquí que le gustaría ser o hacer
son todas, me parece, del dominio de lo convencional, pero si fuese a incluir
las acciones ilícitas él todavía tendría que eliminar algunas de ellas por
ser sencillamente imposibles.
La participación o la absorción en las actividades convencionales, en
consecuencia, frecuentemente forma parte de una teoría del control. La presunción,
ampliamente compartida, es que una persona sencillamente se puede
hallar tan ocupada en sus asuntos convencionales como para no encontrar el
tiempo necesario para comprometerse en una conducta desviada. La persona
que participa en las actividades convencionales se halla sujeta a citas, plazos,
horas laborales, planes y cosas por el estilo, de tal manera que rara vez se presenta
la oportunidad de cometer actos delictivos. En la medida en que esté sumergido
en sus actividades convencionales, no podrá ni siquiera pensar en los
actos desviados, y menos darle curso a sus inclinaciones10.
Esta línea de razonamiento es la responsable del hincapié que muchos
programas de reducción de la delincuencia hacen en las instalaciones recreativas,
de buena parte del interés que se pone en la deserción de la educación
media y de la idea de que los muchachos deberían prestar el servicio
militar con la finalidad de mantenerlos apartados de conductas problemáticas.
Esta idea que la participación en las actividades convencionales es el
principal elemento disuasivo contra la delincuencia es tan obvia y persuasiva
que fue aceptada hasta por Sutherland: “En el área general de la delincuencia
juvenil es probable que la diferencia de mayor trascendencia que
exista entre los jóvenes que se meten a delincuentes y los que no lo hacen es
que éstos últimos tienen abundantes oportunidades de tipo convencional
para satisfacer sus intereses recreativos, mientras que aquellos carecen de
oportunidades o de instalaciones”11.
Una teoría del control de la delincuencia 15
10 Pocas actividades parecen tan absorbentes como para impedir la contemplación de líneas
alternativas de comportamiento, por lo menos si tienen validez las estimaciones de la
cantidad de tiempo que pasan los hombres en la planificación de las desviaciones sexuales.
11 The Sutherland Papers (Los Papeles de Sutherland), ed. Albert K. Cohen y otros (Bloomington:
Indiana University Press, 1956), p. 37.
El punto de vista de que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”
ha recibido un tratamiento más refinado en recientes escritos sociológicos sobre
la delincuencia. David Matza y Gresham M. Sykes, por ejemplo, sugieren
que los delincuentes tienen los valores de una clase ociosa, los mismos valores
atribuidos por Veblen a la clase ociosa: la búsqueda del placer, el desprecio
por el trabajo, el deseo de obtener una gran recompensa por poco esfuerzo
y la aceptación de la rudeza agresiva como prueba de masculinidad (Matza y
Sykes, 1961). Matza y Sykes explican la delincuencia con referencia a este
sistema de valores, pero ellos notan que los adolescentes de todas las clases
sociales son “hasta cierto punto” miembros de una clase ociosa, que ellos “se
mueven en un limbo situado entre la anterior dominación de los padres y la
futura integración a la estructura social mediante los lazos del trabajo y el
matrimonio”12. Al final, pues, el ocio del adolescente produce un conjunto de
valores, los cuales, a su vez, llevan a la delincuencia.
Las Creencias
A diferencia de la teoría cultural de la desviación, la teoría del control
supone la existencia de un sistema de valores común a la sociedad o grupo
cuyas normas se están violando. Si el desviado se halla comprometido con
un sistema de valores diferente del de la sociedad convencional, no habría
nada que explicar, en el contexto de la teoría. La pregunta es “¿Por qué un
hombre viola las reglas en las cuales cree?” y no “¿Por qué los hombres difieren
en sus creencias sobre lo que es la conducta buena y deseable?” Se
supone que la persona ha sido socializada (quizá de manera imperfecta) en
el grupo cuyas reglas él viola; la desviación no es cuestión de que un grupo
le imponga sus reglas a los miembros de otro grupo. En otras palabras, no
sólo suponemos que el desviado ha creído en dichas reglas, sino que suponemos
que él cree en las reglas aun cuando las viola.
¿Cómo puede una persona creer que es inaceptable robar al mismo
tiempo que roba? Este problema no resulta de ninguna dificultad para la
teoría de la frustración13. (De hecho, como se sugirió en el capítulo anterior,
Travis Hirschi
16 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
12 Ibid., p. 718.
la teoría de la frustración se diseñó específicamente para tratar esta cuestión).
Es tan fuerte la motivación hacia la desviación que alegan los teóricos
de la frustración que podemos entender bien el acto delictivo, incluso si se
asume que el infractor cree firmemente que éste es inaceptable14. Pese a lo
anterior, dados los supuestos de la teoría del control sobre la motivación, si
tanto el infractor como el no infractor creen que el acto desviado es inaceptable,
¿cómo explicamos el hecho de que uno lo comete y el otro no?
Las teorías del control han enfocado este problema de dos maneras.
En un enfoque, las creencias se tratan como meras palabras que significan
poco o nada si faltan las otras formas de control. La “demencia semántica”,
la disociación entre las facultades racionales y el control emocional que se
dice que es característica del psicópata, ilustra este modo de abordar el problema
(McCord y McCord). En resumen, las creencias desaparecen del cuadro,
por lo menos hasta donde se encuentran expresadas en palabras. Dado
que ellas no diferencian entre infractores y no infractores, ellas se hallan localizadas
en la misma clase como “el lenguaje” o cualquier otra característica
común a todos los miembros del grupo. Dado que ellas no representan
ningún obstáculo de verdad para la comisión de actos delictivos, no es necesario
decir nada sobre la manera como las tratan quienes cometen tales actos.
Se puede suponer que las teorías del control que no mencionan las creencias
(o valores), y muchas no lo hacen, adoptan este enfoque.
El segundo enfoque argumenta que el desviado racionaliza su conducta
de tal manera que él puede a la vez violar la regla y mantener su creencia
en ella. Donald R. Cressey ha propuesto este argumento con respecto a la
estafa (Cressey, 1953), y Sykes y Matza lo han propuesto con respecto a la
delincuencia (Sykes y David Matza, 1957). Tanto en el tratamiento de
Una teoría del control de la delincuencia 17
13 Nota del traductor: El texto en inglés se refiere a strain theory, la cual abarca, al nivel
colectivo, la teoría de la anomia y al nivel individual la teoría de la frustración-agresión.
Strain indica, literalmente, tensión; pero quizás se traduce mejor en este contexto como
frustración.
14 La imagen evocada en la mayoría de las teorías de la frustración es la del hombre hambriento
que hurta un pan. En esta imagen, la creencia del hambriento en lo inaceptable de
su acto no es, evidentemente, algo que se tiene que eliminar por la vía de la explicación.
Se puede suponer su presencia sin causar problemas para la explicación.
Cressey como en el de Sykes y Matza, dichas racionalizaciones (Cressey las
denomina “verbalizaciones”, Sykes y Matza las denominan “técnicas de
neutralización”) aparecen antes de cometer el acto desviado. Si la neutralización
resulta exitosa, la persona se halla libre para cometer el(los) acto(s)
en cuestión. Tanto Cressey como Sykes y Matza opinan que la frustración
que incita a hacer el esfuerzo hacia la neutralización también proporciona la
fuerza motivadora que da por resultado el posterior acto desviado. En consecuencia,
sus teorías son, en este sentido, teorías de la frustración. La neutralización
es difícil de manejar en el contexto de una teoría que se adhiere
firmemente a los supuestos de la teoría del control, debido a que en las teorías
del control no hay una fuerza motivacional especial que explique la
neutralización. Esta dificultad es especialmente evidente en el tratamiento
que Matza le ha dado posteriormente a este tópico, donde el componente
motivacional, la “voluntad de delinquir” aparece después que se ha creado
el vacío moral con las técnicas de neutralización (Matza, 1964). La cuestión
entonces se convierte en ¿por qué neutralizar?
Al intentar resolver el problema inherente a la teoría de la frustración
con las herramientas de la teoría del control, el teórico del control cae consecuentemente
en una trampa: no puede responder la cuestión crucial. El
concepto de neutralización supone la existencia de obstáculos morales que
impedirían la comisión de los actos desviados. Con la finalidad de explicar
de manera plausible un acto delictivo, se hace necesario generar una motivación
a la infracción que equivale en fuerza por lo menos a la resistencia
que producen los obstáculos morales. Sin embargo, si se eliminan los obstáculos
morales, ya no se necesitan la neutralización y la motivación especial.
Debido a ello, seguimos la lógica implícita en la teoría del control y eliminamos
dichos obstáculos morales por hipótesis. Muchas personas no observan
una actitud de respeto hacia las reglas de la sociedad; muchas personas
no sienten obligación moral ninguna de ajustarse a ellas, a pesar de la ventaja
personal. En la medida en que los valores y creencias de estas personas
sean congruentes con sus sentimientos, y debería existir una tendencia hacia
la congruencia, se hace innecesaria la neutralización; porque ya la neutralización
ha ocurrido.
¿Retrocede esto la cuestión y al mismo tiempo genera conflicto con la
suposición de que existe un sistema de valores comunes? Creo que no. En
Travis Hirschi
18 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
primer lugar, no suponemos, como sí lo hace Cressey, que la neutralización
aparece con el fin de hacer posible un acto criminal15. No suponemos, como
sí lo hacen Sykes y Matza, que la neutralización aparece para que muchos
actos delictivos se hagan posibles. No suponemos, en otras palabras, que la
persona construye un sistema de racionalizaciones con el fin de justificar la
comisión de actos que él desea cometer. En contraste, nosotros suponemos
que las creencias que le permiten a un hombre cometer actos desviados son
inmotivadas en el sentido de que él no las construye o las adopta con el fin
de facilitar la consecución de fines ilícitos. En segundo lugar, no suponemos,
como sí lo hace Matza, que los “delincuentes coinciden en la apreciación
convencional de la delincuencia”16. Suponemos, en cambio, que existe
una variación en el grado en el que la gente cree que debe obedecer las reglas
de la sociedad y, además, que mientras menos crea una persona que
debe obedecer las reglas, mayor será la probabilidad de violarlas17.
En orden cronológico, pues, las creencias que tenga una persona en la
validez de las normas se hallan debilitadas, sin ninguna razón teleológica.
En consecuencia, hay un incremento de las probabilidades de que ella cometa
actos delictivos. Cuando ella cometa un acto delictivo, y si lo llega a
hacer, podremos usar de manera justificable la debilidad de sus creencias
para explicarlo, pero no se necesita ninguna motivación especial que expli-
Una teoría del control de la delincuencia 19
15 Al afirmar que es inválida la suposición de Cressey con respecto a la delincuencia, no
quiero sugerir que la misma sea inválida para el caso del desfalco, donde el problema
que enfrenta el desviado es más o menos específico y se puede suponer con cierta razón
que éste sea un ciudadano probo. (Sin embargo, aún aquí el hecho de que el problema financiero
del desfalcador -un problema que no se puede compartir con los demás- frecuentemente
resulta de alguna clase de tejemaneje sugiere que las “verbalizaciones” podrían
ser menos necesarias de lo que en otros casos podría suponerse).
16 Delinquency and Drift (Delincuencia y Deriva), p. 43.
17 Me parece que este supuesto no se contradice por la evidencia presentada por Matza en
contra de la existencia de una subcultura delictiva. Al comparar las actitudes y acciones
de los delincuentes con la imagen de ellos ofrecidos por los teóricos de la subcultura delictiva,
Matza enfatiza -y quizás exagera- la fuerza del vínculo entre los delincuentes y el
orden convencional. Al comparar, de manera implícita, los delincuentes y el hombre moral,
yo enfatizo -y quizás exagero- la debilidad de su vínculo con el orden convencional.
que bien sea la debilidad de sus creencias o, quizás, bien sea su acto delictivo.
El fundamento principal de este argumento es, desde luego, la suposición
de que hay una variación en la creencia en la validez moral de las normas
sociales. Esta suposición es sometible a una prueba empírica directa y
de esa manera puede sobrevivir por lo menos hasta que se le confronte por
primera vez con los datos. Por ahora, debemos volver a la idea de un sistema
de valores comunes con la cual se comenzó esta sección.
La idea de un sistema de valores comunes (o quizás mejor, un solo sistema
de valores) es coherente con el hecho, o presunción, de la variación de
la intensidad de las creencias morales. No hemos sugerido que la delincuencia
se basa en creencias contrarias a la moralidad convencional; no hemos sugerido
que los delincuentes no creen que los actos delictivos son inaceptables.
Puede que ellos crean muy bien que estos actos son inaceptables, pero el significado
y la eficacia de tales creencias dependen de otras creencias y, en realidad,
sobre la fuerza de otros vínculos con el orden convencional18.
LAS RELACIONES ENTRE LOS ELEMENTOS
En general, mientras una persona se encuentre atada más firmemente a
la sociedad convencional de cualquiera de estas maneras, será más probable
que también se encuentre atada más firmemente de las otras maneras. La
persona que es sensible a las opiniones de la gente convencional, por ejemplo,
tiene mayor probabilidad de participar en las actividades convencionales
y de aceptar las nociones convencionales de conducta deseable. De las
seis combinaciones posibles de elementos, tres parecen ser de particular importancia
y en consecuencia se discutirán con mayor detalle.
Travis Hirschi
20 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
18 La perspectiva adoptada aquí se ubica, pues, en algún lugar entre la “demencia semántica”
y las “neutralizaciones”. Suponiendo que existe variación, el delincuente tiene mayor
libertad, en los casos extremos, de la que le atribuye el argumento sobre neutralización.
Aunque todavía queda la posibilidad de una amplia discrepancia entre lo que pregona el
delincuente y lo que hace, la misma es presumiblemente mucho más rara de lo que sugieren
los estudios sobre los “psicópatas” elocuentes.
Apego y Compromiso
Con frecuencia se sugiere que el apego y el compromiso (en el sentido
en que estos términos se emplean aquí) tienden a variar de manera inversa.
Así, según la investigación sobre la delincuencia, uno de los “problemas”
de un adolescente de clase baja es que no es capaz de romper los lazos que
lo atan a los padres y a los pares, lazos que le impiden dedicarle el tiempo y
la energía suficientes para cumplir las aspiraciones educativas y ocupacionales.
De esa manera, su apego se entiende como un impedimento para la
adquisición de los compromisos convencionales19. Según la investigación
sobre la estratificación, el muchacho de clase baja que se libera de este apego
tiene mayor probabilidad de movilidad hacia arriba20. Ambas perspectivas
de investigación sugieren de esta manera que los que se hallan atados a
la conformidad por razones instrumentales tienen menores probabilidades
de hallarse atados a la conformidad por lazos emocionales a los otros seres
convencionales. Si la persona carente de apego se compensa de su falta de
vínculo mediante un compromiso para la superación personal, y si el falto
de compromiso resuelve su falta de compromiso apegándose más con las
personas, podríamos concluir que ni el apego ni el compromiso se relacionarán
con la delincuencia.
En realidad, a pesar de la aparente evidencia en contrario, yo creo que
se puede suponer que el apego a los otros seres convencionales y el compromiso
con el logro tienden a variar en conjunto. El hallazgo frecuente de
que es probable que los muchachos de clase media escojan valores instru-
Una teoría del control de la delincuencia 21
19 La idea de que el muchacho de clase media tiene menor relación con sus pares de la que
tiene el muchacho de clase baja ha sido ampliamente adoptada en la literatura sobre la
delincuencia. Las relaciones “frías y racionales” del muchacho de clase media con sus
pares representan el caso opuesto de las relaciones “cálidas y espontáneas” del muchacho
de clase baja. Ver, por ejemplo, Albert K. Cohen, Delinquent Boys (Muchachos Delincuentes)
(New York: The Free Press, 1955), pp. 102-109.
20 La evidencia a favor de esta proposición se encuentra resumida en Seymour M. Lipset y
Reinhard Bendix, Social Mobility in Industrial Society (La Movilidad Social en la Sociedad
Industrial) (Berkeley: University of California Press, 1959), especialmente pp.
249-259. Por ejemplo: “Estos [empresarios] muestran rasgos fuertes de independencia,
se caracterizan por una incapacidad de formar relaciones íntimas y, en consecuencia,
siempre son hombres socialmente aislados” (p. 251).
mentales en lugar de los de la familia y la amistad, en tanto que es cierto lo
contrario para los muchachos de clase baja, no se puede interpretar apropiadamente,
creo yo, como que signifique que los muchachos de clase media
se hallan menos conectados con sus padres y sus pares que los muchachos
de clase baja. Es muy probable que el modelo metodológico de suma cero
que produzca tales hallazgos sea engañoso21. Además, aunque muchas de
las características de los que se mueven de manera ascendente, a los cuales
aludieron Seymour M. Lipset y Reinhard Bendix, se podrían considerar
como las consecuencias más que como las causas de la movilidad, no se
hace necesaria una crítica metodológica de estos estudios para concluir que
podríamos esperar encontrar una relación positiva entre el apego y el compromiso
en los datos que se presentan aquí. El estudio actual y el único estudio
que Lipset y Bendix citan como en desacuerdo con su conclusión general
de que quien posee movilidad ascendente proviene de hogares en los
cuales las relaciones interpersonales fueron insatisfactorias, se basaron ambos
en muestras que se tomaron entre estudiantes de educación media22.
Como lo hacen notar Lipset y Bendix, tales estudios se enfocan necesariamente
más en las aspiraciones que en la verdadera movilidad. Por el momento,
parece ser, tenemos que escoger entre los estudios que se fundamentan
en las esperanzas que se tienen para el futuro ocupacional y los que se
fundamentan en la construcción o la reconstrucción del pasado familiar. Es
interesante hacer notar que es probable que aquellos tengan por lo menos
tanta validez como éstos.
Compromiso y Participación
Los actos delictivos son sucesos. Aparecen en puntos específicos del
espacio y del tiempo. Para que ocurra un acto delictivo es necesario, como
resulta cierto en todos los sucesos, que converja una serie de cadenas causales
en un momento dado en el tiempo. Los sucesos son difíciles de predecir,
y la especificación de algunas de las condiciones necesarias para que ellos
Travis Hirschi
22 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
21 Las asociaciones entre las mediciones del apego y del compromiso se examinan en el
Capítulo VIII.
22 Social Mobility (La Movilidad Social), p. 253.
ocurran a menudo deja un gran residuo de indeterminación. Por ejemplo,
decir que un muchacho se halla libre de ataduras con la sociedad convencional
no quiere decir que él cometerá necesariamente actos delictivos; puede
que sí y puede que no. Todo cuanto podemos decir con certeza es que él
tiene mayor probabilidad de cometer actos delictivos que el muchacho que
se halla fuertemente unido a la sociedad convencional.
Es tentador hacer virtud de este defecto y exponer una “teoría probabilística”,
dado que ella, y únicamente ella, es congruente con “los hechos”
(Briar y Piliavin). No obstante eso, se debe resistir esta tentación. La virtud
principal de la teoría del control no es que dependa de las condiciones que
hacen posible la delincuencia mientras que otras teorías dependen de las
condiciones que hacen necesaria la delincuencia. Por el contrario, en cuanto
a lo que se refiere a su estructura lógica, estas teorías son superiores a la
teoría del control, y si ellas fuesen empíricamente tan adecuadas como la
teoría del control, no dudaríamos en interceder por su adopción preferencial
sobre la teoría del control.
Pero ellas no son tan adecuadas, y en consecuencia tenemos que buscar
reducir la indeterminación que hay en la teoría del control. Una de las áreas
de posible desarrollo es la referente al enlace que existe entre los elementos
del vínculo que afectan la probabilidad de rendirse a la tentación y los que
afectan la probabilidad de que uno se encontrará expuesto a la tentación.
La relación más obvia en este sentido se observa entre las aspiraciones
educativas y las ocupacionales (compromiso) y la participación en las actividades
convencionales. Podemos intentar demostrar cómo el compromiso limita
las oportunidades de cometer actividades delictivas y por lo tanto se escapa
del supuesto implícito en muchas teorías del control de que tales oportunidades
se distribuyen simplemente al azar en toda la población bajo estudio.
Apego y Creencia
Parece evidente que hay una relación más o menos directa entre el
apego a los demás y la creencia en la validez moral de las normas. La relación
que aceptamos aquí y que intentaremos documentar la describe Jean
Piaget:
Una teoría del control de la delincuencia 23
No es el carácter obligatorio de la regla dictada por un individuo
el que nos hace respetarlo, es el respeto que sentimos por
el individuo el que nos hace considerar obligatoria la regla
dictada por él. El surgimiento de este sentido del deber en un
niño le da entrada en este caso a la explicación más sencilla; o
sea, la de que él recibe órdenes de los niños mayores (en el
juego) y de los adultos (en la vida), y que él respeta a los niños
mayores y a los padres (Piaget, s/f).
En resumen, “el respeto es la fuente de la ley”23. En la medida en que
el niño respete (ame y tema) a sus padres y a los adultos en general, él aceptará
sus reglas. Por el contrario, en la medida en que el respeto se halle socavado,
las reglas tenderán a perder su carácter obligatorio. Se supone que
la creencia en el carácter obligatorio de las reglas mantendrá hasta cierto
punto su eficacia de producir conformidad, incluso si ya no existe el respeto
que le dio vida. También se supone que el apego puede producir conformidad
hasta en contra de las creencias que son favorables a la inconformidad.
En resumen, se supone que estas dos fuentes de conducta moral poseen un
efecto independiente que justifica su separación, a pesar de que se relacionan
bastante y de manera compleja.
¿EL VÍNCULO CON QUÉ?
Los teóricos del control sugieren a veces que el apego a cualquier objeto
situado fuera de uno, sea la patria chica, el cielo estrellado o la mascota
de la familia, fomenta la conducta moral (Durkheim). Aunque parezca obvio
que algunos objetos son más importantes que otros y que los objetos importantes
tienen que identificarse si los elementos del vínculo van a producir
las consecuencias que sugiere la teoría, ha resultado particularmente insatisfactoria
una clasificación a priori de los objetos de vínculo. Por ejemplo,
Durkheim concluye que los tres grupos para los cuales el vínculo es lo
más importante para la producción de moralidad son la familia, la nación y
la humanidad. Él concluye, además, en que la nación es el más importante
Travis Hirschi
24 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
23 Ibid., p.379.
de ellos24. Todo lo cual, dada la mayoría del pensamiento contemporáneo
sobre las virtudes del patriotismo25, ilustra de manera bastante conveniente
la dificultad planteada por interrogantes tales como: ¿Qué resulta más importante
para controlar la delincuencia, el padre o la madre, la familia o la
escuela?
Aunque en general la teoría de la delincuencia ha tomado posición en
muchas de las inquietudes relacionadas con la importancia relativa de las
instituciones (por ejemplo, que la escuela es más importante que la familia),
la teoría del control ha permanecido decididamente ecléctica, en parte debido
a que cada uno de los elementos del vínculo dirige la atención a diferentes
instituciones. Por tales razones, intentaré una especificación de las unidades
con las cuales se establece el vínculo como un problema de la interpretación
empírica de la teoría del control, y no aventuraré en este momento
afirmar cuál sería la de mayor o menor importancia.
¿DÓNDE ESTÁ LA MOTIVACIÓN?
La pregunta más desconcertante que enfrenta el teórico del control
reza algo así: “Sí, ¿pero por qué lo hacen?” En los buenos tiempos, el teórico
del control podía sencillamente quitar la “capa de la civilización” y revelar
los “impulsos animales” del hombre para que todos los vieran. A él le
parecía (y aparentemente también a su audiencia) que estos impulsos ofrecían
una explicación plausible de la motivación al delito y a la delincuencia.
Su argumento no era que únicamente los delincuentes y los criminales son
animales, sino que todos nosotros somos animales, y por ello todos somos
inherentemente capaces de cometer actos delictivos. No hubo que realizar
un gran estudio para revelar que los niños, los pollos y los perros ocasionalmente
asaltan y roban a sus iguales; que los niños, los pollos y los perros
Una teoría del control de la delincuencia 25
24 Ibid., pp. 73-79.
25 Después de todo, Durkheim distingue entre el patriotismo que conduce a la preocupación
por los problemas domésticos y el patriotismo que enfatiza las relaciones exteriores (especialmente,
el tipo de patriotismo que pone “el sentimiento nacional en conflicto con
los compromisos de la humanidad”).
también se comportan por períodos relativamente prolongados de manera
perfectamente moral. Desde luego que los actos de los pollos y los perros
no son un “asalto” o un “robo”, y que tal conducta no es “moral”; es sencillamente
la conducta de un pollo o de un perro. El pollo que le roba el maíz
a su vecino no sabe nada de ley moral; él no desea violar las normas; él
simplemente desea comer maíz. El perro que de manera maliciosa destruye
una almohada o que ataca de manera criminal a otro perro es el equivalente
moral del pollo. No se necesita ninguna motivación a la desviación que explique
estos actos. De igual manera, tampoco se requería ninguna motivación
especial para explicar los actos delictivos del animal humano.
Los tiempos han cambiado. Ya no resulta de buen tono (por lo menos
en la esfera sociológica) referirse a los impulsos animales. El teórico del
control tendía cada vez más a quitarle énfasis al componente motivacional
de esta teoría. Quizás el se refería inicialmente a las “necesidades humanas
universales” o algo por el estilo, pero rara vez hacía alusión a la fuerza
impulsora detrás del delito y la delincuencia. Al mismo tiempo, sus explicaciones
del delito y la delincuencia dejaban al lector con desasosiego creciente.
¿Qué está asumiendo el teórico del control?, se preguntaba el lector.
Albert K. Cohen y James F. Short responden la pregunta del siguiente
modo:
…es importante señalar una limitación importante de los dos
tipos de teorías. Ellas [las teorías del conflicto de culturas y de
la desorganización social] son ambas teorías del control en el
sentido de que explican la delincuencia en términos de la ausencia
de controles efectivos. Por consiguiente, parecen implicar
un modelo de motivación que supone que el impulso a la
delincuencia es una característica inherente a la gente joven y
que no necesita explicación alguna; que es algo que brota
cuando se quita la tapa, verbigracia, las restricciones culturales
internalizadas o la autoridad externa26.
Travis Hirschi
26 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
26 Ver su “Juvenile Delinquency” (Delincuencia Juvenil) en Contemporary Social Problems
(Problemas Sociales Contemporáneos) ed. Robert K. Merton y Robert A. Nisbet
(New York: Harcourt, Brace and World, 1961), p. 106.
Hay algunas reacciones posibles y creo que razonables a esta crítica.
Una reacción sería simplemente reconocer el supuesto, convenir en que uno
supone lo que los teóricos del control siempre han supuesto con respecto a
la motivación al delito – que es constante en todas las personas (por lo menos
dentro el sistema en cuestión): “No hay ninguna razón para suponer que
sólo quienes finalmente cometen un acto delictivo de ordinario tienen el impulso
de hacerlo. Es mucho más probable que la mayoría de la gente experimente
impulsos desviados frecuentemente. Por lo menos en la fantasía, la
gente es mucho más desviada de lo que parece”27. Con seguridad no hay
nada inadecuado en hacer tal suposición. Somos libres de suponer cualquier
cosa que queramos suponer; la verdad de nuestra teoría se presume sujeto
de una prueba empírica (Cohen, 1966).
Una segunda reacción, que quizás implica alguna sutileza, es la de defender
la lógica de la teoría del control y la de negar la suposición ya aludida.
Podemos decir que el hecho de que la teoría del control sugiera que la
ausencia de algo causa la delincuencia no es una crítica aceptable, dado que
las relaciones negativas poseen tanta pretensión de aceptabilidad científica
como la que poseen las relaciones positivas28. También podemos decir que
la teoría actual no le imputa a nadie un impulso inherente hacia la delincuencia29,
por el contrario, le niega la necesidad de tal imputación: “Los de-
Una teoría del control de la delincuencia 27
27 Howard S. Becker, Outsiders (Extraños) (New York: The Free Press, 1963), p. 26. Ver
también Kate Friedlander, The Psycho-Analytic Approach to Juvenile Delinquency (El
Enfoque Psico-Analítico sobre la Delincuencia Juvenil) (New York: International Universities
Press, 1947), p. 7.
28 Con frecuencia he oído la afirmación “es una explicación basada en la ausencia de algo”
empleada como si fuera una crítica altamente poderosa de la teoría sociológica. Aunque
los orígenes de esta opinión me sean desconocidos, el hecho de que la misma parece gozar
de cierta plausibilidad sugiere una de las fuentes del desasosiego frente a la teoría del
control.
29 La afirmación “es un argumento basado en el ello” que se emplea para descartar las explicaciones
de la conducta desviada supone que los fundadores de la sociología de alguna
manera demostraron que la sangre del hombre no es ni tibia ni roja, sino espiritual. La
trampa intelectual se cierra, como debe ser, sobre el contra-supuesto de que los impulsos
innatos de agresividad y destrucción circulan por las venas. La solución no está en aceptar
ambas perspectivas sino en rechazar las dos.
seos y otras pasiones del hombre no son pecados en sí mismos. Ni lo son en
mayor grado las acciones que proceden de esas pasiones, hasta que tropiezan
con una ley que las prohíbe”30.
Una tercera reacción es la de aceptar la crítica como válida, conceder
que una explicación completa de la delincuencia proporcionaría el impulso
necesario, y proceder a construir una explicación de la motivación que sea
coherente con la teoría del control. Briar y Piliavin suministran una motivación
situacional: “Suponemos que estos actos se hallan incitados por deseos
de corto plazo inducidos situacionalmente que experimentan todos los muchachos
con el fin de conseguir bienes apreciados, demostrar valor en presencia
de los pares, o ser leal a ellos, atacar a alguien a quien se le tiene antipatía
o simplemente conseguir gratificación” (Briar y Piliavin). También
Matza está de acuerdo con que la delincuencia no se puede explicar sencillamente
por la eliminación de los controles:
La delincuencia es acción sólo como epifenómeno… en esencia
es una infracción. Es conducta quebrantadora de las normas
llevada a cabo por jóvenes que saben que están violando
la ley y que conocen la naturaleza de su acción y la hacen lícita
mediante la neutralización de los elementos de infracción.
Así, Cohen y Short tienen razón fundamentalmente cuando insisten
en que la teoría del control social se halla incompleta a
Travis Hirschi
28 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
30 Thomas Hobbes, Leviathan (El Leviatán), p. 83. Dada la historia de la respuesta sociológica
a Hobbes, es instructivo comparar las imágenes de la motivación que subyace en el
acto desviado construidas por Hobbes y por Talcott Parsons. Según Parsons, la motivación
a desviarse constituye un rasgo psicológico o una necesidad que el desviado lleva
consigo en todo momento. Esta necesidad es en sí misma desviada: no puede ser satisfecha
por la conformidad. Los controles sociales apenas figuran como factores de la realidad
que determinan la forma y la manera en que esta necesidad será satisfecha. Si se obstruye
uno de los caminos a la conducta desviada, el desviado continuará su búsqueda
hasta encontrar una vía libre hacia ella. Quizás el hecho de que esta necesidad resulta del
conflicto interpersonal, y de esa manera tiene un origen social, hace que la imagen resultante
del desviado, la de un ser fundamentalmente inmoral quien comete la maldad porque
es maldad, haya sido obviado por aquellos que objetan la tendencia del teórico del
control de depender de las propensiones naturales como una fuente de energía que lleva a
las actividades que la sociedad considera inaceptables. Ver Talcott Parsons, The Social
System (El Sistema Social) (New York: The Free Press, 1951), Capítulo 7.
menos que suministre un impulso por medio del cual se convierta
en acto el potencial para la delincuencia31.
El impulso que Matza proporciona es un “sentimiento de desesperación”
causado por una “predisposición al fatalismo”, “la experiencia de verse
uno mismo como efecto” en lugar de cómo causa. En una situación en la
cual se enfatiza la hombría, el hecho de ser atropellado lleva a la predisposición
al fatalismo, la cual a su vez produce un sentimiento de desesperación.
Con la finalidad de aliviar su desesperación, con la finalidad de deshacerse
del sentimiento de fatalismo, el muchacho “hace que sucedan las cosas”:
comete actos delictivos32.
Hay algunas explicaciones adicionales del “por qué lo hacen” que en
mi concepto son persuasivas y al mismo tiempo compatibles en general con
la teoría del control33, pero aunque todas estas explicaciones pueden que
sean compatibles con la teoría del control, de ninguna manera se pueden deducir
de ella. Es más, pocas veces le atribuyen al delincuente una motivación
incorporada y peculiar: él intenta satisfacer los mismos deseos, y reacciona
a las mismas presiones que los otros muchachos (como se desprende
claramente, por ejemplo, de la cita anterior de Briar y Piliavin). En otras palabras,
si se les incluye, estas explicaciones de la motivación tendrían en la
teoría la misma función que los “impulsos animales” han tenido tradicionalmente:
ellas podrían aumentar su capacidad persuasiva y su plausibilidad,
Una teoría del control de la delincuencia 29
31 Delinquency and Drift (Delincuencia y Deriva), p. 182.
32 Matza nos advierte que no podemos tomar el sentimiento de desesperación fuera de contexto
y esperar encontrar diferencias importantes entre delincuentes y otros muchachos:
“Que el delincuente subcultural no sea significativamente diferente de otros muchachos
es, precisamente, el argumento” (ibid., p. 89).
33 Por ejemplo: Carl Werthman, “The Function of Social Definitions in the Development of
Delinquent Careers” (La Función de las Definiciones Sociales en el Desarrollo de las Carreras
Delictivas), Juvenile Delinquency and Youth Crime (Delincuencia Juvenil y Delitos
de los Jóvenes), Report of the President’s Comission on Law Enforcement and Administration
of Justice (Washington: USGPO, 1967), pp. 155-170; Jackson Toby, “Affluence
and Adolescent Crime” (La Afluencia y la Delincuencia de los Adolescentes), ibid.,
pp. 132-144; James F. Short, Jr., y Fred L. Strodtbeck, Group Process and Gang Delinquency
(El Proceso Grupal y la Delincuencia en Pandilla) (Chicago: University of Chicago
Press, 1965), pp. 248-264.
pero les agregaría poco más, dado que no establecen diferencias entre delincuentes
y no delincuentes.
Para finalizar, pues, la teoría del control sigue siendo lo que siempre
ha sido: una teoría en la cual la desviación no resulta problemática. La
interrogante de ¿por qué lo hacen? simplemente no es la interrogante para
cuya contestación se diseñó la teoría. La interrogante es ¿por qué no lo
hacemos nosotros? Hay mucha evidencia de que lo haríamos si nos
atreviésemos.
LISTA DE REFERENCIAS
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el Concepto de Compromiso), American Journal of Sociology LXVI
(1969), p. 25-26.
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BRIAR y PILIAVIN. Situational Inducements (Estímulos Situacionales), p. 45.
COHEN, Albert K. Deviance and Control (Desviación y Control). Englewood
Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1966, pp. 59-62.
CRESSEY, Donald R. Other People’s Money (El Dinero de Otros). New
York: The Free Press, 1953.
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Everett K. Wilson y Herman Schnurer. New York: The Free Press, 1961, p. 64.
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HOBBES, Thomas. Leviathan (El Leviatán). Oxford: Basil Blackwell, 1957,
p. 195.
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MARTIN, John M. y FITZPATRICK, J.P. Delinquent Behavior (El Comportamiento
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Travis Hirschi
30 Cap. Crim. Vol. 31, Nº 4 (Octubre-Diciembre 2003) 5-31
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WOOTTON, Barbara. Social Science and Social Pathology (Ciencia Social y
Patología Social). New York: Macmillan, 1959, p. 250

Una lección de Historia. “Las nuevas visiones del mundo y las revoluciones que lo transforman”

Universitat de Barcelona
Facultat de Dret
Graduat en Criminologia i Política Criminal
Graduat en Investigació Privada

 

Historia del Pensamiento Criminológico
Profra. Dra. Encarna Bodelón González
Prof. Dr. Julio Zino Torrazza

Las nuevas visiones del mundo y las revoluciones que lo transforman

Referencia del texto:
Pavarini, M. 1983. Control y dominación (Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico), (trad. I. Muñagorri). México: Colec. Nueva Criminología, Siglo XXI editores, pp. 27-30.


La primacía de la política en las primeras formas de conocimiento criminológico
“La transición del modelo de producción feudal al sistema de producción capitalista se produce en un período bastante amplio que abarca desde el siglo XVI hasta el XVIII, especialmente en los países económicamente más avanzados (Inglaterra, Holanda, la Liga Anseática en Alemania): fenómeno económico-social que Karl Marx llamó acumulación primitiva y que determinará durante la segunda mitad del siglo XVIII la transformación conocida por nosotros como revolución industrial. Un orden sociopolítico que había durado casi un milenio deja paso a un nuevo orden social: el capitalista.

Las primeras formas de conocimiento criminológico se desarrollan en este arco (el tiempo en el que la clase burguesa conquista el poder político asumiendo el papel de clase dominante). Este nuevo conocimiento, en sus orígenes, se desarrolla esencialmente como teoría política, como discurso acerca del buen gobierno, acerca de la riqueza de las naciones, sobre los modos de preservar el orden, la concordia, la felicidad pública. Es pues una elaboración impregnada de espíritu optimista, completamente dirigida a la proyección; y, en efecto, una profunda tensión ético-política la apoya en el esfuerzo de imaginar las nuevas formas institucionales (políticas, económicas, jurídicas o sociales) del poder y del vivir social. En la elaboración de este complejo programa para un nuevo orden se presta atención a las formas de desobediencia, de disenso, de la no integración y por lo tanto también de la violación de las leyes que la nueva sociedad se da.

Tradicionalmente se quiere limitar el surgir de las primeras reflexiones sobre el crimen en la sociedad burguesa al pensamiento reformador del siglo XVIII y a las obras de los iluministas en temas de legislación penal. Elección viciada por el reduccionismo: se termina por dirigir- la atención sólo a algunos autores -Beccaria en Italia, Bentham en Inglaterra, Hommel en Alemania, por ejemplo, o sea a los autores más directamente comprometidos en los problemas de legislación Criminal- y por limitar el interés únicamente a los problemas político-jurídicos relacionados con la codificación, el proceso penal, las garantías del imputado, etc. En efecto, la producción criminológica del liberalismo clásico debe, por lo menos, comenzar por las obras de Hobbes y puede ser comprendida sólo a través de una lectura que recorra transversalmente todo el pensamiento político-filosófico de los siglos XVII y XVIII.
(…)

La nueva geografía socioeconómica que se determina con la ruptura de los vínculos feudales y con la emergencia de una economía capitalista impone la necesidad de elaborar un nuevo atlas sobre el cual ordenar la práctica política.

El modo feudal de producción se caracterizó por el engranaje de tres tipos de renta sobre la tierra: trabajo gratuito en la tierra del señor (corvea), renta en especie y renta en dinero.

Si el infringirse de la original relación de corvea entre soberano y súbditos libera a estos últimos de las cadenas de su sujeción -haciendo así libre al siervo- simultáneamente la acumulación del capital en manos de pocos despoja de los medios de producción a las masas productoras -liberando de este modo al siervo de los medios para su propio sustento. Si la libertad adquirida, los derechos civiles, los nuevos espacios de autonomía fueron para la clase burguesa condiciones necesarias para su propia actividad comercial e industrial, para las amplias masas de campesinos y pequeños productores liberados de los vínculos feudales y expulsados de las tierras o en cualquier modo privados de sus medios de producción, estas mismas condiciones constituyeron el presupuesto para su transformación en fuerza de trabajo asalariada.

Las nuevas leyes del mercado determinaron una minoría de propietarios de los medios de producción frente a la mayoría de no propietarios, o propietarios solamente de la fuerza de trabajo proletaria.

Ningún vínculo jurídico obligará ya a nadie a someterse a otro (como en el pasado a través de la relación de corvea); únicamente la imperiosidad de satisfacer las propias necesidades vitales a pesar de estar privados de bienes obligará a las masas expropiadas a ceder contractualmente su propia capacidad laboral a cambio de un salario.

En las relaciones privadas reinará incuestionado el contrato, esquema jurídico que exalta la autonomía de las partes y es capaz de disciplinar las múltiples formas en que se entrelazan las relaciones entre sujetos libres e iguales. La explotación del hombre por el hombre no podrá encontrar así ninguna forma de reconocimiento en la teoría política; la sujeción de muchos a pocos será consecuencia casi natural de una realidad objetiva, la económica, donde reinan las leyes férreas del mercado y de la producción. La reflexión político-jurídica de la época deberá hacer las cuentas con esta realidad; en particular las sentidas preocupaciones de garantizar el orden y la paz sugieren la nueva estrategia del control y de la disciplina social.

Los nudos a desatar no son pocos, aunque todos giran alrededor de una única y central cuestión: cómo educar a los no propietarios a aceptar como natural su propio estado de proletarios, cómo disciplinar a estas masas para que no sean más potenciales atentadores contra la propiedad y, al mismo tiempo, como garantizar que en la sociedad civil se realicen esferas de libertad y autonomía que son las condiciones necesarias para el libre autorregularse del mercado. La cuestión, incluso en su unidad, se presta a ser afrontada en dos diversos frentes.

Pavarini, M. 1983. Control y dominación (Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico), (trad. I. Muñagorri). México: Colec. Nueva Criminología, Siglo XXI editores, pp. 27-30.

 

Los diferentes objetos del conocimiento  aportados por la evolución del pensamiento criminológico

Referencia del texto:
Pavarini, M. 1983. Control y dominación (Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico), (trad. I. Muñagorri). México: Colec. Nueva Criminología, Siglo XXI editores, pp. 33-36.


Saber criminológico y estrategia de control…
“Junto al proceso que contempla la acumulación de riquezas en las manos de la nueva clase capitalista asistimos a un análogo proceso de acumulación de fuerza de trabajo; una certera y precisa acumulación de hombres útiles verdadera y precisa transformación antropológica de la originaria clase campesina en clase obrera. La invención institucional cambió de hecho la propia organización interna de la manufactura y de la fábrica en lo que se definió -no diversamente de cuanto sucederá en la nueva organización escolástica y militar- como realidad dependiente del proceso productivo dominante.

En los orígenes de la sociedad capitalista el corazón de la política de control social se encuentra precisamente en esto: en la emergencia de un proyecto político capaz de conciliar la autonomía de los particulares en su relación respecto de la autoridad -como libertad de acumular riquezas- con el sometimiento de las masas disciplinadas a las exigencias de la producción -como necesidad dictada por las condiciones de la sociedad capitalista. Y es en la lógica de este proyecto que afloran las primeras formas de conocimiento criminológico y de estrategia de control social en relación con la desviación criminal. Examinémosla brevemente y por puntos:

  • La teoría del contrato social encuentra en su propio fundamento una ética utilitarista: en cuanto que los hombres son por naturaleza egoístas, sólo para eliminar el peligro de una guerra perenne de todos contra todos es por lo que se llega al acuerdo de mantener la paz y el orden con la limitación de alguna libertad dentro de los limites de cuanto se había pactado colectivamente con la autoridad. En este sentido el delito es el ejercicio de una libertad o un modo de ejercitar una cierta libertad a la que se había renunciado contractualmente.
  • En cuanto el hombre es sujeto de necesidades posibles de ser satisfechas sólo con el dominio de los bienes, el pacto social deberá disciplinar las relaciones sociales de propiedad. Consecuentemente la legislación ya sea civil o penal definirá los diversos comportamientos humanos sobre la base de su utilidad en una sociedad de clases, donde a una minoría de poseedores se contrapone una mayoría de necesitados excluidos de la propiedad. La recompensa por las actividades útiles y la consecuencias dañosas no podrá fundarse más que en la aceptación apriorística de una distribución desigual de la propiedad, desigualdad reconocida como definitiva e inmutable. La satisfacción de las propias necesidades a través del contrato será reconocida como útil, moral y lícita; fuera de este esquema jurídico la acción será considerada socialmente nociva, inmoral, criminal. Se consigue que el énfasis puesto sobre el principio de la igualdad de los hombres en el estado de naturaleza no se extienda nunca a la crítica de la distribución clasista de las oportunidades de los asociados en relación con la propiedad.
  • Sólo la ley penal -como voluntad del príncipe, único titular del poder represivo- podrá definir las formas ilícitas en que puede realizarse la satisfacción de las necesidades. Sobre el presupuesto de la igualdad de todos los ciudadanos frente a la ley, no se puede sino atribuir a cada uno igual responsabilidad para sus propias acciones. El interés para quien viola la norma penal queda así resuelto al nivel puramente formal de la acción imputable, no pudiéndose de hecho aceptar un conocimiento distinto del hombre que delinque, en cuanto supondría el reconocimiento de las desigualdades sociales e individuales frente a la propiedad. Pero al mismo tiempo, como efecto de la desgarradora contradicción entre principio de igualdad formal y distribución clasista de las oportunidades, la acción criminal está políticamente considerada como propia de los excluidos de la propiedad y por lo tanto como atentado al orden y a la paz de los poseedores.

Si una organización social de propietarios que contratan libremente pretende un hombre soberano de sus propias acciones y por lo tanto libre frente a la elección entre el actuar lícito y el actuar ilícito, por otra parte el conocimiento de que la violación de la norma es una forma propia de la condición de no propietarios -y por lo tanto es siempre potencialmente atentado político sugiere las primeras definiciones del criminal como sujeto irracional, primitivo, peligroso.

En otras palabras, la necesidad política de afirmar una racionalidad igual de los hombres se diluye en la igualmente advertida necesidad de definir en términos de estigma, como distinto, como otro, al enemigo de clase.

Como se ve, el conocimiento criminológico del periodo clásico se detiene ante el umbral de la contradicción política entre principio de igualdad y distribución desigual de las oportunidades sociales; no resolviendo en ningún sentido este nudo, desarrolla por tanto un saber contradictorio y heterogéneo. Junto a las afirmaciones de la racionalidad de las acciones criminales como consecuencia del libre arbitrio (sobre este paradigma se desarrollarán las codificaciones penales) no faltará tampoco, un conocimiento del criminal como ser disminuido, no desarrollado completamente, privado de su voluntad, más parecido al salvaje y al niño que al hombre civilizado y maduro, o sea al hombre burgués, al hombre-propietario. Y es precisamente en esta interpretación donde se tiende a mistificar las desigualdades y socioeconómicas entre los hombres como desigualdades naturales, donde se encontrará el modo de desarrollar la voluntad pedagógica de la época clásica como acción social en relación con los excluidos de la propiedad -y por ende en las relaciones del criminal como del pobre, del loco a fin de integrarlos en el proceso productivo, a fin de educarlos para ser no propietarios sin atentar contra la propiedad, es decir a ser clase obrera. Pero en esta acción pedagógica nace también el conocimiento del otro, de lo diverso. El saber criminológico nace en realidad en la acción de integración del criminal. El lugar privilegiado de este ejercicio del poder político y de la adquisición de conocimientos será la penitenciaría”.
Los diferentes objetos del conocimiento  aportados por la evolución del pensamiento criminológico

Referencia del texto:
Pavarini, M. 1983. Control y dominación (Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico), (trad. I. Muñagorri). México: Colec. Nueva Criminología, Siglo XXI editores, pp. 33-36.


Saber criminológico y estrategia de control…
“Junto al proceso que contempla la acumulación de riquezas en las manos de la nueva clase capitalista asistimos a un análogo proceso de acumulación de fuerza de trabajo; una certera y precisa acumulación de hombres útiles verdadera y precisa transformación antropológica de la originaria clase campesina en clase obrera. La invención institucional cambió de hecho la propia organización interna de la manufactura y de la fábrica en lo que se definió -no diversamente de cuanto sucederá en la nueva organización escolástica y militar- como realidad dependiente del proceso productivo dominante.

En los orígenes de la sociedad capitalista el corazón de la política de control social se encuentra precisamente en esto: en la emergencia de un proyecto político capaz de conciliar la autonomía de los particulares en su relación respecto de la autoridad -como libertad de acumular riquezas- con el sometimiento de las masas disciplinadas a las exigencias de la producción -como necesidad dictada por las condiciones de la sociedad capitalista. Y es en la lógica de este proyecto que afloran las primeras formas de conocimiento criminológico y de estrategia de control social en relación con la desviación criminal. Examinémosla brevemente y por puntos:

  • La teoría del contrato social encuentra en su propio fundamento una ética utilitarista: en cuanto que los hombres son por naturaleza egoístas, sólo para eliminar el peligro de una guerra perenne de todos contra todos es por lo que se llega al acuerdo de mantener la paz y el orden con la limitación de alguna libertad dentro de los limites de cuanto se había pactado colectivamente con la autoridad. En este sentido el delito es el ejercicio de una libertad o un modo de ejercitar una cierta libertad a la que se había renunciado contractualmente.
  • En cuanto el hombre es sujeto de necesidades posibles de ser satisfechas sólo con el dominio de los bienes, el pacto social deberá disciplinar las relaciones sociales de propiedad. Consecuentemente la legislación ya sea civil o penal definirá los diversos comportamientos humanos sobre la base de su utilidad en una sociedad de clases, donde a una minoría de poseedores se contrapone una mayoría de necesitados excluidos de la propiedad. La recompensa por las actividades útiles y la consecuencias dañosas no podrá fundarse más que en la aceptación apriorística de una distribución desigual de la propiedad, desigualdad reconocida como definitiva e inmutable. La satisfacción de las propias necesidades a través del contrato será reconocida como útil, moral y lícita; fuera de este esquema jurídico la acción será considerada socialmente nociva, inmoral, criminal. Se consigue que el énfasis puesto sobre el principio de la igualdad de los hombres en el estado de naturaleza no se extienda nunca a la crítica de la distribución clasista de las oportunidades de los asociados en relación con la propiedad.
  • Sólo la ley penal -como voluntad del príncipe, único titular del poder represivo- podrá definir las formas ilícitas en que puede realizarse la satisfacción de las necesidades. Sobre el presupuesto de la igualdad de todos los ciudadanos frente a la ley, no se puede sino atribuir a cada uno igual responsabilidad para sus propias acciones. El interés para quien viola la norma penal queda así resuelto al nivel puramente formal de la acción imputable, no pudiéndose de hecho aceptar un conocimiento distinto del hombre que delinque, en cuanto supondría el reconocimiento de las desigualdades sociales e individuales frente a la propiedad. Pero al mismo tiempo, como efecto de la desgarradora contradicción entre principio de igualdad formal y distribución clasista de las oportunidades, la acción criminal está políticamente considerada como propia de los excluidos de la propiedad y por lo tanto como atentado al orden y a la paz de los poseedores.

Si una organización social de propietarios que contratan libremente pretende un hombre soberano de sus propias acciones y por lo tanto libre frente a la elección entre el actuar lícito y el actuar ilícito, por otra parte el conocimiento de que la violación de la norma es una forma propia de la condición de no propietarios -y por lo tanto es siempre potencialmente atentado político sugiere las primeras definiciones del criminal como sujeto irracional, primitivo, peligroso.

En otras palabras, la necesidad política de afirmar una racionalidad igual de los hombres se diluye en la igualmente advertida necesidad de definir en términos de estigma, como distinto, como otro, al enemigo de clase.

Como se ve, el conocimiento criminológico del periodo clásico se detiene ante el umbral de la contradicción política entre principio de igualdad y distribución desigual de las oportunidades sociales; no resolviendo en ningún sentido este nudo, desarrolla por tanto un saber contradictorio y heterogéneo. Junto a las afirmaciones de la racionalidad de las acciones criminales como consecuencia del libre arbitrio (sobre este paradigma se desarrollarán las codificaciones penales) no faltará tampoco, un conocimiento del criminal como ser disminuido, no desarrollado completamente, privado de su voluntad, más parecido al salvaje y al niño que al hombre civilizado y maduro, o sea al hombre burgués, al hombre-propietario. Y es precisamente en esta interpretación donde se tiende a mistificar las desigualdades y socioeconómicas entre los hombres como desigualdades naturales, donde se encontrará el modo de desarrollar la voluntad pedagógica de la época clásica como acción social en relación con los excluidos de la propiedad -y por ende en las relaciones del criminal como del pobre, del loco a fin de integrarlos en el proceso productivo, a fin de educarlos para ser no propietarios sin atentar contra la propiedad, es decir a ser clase obrera. Pero en esta acción pedagógica nace también el conocimiento del otro, de lo diverso. El saber criminológico nace en realidad en la acción de integración del criminal. El lugar privilegiado de este ejercicio del poder político y de la adquisición de conocimientos será la penitenciaría”.
El derecho y la justicia del Antiguo Régimen

Referencia del texto:
FOUCAULT, Michel (1976): Vigilar y Castigar, México, Siglo veintiuno, pp. 11 y ss.


El texto que presentamos a continuación pone en evidencia -de un modo impactante, con toda su crudeza- el cambio habido entre la forma de castigar tal como se practicaba en el Antiguo Régimen (concretamente a mediados del siglo XVIII en Francia)  y en la primera mitad del siglo XIX. Como el propio Foucault sugiere, el paso de una penalidad a otra supone como aspecto más destacado -más allá de la “humanización” de los métodos-  la desaparición de los suplicios y del espectáculo. Es decir, la conversión del castigo en “la parte más oculta del proceso penal”.

  • El caso Damiens, se produce en 1757. Se puede consultar la página del Ministère de la Justice francés donde se presentan algunos datos ampliatorios.

1. EL CUERPO DE LOS CONDENADOS

Damiens fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a “pública retractación ante la puerta principal de la Iglesia de París”, adonde debía ser “llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano”; después, “en dicha carreta, a la plaza de Gréve, y sobre un cadalso que allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió dicho parricidio,* quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento”.1

“Finalmente, se le descuartizó, refiere la Gazette d’Amsterdam.2 Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lugar de cuatro, hubo que poner seis, y no bastando aún esto, fue forzoso para desmembrar los muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperle a hachazos las coyunturas…

“Aseguran que aunque siempre fue un gran maldiciente, no dejó escapar blasfemia alguna; tan sólo los extremados dolores le hacían proferir horribles gritos y a menudo repetía: ‘Dios mío, tened piedad de mi; Jesús, socorredme.’ Todos los espectadores quedaron edificados de la solicitud del párroco de Saint-Paul, que a pesar de su avanzada edad, no dejaba pasar momento alguno sin consolar al paciente.”

Y el exento ** Bouton: “Se encendió el azufre, pero el fuego era tan pobre que sólo la piel de la parte superior de la mano quedó no más que un poco dañada. A continuación, un ayudante, arremangado por encima de los codos, tomó unas tenazas de acero hechas para el caso, largas de un pie y medio aproximadamente, y le atenaceó primero la pantorrilla de la pierna derecha, después el muslo, de ahí pasó a las dos mollas del brazo derecho, y a continuación a las tetillas. A este oficial, aunque fuerte y robusto, le costó mucho trabajo arrancar los trozos de carne que tomaba con las tenazas dos y tres veces del mismo lado, retorciendo, y lo que sacaba en cada porción dejaba una llaga del tamaño de un escudo de seis libras.***

“Después de estos atenaceamientos, Damiens, que gritaba mucho aunque sin maldecir, levantaba la cabeza y se miraba. El mismo atenaceador tomó con una cuchara de hierro del caldero mezcla hirviendo, la cual vertió en abundancia sobre cada llaga. A continuación, ataron con soguillas las cuerdas destinadas al tiro de los caballos, y después se amarraron aquéllas a cada miembro a lo largo de los muslos, piernas y brazos.

“El señor Le Breton, escribano, se acercó repetidas veces al reo para preguntarle si no tenía algo que decir. Dijo que no; gritaba como representan a los condenados, que no hay cómo se diga, a cada tormento: ‘¡Perdón, Dios mío! Perdón, Señor.’ A pesar de todos los sufrimientos dichos, levantaba de cuando en cuando la cabeza y se miraba valientemente. Las sogas, tan apretadas por los hombres que tiraban de los cabos, le hacían sufrir dolores indecibles. El señor Le Breton se le volvió a acercar y le preguntó si no quería decir nada; dijo que no. Unos cuantos confesores se acercaron y le hablaron buen rato. Besaba de buena voluntad el crucifijo que le presentaban; tendía los labios y decía siempre: ‘Perdón, Señor.’

“Los caballos dieron una arremetida, tirando cada uno de un miembro en derechura, sujeto cada caballo por un oficial. Un cuarto de hora después, vuelta a empezar, y en fin, tras de varios intentos, hubo que hacer tirar a los caballos de esta suerte: los del brazo derecho a la cabeza, y los de los muslos volviéndose del lado de los brazos, con lo que se rompieron los brazos por las coyunturas. Estos tirones se repitieron varias veces sin resultado. El reo levantaba la cabeza y se contemplaba. Fue preciso poner otros dos caballos delante de los amarrados a los muslos, lo cual hacia seis caballos. Sin resultado.

“En fin, el verdugo Samson marchó a decir al señor Le Breton que no había medio ni esperanza de lograr nada, y le pidió que preguntara a los Señores si no querían que lo hiciera cortar en pedazos. El señor Le Breton acudió de la ciudad y dio orden de hacer nuevos esfuerzos, lo que se cumplió; pero los caballos se impacientaron, y uno de los que tiraban de los muslos del supliciado cayó al suelo. Los confesores volvieron y le hablaron de nuevo. El les decía (yo lo oí): ‘Bésenme, señores.’ Y como el señor cura de Saint-Paul no se decidiera, el señor de Marsilly pasó por debajo de la soga del brazo izquierdo y fue a besarlo en la frente. Los verdugos se juntaron y Damiens les decía que no juraran, que desempeñaran su cometido, que él no los recriminaba; les pedía que rogaran a Dios por él, y recomendaba al párroco de SaintPaul que rezara por él en la primera misa.

“Después de dos o tres tentativas, el verdugo Samson y el que lo había atenaceado sacaron cada uno un cuchillo de la bolsa y cortaron los muslos por su unión con el tronco del cuerpo. Los cuatro caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron tras ellos los muslos, a saber: primero el del lado derecho, el otro después; luego se hizo lo mismo con los brazos y en el sitio de los hombros y axilas y en las cuatro partes. Fue preciso cortar las carnes hasta casi el hueso; los caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron el brazo derecho primero, y el otro después.

“Una vez retiradas estas cuatro partes, los confesores bajaron para hablarle; pero su verdugo les dijo que había muerto aunque la verdad era que yo veía al hombre agitarse, y la mandíbula inferior subir y bajar como si hablara. Uno de los oficiales dijo incluso poco después que cuando levantaron el tronco del cuerpo para arrojarlo a la hoguera, estaba aún vivo. Los cuatro miembros, desatados de las sogas de los caballos, fueron arrojados a una hoguera dispuesta en el recinto en línea recta del cadalso; luego el tronco y la totalidad fueron en seguida cubiertos de leños y de fajina, y prendido el fuego a la paja mezclada con esta madera.

En cumplimiento de la sentencia, todo quedó reducido a cenizas. El último trozo hallado en las brasas no acabó de consumirse hasta las diez y media y más de la noche. Los pedazos de carne y el tronco tardaron unas cuatro horas en quemarse. Los oficiales, en cuyo número me contaba yo, así como mi hijo, con unos arqueros a modo de destacamento, permanecimos en la plaza hasta cerca de las once.

“Se quiere hallar significado al hecho de que un perro se echó a la mañana siguiente sobre el sitio donde había estado la hoguera, y ahuyentado repetidas veces, volvía allí siempre. Pero no es difícil comprender que el animal encontraba aquel lugar más caliente.” 3

Tres cuartos de siglo más tarde, he aquí el reglamento redactado por Léon Faucher “para la Casa de jóvenes delincuentes de París”: 4

“ART. 17. La jornada de los presos comenzará a las seis de la mañana en invierno, y a las cinco en verano. El trabajo durará nueve horas diarias en toda estación. Se consagrarán dos horas al día a la enseñanza. El trabajo y la jornada terminarán a las nueve en invierno, y a las ocho en verano.

ART. 18. Comienzo de la jornada. Al primer redoble de tambor, los presos deben levantarse y vestirse en silencio, mientras el vigilante abre las puertas de las celdas. Al segundo redoble, deben estar en pie y hacer su cama. Al tercero, se colocan en fila para ir a la capilla, donde se reza la oración de la mañana. Entre redoble y redoble hay un intervalo de cinco minutos.

ART. 19. La oración la hace el capellán y va seguida de una lectura moral o religiosa. Este ejercicio no debe durar más de media hora.

ART. 20. Trabajo. A las seis menos cuarto en verano, y a las siete menos cuarto en invierno, bajan los presos al patio, donde deben lavarse las manos y la cara y recibir la primera distribución de pan. Inmediatamente después, se forman por talleres y marchan al trabajo, que debe comenzar a las seis en verano y a las siete en invierno.

ART. 21. Comida. A las diez, abandonan los presos el trabajo para pasar al refectorio; van a lavarse las manos en los patios, y a formarse por divisiones. Después del almuerzo, recreo hasta las once menos veinte.

ART. 22. Escuela. A las once menos veinte, al redoble del tambor, se forman las filas y se entra en la escuela por divisiones. La clase dura dos horas, empleadas alternativamente en la lectura, la escritura, el dibujo lineal y el cálculo.

ART. 23. A la una menos veinte, abandonan los presos la escuela, por divisiones, y marchan a los patios para el recreo. A la una menos cinco, al redoble del tambor, vuelven a formarse por talleres.

ART. 24. A la una, los presos deben marchar a los talleres: el trabajo dura hasta las cuatro.

ART. 25. A las cuatro se abandonan los talleres para marchar a los patios, donde los presos se lavan las manos y se forman por divisiones para el refectorio.

ART. 26. La comida y el recreo que la sigue duran hasta las cinco; en este momento los presos vuelven a los talleres.

ART. 27. A las siete en verano, y a las ocho en invierno, cesa el trabajo; se efectúa una última distribución de pan en los talleres. Un preso o un vigilante hace una lectura de un cuarto de hora que tenga por tema algunas nociones instructivas o algún rasgo conmovedor y a la que sigue la oración de la noche.

ART.28. A las siete y media en verano, y a las ocho y media en invierno, los presos deben hallarse en sus celdas, después de lavarse las manos y de haber pasado la inspección de las ropas hecha en los patios. Al primer redoble de tambor, desnudarse, y al segundo, acostarse. Se cierran las puertas de las celdas y los vigilantes hacen la ronda por los corredores, para cerciorarse del orden y del silencio.”

He aquí pues, un suplicio y un empleo del tiempo. No sancionan los mismos delitos, no castigan el mismo género de delincuentes. Pero definen bien, cada uno, un estilo penal determinado. Menos de un siglo los separa. Es la época en que fue redistribuida, en Europa y en los Estados Unidos, toda la economía del castigo. Época de grandes “escándalos” para la justicia tradicional, época de los innumerables proyectos de reforma; nueva teoría de la ley y del delito, nueva justificación moral o política del derecho de castigar; abolición de las viejas ordenanzas, atenuación de las costumbres; redacción de los códigos “modernos”: Rusia, 1769; Prusia, 1780; Pensilvania y Toscana, 1786; Austria, 1788; Francia, 1791, Año IV, 1808 y 1810. Por lo que toca a la justicia penal una nueva era.

Entre tantas modificaciones, señalaré una: la desaparición de los suplicios. Existe hoy cierta inclinación a desdeñarla; quizá, en su época, dio lugar a demasiadas declamaciones; quizá se atribuyó demasiado fácilmente y con demasiado énfasis a una “humanización” que autorizaba a no analizarla. Y de todos modos, ¿cuál es su importancia, si se la compara con las grandes transformaciones institucionales, con los códigos explícitos y generales, con las reglas unificadas de procedimiento; la adopción casi general del jurado, la definición del carácter esencialmente correctivo de la pena, o también esa gran tendencia, que no cesa de acentuarse desde el siglo XIX, a modular los castigos de acuerdo con los individuos culpables? Unos castigos menos inmediatamente físicos, cierta discreción en el arte de hacer sufrir, un juego de dolores más sutiles, más silenciosos, y despojados de su fasto visible, ¿merece todo esto que se le conceda una consideración particular, cuando no es, sin duda, otra cosa que el efecto de reordenaciones más profundas? Y, sin embargo, tenemos un hecho: en unas cuantas décadas, ha desaparecido el cuerpo supliciado, descuartizado, amputado, marcado simbólicamente en el rostro o en el hombre expuesto vivo o muerto, ofrecido en espectáculo. Ha desaparecido el cuerpo como blanco mayor de la represión penal.
* Parricidio, por ser contra el rey, a quien se equipara al padre. [T.]

1 Piéces originales et procédures du procés fait a Robert-Frangois Damiens, 1757, t. xxi, PP. 372-374.

2Gazette d’Amsterdam, 1 de abril de 1757.

** Exento: oficial de ciertos cuerpos, inferior al alférez y superior al brigadier. [T.]

*** Escudo de seis libras: cierta moneda de la época. [T.]

3Citado en A. L. Zevaes, Damiens le régicide, 1937, PP. 201-214.

4La Faucher, De la réforme des prisons, 1838, PP. 274-282.”

Michel Foucault, 1976, Vigilar y Castigar. México, Siglo veintiuno, pp. 11 y ss.

 

 

LAS FILOSOFÍAS DEL ILUMINISMO
CONTEXTO SOCIAL

La época de desarrollo del iluminismo es la del Absolutismo, específicamente el absolutismo del siglo XVIII, también denominado despotismo ilustrado, que gobernó en Francia, Prusia, Inglaterra y España. Estos regímenes fueron el resultado de ciertos cambios en la foma de gobernar como estrategia para continuar manteniendo la dominación de las sociedades. Estos cambios supusieron que durante el siglo XVIII se comenzara a observar la tendencia a:

1) una mayor humanidad en el trato de los gobernados;

2) el fomento de la educación popular

3) a la igualación de los súbditos frente a la ley;

4) apertura hacia la libertad religiosa;

5) suavizar el derecho penal, limitando el uso de la tortura judicial.

Todos estos aspectos deben ser considerados como tendencias a la mejora, ya que en todos los casos las medidas de gobierno y sus efectos sobre la población continuaron siendo extremadamente duras.
El iluminismo fue un movimiento muy heterogéneo del cual podemos señalar como sus principales características las siguientes:

1. creencia en la razón y en la racionalidad humana
2. creencia que tanto sociedades como individuos progresan en un sentido de mayor perfectibilidad
3. utilización del principio de causalidad
4. los principios y las leyes gobiernan la naturaleza, el hombre y la sociedad
5. desafían la autoridad y rechazan la tradición
6. manifiestan desagrado por el nacionalismo y muestran su solidaridad cosmopolita con los intelectuales iluministas

El iluminismo fue originalmente un movimiento francés y sus integrantes procedían principalmente de la clase media.
Su desarrollo coincide con el ascenso de la burguesía como clase con poder económico y político.
Panorama intelectual

Influencias del iluminismo:

  • racionalismo de Descartes (1596-1650).
  • método de las ciencias naturales de Isaac Newton (1643-1727)
  • Empirismo británico, (se le distingue del iluminismo, aunque para algunos autores es la versión británica de este movimiento)
    • John Locke (1632-1704): niega la existencia de las ideas innatas (Descartes) y afirma que todo conocimiento, opiniones y conductas derivan de la experiencia sensible

Durante el XVIII la visión antropocéntrica tradicional del universo se desmorona y se va instaurando una concepción de la sociedad basada en el progreso del pasado: principales representantes de esta concepción fueron Montesquieu, Voltaire y los enciclopedistas.

Pero también, a través de la literatura de los viajes exóticos, se instaura el mito del “buen salvaje”, a partir del cual autores como Rousseau proclaman la necesidad del retorno a la naturaleza.

La creencia en la razón de los iluministas se percibe en la gran actividad científica que se observa durante el siglo XVIII. La observación y la experiencia era los puntos de partida: el método analítico de la física de Newton se aplica al conjunto del pensamiento y conocimiento. Es la época de la inducción y en especial de la descripción.

El iluminismo liberó a la ciencia de los obstáculos de la tradición teológica y fue haciendo posible la evolución autónoma del pensamiento moderno.
Los orígenes de la idea de progreso

  • la idea de progreso humano engloba una síntesis del pasado y una profecía del futuro.
  • considera que las personas avanzan lentamente en una dirección definida y deseable y ese progreso continuará indefinidamente hacia una condición de felicidad general.
  • La idea de progreso se relaciona con Descartes
  • Diferencia entre progreso moral y progreso científico

 

Voltaire
François-Marie Arouet (1694-1778)

 

 

    • Las ideas de Voltaire reflejan influencias del racionalismo cartesiano y del empirismo británico, de manera destacada de las ideas científicas de Newton.
    • Sus escritos iban dirigidos hacia la tolerancia, el incremento de la ciencia y la humanización de las instituciones.
    • Su obra evidenciaba un interés secundario por el igualitarismo o por un régimen político verdaderamente parlamentario.

El terremoto de Lisboa (1755)
J. P. Le Bas, Praça da Patriarcal après le tremblement de terre de 1755
in Recueil des plus belles ruines de Lisbonne, Paris, 1757

  • La revisión del “Caso Jean Calas” (1762), conseguida por Voltaire a través de su obra Essai sur la tolérance, significa un  importante cuestionamiento del sistema de justicia del absolutismo. Desde este enlace se puede consultar algunos capítulos del Essai sur la tolérance, y específicamente los dedicados al caso Calas.

 

Jean Jaques Rousseau
(1712-1778)

 

 

A pesar de ser un iluminista destacado, Rousseau rechaza la “tiranía de la razón y aboga por el retorno a la naturaleza”.

Se le considera uno de los padres filosóficos de la Revolución francesa.

Su idea del retorno a la naturaleza se relaciona con los derechos naturales:

 

Liberté fraternité egalité

Para Rousseau la naturaleza es un estado sin distinción de clases.
Las desigualdades sociales provienen de la propiedad privada:

“Nacemos libres e iguales. Ahora estamos todos encadenados”.
El contrato social es una de sus obras más influyentes. Las ideas más destacadas de esta obra son:

    • el derecho a gobernar no es dado al monarca por el poder divino sino por un contrato social por el cual el pueblo establece una nación.
    • define la VOLUNTAD GENERAL como la voluntad de todo el pueblo.
    • con el contrato social cada miembro de la sociedad pierde la libertad natural pero gana la libertad civil.
    • la sociedad y el derecho son una creación artificial humana que no depende de una ley “natural” e inmutable. Los individuos aislados se ponen de acuerdo para protegerse.
    • El contractualismo permite concebir cambios sociales.
    • Para Rousseau el delito ataca el contrato social y por eso el delincuente debe ser tratado como un rebelde: nuevo fundamento de la potestad punitiva que tendrá gran influencia posterior.

BECCARIA

CESARE BONSEANA,
Marqués de BECCARIA
(Milán, 1738-1794)
CONTEXTO SOCIO-POLÍTICO

Entre 1714 y 1797 el Ducado de Milán o Milanesado forma parte de la corona austríaca.
El Milanesado dispone de AUTOGOBIERNO ejercido por un estamento nobiliario privilegiado.

INFLUENCIAS INTELECTUALES DE BECCARIA

Los vínculos de BECCARIA con los hermanos PIETRO Y ALESSANDRO VERRI fueron determinantes en su obra:

    • formaban parte de un grupo o tertulia denominado “LA ACADEMIA DE LOS PUÑOS”
    • Desde allí publicaban el periódico IL CAFFE, uno de cuyos objetivos era la REFORMA DELA JUSTICIA PENAL.

A través de este grupo BECCARIA conoció la obra de filósofos políticos franceses y británicos:

 

    • Hobbes, Hume, Diderot, Helvetius, Rousseau, Montesquieu

BREVE COMENTARIO DE LA OBRA

BECCARIA escribió De los delitos y de la penas en 1764, utilizando informaciones proporcionadas por Pietro Verri (autor de un ensayo sobre la tortura) y Alessandro Verri (vinculado profesionalmente a la prisión en Milán).
En De los delitos y de la penas Becarria denuncia y critica:

    • el uso de la TORTURA para obtener confesiones,
    • los procedimientos basados en ACUSACIONES SECRETAS,
    • el PODER ARBITRARIO discrecional de los jueces,
    • la INCONSISTENCIA Y DESIGUALDAD al sentenciar,
    • el USO DE INFLUENCIAS PERSONALES para dictar sentencias más suaves,
    • el USO DE LA PENA DE MUERTE para delitos menores.

BECCARIA desarrolla sus argumentos influido por dos importantes conceptos filosóficos: el CONTRATO SOCIAL y la UTILIDAD.

    • CONTRATO SOCIAL: el castigo se justifica sólo para defender el contrato social y asegurar que todo el mundo estará motivado a velar por él.
    • UTILIDAD (influencia de Helvetius): el método de castigo seleccionado debe ser el que mejor sirva al bienestar público.

Los filósofos contemporáneos de BECCARIA distinguen entre dos teorías justificadoras del castigo:

    • ENFOQUE RETRIBUTIVO: castigo IGUAL AL DAÑO CAUSADO: represalia y venganza.
    • ENFOQUE UTILITARIO: castigo debe AUMENTAR LA CANTIDAD DEL TOTAL DE FELICIDAD en el mundo. Debe ser un MEDIO DE REFORMA DEL CRIMINAL

En De los delitos y de la penas Becarria defiende una posición utilitaria del castigo:

    • Debe servir para CREAR UNA SOCIEDAD MEJOR
    • Debe servir para disuadir a los demás a cometer crímenes, a la vez que debe prevenir que un criminal repita un crimen
    • Defiende la SUAVIDAD DE LAS PENAS

Asimismo, en De los delitos y de la penas Becarria expone una de las primeras CRÍTICAS AL USO DE LA PENA DE MUERTE:

    • la pena de muerte no es necesaria para detener los delitos. El encarcelamiento prolongado es un disuasivo más poderoso que la ejecución, que es transitoria.

 

Montesquieu
Charles-Louis de Secondat
(barón de la Brède y de Montesquieu)
(1689-1755)

 
Formula la DIVISIÓN DEL GOBIERNO EN TRES PODERES:

  • Legislativo
  • Ejecutivo
  • Judicial

Esta concepción tiene influencias de John Locke.
Las ideas penales de Montesquieu están sintetizadas en “El espíritu de las Leyes”:

    • la libertad del ciudadano se ve favorecida por la naturaleza de las penas y su proporción.

En cuanto a la potestad punitiva, Montesquieu sostiene que:

“una acción solo puede ser conminada penalmente cuando lesiona los derechos de otro“. Aunque es totalmente opuesto al contrato social, esta idea deja entrever cierto contractualismo.
Clasificación de delitos y penas propuestas en “El espíritu de las Leyes”:

  • atentados a la religión: privación de los beneficios que brindaba la religión (expulsión de los templos, de los gremios fieles, etc.).
  • atentados a las costumbres: privación de las ventajas que la sociedad da a la pureza de las costumbres (vergüenza pública, expulsión de la ciudad).
  • Atentados a la tranquilidad: pérdida de la propia tranquilidad (prisión, destierro).
  • Atentados a la seguridad: muerte, penas corporales, pérdidas de bienes…
  • Se oponía a la punición de la magia y reclamaba prudencia frente al castigo de la herejía.

Concepción de la sociedad de Montesquieu:
La sociedad emana de una ley “natural” que justifica el orden existente, p.e. el feudalismo. Es lo que denomina el estado de la NATURALEZA DEL HOMBRE:

“Los hombres nacen ligados los unos a los otros: un hijo nace después de su padre y así permanece; he aquí la sociedad y la causa de la sociedad”

 

EL PENALISMO ILUSTRADO
BREVE REFERENCIA A ALGUNOS DE SUS REPRESENTANTES
En Francia
JEAN-PAUL MARAT (1743-1793)

Autor del Plan de législation criminelle (1779).

Activo participante de la Revolución francesa.

El Plan de législation criminelle es una obra política de carácter revolucionario donde, entre otros aspectos, se critica las consecuencias “injustas” del contrato social:

    • Los individuos que no obtienen de la sociedad más que desventajas no están obligados a cumplir las leyes

Propuestas de Marat en el Plan de législation criminelle:

    • instrucción de los pobres y reparto de las tierras eclesiásticas
    • las leyes deben ser justas, claras y precisas
    • necesidad de medidas preventivas del delito.
    • las penas deben corregir al culpable. Si son incorregibles el castigo debe volverse en beneficio de la sociedad
    • rechazo de la pena de muerte: ningún soberano tiene derecho a matar a un súbdito
    • la pena debe surgir de la misma naturaleza que el delito (influencia de Montesquieu)

 


En Alemania.
KARL F. HOMMEL (1722-1781)

Ideas principales de la obra de Hommel:

    • Importancia de las causas sociales del delito
    • Supresión de toda dependencia teocrática del derecho penal
    • Diminución y proporcionalidad entre penas y delitos
    • Limitación de la pena de muerte

En 1778 tradujo a Beccaria al alemán.

Sostiene la necesidad de distinguir entre:

    • Delito, cuyo tratamiento corresponde al Derecho
    • Pecado, cuyo tratamiento corresponde a la moral

En 1770 escribe “Recompensa y pena conforme a las leyes turcas”: una crítica fundada en el principio determinista de la pena.


En España
MANUEL DE LARDIZABAL Y URIBE (1739-1820).
Nació en México y a los 20 años se traslada a España (reinado de Carlos III).
En 1776 el Tribunal supremo le encarga un extracto de las leyes penales de España.

En 1782 publica Discurso sobre las penas

    • Las penas se fundan en el contrato
    • La pena presupone la superioridad de quien la aplica.

El fundamento de la legalidad no está dado por el contrato sino por la prevención general.

La pena persigue una utilidad pública:

    • Prevención general
    • Prevención especial
    • Mejoramiento del delincuente

 


En los Estados Unidos
EDWARD LIVINGSTONE (Clermont, Columbia. 1764-1836)

Influido por Bentham, considera la legislación “como una ciencia gobernada por ciertos principios”.

Los dos pilares fundamentales de su legislación son:

    • La abolición de la pena de muerte
    • El sistema penitenciario

Propone actuar más sobre “el alma que sobre el cuerpo” del delincuente y prevé un sistema intermedio entre el Sistema Auburn y Filadelfia:

    • soledad para que reflexione,
    • prisión para que sienta la privación de libertad,
    • trabajo para prevenir la ociosidad
    • instrucción aislada y en común.

GAETANO FILANGIERI (1752-1788).
Napolitano, afín a Beccaria, salvo en la posición que mantiene ante la pena de muerte.

La pena tiene una función utilitaria:

    • La defensa legítima de la sociedad creada por los individuos.
    • La pena debe ser proporcionada al delito y su límite debe ser la necesidad.

ANTOINE-JOSEPH-MICHEL SERVAN (1739-1807).

Exponente destacado del despotismo ilustrado en el campo penal. Afín a Beccaria y luego a Lardizábal.

La naturaleza del delito es el daño público o social, no el daño particular.

Distingue entre

    • Crimen: actos contra las leyes naturales
    • Delito: actos contra la sociedad política

Sostiene una teoría mixta de la pena:

    • Para reparar el daño
    • Para corregir y contener en el futuro tanto al culpable como a quienes quieran imitarle.

PASCOAL JOSE DE MELLO FREIRE DOS REIS (1738-1798)

Influencias de Beccaria y Filangieri.

Derecho de penar nace del contrato social

Influencias de Montesquieu: la pena debe ser igualada al delito y establecida según su naturaleza o índole (p.e., los delitos contra la religión).

El fin de la pena debe ser:

    • Enmendar al penado
    • Hacer mejor a los otros
    • Apartar a los malos para que los otros vivan más tranquilos.

 

El contrato social

Referencia de las citas:
HOBBES, Thomas (1651): Leviatán
(Tomado de FERNÁNDEZ PARDO, C. A. (comp.) (1977): Teoría política y modernidad, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina).


Thomas Hobbes (1588-1679) es considerado uno de los principales filósofos políticos ingleses. En 1651 publica una de sus obras más célebres: Leviatán. En esta obra Hobbes platea la primera formulación del contrato social, poteriormente recogido y reformulado por otros autores.
En Leviatán Hobbes percibe la sociedad humana como una formación de individuos dominados por su ambición de poder y de dominio. Hubo una época (que Hobbes llama Estado de la naturaleza) en que estas agrupaciones de individuos no disponían de un poder superior y estas tendencias dominaban las relaciones entre las personas manteniéndolos en una “guerra de todos contra todos”:
“cada hombre es enemigo de cada hombre; los hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas y su propio ingenio debe proveerlos de lo necesario. En tal condición no hay lugar para la industria, pues sus productos son inciertos; y, por tanto, no se cultiva la tierra, ni se navega, ni se usan las mercancías que puedan importarse por mar, ni hay cómodos edificios, ni instrumentos para mover aquellas cosas que requieran gran fuerza o conocimiento de la faz de la tierra ni medida del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor que nada, hay un constante temor y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre es solitaria, pobre, grosera, brutal y mezquina”.*

Para Hobbes el fin del estado de la naturaleza y con él las condiciones para que pueda existir una sociedad, surge por un pacto o contrato que establecen los individuos. Mediante este pacto o contrato cesan las hostilidades delegando los derechos de los individuos en una persona soberana. El contrato significa entonces una renuncia por parte de cada individuo que permite el establecimiento de un poder fuerte que está por encima de ellos pero en el cual todos se reconozcan.

“La única vía para construir ese poder común, apto para la defensa contra la invasión extranjera y las ofensas ajenas, garantía de que por su propia acción y por los frutos de la tierra los hombres puedan alimentarse y satisfacerse, es dotar de todo el poder y la fuerza a un hombre o asamblea de hombres, quienes, por mayoría de votos, estén capacitados para someter sus voluntades a una sola voluntad. Ello significa: elegir un hombre o asamblea que lo represente, que todos consideren como propios y donde puedan reconocerse a sí mismos como autores de lo que haga o planee aquel que representa su persona, en todo lo que respecta a la paz y la seguridad colectivas; que, por otra parte, sujeten sus voluntades a la voluntad de aquél, y sus juicios a su juicio. Esto implica más que la mera aprobación o acuerdo; es una unidad concreta de todo en una sola persona, instituida mediante un pacto de cada individuo con los demás, tal como si cada uno dijera a todos: autorizo y transmito a este hombre o asamblea de hombres el derecho que me asiste de gobernarme a mí mismo, a condición de que vosotros transmitáis también a él igual derecho y autoricéis sus actos de igual forma. Hecho lo cual, la multitud así reunida en una sola persona se convierte en Estado, en latín civitas. Este es el origen del gran Leviatán o (designándolo con más reverencia) el dios mortal al que debemos, bajo el Dios inmortal, la paz y la defensa. Esta autoridad, transferida por cada hombre al Estado, tiene y emplea poder y fuerza tales que por el temor que suscita es capaz de conformar todas las voluntades para la paz, en su propio país, y para la ayuda mutua contra los enemigos, en el extranjero. En esto radica la esencia del Estado, que puede definirse como sigue: persona resultante de los actos de una gran multitud que, por pactos mutuos, la instituyó con el fin de que esté en condiciones de emplear la fuerza y los medios de todos, cuando y como lo repute oportuno, para asegurar la paz y la defensa comunes. El titular de esta persona se denomine soberano y su poder es soberano; cada uno de los que lo rodean es su súbdito”. *

 

 

El contrato social

Referencia del texto:
ROUSSEAU, Jean-Jacques, El contrato social, “Capítulo VI: Del pacto social”.

(Tomado de FERNÁNDEZ PARDO, C. A. (comp.) (1977): Teoría política y modernidad, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina).


“Supongamos a los hombres en un punto en que los obstáculos que dañan su conservación, en el estado de naturaleza, inutilizan, por su resistencia, las fuerzas que cada individuo puede emplear para mantenerse en esa situación. En ese momento, tal estado primitivo no puede seguir subsistiendo y el género humano perecería si no cambiara su modo de ser y existir.

Así como los hombres no pueden crear nuevas fuerzas, sino sólo unir y dirigir las existentes, tampoco tienen otro medio de conservación sino el de fomentar por agregación una suma de fuerzas que los coloque en condiciones de resistir, que puedan moverse de acuerdo y obrar concertadamente.

Esta suma de fuerzas no puede nacer sino del concurso de muchos hombres, pero al ser la fuerza y la libertad los primeros instrumentos de la conservación de cada hombre, ¿cómo podrá comprometerlos sin hacerse daño y sin descuidar todo lo que se debe a sí mismo?

La mencionada dificultad puede enunciarse en los siguientes términos: “encontrar una forma de asociación que defienda y proteja, con todas las fuerzas comunes, a la persona y bienes de cada asociado; en ella, la unión de cada uno con el resto permite, no obstante, que cada uno no obedezca sino a sí mismo y siga tan libre como antes”. Tal es el problema a cuya solución apunta el contrato social.

Las cláusulas de este contrato están tan determinadas por la naturaleza del acto que la más leve modificación las hace vanas y nulas aunque ellas nunca hayan sido formalmente enunciadas son en todo y por todo tácitamente admitidas y reconocidas; y cuando se viola este pacto social cada hombre vuelve a sus primeros deberes y recobra la libertad natural perdiendo al mismo tiempo la libertad convencional por cuya causa renuncio a la primera.

Estas cláusulas bien entendidas se reducen a una sola: la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a la comunidad porque si cada uno se entrega íntegramente la condición es idéntica para todos y por ende nadie tiene derecho de tornarla onerosa para los demás

Por otra parte si la enajenación se practica sin reservas la unión es tan perfecta como puede serlo y ningún asocia do tiene motivo de reclamo. Pero si se conservan algunos derechos particulares, al no existir autoridad superior común que se pronuncie sobre ellos, al ser cada uno, en cualquier momento, su propio juez, aspiraría muy pronto a convertirse en juez de todos: en tal caso subsistiría aún el estado de la naturaleza y la asociación sería tiránica o vana. Además, cuando cada hombre se da a todos no se da a nadie, y como tampoco tiene él ningún derecho sobre los demás, gana el equivalente de todo lo que pierde y más fuerza para conservar lo que tiene.

Si se separa del pacto social lo que no hace a su esencia, queda reducido a los términos siguientes: cada uno de nosotros pone su persona y todo su poder bajo la dirección suprema de la voluntad general y nosotros, como cuerpo, recibimos a cada miembro como parte indivisible del todo. De inmediato en lugar de la persona individual de cada con tratante este acto de asociación genera un cuerpo moral colectivo compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea que confirma en ese mismo acto su unidad su personalidad común su vida y voluntad. Esta persona pública que se forma así por la unión de todos se llamaba antes ciudad y hoy debe llamarse república o cuerpo político también es llamada por sus miembros Estado, cuando es pasivo, soberano cuando es activo, y potencia cuando se la compara con sus semejantes. En lo referente a sus asociados, colectivamente reciben el nombre de pueblo, y se llaman en particular ciudadanos como participantes de la autoridad soberana, y vasallos, cuando sometidos al Estado.”

ROUSSEAU, Jean-Jacques, El contrato social, “Capítulo VI: Del pacto social”.

 

 

La Revolución Industrial

Referencia del texto:
TUSELL, J. et al. (1995): Historia del mundo contemporáneo, Madrid, Editorial Universitas, pp. 19 y 20.


LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

En la segunda mitad del siglo XVIII se inicia en Inglaterra una profunda transformación de las estructuras económicas y sociales que sirven de base a lo que en el siglo XIX fue la revolución industrial. La expresión revolución industrial se comienza a utilizar a comienzos del XIX para contrapesar (económicamente) lo que en el terreno político había significado la revolución francesa de 1789.

El conjunto de cambios combina:

  • un proceso de crecimiento de la población
  • la aplicación de los descubrimientos científicos a la industria
  • la ampliación de la utilización del capital
  • transformación de las antiguas comunidades rurales en favor de los conglomerados urbanos
  • aparición de nuevas clases sociales

(…)

La Revolución industrial
Esquema

DEMOGRAFIA

Crecimiento demográfico:

  • Causas:

– disminución mortalidad
– mantenimiento de la natalidad

  • Consecuencias:

-Emigración campo-ciudad:

-fenómeno de la urbanización
-nuevos tipos de ciudad
-nuevas condiciones de vida que provocan:

-degradación física
-degradación moral

 

-Emigración a otros continentes:

-especialmente USA y Canadá
-en busca de mejor vida
-propiciada por:

-revolución transportes
-presión demográfica
-liberalización política
ECONOMIA
Industria:

  • Causas:
    – Aparición nuevas fuentes de energía: carbón
    – Innovaciones técnicas:

– lanzadera
– máquina de hilar
– caldera de vapor

  • Consecuencias:
    – el sector predominante de la economía pasa a ser la industria
    -aumento de la producción
    -deshumanización del trabajo
    -aparición de un nuevo modo de producción: el capitalismo

 

Agricultura:

 

  • Causas:
    -Introducción de nuevos cultivos
    -Aplicación de las innovaciones técnicas a las labores agrícolas
  • Consecuencias:
    -Aumento de la producción agrícola
    -Difusión y diversificación de los cultivos

Transportes:

  •  Aparición del ferrocarril que:
    -modifica la economía
    -cambia la mentalidad
    -activa la industria
  • Navegación a vapor, en sustitución de la vela (clipper)
  • Otros medios de comunicación:
    -teléfono
    -telégrafo
    -correo
    -prensa

SOCIEDAD

  • Cambio fundamental ® De la sociedad estamental a la sociedad clasista
  • Nueva sociedad caracterizada por:

– movilidad social
-igualdad de todos los hombres ante la ley
-libertad individual

  • Nuevas clases sociales:

– Burguesía
– Proletariado

  • Enfrentamiento burguesía – proletariado ® movimiento obrero”

CESARE LOMBROSO
(Verona, 1835- Turín, 1909)

 

Principales obras

  • El hombre delincuente, 1876
  • El crimen, causas y remedios, 1899
  • La mujer delincuente; la prostituta y la mujer normal
  • El delito político y las revoluciones en relación al derecho, la antropología criminal y la ciencia de gobierno.

Integrante junto con Ferri y Garofalo de la scuola positiva italiana.
Se le considera el fundador de la antropología criminal.

La teoría de Lombroso refleja influencias de:

  • Franz Joseph Gall (1758-1828), frenólogo: teoría de la localización cerebral (1796)
  • Morel (1857): «teoría de la degeneración»
  • Spencer y Darwin: evolucionismo

Método de Lombroso:

  • Auge de las teorías naturalistas
  • Analogía delincuencia-locura: para combatir la delincuencia hay que estudiar al delincuente
  • Estudia delincuentes encarcelados

“Cráneo de un viejo delincuente”: compara con la forma del cráneo de mamíferos inferiores.

  • Influencia de Ernst Haeckel (1834-1919), la “ontogenia resume la filogenia”:
  • Delincuente à desarrollo embrionario incompleto à estadio inferior al del ser humano.

Concepto de atavismo: características físicas correspondientes a estadios primitivos de la evolución:

  • formas o dimensiones anormales del cráneo o la mandíbula
  • se transmite hereditariamente

Utiliza la selección natural de Darwin para explicar la supervivencia de rasgos:

  • En las primeras sociedades deseo de matar à rasgo adaptativo à p.e. excelentes cazadores
  • En la civilización urbana europea, el atavismo à causa el comportamiento criminal:
  • delincuente nato: tendencia al crimen determinada biológicamente

Críticas al uso exclusivo del atavismo à estudio de otros factores:

1. relación epilepsia-delincuentes

2. relación “infantilismo” e “inmadurez” y delincuentes

Influido por Ferri y las corrientes sociológicas elabora una TIPOLOGÍA DE DELINCUENTES más amplia:

(a) «delincuente nato», son la mayoría; criminalidad à patrimonio genético

Ferri: necesidad de estímulos del medio

(b) «delincuente loco o alienado», «loco moral», «perverso constitucional»

(c) «delincuente por hábito o profesional» — añadido por Ferri — Tipo de transición: por reincidencia à delincuentes natos

(d) «delincuente ocasional o primario», influencia de factores del medio; consideraciones sociales (Ferri).

(e) «delincuente por pasión» individuo «sanguíneo y nervioso»,

Interés de la escuela positiva por los que se apartaban de la moral dominante

  • La mujer delincuente; la prostituta y la mujer normal:

explicadas como degeneraciones atávicas,

Síntesis de la teoría lombrosiana de la mujer delincuente:

1. la mujer ocupa un lugar inferior en la escala evolutiva

2. características de las mujeres delincuentes:

  • las mujeres no sienten pena y por tanto son insensibles a las penas de los demás
  • falta de refinamiento moral
  • estos defectos se neutralizan por la piedad, maternidad, necesidad de pasión, frialdad sexual, debilidad e inteligencia menos desarrollada

3. las mujeres delincuentes parecen hombres

4. importante delincuencia femenina oculta

5. las mujeres delincuentes son más viciosas que los hombres

Otro grupo social objeto de interés fueron los anarquistas.

Para Lombroso eran casi todos criminales natos y locos: “vagabundos, ladrones y asesinos”

  • En la teoría de Lombroso hay una transposición directa de la anatomía al psiquismo y al comportamiento.
  • Metodológicamente hablando, Lombroso no realiza estudios comparativos entre criminales y no criminales.

ENRICO FERRI
(Benedetto-Po, 1856- Roma, 1929)

 

Jurista y sociólogo, político socialista, aunque en sus últimos años afín al fascismo italiano.

Obras principales:

  • Los nuevos horizontes del derecho y del procedimiento penal, 1892
  • Socialismo y ciencia positiva: Darwin-Spencer-Marx, 1894
  • Sociología criminal, 1896
  • Principios de derecho criminal

Características de la teoría de Ferri:

  • Reducción del derecho a la sociología:

el delito en relación con los individuos y la sociedad, no con abstracciones lógicas.

  • Necesidad de encontrar leyes generales sobre la criminalidad: una forma científica para distinguir un comportamiento penal del que no lo es.
  • rechazo de principios clásicos del derecho penal: p.e. discusión entre libre albedrío y determinismo.

El determinismo de FERRI.

  • libre albedrío es una ilusión subjetiva
  • antropología criminal à el delincuente no es normal
  • estadística à el origen, aumento o desaparición de delitos depende de razones distintas que las establecidas por los códigos.

Factores del delito:

  • Antropológicos: constitución orgánica; psíquica y características personales
  • Factores físicos o cosmo-telúricos: Clima, la naturaleza del suelo, la producción agrícola, etc.
  • Factores sociales (ambiente social): Densidad, costumbres, religión, familia, alcoholismo, las leyes civiles y penales, etc.

Lo que es socialmente dañoso se establece partiendo del estudio mismo de la sociedad à relación entre acción individual y reacción defensiva de la sociedad.
Ferri enuncia una teoría de la defensa social:

  • Los individuos son siempre responsables ante la sociedad
  • Sanción social es la reacción natural contra el delito.

La pena se aplica:

  • en razón solamente de la peligrosidad del delincuente
  • la naturaleza y extensión serán las necesarias para neutralizar la peligrosidad.
  • Desaparecen las consideraciones sobre la culpabilidad

La teoría de la defensa social impulsada por Ferri elimina de la defensa jurídica el límite del respeto de la dignidad humana


 

RAFAELE GAROFALO
(1851-1934)

Representa la vertiente jurídica de la scuola positiva. Fue juez y procurador del Reino (fiscal general).

1878: definición de “peligrosidad”:

  • capacidad criminal y probabilidad de implementarla o peligrosidad probable

1880: definición de “adaptabilidad”

  • el obstáculo interno capaz de frenar la peligrosidad, o grado o posibilidad de adaptación social del delincuente

Para Garofalo los criminales poseen una anomalía moral y psíquica, una especie de «lesión ética» (también referida por Ferri) que sería responsable de la práctica de actos delictivos,

En 1885 publica La Criminología, estudio sobre el delito y sobre la teoría de la represión.

En esta obra sostiene que la sociedad se defiende contra sus “enemigos naturales”:

  • contra los delincuentes y no contra el delito.

Por tanto el objeto de la ciencia penal es la “defensa contra los enemigos naturales de la sociedad”.

Protesta contra la “indulgencia” de los magistrados

Niega la posibilidad de usar el libre albedrío en la ciencia penal.

Se propone fijar el concepto de “delito natural”:

  • buscar un orden de valores dados naturalmente mediante el “análisis de los sentimientos”, no de los actos.

Delito natural, delincuente natural y medidas a aplicar, según Garofalo

Sentimiento Benevolencia

(grado = medio piedad)

Justicia

(grado medio = probidad)

Tipo delito Contra la vida y la salud Contra la propiedad
Grado de sentimiento Carecen Escaso Carecen
Medidas penales Pena de muerte Deportación y relegación

Planteamiento de defensa social de Garofalo:

  • la sociedad es un organismo que está determinado a defenderse de sus células cancerosas: eliminándolas o reeducándolas. Cuando esto último no es posible hay que matarlas.
  • no admite la reclusión perpetua; la reemplaza directamente con la pena de muerte.

“Mediante una matanza en el campo de batalla la nación se defiende contra sus enemigos exteriores; mediante una ejecución capital, de sus enemigos interiores”.


Características generales
de la criminología positivista

Método de las ciencias naturales à interpretación mecanicista de la sociedad.
Leyes del comportamiento à necesidad que fuese determinado à paradigma etiológico: explicación de la criminalidad examinando las causas y los factores.

Crítica: un comportamiento es criminal, en primer lugar porque es definido como tal.

La diversidad criminal tiene un fundamento natural à acción desviante y hombre delincuente son realidades naturales y no efectos de un proceso de definición político-cultural.

Crítica: no se cuestiona el proceso de definición ni la autoridad del poder represivo à se legitima el orden constituido.

Posibilidad de una resolución científica de la cuestión criminal:
de sujeto condicionado al delito a condicionado al conformismo (o su eliminación física).
de naturaleza retributiva de la pena al pronóstico sobre la predisposición criminal.
Búsqueda de una definición no legal de su objeto de estudio: el consenso social.
El criminal que viola el consenso es minoría à es natural que la mayoría reaccione y le neutralice.
Patologización del criminal

Crítica: delincuencia explicada en términos ahistóricos y apolíticos.


FRANZ VON LISZT
(Viena 1851- Berlín-1919)

Principales obras:

  • Tratado de derecho penal alemán (1881)
  • La idea de fin en el derecho penal (1882) [“el programa de Marburgo”]

1889 funda la Unión Internacional de Derecho Penal

Edita la Revista para la ciencia total del derecho penal

La CIENCIA TOTAL DEL DERECHO PENAL se compone de:

  • Derecho Penal como dogmática (tarea pedagógica)
  • Estudio de las causas reales del delito y los efectos de las penas (antropología y sociología criminales) (tarea científica)

Como resultado de ambas surge:

  • un sistema científico de POLÍTICA CRIMINAL: visible en la vida social organizada por el Estado

El FIN del Derecho Penal DEBE SER la POLÍTICA CRIMINAL:

  • El Derecho Penal no protege a la comunidad sino al individuo rebelado contra ella

Para Liszt la pena es necesaria para conservar el orden jurídico.

Rechaza la concepción retributiva y es favorable a la finalidad preventiva-especial de la pena.

La norma permite la “normal motivación” y de ahí establece la Imputabilidad diferencial :

  • el inimputable (enfermo mental o “incorregibles”) no puede motivarse “normalmente” à no puede ser motivado por la pena à se le pueden aplicar “medidas”

 


PEDRO GARCIA DORADO y MONTERO
(Navacarros, Salamanca, 1861- Salamanca, 1919)

Principales obras:

  • Nuevos derroteros penales (1909)
  • Bases para un nuevo Derecho penal (1910)
  • El Derecho protector de los criminales (1915)

Posiciones políticas cercanas al anarquismo y al socialismo.

Rechaza la dicotomía entre “delito natural” y “delito de creación política”: TODOS los delitos son de creación política

Raíces Krausistas.

Karl Friedrich Krause (1781-1832)

El fin del Derecho es facilitar la tendencia de los individuos hacia Dios.

ideas penales de Krause desarrolladas por Karl Röder (1806-1879):

El fin del Derecho penal es la corrección o enmienda del delincuente. El Estado sanciona porque tiene el deber de “mejorar” moralmente al delincuente.

El determinismo de Dorado era diferente al sostenido por los italianos: si el hombre está determinado al delito no puede ser responsable de su comisión.

  • Si la sociedad crea el delito (todo delito es de creación política) NO tiene derecho a eliminar a los delincuentes (como, p.e. proponía Garofalo).
  • El delincuente tiene el derecho a exigir a la sociedad que le eduque y le proteja.

Emile Durkheim
LAS REGLAS DEL MÉTODO SOCIOLÓGICO

“REGLAS RELATIVAS A LA DISTINCIÓN ENTRE LO NORMAL Y LO PATOLÓGICO”

LA OBSERVACIÓN DE FENÓMENOS OFRECE DOS TIPOS DE HECHOS:
– LOS NORMALES
     – LOS PATOLÓGICOS
          – SON DE LA MISMA NATURALEZA
          – SON DOS VARIEDADES QUE HAY QUE DISTINGUIR

¿LA CIENCIA TIENE MEDIOS A SU ALCANCE PARA REALIZAR ESTA
DISTINCIÓN?

     -para la ciencia no existen hechos condenables
     -la ciencia EXPLICA cómo las causas producen sus efectos

Para DISTINGUIR LOS HECHOS NORMALES DE LOS PATOLÓGICOS debemos
buscar algún signo exterior, inmediatamente perceptible y objetivo
que nos permita distinguirlos.

     Llamaremos NORMALES a los hechos que PRESENTAN LAS FORMAS MÁS
GENERALES y daremos a LOS OTROS el nombre de PATOLÓGICOS.

     TIPO NORMAL=TIPO MEDIO: los CARACTERES MÁS COMUNES EN LA
ESPECIE CON SUS FORMAS MÁS COMUNES.
El TIPO MORBOSO es toda desviación de este modelo de salud.

     TIPO NORMAL O PATOLÓGICO no son categorías absolutas: una
institución, práctica, máxima moral… sólo puede llamarse
normal para una especie social determinada en relación con una
fase también determinada de su desarrollo

     1. LA NORMALIDAD de un fenómeno SE CONSTATARÁ POR SU
GENERALIDAD (característica exterior)

     2. LA NORMALIDAD DE UN FENÓMENO DEBERÁ SER EXPLICADA:
          * vinculándola a las condiciones de existencia de la
especie considerada:
-como EFECTO MECÁNICAMENTE NECESARIO de esas condiciones
-como MEDIO QUE FACILITE A LOS ORGANISMOS ADAPTARSE a
esas condiciones de existencia

En resumen, PARA DETERMINAR SI UN HECHO ES NORMAL o no,
GENERALIDAD: establecer por la observación que EL HECHO
ES GENERAL
          – UTILIDAD: buscar en la historia del hecho las
condiciones que han determinado esta generalidad y
constatar si esas condiciones se continúan dando (hecho
normal) o si han cambiado (hecho no normal).

     TODO LO NORMAL ES ÚTIL
NO TODO LO QUE ES ÚTIL ES NORMAL

“Si hay un hecho cuyo carácter patológico parece incuestionable, es
el delito”.

     EL DELITO ES NORMAL:

A. Se encuentra en sociedades de todos los tipos

b. A medida que las sociedades pasan de tipos inferiores a más
elevados, la tasa de delictividad no deja de crecer.

c. El delito cambia de forma

     d. Cada sociedad tiene su propia tasa y tipos de delito

El delito es normal e inevitable “es una parte integrante de
toda sociedad sana”


POR QUÉ ES NORMAL EL DELITO?
     a. Una sociedad sin delitos es imposible

– El delito es un acto que ofende determinados
sentimientos colectivos

– Aún cuando estos sentimientos existieran en todas las
personas con el mismo grado e intensidad el delito no
desaparecería sino que únicamente cambiaría de forma

     b. Reacciones fuertes contra los comportamientos criminales
significan reacciones fuertes contra faltas puramente morales
ya que éstas no son más que la prolongación de las primeras:
     lo importante son los sentimientos no la forma.

     c. Reflexiona acerca de una sociedad de santos

d. No es posible la uniformidad de sentimientos de las
personas:

1. Diferencias de medio físico y social varían de
individuo a individuo
y, por lo tanto diversifican las
conciencias.
2. Cada individuo tiene su propio organismo que ocupa su
propio espacio

En todas las sociedades existirán individuos divergentes en
mayor o menor grado del tipo colectivo
Lo que confiere carácter de delito a estas divergencias es la
reacción de la conciencia colectiva

          El delito es necesario
El delito es útil

       a. Cambio social

La moral y el derecho cambian si se modifican las
condiciones de la vida colectiva.
Para conseguir el
cambio es necesario que los sentimientos colectivos no
sean tan fuertes que lo impidan.

Toda disposición es un obstáculo al surgimiento de
nuevas disposiciones

          CAMBIOS INDIRECTOS

– La originalidad individual debe poder manifestarse

– Para esto es necesario que la autoridad de la
conciencia moral no sea excesiva (de otro modo nadie se
atrevería a atacarla y plasmaría con excesiva facilidad
una forma inmutable).

– La originalidad del idealista y la del delincuente
deben poder expresarse: no existe una sin la otra.

          CAMBIOS DIRECTOS (el delito mismo cumple un papel útil en
esta evolución)

Caso de Sócrates

b. El delincuente es un agente regulador de la vida
social

El delito no debe ser considerado un mal que nunca se
podrá contener lo suficiente

– El aumento de la tasa delictiva, tiene como
contrapartida, la renovación de la teoría de la pena

          – SI EL DELITO ES UNA ENFERMEDAD, LA PENA ES SU REMEDIO

 

 

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL “PROBLEMA DE LA DROGA”. EL CASO DE ESPAÑA.

Origen del texto:
Romaní, Oriol. 1999. Las drogas. Sueños y Razones. Barcelona, Ariel, pp. 85-116.


LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL “PROBLEMA DE LA DROGA”. EL CASO DE ESPAÑA.

“Oh! Benvinguts, passeu, passeu / de les tristors en farem fum
A casa meva és casa vostra / si és que hi ha cases d’algú”.
(Sisa, 1975)

(“Oh! Bienvenidos, pasad, pasad/ las tristezas convertiremos en humo // mi casa es vuestra casa / si es que hay casas de alguien”)
 

“Es la historia de mi hermano / un perfecto vividor
sólo tenía veinte años / cuando un fino acero su vida cortó.
Todo el mundo le creía / trabajando en un taller
en sus manos no había grasa / sí un diamante y un cartier.
En la calle se lo hacía chuleando a cualquier mujer
por las noches en la plaza, dando blanca de pastel
(…)
Ahora otro ocupa su lugar, sólo tiene dieciséis
joven con los ojos tristes / no es mi hermano, pero es él”.
(Burning, 1982)
 

De los conceptos de modernización y cultura juvenil

Cuando hablamos de “proceso de modernización” nos referimos a aquel conjunto de transformaciones económicas, sociales y culturales cuyo origen hay que situar alrededor de la Revolución Industrial y que habrá que relacionar, pues, con el desarrollo del modo de producción capitalista. Una de sus características principales sería el papel central que juega en la sociedad “moderna” una permanente revolución tecnológica, pero cuyos efectos “…han trascendido en gran medida a la tecnología y han cambiado de modo cataclísmico prácticamente todas las instituciones, las más generales y las más privadas, y han penetrado en lo más profundo de la conciencia de las personas” (Berger y Kellner, 1985: 190).

Este proceso, que muchas veces ha sido presentado de forma lineal, ligado a la idea de progreso, puede caracterizarse en realidad como un proceso de diferenciación sociocultural, derivado de los múltiples procesos parciales de especialización, movilidad y estratificación social que se han ido desarrollando en relación con los cambios tecno-económicos. Precisamente la heterogeneidad sociocultural sería uno de los elementos básicos que definen a una sociedad que muchos han llamado “moderna” pero que, sin más pretensión que evitar ciertas connotaciones mixtificadoras, llamaré aquí urbano-industrial.

La otra cara del “proceso de modernización” la constituirán los distintos procesos de “normalización” de la vida social, algunos de cuyos elementos básicos serán, a nivel económico, el del consumo, y a nivel ideológico, el preconizar la existencia de un consenso generalizado en torno a ciertos valores básicos de la sociedad. Todo ello a través de unos mecanismos de control social entre los cuales cabe señalar la importancia adquirida por los medios de comunicación social, como elementos de socialización permanente.

Los conceptos de juventud y droga se pueden relacionar con, por lo menos, tres elementos fundamentales en el desarrollo de dichas sociedades industriales: a) el conjunto de hechos y procesos a los que se refieren tienen una íntima relación con el consumo -elemento básico de estas sociedades. Al mismo tiempo, la existencia de dichos conceptos permite una manipulación de la realidad tendente a la máxima rentabilización económica de distintos niveles de la misma; b) posibilita también unos tipos de control social distintos de los existentes en las sociedades tradicionales, y muchas veces más sutiles y eficaces, sobre todo porque usos y/o actividades relacionados con la juventud o las drogas pueden verse en referencia a ciertas “necesidades” bio-psicológicas del hombre (ligadas al ciclo vital o al control de sus estados emocionales), con lo que resultan fácilmente manipulables por distintos tipos de poder; y c) han contribuido a la elaboración de cierto consenso en torno a aquellos valores básicos, pues se han podido presentar como “problemas” en sí mismos (cosa que ha permitido, muchas veces, enmascarar aspectos de la realidad y desviar la atención de los verdaderos problemas estructurales), y crear o consolidar ideas acerca del “futuro” de la sociedad, de la “naturalidad” de cierto tipo de jerarquización social, de aquello que es propio e impropio, sano e insano y, por lo tanto, bueno o malo, etc., etc.

Con la expresión “cultura juvenil” nos referimos a todos aquellos modos de vida, formas de relacionarse, de comunicarse, de trabajar, de expresarse, de pensar, etc. atribuidas a un grupo social determinado, en este caso ciertos grupos de edad que, en nuestra sociedad, se caracterizarían sobre todo por estar en una etapa de transición entre los roles totalmente dependientes de la infancia y aquellos otros (supuestamente) autónomos propios de la vida adulta.

No hablamos pues de unos hechos biológicos: aunque la referencia a ellos sea clara, cada cultura los elabora, percibe y manipula de forma diferente. Hablamos fundamentalmente de una construcción social que habría que analizar en una perspectiva procesual, y contextuada en nuestras sociedades, si queremos entender los valores y significados que en ellas se le atribuyen como propios. Lo cual requerirá, a su vez, un análisis de las distintas imágenes culturales de la juventud, por un lado, y de sus diferentes condiciones sociales, por el otro.

No puedo desarrollar aquí estas propuestas metodológicas, aunque intentaré adelantar algunos elementos que me parecen significativos para el tema que nos ocupa. Centrándonos en los medios de comunicación social, podemos constatar en ellos la existencia de un contraste entre las imágenes de la juventud abstractas, de cariz positivo, presentándola como el ideal del futuro y el esplendor del presente -imágenes relacionables con el proceso de “juvenilización” de las sociedades industriales contemporáneas-, y las imágenes concretas de jóvenes que tantas veces aparecen ligadas a temas que se prestan a tratamientos más o menos escabrosos, como la delincuencia, la drogodependencia o la violencia en general -relacionable, a su vez, con el proceso de marginación fáctica de (por lo menos) grupos importantes de jóvenes.

Si nos atenemos ahora a algunos fenómenos originados en ciertos grupos juveniles contemporáneos podremos observar, desde la emergencia de la juventud como un tema central de nuestra cultura en los años 60, la persistencia de ciertas “formas culturales juveniles”, más allá de los contenidos específicos que se les atribuyan en cada momento. Muchas de estas culturas, o subculturas, juveniles no hacen más que evidenciar, poniéndolas en primer plano, las principales contradicciones de la sociedad en que les ha tocado vivir y que pueden afectarles directamente, por la cual cosa acostumbran a tener una vida muy efímera, ya que pronto son destruidas o integradas en el seno de la sociedad global. Y a pesar de que algunos elementos de estas culturas juveniles puedan continuar siendo signos de contradicción, importantes en sus respectivas sociedades, una de las principales formas de distorsionar lo que aquéllas significan ha sido a través de su integración en el consumo, una vez descodificadas de su contexto original, consiguiendo así que las necesidades que podían expresar quedaran enmascaradas (v. Monod, 1970).

Por lo que se refiere a las condiciones sociales de la juventud, se puede señalar como característica general de las mismas la existencia de una tensión producida, de un lado, por la tendencia a reproducir la subordinación respecto a la sociedad adulta (aquí, el papel de las instituciones es crucial), y por el otro lado, la tendencia a la autonomía, objetivo a conseguir “por definición” para llegar a ser adulto (y aquí es donde habría que contemplar las distintas formas en que ellos mismos reelaboran aquello que las instituciones sociales les ofrecen).

Más allá de esto, me limitaré a señalar que los elementos básicos que nos permitirán una identificación de las distintas condiciones sociales de la juventud serían: 1) los límites de la juventud, entre sus cada vez más problematizados inicios (preadolescencia y adolescencia) y algunos hitos que marcarían su final, entre los que podemos citar el hecho de tener un trabajo más o menos fijo, conseguir una vivienda independiente y/o formar una pareja con descendencia u otro tipo de grupo familiar más o menos estable; elementos, como se ve, no menos problemáticos. 2) Sus condiciones económicas y su lugar en la estructura ocupacional. 3) Sus relaciones con las instituciones, entre las que cabría destacar la familia, la escuela, las instituciones asistenciales en su más amplio sentido (desde la Seguridad Social hasta la cárcel) o las industrias de la moda y el ocio. Y, 4) Sus sistemas de valores.
Modernización, cultura juvenil y drogas en España.

Presentaré ahora la historia de la evolución que los derivados de la cannabis, como la grifa o el hachís, han sufrido desde la España de la posguerra hasta los años setenta; evolución que hay que situar en el marco del fuerte proceso industrializador vivido en este país a partir de los años sesenta, que significó no sólo un cambio económico importante, sino que resultó ser, sobre todo, el inicio de unas radicales transformaciones a nivel social y cultural (“proceso de modernización”). Algunas de ellas las podremos detectar a través de la historia del hachís en España que, al igual que en otros países occidentales, va ligada en unos momentos históricos concretos a la existencia de unas subculturas juveniles, como veremos de forma más ampliada en los próximos apartados.

El origen de estas subculturas podemos rastrearlo, por lo que se refiere en concreto a la Barcelona de los años sesenta, a partir de tres grupos de gente distinta:

Los “grifotas”: aquellos hombres de extracción “lumpen”, que habían sido legionarios en el Norte de Africa, de donde traían una cierta cultura de la grifa, producto que acostumbraba a formar parte de su “modus vivendi”. Aunque el personaje del grifota no era nuevo, el incremento de su presencia en la Península se puede relacionar con la expansión económica de estos años.

Los “rockers”: sectores juveniles de clases medias o trabajadoras, con una cierta posición de rechazo ante la vida que les había tocado, no muy elaborada intelectualmente sino más bien expresada a nivel simbólico -fundamentalmente estética: indumentaria, música…-, y que con su actividad irán conformando lo que después se llamará cultura rock (en versión autóctona). En muchos casos, la grifa empezó a formar parte de este mundo -pues proporcionaba una onda que sintonizaba muy bien con su tipo de vida-, y es a través de ella que contactarán con los otros grupos que estamos viendo.

Los “estudiantes”: con las movilizaciones estudiantiles de los años sesenta surgen unas vanguardias no sólo a nivel político, sino también cultural. En Barcelona, al año siguiente de haber conseguido el Sindicato Democrático de Estudiantes por el que tanto habían luchado (1966), varios factores llevan a un cierto impasse. Como formas de salir de esta “crisis del 67”, algunos sectores de estas vanguardias optan por una cierta profesionalización política, otros por la proletarización o por la lucha armada, mientras que unos cuantos, bastante quemados políticamente, creen que ya ha llegado la hora de practicar, en la vida cotidiana -y aunque sea a nivel particular- aspectos por los cuales teóricamente están luchando, cosa que les lleva a contactar con lo que después se ha llamado la contracultura americana y europea. Es en este contexto donde hay que situar sus primeros canutos de grifa, que descubren tanto a través de ciertos “submundos marginales” de Las Ramblas, como de algunos intelectuales del Bocaccio (bar muy “in” de la época situado en la parte alta de la ciudad) recién llegados de California.

Hacia los años 1967-68, la evolución de estos grupos y los contactos entre ellos en un determinado contexto, tanto ecológico como sociocultural, acaban cuajando en la formación de unos nuevos grupos con características distintivas que tendrán en el uso del hachís un símbolo importante. Pues el primer hachís (este otro derivado de la cannabis desconocido por aquí hasta entonces) que entrará, por lo menos en Catalunya, lo hará de la mano de los primeros jipis catalanes que en 1968 volvían de Oriente o de Holanda.

Podemos señalar la existencia de dos tipos de subculturas ligadas al hachís:

1) La proveniente de los grupos anteriores, etiquetada como “jipi-freak”, grupo muy específico, con un sentido de solidaridad entre sus miembros y de “diferencia” respecto a la “normalidad”, pues intentan vivir de forma distinta; dentro de esta otra forma de vida, también cambian las drogas que se usan, y el hachís -asociado al “ácido” (LSD) en un momento determinado- llega a adquirir una cierta importancia. No se puede asimilar a estos jipis con los de allende de nuestras fronteras, dadas las distintas condiciones tanto materiales y económicas como sociopolíticas, pero no hay duda que el llevar ciertas vestimentas o melenas, o practicar cierto descaro en la España de finales de los sesenta podía provocar problemas familiares, laborales o de lo que se llamaba orden público. Muchos de ellos empezaron reuniéndose en algunos pisos de “enrrollados” en los que -mientras llevaban dobles o triples vidas: familia, estudios o trabajo, militancia izquierdista …- descubrían nuevas facetas de la vida entre los efluvios del hachís. Luego vendría el peregrinaje por el mundo, la vida más o menos comunitaria en Formentera, La Floresta o masías del interior de Catalunya, el inicio de actividades, sobre todo de tipo comunicacional, que después saldrán al exterior (música, comix, artesanía…), las movilizaciones que significarán los primeros festivales, etc..

2) La otra subcultura sería la de los “jipis de la gauche divine“, o sea, aquellos intelectuales y profesionales que no rompen con su vida anterior -como los que hemos visto-, sinó que es precisamente a través de sus canales profesionales y sociales habituales como tienen sus contactos con la contracultura, lo que les permitirá extenderla cual buena nueva sobre los pobres ibéricos, ahítos de novedad…

Hay que señalar que a partir de estas subculturas del hachís es cuando empiezan a plantearse unos modos de actividad económica -auto-producción, artesanía, cooperación, trueque…-; de relación social -vida comunitaria, redes de relaciones no institucionalizadas, libertad en los comportamientos individuales, incluido el sexo,…-; y de actividad político-ideológica -importancia de la espontaneidad, crítica de la política tradicional, actitudes pacifistas, ecologistas,…-; de todos ellos, algunos enraizan en viejas tradiciones, pero en el contexto de su surgimiento adquieren un nuevo sentido y algunos se irán desarrollando para integrarse en la normalidad cultural de nuestra sociedad, mientras que otros potenciarán su alternatividad como movimientos políticos, reivindicaciones sectoriales, nuevas formas de expresión, etc.

A partir de 1972-73 el hachís entrará a formar parte de una cierta “moda cultural”, de la que participarán cada vez sectores más amplios y heterogéneos de la juventud, para los cuales el uso del hachís ya no simboliza un compromiso en otros aspectos de su vida, como para los viejos jipis. Efectivamente, a partir de aquellos años hay una relativa generalización de su uso que afectará primero a sectores diversos de juventud, pero quizás con una característica común que sería su “radicalidad” más o menos elaborada frente al sistema, en el marco de la intensificación de la represión que se da en el último período del franquismo y primeros meses de “post”; una segunda etapa (1976-78) de eclosión de actividades callejeras en las que, en medio de la general euforia, el hachís también cumple su papel en el marco de las multitudinarias fiestas que celebran el retorno a la democracia, además de su extensión como moda; y una tercera (a partir de 1979) en la que, convertido en un elemento más de consumo de los existentes en nuestra sociedad, irá perdiendo su protagonismo dentro del “complejo drogas” para cederlo a la heroína que, además de aprovechar en gran parte los mismos canales -ilegales- de distribución del hachís, marcará las pautas básicas del nuevo complejo de las drogas, -totalmente distinto de aquellas antiguas subculturas que hemos visto- que servirá, entre otras cosas, para reforzar o recrear algunos estereotipos, en general negativos, sobre la juventud.

A través del ejemplo que acabamos de ver se puede apreciar cómo una droga, en principio extraña a nuestra cultura, se ha ido integrando en ella, y lo ha hecho a través de unos grupos juveniles. Esto no ha ocurrido solamente con los derivados del cannabis, sinó que ha sido, en principio, la tendencia general en el caso de las drogas ilegales. Si tenemos en cuenta, tal como hemos visto antes, que el desarrollo básico del concepto de droga se ha referido principalmente a estas últimas, podemos afirmar que una de las funciones que objetivamente ha cumplido la política dominante sobre la droga ha sido la de facilitar una cierta identificación entre “joven” y “drogadicto”: así, con la creación del mito de la droga, a través de una ideología dominante de signo claramente oscurantista, se facilitaba la identificación con ella de grupos juveniles, mientras se estigmatizaba a estos mismos grupos sociales, para de esta forma poder ejercer (de forma directa o preparando un “terreno abonado” al respecto) un mejor control sobre ellos; además de ampliar el mercado de estos productos hacia unos sectores hasta entonces -años setenta- ajenos a él. En este sentido el caso de la heroína sería paradigmático.

Decía más arriba que un aspecto fundamental de los procesos de “modernización” -en cuyo contexto hay que situar el desarrollo del actual complejo de las drogas- ha sido la ampliación del consumo, situado en el centro de las sociedades industriales. A través de él se han creado unos nuevos mercados -como “la moda joven” en todas sus facetas- a la par que se ha conseguido cosificar, canalizar, desvirtuar, clasificar… en fin, controlar a unos sectores sociales potencialmente incómodos, dada su situación de transitoriedad. El surgimiento del mito de la juventud -otra de las características de la “modernización”- responde precisamente a la necesidad de “fijar” un rol social para este período de la vida que se percibe como tan ambiguo en nuestra sociedad, y conseguir que las características que se le atribuye aparezcan como naturales, cuando ya hemos visto que, en realidad, no es así.

Con todo ello no quiero atribuir a la gente joven un papel meramente pasivo. Lo que quiero decir es que las soluciones que van adoptando los individuos y los grupos sociales para ir resolviendo los problemas derivados de su existencia van siendo moldeadas y transformadas por el sistema sociocultural en el cual viven: así, un elemento como la música, expresión muchas veces del “malestar vital” que engendra la sociedad, ha resultado ser un factor socializador de primer orden; o una necesidad tan básica como la comunicación que, gracias al desarrollo de la técnica, puede ir mucho más allá de los grupos de relación primaria de un individuo, ha sido también transformada y manipulada, por ejemplo a través de unos medios de comunicación de masas, elementos clave en la actual conformación de las conciencias (v. Chomsky, 1992).

En este sentido, también al moderno complejo de las drogas (dentro del cual juegan un importante papel elementos como el consumo y el funcionamiento de los medios de comunicación social) se le podría aplicar el mismo esquema. Es decir, en un momento histórico determinado -finales de los sesenta, principios de los setenta- y en unos contextos sociales de tipo consumista (en los cuales se está produciendo un aumento del consumo de diversas drogas, entre otros muchos productos), hay grupos de jóvenes que, de algún modo, expresan un rechazo hacia este tipo de sociedad, y uno de los elementos simbólicos que utilizan es el uso de determinadas drogas no normalizadas, asociadas a la transgresión, a grupos sociales diferenciales (principalmente “étnicos”: indios, negros…) y a culturas exóticas. Esto dinamizará a su vez una mitificación negativa de dichas drogas, pero que no por ser negativa dejará de tener una de las principales características del mito: el hecho de impulsar a la acción; tanto por parte de los mismos estigmatizados, que en muchas ocasiones acabarán identificándose con el fantasma construido por la ideología dominante sobre el tema, como por amplios sectores más “convencionales”, que se “afiliarán” a un proceso de reacción social en el cual los medios de comunicación social jugarán en muchos casos el papel de avanzadilla.

De este modo llegamos a la situación actual en la que los usos de drogas por parte de la juventud tienen un significado distinto al que acabamos de ver. Esta etapa de transición a la vida adulta se caracteriza ahora por una serie de elementos contradictorios, como pueden ser -aparte de la misma constitución de la juventud como un mundo diferenciado que, como hemos visto, se percibe de forma contradictoria- el mayor distanciamiento entre generaciones (producto de una sociedad basada no ya en la repetición de la tradición, sino en la especialización y la innovación); el retraso de la incorporación a la vida adulta, a través de una escolarización general cada vez más prolongada, y que tiene su justificación en la exigencia de una mayor formación en todos los terrenos; pero al mismo tiempo, una desvalorización de la mano de obra juvenil, tanto por razones ligadas a la evolución tecnológica como a la estructura del mercado de trabajo. En este contexto, los usos de drogas tienen también unos significados contradictorios: mientras por un lado pueden ser elementos rentables (en sentido general, de posibilitar identificaciones, relaciones, recursos, etc.) en la vida de muchos individuos, por el otro pueden facilitar la profundización, cuando no la gestación a nivel inmediato, de ciertas patologías psicosomáticas y procesos de marginación social, de explotación y de manipulación de mucha gente joven.

Así pues, la integración, en las últimas fases de desarrollo de las sociedades urbano-industriales, de dos tipos de procesos sociales contemporáneos pero, en principio, distintos (juventud y drogas), ha propiciado la aparición de unos usos específicos de las drogas por la juventud que debemos considerar como un nuevo fenómeno social (y dentro del cual hay que contemplar -aunque formando parte también de un fenómeno más general de drogodependencia- la drogodependencia juvenil); fenómeno en el que se establece una falaz identificación entre droga y cultura juvenil que, si bien no responde a la realidad de los hechos por lo que a los consumos se refiere, sí es muy sintomática de algunos de los principales problemas que tiene planteados nuestra sociedad.

En este apartado nos hemos centrado en lo que podríamos llamar la “proto-historia” de dicho fenómeno social entre nosotros, en el momento de engarce de los distintos procesos y de construcción de nuevos elementos en la vida social que, si por un lado han contribuido a la reproducción social de nuestras sociedades, no han dejado de aportar, por otro lado, aspectos conflictuales que también han contribuido a moldear la actual situación de crisis de la civilización occidental, como veremos a continuación.

El “problema de la droga” en la España contemporánea.

Las bases para la construcción del “problema de la droga” en España estaban, pues,a punto, y podemos ya constatar, también aquí, aquella aparente contradicción que antes hemos señalado a nivel general, y es que desde los primeros artículos de los periódicos ABC y La Vanguardia sobre los “drogados” y “pervertidos” que “invaden nuestras tranquilas playas” de finales de los sesenta, hasta el protagonismo truculento de “la droga” a principios de los noventa, se va creando una alarma social en torno al tema totalmente desproporcionada con algunos supuestos indicadores de su negatividad (morbimortalidad, costes económicos, etc.) mucho más altos para otros fenómenos sociales -como la circulación automovilística, o la siniestralidad laboral, entre otros. Pero, en cambio, dicha alarma hay que relacionarla con otras funciones sociales y significados culturales: simbolización de unas normas de vida que hay que defender (más en momentos de tanto cambio); identificación -positiva o negativa- con determinados grupos; posibilidad de manipulación de algunos de éstos; expresión vicaria de necesidades/expectativas a través de “la droga” como metalenguaje; en definitiva, intento de consolidación y ampliación del consenso social en un momento de profundas crisis socioeconómicas y culturales, que están llevando a profundas y radicales transformaciones de la sociedad española.

Voy a organizar esta historia en cuatro períodos distintos; dentro de cada uno de los tres primeros presentaré sus diferentes elementos en cinco niveles: el marco sociopolítico, el de los más significativos usos de las principales drogas ilegales, el de la emergencia de los dispositivos asistenciales en este sector, el de las distintas culturas juveniles que han “marcado época” durante estos años y un comentario de cómo a partir de los procesos analizados podemos detectar, en el caso concreto de España, la mayor o menor presencia de alguno de los modelos hegemónicos de percepción y gestión de las drogas, es decir, del penal o del médico. Mientras que el cuarto periodo, correspondiente a estos últimos años, lo planteo como unas reflexiones alrededor de los usos de drogas de diseño, pues creo que no hay todavía la suficiente distancia como para sistematizarlo al igual que los anteriores .

No creo que para el análisis que propongo tenga que justificar la utilización del marco sociopolítico, ni el seguimiento de los usos de drogas de la época. Si nos fijamos principalmente en las ilegales, y sobre todo en la heroína, es porque son las que permiten mejor seguir el hilo del fenómeno, pues es a partir de la imagen de éstas que se justifica y racionaliza el proceso por parte de sus protagonistas. Por lo que se refiere a los otros dos niveles propuestos, espero que cuando he presentado la génesis del problema, en el capítulo 2 de esta misma parte del libro, haya ya quedado clara la idea de que los dispositivos que se ponen en funcionamiento para el control, la asistencia, en fin, para la gestión de un problema social, son parte fundamental de este mismo problema, entre otras cosas porque son elementos claves de su definición. Así que aquí nos referiremos de los dispositivos asistenciales en sentido amplio, incluyendo alguna referencia al marco legal de regulación de los mismos. Y, viendo la imbricación entre culturas juveniles y usos de drogas que hemos expuesto ya en elapartado anterior, seguiremos la misma lógica a lo largo de todo el período que examinamos.
Los precedentes: agonía del Régimen, contracultura y “canutos” (1968-1976).

El tardofranquismo. Hacia 1967, se atisba en España la primera crisis económica después de unos años de desarrollismo rampante; de todos modos, el turismo (una de las principales fuentes de divisas del momento, pero también fuente de información de otras maneras cotidianas de ser y comportarse en quella España tan cerrada) continúa entrando a espuertas. A raíz del Concilio Vaticano II, aires de “aggiornamento”, con sus consiguientes cambios, en la Iglesia Católica, hasta entonces uno de los pilares del Régimen franquista. Momento de signos aperturistas-continuistas del mismo: el año anterior se había aprobado la Ley de Prensa, de “apertura dentro de un orden”; aquel año, la Ley Orgánica del Estado, estableciendo la sucesión del Rey Juan Carlos, y la Ley de Libertad Religiosa; y el año siguiente la Ley General de Educación. En cierto modo, una forma de responder a los requerimientos, tanto interiores (protagonizados principalmente por obreros y estudiantes) como exteriores, de una adecuación del Régimen a las exigencias de cambio derivadas de las transformaciones económico-sociales que había generado el propio desarrollismo.

Los años setenta vienen marcados por el agotamiento del modelo político de la dictadura franquista y la transición hacia un sistema democrático homologado a los del entorno europeo, que es el que se desarrollará en los años ochenta. ,En 1973, crisis energética, inicio de las grandes crisis económico-sociales contemporáneas. Gran aumento de la conflictividad en el país, tanto a nivel geográfico como sectorial, con incorporación de nuevos sectores, como las protestas del movimiento vecinal en relación a las condiciones de vida de la gente, y mayor radicalismo juvenil. Asesinato del almirante Carrero Blanco, “delfín” de Franco, y aumento de la actividad de ETA. A todo ello, hay una respuesta sobre todo represiva, que se puede simbolizar con los fusilamientos del anarquista catalán Puig Antich (1974) y de los militantes de ETA y FRAP (1975), las últimas penas de muerte firmadas por el dictador. Muerte de Franco, e intento de continuidad del Régimen en 1976, mientras se organiza formalmente la oposición (1974-77), con los apoyos exteriores pertinentes, y puede empezar la negociación de intereses, al lado de los grandes discursos democráticos.

En cuanto a las drogas ilegales, se tienen noticias de la existencia de cocaína entre ciertos grupos de artistas e intelectuales en los felices años veinte (que, sobre todo en Barcelona, vinieron un poco avanzados y con mucha fuerza, debido a la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial), así como se conoce bien la existencia de algunos consumidores de derivados opiáceos (el llamado “morfinómano clásico”, persona de clase media, media edad, etc.) y de los “grifotas”, consumidores de rama o grifa. Aunque algunos de estos usos se identifican con la “vida bohemia” y con los “bajos fondos”, y son escándalo de bienpensantes, todavía tardará en cuajar “el problema de la droga”. No será hasta el 1967/68 que no entrará otro derivado de la grifa, el hachís, cuyo uso llegará a ser muy significativo de unas ciertas subculturas juveniles; y hasta 1973 no entrará la heroína, asociada también en sus inicios a ciertos elementos contraculturales, mientras que la cocaína en esta época resulta todavía socialmente muy opaca, aunque a nivel estadístico acostumbra a estar en unos valores de consumo (muy poco relevantes) similares a la heroína. Por otro lado, en los años sesentas -y al amparo de la Seguridad Social- hay un gran consumo y producción de tranquilizantes y anfetaminas, hasta el punto que España es exportador (más o menos clandestino) de este tipo de producto, básicamente a los países nórdicos europeos; y es cuando se produce un gran crecimiento en el numero de usuarios de tabaco y alcohol, introduciéndose además cambios significativos en los patrones de consumo de éste último.

De 1973, momento en que se detecta la llegada de la heroína a España, hasta 1977, ésta es una droga más y, como corresponde a aquel momento, rodeada de una cierta aureola contracultural. Todavía no hay, pues, un discurso social específico sobre la misma. Su comercio funciona, como el de la cannabis, a través de las redes sociales de amigos y conocidos, y sus usuarios son, básicamente, universitarios, artistas y profesionales: se trataría de individuos con ideas progresistas, ideológicamente partidarios de una ruptura con la sociedad establecida y sus normas, con ciertas insatisfacciones vitales… en este contexto, el consumo de heroína sería una experiencia vital más de trangresión de los modelos culturales hegemónicos.

Por lo que se refiere a la institucionalización de los distintos tipos de intervención social sobre el tema, se podría decir que los precursores de la actual asistencia sociosanitaria en el campo de las drogas fueron los servicios sanitarios de atención a los alcohólicos, normalmente ligados a la psiquiatría y que funcionaron alrededor de finales de los sesenta y principios de los setenta, como fueron los de Barcelona, Madrid, País Vasco y Valencia. Si por un lado parece claro que aquí todavía estamos hablando de problemas de alcoholismo como una cosa distinta a lo que posteriormente se definirá como “la droga”, por el otro el hecho de que en estos centros se tratara también la adicción a la morfina o a las anfetaminas permite pensar que, ante las primeras demandas de asistencia por temas de “drogas” (cannabis y heroína), no se planteara la urgencia de nuevos centros, pues ya existían aquellos en los que se trataban distintos tipos de enfermedades mentales.

La primera intervención social motivada explícitamente por el “problema de la droga” como tal (de tipo jurídico-policial y en forma muy restringida) se inicia a partir de la ratificación por España, el año 1967, del Convenio Unico de Viena (1961), lo que implica la creación de la Brigada Especial de Investigación de Estupefacientes de la Policía -oficialmente, aquel mismo año; de facto un par de años después. En mayo de 1973, asímismo,la Guardia Civil crea grupos especializados para la lucha contra el tráfico de drogas. Un hecho a destacar sería quizás las estrechas relaciones de aprendizaje y colaboración que desde el primer momento se establecen con instituciones análogas de los EEUU. Desde entonces, estos organismos -y otros complementarios que se les irán sumando-, dependientes todos de la Dirección General de Seguridad del Ministerio del Interior, irán adquiriendo una importancia central en este tipo de intervención sobre el tema de las drogas.

En el año 1975 el “Grupo de Trabajo para el estudio de los problemas derivados del alcoholismo y del tráfico y consumo de estupefacientes”, radicado en el Ministerio del Interior pero con participación de miembros de otros ministerios, publicó una memoria que resulta decisiva para conocer la evolución de este campo en aquellos momentos. Podemos decir que este Grupo de Trabajo constituye el antecedente, todavía dentro de la estructura burocrática del régimen franquista, de la Comisión que se creará a principios de los ochenta, ya establecido el sistema democrático, con Secretaría en la Dirección General de Acción Social del Ministerio de Asuntos Sociales, y representación además de Sanidad, Interior, Educación, etc. por lo que se llamará “Comisión Interministerial para el estudio de los problemas derivados del consumo de drogas”. Esta Comisión Interministerial será el primer intento de coordinar a nivel general todo lo que se refiere a la intervención social en este ámbito, aunque especialmente la asistencia socio-sanitaria. De hecho, será el embrión del futuro Plan Nacional Sobre Drogas, creado el año 1985.

Los contraculturales autóctonos, o jipis (1968-73). Ya hemos visto antes que cuando aquí hablamos de los jipis, nos referimos a estos grupos de jóvenes que rompieron de manera más o menos drástica con estudios, trabajos, familia y otras situaciones previsibles para irse a vivir en comunidad a zonas rurales. Estarían constituídos principalmente por algunos “hijos de familia”, aunque su grueso parece que provenía de las clases medias urbanas, acompañados por hijos de la clase obrera consolidada con la “modernización”, y algún otro grupo minoritario. Sus núcleos mas ideologizados, que habían pasado ya por la experiencia de la lucha política, le dieron un “sello” reconocible, aunque algunos aspectos del “estilo” fueron aportados por los de proveniencia más rockera.

Quiero subrayar el último aspecto citado porque, a pesar de las distintas orientaciones de los grupos de militantes políticos y de los contraculturales, en España podemos afirmar que estos últimos siempre estuvieron bastante politizados: era inevitable en una dictadura en que llevar los pelos largos podía ser entendido como un delito; pero también porque, a diferencia de países donde funcionaba el Estado del Bienestar, aquí escoger la opción de “hacerse jipi” no era tan fácil como allí, donde disponían de un colchón económico, que facilitaba muchas veces el propio Estado, a través de becas y otros tipos de ayuda. En España podía significar muchos problemas cotidianos, y esto crea ciertas solidaridades elementales.

Las drogas más significativas que usaron fueron los derivados del cannabis, tanto en forma de hierba, que habían conocido de los antiguos “grifotas”, como de hachís, que pronto fue muy bien apreciado por ellos; así como el LSD. Mientras que los primeros ofrecían un “cambio de registro sensorial” ligado a la sociabilidad alternativa que pretendían, el segundo era como el vehículo de viajes místicos a otras dimensiones de la realidad; lo que no quiere decir que ambos no fueran muy apreciados en su vertiente lúdico-festiva.

Ambas drogas simbolizaron su identidad como grupo, a la que, de manera paradójica (aunque no inusual, en casos semejantes) también contribuyó la reacción social frente a la que se constituyeron como tal grupo. De todos modos, la sangre no llegó al río con la alarma social inicial, que pronto fué matizada por el antifranquismo activo de amplias minorías, consensuado por capas más mayoritarias de la población.

Así llegamos a que en el año 1977, las bases del “problema de la droga” a partir del modelo penal, progresivamente dominante en todo el mundo -y basado en el paradigma represivo-criminalizador- ya estaban presentes en España. Pero algunos elementos de este modelo resultaban contradictorios y poco coherentes con una de sus finalidades básicas, la de aislar socialmente a determinados grupos poco identificados con el consenso dominante sobre la naturaleza de la sociedad y, en definitiva, sobre la manera de ver el mundo.

Quizá la razón fundamental de estas incongruencias en el citado modelo la encontraríamos en el hecho de que se trata precisamente de una época de redefinición del consenso, sobre todo a nivel sociopolítico, con todo lo que ello significa para un “problema social” como este que, en nuestras sociedades, encuentra su definición a este nivel; mientras que, por otro lado, una vez así definido pasa a articularse con otros elementos macro-estructurales (como los de tipo económico, p.ej.) al mismo tiempo que condiciona el campo de las actitudes y los comportamientos grupales e individuales.

Como hemos visto, la creación del “problema de la droga” en España es un proceso que se da a finales de los sesenta y durante los setenta, y se produce a partir tanto de la “ola de pánico moral” que viene de los EE.UU. (alarmados por el movimiento anti-autoritario pacifista y libertario), como de la constatación que esto de fumar canutos ya no es cosa de los cuatro grifotas de siempre, sino que se ha extendido a algunos “jóvenes de familia”. Se produce una alarma social alrededor del tema, que pronto será acompañada de medidas concretas, como la mencionada antes de la creación de la Brigada de Estupefacientes de la Policía. Esta alarma social, además de las características comunes con las que vemos en otros países occidentales, tiene algunas específicas ligadas a la situación política del momento: por parte del régimen franquista se pretendió una cierta identificación entre “la droga” (con el añadido de “…sexo y rock and roll”) y otros tipos de contestaciones socio-político-culturales (“comunismo y anarquismo”), para intentar desprestigiar, delante la llamada “mayoría silenciosa”, todo tipo de oposición al régimen.

Esta magnificación del problema a partir de unos consumos de cannabis absolutamente minoritarios (mientras apenas se consideraban los problemas reales que estaban planteando los nuevos tipos de consumo de tabacos, alcoholes y algunos fármacos) parece que no tuvo los efectos esperados. El símbolo de liberación que representaba el uso del cannabis y de algunos alucinógenos en la cultura norteamericana también fue adoptado (de forma más o menos consciente, es otra cuestión) por los pequeños grupos autóctonos que acabamos de analizar en el punto anterior: el contexto del cuestionamiento cada vez mas generalizado del franquismo y todo su mundo en el que esto ocurrió matizó la reacción social negativa que el Régimen hubiera deseado.

Las bases del problema: transición política, canutos y caballo (1977-1981).

La transición política. En 1977 se inicia de hecho la transición política, el proceso de transformación del sistema político franquista en una democracia que, desde un punto de vista sociológico y cultural (es decir, de la “normalización” homologada con los países del entorno más inmediato) se alargará hasta el gobierno socialista de 1982, por más que desde el punto de vista formal se cierre con la aprobación de la Constitución, en diciembre de 1978, y/o la de los Estatutos de Autonomía para Catalunya y Euskadi en 1979. Período de turbulencias varias, que se inicia con aquella especie de reforma pactada que fue la Ley de Reforma Política de diciembre de 1976; las progresivas amnistías y legalizaciones de grupos políticos; las elecciones generales del 15-VI-77 y el gobierno Suárez; los Pactos de La Moncloa, de tipo socioeconómico; la actividad terrorista de ETA y de la extrema derecha, junto con las asonadas militares (del “aviso” de la Operación Galaxia en 1978 al intento de golpe de estado del 23-F de 1981); las grandes manifestaciones democráticas, sindicales y nacionalistas; la aparición pública de los grupos “alternativos /radicales” como los de los presos -COPEL-, antinucleares, feministas y homosexuales, etc. En fin, momento de movilizaciones, negociaciones, consensos y pactos que llevan a la reordenación del sistema y ponen las bases de su configuración actual.

En estos años se expande la masificación del uso de las principales drogas legales, como el alcohol y el tabaco y, sobre todo, el cambio de pautas en los modos de beber (mayor introducción de combinados fuertes y, posteriormente, de cervezas; progresiva importancia de “las copas” de fin de semana…) o de fumar (feminización, “normalización” de su presencia callejera…). Se produce una relativa masificación del uso del hachís paralela, en parte, a su pérdida de carga ideológica; tal como, a otro nivel, ocurrirá con la heroína que, desde su aparición en 1973/74 hasta principios de los ochenta, pasa de tener unas connotaciones de elitismo contracultural a percibirse, incluso por algunos de sus usuarios, como un problema social.

En efecto, entre 1977 y 1980/81 se incorporan al consumo de “caballo” hijos de clases medias y trabajadoras, bastantes de ellos con itinerarios de militancia política o un cierto papel de liderazgo en sus colectivos sociales, que expresarían de ese modo malestares existenciales y un tipo de respuesta a fuertes presiones sociales contradictorias. En este proceso, y desde el punto de vista del uso personal, la heroína fue perdiendo su significado contracultural para ir deviniendo cada vez más un elemento de refugio y autoatención. Al mismo tiempo, su mercado se iba instalando sobre las viejas redes sociales e incluso zonas geográficas (por lo menos dentro de grandes ciudades como Barcelona y Madrid) por las que había circulado el intercambio de cannabis, aunque su manejo pasará de criterios -y grupos- contraculturales a otros mucho más hampones ligados a la perspectiva económica del máximo provecho económico, en un negocio con brillante futuro en la economía informal.

Todos los indicios señalan que es la época de mayor aumento de nuevos usuarios, incidencia que se acompaña de un incipiente discurso específico acerca de la heroína, que expresa el inicio de una cierta reacción social, acompañada de una muy dispersa respuesta asistencial.

En efecto, en estos años empezaron a penetrar en España tanto la Iglesia Evangélica como, sobre todo, la organización “El Patriarca” que, con sus aires de “autenticidad” (desde la misma idea de la comuna o “la granja”, hasta el hecho de que los responsables fueran gente que “habían pasado por ello” y, por lo tanto, sabían mucho mejor que otros -los profesionales- lo que se traían entre manos), que jugaba todavía con imágenes heredadas de la contracultura, será durante una época un punto de referencia obligado en relación a las drogas. No será hasta alrededores de los ochenta que se abrirán los primeros centros sociosanitarios públicos; hay que recordar que 1979 es el año de las primeras elecciones municipales y de la aprobación de los Estatutos de Catalunya y Euskadi, con todas las expectativas que ello despierta. Ello puede ayudar a entender las múltiples iniciativas locales y regionales, privadas y públicas, en torno a la asistencia a los “drogadictos”, como se les llama entonces, que se ponen en marcha en aquella época.

Radicales urbanos, punkis y drogadictos. Algunos sectores de la juventud urbana, que vive todos los cambios señalados un poco mas arriba en primera persona y en primer plano, adoptan aspectos de la contracultura, pero incardinados en toda la movida de las luchas y las fiestas de la época, que se vivían en las calles de las ciudades: serían los que hemos etiquetado como radicales urbanos, de entre los cuales surgieron, hacia el fin de esta etapa, los punkis que, después de esta época de fuegos artificiales, pregonaban ya la falta de expectativas que para ellos había en la “nueva” sociedad que se estaba consolidando.

Las drogas mas usadas fueron cannabis y alcohol, sobre todo en forma de cerveza. La heroína empezó a penetrar entre ellos en aquellos años, aunque circunscrita primero a unos círculos muy elitistas, para expandirse, alrededor de 1977, a algunos jóvenes de clases medias y trabajadoras. Las primeras ayudaban a dar el tono de “marcheta” que se podía encontrar tanto en manifestaciones, como en festivales musicales o celebraciones que festejaban las recién recobradas (o descubiertas, para ellos) libertades públicas, y se vehiculaba a través de ella su sociabilidad alternativa, que permitía distinguirlos tanto de sectores convencionales como de los que emergían alrededor de la heroína. Esta última, a pesar de que en su inicio dotaba de una identificación contracultural a unos cuantos elegidos, a los que permitía compartir una experiencia única, hacia el final de esta etapa, y en relación quizás a aquellos problemas que por otro lado expresaban los punkis, empieza a ser apreciada como forma de autocuidado, de protección, de aislamiento del mundo circundante.

En este contexto es cuando empieza a cuajar la elaboración el concepto de drogadicto, para referirse a unos jóvenes, principalmente urbanos, con altos niveles de fracaso escolar, graves dificultades de inserción familiar, laboral y, por lo tanto, social, que en muchos casos han adoptado unos modelos de sobrevivencia del tipo “buscarse la vida como se pueda”, y que muestran un tipo de uso de drogas tan espectacular como es la heroína pinchada en vena -que, de todos modos, fue precedida, por la misma vía, por otros productos “medicamentosos”, como algunos sedantes, hipnóticos y estimulantes- (Gamella, 1994), lo que facilita un referente identificador muy fuerte, tanto a los efectos de la reacción social como para ellos mismos.

Se puede afirmar que, en el contexto de búsqueda de un nuevo orden sociopolítico, se dió también el reforzamiento de la significación rupturista del uso de las drogas mencionadas -básicamente el cannabis- entre aquellas capas urbanas juveniles más o menos radicalizadas, que identificaban su criminalización con el conjunto de prohibiciones del franquismo, que era preciso destruir; al mismo tiempo que, debido a ello, el estilo de vida de aquellos jóvenes -en el que se integraba el uso de las drogas citadas- era considerado, si no con simpatía, sí al menos con tolerancia entre grupos con estilos de vida más convencionales, pero que también participaban de alguna manera en los procesos de cambio de aquella época. Ya hemos dicho que había un uso bastante público -y a veces incluso comunitario- tanto de porros como de alcohol, ya fuera en las masivas fiestas con las que se celebró el retorno a la democracia y las primeras elecciones, como en la intensa vida de calle de aquellos momentos.

Si 1977 es el momento álgido de aquel período, es también el momento en el que se empiezan a detectar algunos elementos que en los años inmediatamente posteriores influirán en un cambio en las percepciones vistas hasta ahora, que favorecerán la imposición, en unos vaivenes aparentemente contradictorios, tanto del modelo penal como del medicalista. Como acabamos de ver, a finales de los setenta, el mercado de la heroína ya se había establecido sobre algunas de las previas redes de comercio ilegal de cannabis, que pronto ampliará y solidificará en beneficio propio. Este inicio de expansión está ligado a la manifestación de los primeros problemas que caracterizarán a la etapa posterior en nuestra “historia de la droga” (y no es casual que el paradigma de la misma sea la heroína): problemas biopsicológicos y sociales de algunos de los pocos usuarios existentes hasta entonces; criminalización progresiva, no sólo de ciertos sectores, sinó también de ciertas interacciones y procesos sociales (la asociación “droga-delincuencia”); e interferencia desintegradora de la heroína entre grupos sociales más o menos articulados (sobre todo juveniles), o claramente sociopolíticos, pero que quedarán fuera del consenso democrático (como los movimientos de presos liderados por la Coordinadora de Presos en Lucha, COPEL).
“El problema de la droga”: el reinado de la heroína (1982-1992).

La estabilidad democrática. La victoria socialista de octubre de 1982 inicia el período de estabilización democrática en el que está instalado nuestro país. Aunque se hace difícil subdividir, a su vez, este período, se puede considerar el momento del referéndum sobre la permanencia en la OTAN, en 1986, como parteaguas de dicha subdivisión.

Hasta dicha fecha hay que señalar, entre otras cosas, el inicio de la reconversión industrial; las grandes polémicas sobre seguridad ciudadana del 83-84, ligados al tándem delincuencia-drogas, que se mueve entre los hechos y la alarma social; la recuperación económica de mediados de los ochenta, y la entrada de España en la Comunidad Europea. En estos momentos se plantea ya la contradicción entre la crisis fiscal del Estado contemporáneo, y la necesidad, en el caso español muy claramente, de consolidar y sobre todo ampliar el Estado del Bienestar, política a la que se tiende, aunque quede por debajo de las expectativas generalizadas que el gobierno socialista había despertado en este sentido. Asímismo, “normalización” de la vida ciudadana, que podemos cualificar de definitiva si contemplamos la época siguiente.

El referéndum de la OTAN se puede tomar como el símbolo de la ruptura con una cierta cultura de la izquierda tradicional y de la clara hegemonía de la orientación liberal dentro del gobierno socialista, iniciándose lo que, siguiendo la conceptualización de una cierta “cultura popular”, podríamos llamar el quinquenio del dominio de la “cultura del pelotazo ” (del éxito a cualquier precio), que terminará con los grandes fastos del 92 en Barcelona y Sevilla; no sin haber pasado antes por las crisis en que se expresaron los variados sectores sociales que se sentían, cuanto menos, poco partícipes de la efervescencia económica del momento: la huelga general de diciembre del 88, y las movilizaciones de barrios marginales que -otra vez con el leit-motiv de “la droga”- se producen alrededor de las elecciones municipales de finales de 1991. Aquí se actualiza la progresiva dualización de la sociedad (con fenómenos característicos, como un mayor consumo para determinadas capas sociales, y una menor capacidad para conseguir las expectativas “exigidas por la normalidad” para otras), la naturaleza estructural del paro, el desarrollo de nuevas “pestes” como el Sida, etc. que se correlacionan con la paulatina hegemonía de unas orientaciones culturales que van sustituyendo los valores solidarios de la cultura obrera tradicional, de una cierta cultura humanista o de la contracultura, por la competencia individualista más feroz o por un cierto fatalismo. Así, una normalidad a prueba de bombas (y esto no es una metáfora), una relativa poca participación ciudadana en la vida institucional, la incidencia de la crisis económica internacional del 93 -aunque con sus especificidades-, y la promulgación de las leyes conocidas popularmente como la Ley de Extranjería y la Ley Corcuera (de Seguridad Ciudadana), antes de la victoria del PP en las elecciones de 1996, son los últimos trazos de un esbozo de esta España que se adapta mas o menos bien a un cierto papel subalterno en el conjunto de los países centrales del sistema mundial actual.

Entre 1981 y 1985 es cuando entran en el mundo de la heroína individuos provenientes de los sectores marginales de la sociedad, entre otras cosas por su atracción como mercado fuera de la ley ya constituído y en el que ellos, ni que sea como peones, pueden moverse con cierta facilidad. En las subculturas marginales la heroína se convierte en un factor de identidad, y es cuando cuaja la identificación heroína-marginación y, por lo tanto, teniendo en cuenta su papel paradigmático, la de drogas-marginación. Esto se articula con factores de tipo socioeconómico y político, como la gran cantidad de asaltos a bancos y farmacias y, en general, una crisis de inseguridad ciudadana a la que luego nos referiremos, todo lo cual contribuye a la creación de un discurso específico sobre “la droga” basado en una fuerte reacción social.

Hay un elemento que, a partir de aquí, será válido para todas las fases históricas siguientes, y es que en una especie de proceso acumulativo, se ha ido diversificando el mercado de las drogas, cosa que posibilita especializaciones sectoriales en sus usos aunque, en algunas ocasiones, previo pase por la prueba de casi todas ellas.

En esta época se detecta un relativo aumento en el consumo de la cocaína, que se podría identificar, aunque sólo en parte, con su aureola de droga de éxito, de los que han triunfado, en un momento en que se estaba gestando la famosa “cultura del pelotazo” que se expandirá a partir de mediados de la década. Será, pues, la droga de la “performance”, del joven ejecutivo agresivo, la droga del “acelere”, de la actividad frenética de los ochenta que nos tiene que llevar a toda prisa hacia la rutilante posmodernidad.

Por lo que se refiere a la heroína, en la fase 1985-90 se produce una estabilización de la prevalencia, ya que existe un equilibrio relativo entre incorporaciones y salidas (que se pueden etiquetar como “reinserciones”), en las que habrán influido los recursos asistenciales ya existentes; y también una estabilización de la incidencia, ya que se mantienen los factores presentes en las fases anteriores, sobre todo la mas reciente.

Por otro lado, la irrupción del Sida, muy ligado en nuestro país al uso de drogas por vía intravenosa, ha contribuído a consolidar y ampliar la alarma social (junto con el aumento de los llamados “muertos por sobredosis” y la emergencia de la cocaína que tendía a presentarse como la nueva “droga-problema”) pero al mismo tiempo ha empujado hacia una cierta racionalización de la intervención asistencial, como veremos enseguida. A su vez, “la droga”, como un metalenguaje a través del que llamar la atención acerca de malestares personales y sociales, ha mostrado su eficacia a través de movimientos sociales surgidos, sobre todo, de barrios degradados o marginales.

Finalmente, la década de los noventa se caracterizaría por la pérdida de centralidad de la heroína en el discurso social, tanto por el paso a un primer plano de la cocaína -asociada al fenómeno del narcotráfico-, de los nuevos tipos de consumo de los estimulantes en general y, más en concreto, de las llamadas drogas de diseño; como por el surgimiento de usos problemáticos del alcohol -asociados a patrones de consumo mas arriesgados en poblaciones muy jóvenes.

En la primera mitad de los ochenta se produce una relativa “expansión asistencial” que la tenemos que relacionar con varios factores. En primer lugar, una estructura de atención sanitaria pública, que entonces empieza a modificarse, pero que hasta aquel momento había sido muy deudora de los intereses privados de los médicos como corporación; estructura que no estaba preparada para un tema tan complejo como el de las drogas, que ni se lo habían planteado pues, prácticamente hasta finales de los setenta, éste era visto como un problema ajeno. Así, las iniciativas específicas que empiezan a florecer en este campo, apoyadas principalmente en la expansión de los servicios sociales que se produce al abrigo de la ampliación del Estado del Bienestar, señalan también la emergencia de lo que llegará a ser un nuevo sector, el de los profesionales del campo de las drogas, que se nutre principalmente de profesionales provenientes de las Ciencias Sociales y del Comportamiento (Trabajo Social, Psicología, etc.).

En segundo lugar, la tenemos que relacionar también con un gran aumento de la alarma social sobre el tema, de la que, a su vez, podemos destacar tres aspectos: uno social, el aumento de hechos delictivos relacionados de alguna manera con las drogas; otro cultural, la imagen de que “la droga” es la causa de lo que se crea entonces como concepto en España, la inseguridad ciudadana; y un último político, la gran polémica sobre la seguridad ciudadana del año 1983/84, después de que el entonces nuevo gobierno socialista introdujera algunas modificaciones “liberalizadoras” al Código Penal respecto a las drogas.

En efecto, hay un tipo de delitos muy característicos, como son los atracos a bancos y los asaltos a farmacias, de los que España es el campeón mundial en aquellos años. Lo que es totalmente falaz y confunde las relaciones causa-efecto es el discurso dominante del momento (que me temo todavía persiste en ciertos sectores) de atribuir aquello a “la droga”, que amplía la alarma social de forma desaforada, sobre todo por parte de ciertos sectores interesados políticamente en “reventar” tanto el proceso democrático como la entonces reciente victoria socialista. Pero, a parte de que coinciden varios factores, como las profundas y desordenadas transformaciones ligadas al proceso de urbanización de amplias zonas de la sociedad española, o el desarrollo de un “modelo delincuencial” de comportamiento, previo a su encuentro con las drogas, por parte de una generación de jóvenes que llegarán a ser excluidos, la fuerte reacción social contra ellos y el propio discurso hegemónico de tipo dramatista sobre la heroína y su síndrome de abstinencia acabó actuando como inducción y refuerzo de algunos de estos comportamientos. Muchos de los cuales, efectivamente, serán decisivos en lo que acabará siendo “carrera drogadicta” de muchos de aquellos jóvenes.

Mientras que aquella “expansión asistencial” de los primeros ochenta se hacía bajo el modelo hegemónico de los tratamientos libres de drogas y las instituciones totales, los problemas, antes señalados, de la segunda mitad de los ochenta y que se desarrollan en la década de los noventa, provocan nuevas respuestas. Al lado de la proliferación de fundaciones, asociaciones y muy diversos tipos de ONGs, podemos ver el desarrollo y la coordinación pública de las políticas asistenciales para drogodependientes, que implican la consolidación de un sector profesional cada vez más importante. Dentro de estos sectores profesionales, la constatación de la emergencia de una gradual marginalización de sectores de usuarios problemáticos de drogas ilegales, al mismo tiempo que un mejor conocimiento de la heterogeneidad de dichos usuarios, en el que se incluye el reconocimiento de aquellos normalizados socialmente (con trabajo estable, familia, etc.), ha permitido / obligado a una intervención social cada vez más diversificada y pluridisciplinar, con unas bases teorico-metodológicas que se pretenden progresivamente más rigurosas, en la que aquel modelo de tratamientos libres de drogas e instituciones totales ya no es tan hegemónico, sino que debe compartir el espacio asistencial con otros modelos que van adquiriendo progresiva influencia, como el de la política de reducción de riesgos.

El Marco Legal. Para tener una visión más completa del funcionamiento de los dispositivos institucionales de las drogas habrá que hacer, también, una referencia al marco legal en el que se han movido. Hasta finales de la transición política, es decir, principios de los ochenta, se disponía, por un lado, del art.344 del Código Penal (adaptado a las exigencias del Convenio único de 1961), destinado en principio al tráfico, y en realidad instrumento privilegiado de criminalización de ciertos usuarios de drogas ilegales; y por el otro, de la antigua Ley de Vagos y Maleantes, adecentada posteriormente con el nombre de Ley de Peligrosidad Social, que permitía la imposición de ciertas medidas coercitivas a un individuo por el solo hecho de ser etiquetado como toxicómano.

En 1983, se propuso una reforma del Código Penal tendente a obviar aquellos aspectos del art.344 más criticados desde el punto de vista del garantismo democrático, ya que no respetaba cuestiones elementales como el principio de intervención mínima, el de proporcionalidad, el de la determinación legal de la conducta punible o de la pena. Dicha reforma, como ya hemos mencionado, fue el eje sobre el que se articuló una reacción social a través de la que se introdujo como elemento central en España el concepto de Seguridad Ciudadana asociado al tema drogas-delincuencia. Un conjunto de presiones, tanto internacionales como de sectores populares y de la oposición política, junto a la real complejidad e imposibilidad de “arreglar de manera rápida” el problema, y a la lógica de la rentabilidad política inmediata, llevaron al gobierno a replegarse y plantear una contrarreforma del famoso artículo 344 en 1987. Esta ha sido ya suficientemente criticada desde diversos puntos de vista, tanto a nivel global como en diversos aspectos concretos, siendo uno de los más discutidos las mediatizaciones que se introducían entre población que devenía reclusa y los sistemas de tratamiento.

A todo lo anterior habría que añadirle las distancias y conflictos que la ley penal así reformada -junto con la aplicación de la Ley Corcuera- acrecentaba entre los usuarios de a pie y las instituciones sociosanitarias, dificultando todavía más una normalización asistencial tan teóricamente aceptada por todo el mundo. Ciertamente, la introducción de los programas de metadona a finales de los ochenta, aunque al principio de manera muy tímida y rígida, inducirá a algunos de los cambios significativos que ya hemos mencionado en los 90. Sea como fuere, lo cierto es que el conjunto de leyes que afectan a las drogas en España en la actualidad continúan siendo -más allá de la visión simplista de la lucha entre “malos” y “buenos”, es decir, entre narcotraficantes y Estado-, desde el punto de vista de la salud pública (y en concreto de la asistencia) más un factor de complicación que no otra cosa. Parece razonable pensar, aunque a muchos no nos guste que sea así, que sin la criminalización, la alarma social y, en fin, la creación de un problema social alrededor de “la droga”, seguramente no se habrían conseguido los recursos asistenciales hoy en día dedicados a ello. Pero esto es una fase ya superada y, en estos momentos, el conjunto de leyes sobre drogas y la dinámica sociocultural que comportan (con la estigmatización como principal elemento), tienden a crear interferencias, dificultades añadidas, a distintos niveles del funcionamiento cotidiano de la red asistencial; así pues, también parecería razonable adecuar las leyes a las nuevas situaciones. Y hay que decir que se perdió una ocasión de oro para hacerlo, como fue la aprobación del Nuevo Código Penal (el llamado “de la democracia”), a principios de 1996.
“Pijos” y “skins” en el supermercado de las drogas. Ha llegado el momento de la posmodernidad que algunos, confundiendo deseos con realidades, vaticinan como el fin de la historia. De todos modos, está claro que la cómoda instalación de antiguos “progres” en el poder, la caída del muro de Berlín, la progresiva e intensa internacionalización y concentración del capital, con sus correspondientes desregulaciones, son el telón de fondo de unas profundas transformaciones que provocan crisis que requieren encontrar nudos de consenso de la población alrededor del poder: el “problema de la droga” ofrecerá uno de ellos, como se podrá constatar, por ejemplo, al recordar que éste ha sido uno de los argumentos principales para la instauración de leyes de excepción, que en realidad están destinadas a controlar poblaciones (en muchos casos jóvenes) que sufren de lleno los efectos de las mencionadas crisis, como son las ya mencionadas Ley de Seguridad Ciudadana (Corcuera) o Ley de Extranjería.

Esta época se simbolizará en las culturas juveniles de dos tipos de jóvenes definidos en gran parte por elementos de clase. Por un lado, los “pijos”, es decir, aquellos jóvenes de orientación conservadora, pertenecientes a clases acomodadas que no plantean ninguna alternativa a la sociedad en la que viven, porque ya les va bien, y cuya finalidad principal es prepararse para sustituir a sus mayores en las labores de dirección de la sociedad y, mientras tanto, pasarlo lo mejor que se pueda. Quizás no constituyan una cultura juvenil en el sentido estricto del término, o por lo menos no han sido etiquetados como tal por el pensamiento hegemónico, aunque sí muy bien identificados por otros grupos juveniles (v. Barruti, 1990). Pero no hay duda que la droga que los simbolizaría, y que circula en gran manera entre ellos es, además de otras, la cocaína, con sus connotaciones de agresividad, éxito y status.

Mientras que, por otro lado, los “aguerridos” skins, destilación caricaturizada de los valores que han ido emergiendo como dominantes cuando nos acercamos al cambio de década (ante el escándalo asombrado de algunos devotos – y “moderados”, eso sí- practicantes y beneficiarios de los mismos, aunque normalmente en situaciones sociales mucho más protegidas) se identifican con usos de drogas estimulantes que son versiones más proletarias de la coca: distintos tipos de anfetaminas y otros estimulantes (entre los que el “nuevo” éxtasis se aprecia mucho más como tal estimulante que no por otros aspectos que veremos en la próxima etapa), así como hipnóticos, entre los que destaca uno, muy apreciado durante muchos años por los “usuarios de calle”, el Rohipnol. Esta parece una combinación muy adecuada para aguantar la tensión que significa una “marcha” muy compulsiva pero, al mismo tiempo, perder suficientemente la consciencia ante algunas de las actividades violentas que pueden formar parte de dicha marcha que, si bien pueden producir un placer sensitivo, no dejan de ser fuertemente contradictorias con otro tipo de sentimientos y percepciones que puedan tener.

A partir del inicio de la década de los 80 se dan, pues, las condiciones que permitirán la instalación de una alarma social en torno a lo que lo que continuará llamándose “el problema de la droga”, sin demasiadas distinciones ni refinamientos conceptuales. Pero, al mismo tiempo, estas condiciones suponen también una cierta inflexión en las percepciones que analizamos: en parte por el interés de las distintas administraciones públicas por el tema, y en gran parte por la progresiva presencia del mismo, habrá una mayor información, un trato más directo con los problemas relacionados con las drogas ilegales, así como los que se evidencian con las drogas legales, y la constatación de la ineficacia del modelo represivo y de algunas de sus complicaciones. Todo ello llevará a un cierto cuestionamiento de este modelo que, por lo menos parcialmente, se irá sustituyendo por un modelo de tipo medicalista que amplía el concepto de droga también a las legales, y que centra la cuestión en términos de salud pública.

Pero mientras tanto la asociación droga-delincuencia ha ido generando un grado de malestar cada vez más elevado, así como una demanda de respuesta social inmediata. Ya hemos visto que la derecha sociológica española explota políticamente a fondo dicha asociación, tanto en la etapa de la transición como, en concreto, cuando el año 1983-84 el gobierno del PSOE intenta un tipo de respuesta que no es la mano dura de siempre, por otro lado, comprobadamente ineficaz. De todos modos, pronto aquel gobierno progresista se irá echando atrás y se encontrará, además, con el inicio de mobilizaciones de grupos muy directamente afectados. Así se llega a un consenso social que acabará situando a “la droga” como la principal causa de la inseguridad ciudadana, con la cual cosa el paradigma represivo de percepción de la misma, reforzado, acabará tiñendo, por activa o por pasiva, todos los demás tipos de respuestas de orientación medicalista, asistencial, social o cultural.
Mundialización, posmodernidad e identidades juveniles: de la cocaína al éxtasis (1993-1998).

Tal como he dicho en la presentación de este capítulo, aquí voy a cambiar de registro. El lector habrá detectado que al final de cada uno de los cuatro niveles expuestos en la fase anterior me he ido refiriendo ya a las características que cada uno de ellos iba presentando en la década de los noventa. Aquí, aunque he mantenido la referencia a la cocaína en el título, más que nada por una cuestión de un cierto equilibrio con los de las otras etapas, propondré unas hipótesis como posible vía de interpretación de algunos aspectos básicos de los usos contemporáneos del éxtasis.

Estas reflexiones se refieren, evidentemente, no sólo al éxtasis, sino que éste viene a representar a todo aquel conjunto de drogas sintéticas estimulante-empático-alucinógenas que desde hace una temporada son objeto de especial preocupación. Para situar el tema me referiré primero a eso que hemos dado en adjetivar como la posmodernidad, más en concreto, a algunos de los elementos que me parecen más significativos de las transformaciones socioculturales ligadas a los procesos de globalización a los que estamos sometidos: precisamente, uno de los rasgos definitorios por excelencia de la posmodernidad es el de la fragmentariedad que, presente en distintas situaciones sociales, nos puede ayudar a explicar aspectos de algunas de ellas; pasaré luego a señalar la importancia de las formas de gestión del cuerpo en diferentes culturas, para plantear que el uso del éxtasis (o, por lo menos, algunos de ellos) quizá vendrían a llenar carencias relacionadas con ello en nuestras sociedades; finalmente, no he podido reprimirme en exponer la hipótesis de la sensatez, una vez más, como la mejor manera de tratar públicamente la cuestión.

Las transformaciones tecnológicas y sociales que acompañan a los procesos de globalización han supuesto una fuerte acentuación de las especializaciones, lo que significa una profundización en los procesos de individualización, que ha comportado también una mayor dislocación entre los roles sociales que puede jugar un individuo a lo largo de su vida.

Es decir, no sólo se pueden producir contradicciones (tal como ya previó el sociólogo alemán Simmel en sus análisis de la vida metropolitana a principios de nuestro siglo), a veces muy difíciles de superar, entre los distintos roles sociales de padre o madre, hijo/a o consorte, profesional, vecino del barrio, perteneciente a un equipo deportivo o a una coral, a un club excursionista, de jugadores de petanca o filatélico, a una iglesia o un partido político, etc. etc. sino que muchos de estos roles han ido “estallando” de alguna manera: desde los cambios en las relaciones generacionales y sus referentes culturales (que tienden a disimular un elemento tan fundamental en nuestra vida, como es la muerte), la transformación de los grupos domésticos (relativa ampliación de los compuestos a base de la recomposición de otros anteriores -los hijos de la primera pareja, etc.-, o de personas que viven solas… ); hasta la movilidad laboral, tanto en su aspecto de la progresiva movilidad espacial que exigen muchos trabajos, como en el de la que se puede dar entre distintos trabajos en la carrera laboral de una persona, que dejan obsoletas las “culturas del trabajo” de las sociedades industriales; pasando por los conflictos planteados por cuestiones tan distintas como, por ejemplo, la redefinición de los roles sexuales y de los mismos géneros, el peso cada vez más amplio, en los procesos comunicativos, de sus aspectos icónicos por encima de los orales o literarios, o por el crecimiento de los riesgos sociales ligados a las grandes tecnologías modernas.

De este modo, hemos pasado de estar encuadrados en sistemas sociales que, a partir de algunos de sus elementos objetivos básicos, podemos visualizar como dotados de una cierta estabilidad / continuidad, a vivir en sociedades con condiciones que tienden a la segmentación de nuestra vida cotidiana. Y en relación con ello, estamos pasando de percibir el mundo a través de las grandes ideologías hegemónicas de la modernidad (humanismo, liberalismo, democracia, comunismo, anarquismo, etc.) a percibirlo también a partir de visiones parciales que ensayamos de ir articulando entre ellas, con mayor o menor fortuna, ya que está claro que las anteriores, tal como estaban formuladas, nos sirven de poco, por lo menos desde el punto de vista de los análisis críticos. Todo ello conlleva un conjunto de dificultades a la hora de elaborar lo que conocemos como el sentido de la vida, de construir nuestras identidades personales y grupales, dos aspectos inseparables de la cuestión.

Antes de entrar en el tema del éxtasis, es necesario todavía un pequeño rodeo, para analizar alguna cuestión significativa acerca de la gestión y las técnicas del cuerpo en las sociedades humanas. El cuerpo, esta parte tan fundamental de nuestra persona y del nosotros, “in-corpora” la endoculturación de la sociedad en la que está, procesándola a partir de sus experiencias vitales y manera de ser, a través de los procesos de interacción social. Las técnicas del cuerpo son un elemento básico de la socialización en cualquier sociedad humana en la que cada individuo tiene que soportar / aprender las formas de trabajarlo: desde un período tan importante como es el de la crianza, se van incorporando aspectos como la gestión de la alimentación, de los cuidados referentes a lo que nosotros llamamos salud y enfermedad, la higiene, la presentación en público (vestidos, peinados y otros aditamentos), sus distintos movimientos, tanto básicos, como en diferentes situaciones de trabajo o de “etiqueta social”, el control de las distancias corporales o de los olores o, a un nivel más general, sus formas de expresión, su resistencia y adaptabilidad a distintas situaciones sociales, etc.

En muchas sociedades tradicionales etiquetadas como “primitivas” el cuerpo constituye todavía (o constituía hasta hace poco) un referente central y directo de la vida social. No es solo en referencia a él que se suele elaborar la cosmología (es decir, la idea del mundo) de aquellas sociedades, sino que tiene una gran presencia en la vida cotidiana: el trabajo, el juego y las distintas habilidades corporales, el sexo (tanto como juego como elemento de fecundidad), los rituales medicinales / religiosos, los distintos status sociales… se relacionan directamente con un conjunto de prácticas del cuerpo y alrededor de él que significan algo, y entre las cuales la expresión global de las emociones a través del gesto y el movimiento acostumbran a tener una importancia especial.

En muchas de estas sociedades nos encontramos, además, con la presencia de rituales importantes en su vida colectiva, que comportan muchas veces, sea por parte de la comunidad en general o, mas a menudo, por parte de alguno de sus miembros, el acceso a situaciones de éxtasis, de trances o similares. Independientemente de que en ellos se utilicen productos de los que nosotros llamamos drogas (y de que esto resulte más o menos cómodo o gratificante para los que las tienen que utilizar) quiero remarcar que son rituales colectivos en los que el cuerpo juega un papel central, ya que es a través de él como se accederá a cambios en la percepción de la realidad, a contactos con los ancestros o los espíritus, a “cambios de registro”, en definitiva, que permitirán una vuelta posterior a la cotidianidad habiendo superado los desequilibrios personales y sociales que siempre comportan situaciones como, por ejemplo, la incorporación de uno o más nuevos miembros adultos a la pequeña comunidad, el cambio de status de algunos de sus miembros, o la presencia del dolor. Estos tipos de usos de drogas contribuirán, por tanto, al refuerzo del sentimiento de comunidad.

Si respecto a lo que acabo de exponer tengo ya la sensación de haber generalizado excesivamente, se comprenderá que me resulte todavía más incómodo hacerlo respecto a las sociedades urbanas, más numerosas, complejas y heterogéneas por definición. Pero para la reflexión aquí planteada me parece útil (a pesar de que quizás no sea demasiado preciso) señalar lo que creo son dos aspectos básicos de la gestión del cuerpo en ellas: por un lado, su pérdida de centralidad, su situación en un segundo plano (por lo menos aparente), en el sentido de que está mucho más mediatizado que en las sociedades que ahora veíamos; y por otro, su estructuración en unos límites más rígidos que lo que acabamos de comentar (quizás relacionados con la especialización) que comportan, por ejemplo, una expresión no tan directa, o mucho más vicaria, de las emociones. Incluso para la juventud, a pesar de ciertas imágenes “juveniles” que se difunden en la configuración de una cierta cultura popular urbana (sobre todo, a través de la publicidad o los medios de comunicación), el control corporal que se exige en la escuela, en el trabajo o incluso en la calle es notable; habiendo ciertas zonas especializadas de permisividad o, mejor dicho, de orientación hacia un tipo distinto de expresión corporal, como podría ser el espacio doméstico, a nivel privado, o las discotecas, a nivel público.

El hecho de situar en el contexto de lo analizado hasta ahora algunos elementos de las fiestas que los anglosajones (y algunos otros por su influencia) llaman “rave”, como son la presencia de multitud de jóvenes en las macro-discotecas con ciertas formas de “presentación en público”, la hiperestimulación sensorial, a través de la música (techno, “bakalao”…) o de los juegos de luces, y el uso de éxtasis, con sus aspectos estimulantes, de ampliación de la empatía y sus toques de alucinación, permitirá explicarnos, por lo menos en parte, el éxito de la comercialización de un fenómeno que, como tantas veces, es capaz de dar algún tipo de salida (por más distorsionada que pueda parecer a algunos) a necesidades elementales que son sentidas por ciertas personas y grupos.

Podríamos ver, pues, el uso del éxtasis, tanto en el contexto de lo que denominaríamos las “nuevas culturas rave” como en otros más minoritarios, pero siempre de marcado corte generacional e interclasista, como un intento de recomposición del individuo, dentro de su grupo “biológicamente” más inmediato, en busca de aquellos elementos más ausentes en una sociedad fragmentada, que reprime la expresión de las emociones a nivel corporal y se caracteriza por el predominio de las relaciones sociales “duras”.

A través de este uso se recuperan elementos como la expresión corporal más o menos frenética por el baile, en el sentido más amplio del término; las emociones en las relaciones interindividuales a través de la empatía; se trata de unas prácticas que permiten también recuperar, y bucear más o menos a fondo, en la propia individualidad y, en este sentido, son muy individualistas (uno puede estar tiempo y tiempo bailando ensimismado); pero al mismo tiempo, que sólo se pueden realizar en toda su plenitud si uno está completamente inmerso en la multitud de iguales, en la propia “tribu”. Finalmente, sus efectos alucinógenos podrían facilitar una cierta recomposición del yo después de la fragmentación provocada sensitivamente por ellos.

Se puede interpretar, en definitiva, que quizás debajo de ello haya algún tipo de búsqueda de identidad, en este mundo tan fragmentado y sin perspectivas de futuro (por lo menos para grandes sectores de la juventud), pero no de una identidad “en mayúscula”, que se refiera principalmente a una pertenencia ideológica, sinó de una identidad actual, material, sensual, “de piel”… y, por lo tanto, de una identidad que se expresa en cada “ahora” y “aquí” que se realiza, sin que se plantee un (im)probable futuro (im)perfecto, como había ocurrido en otras épocas y situaciones sociales.

Está claro que estamos delante una cuestión que, para determinados casos, puede plantear sus dificultades de gestión. Ahora bien, según como se aborde desde las instancias institucionales, se puede contribuir a disminuirlas o aumentarlas todavía más.

En muchos casos se puede observar que el uso del éxtasis se da en grupos de jóvenes con otros muchos intereses (músicales y creativos en general, de conocimiento, relaciones sociales, etc.), por lo que creo que aquí lo único que nos debería preocupar es que esta parte de su búsqueda personal se pudiera hacer en las mejores condiciones posibles. Pero si ésta es la única experiencia gratificante que muchos otros jóvenes pueden incorporar con intensidad emocional después de una semana de curro o de buscarse la vida de forma más o menos precaria, es evidente que es más fácil que genere una adicción alrededor de ella. Creo que, en lugar de intentar eliminarla, como de manera utópica y contraproducente se ha hecho hasta ahora con muchas drogas, mejor nos iría a todos intentar ver cómo se puede gestionar este tipo de adicción, en el contexto de las grandes y pequeñas dependencias que configuran nuestra vida como seres humanos, para que no resulte un impedimento más a las ya difíciles condiciones de inserción social de grandes sectores juveniles, sino un tipo de experiencias a través de las que puedan haber aprendido algo sustantivo para su vida.

 

Aspectos Criminológicos Diante dos Problemas Relacionados com os Jovens, Emigrantes e sua População Carcerária, Espanha

Resumo

 

 

Tal trabalho nos revela a urgência em abordar novas teorias contra o crime juvenil onde não só está trazendo certos riscos a toda uma sociedade e sim para que os mesmo jovens de hoje não se convertam em verdadeiros doutores do crime no futuro.

 

A medida que se observa o trabalho em tela nos identificamos de alguma forma que em se tratando dos menores que sem a devida oportunidade e vivendo em locais criminogeneo, poderam sem a devida ajuda alcançar estatus de um verdadeiro criminoso.

 

Apartir de estudos feitos e refeitos em diversos países do novo e do velho continente se observa a descriminação, indiferença, e a falta de oportunidade onde possivelmente um ser poderá adotar uma conduta extrema.

 

Sumário

 

1)     Introdução;

 

2)     A Teoria do Controle Social;

 

3)     Historia da Criminologia – Controle Social;

 

4)     Por que não Delinqüimos?;

 

5)     A Teoria da Anomia para Durkhein;

 

6)     Delinqüência violenta e emigração: Um marco para a metodologia histórico – comparativa;

 

7)    Investigação de Campo; nota, os itens 7 e 7.1 foram retirados deste trabalho para melhor adequação de espaço e conteúdo. Em detrimento das normas do IBCCRIM, assim se resolve, contrapartida tais dados estão a disposição para eventuais pedidos.

 

7.1) Pesquisa da Fundação Casa – FEBEM.

 

8) Da Oportunidade;

 

9) Conclusão

10) Bibliografia.

 

                                                           Introdução

 

Desde os tempos mais remotos a Criminologia vem atuando, e direciona-nos ao objetivo supremo de entender o ser humano em relação a sua ação delitiva que corresponde ao mal que exerce na sociedade em que vive.

 

Por conseguinte, o objeto da Criminologia não contém como estudo direto o campo da ciência natural, mas indiretamente, e por ser área de afetaçao do ser humano razao pela qual o homem é o objeto direto de estudo desta ciência.

 

Por último e não menos importante, os objetos secundários de estudo desta ciência são, o estudo da ação negativa do ser e sua práxis além das possíveis causas desta conduta final.

 

Depois de argumentar resumidamente o objeto desta ciência, é imperioso destacar que não podemos confundir com outras matérias e ciências que se encontram também no âmbito de estudos do criminoso e suas diversas áreas.

 

Entendendo como esta ciência atua e verificando seus objetivos de estudo, saberemos que a mesma analisa em separado os acontecimentos sociais de intervenção humana negativa.

 

Seguimos no intento de estudá-la e por conseguinte, estabelecemos uma separaçao dedática, que abrodará, (I) Criminologia Científica e (II) Criminologia Filosófica.

 

Separando novamente o material supra temos (I) a Criminologia Científica sendo: criminologia de causa como área disciplinar que tem por objeto determinar as causas físicas, químicas, biológicas, psicológicas, psiquiátricas, sociais, meio ambientes, econômicas, políticas, históricas e etc., da ação negativa do ser humano.

 

Inserida ainda na Criminologia Científica, temos a Crítica Criminal que tem como área de estudo a apreciaçao e a fundamentação das teorias criminológicas, eficácia criminológica nas diferentes áreas da política criminal em respeito ao homem novo, e por fim Teorias Criminólogicas, que tem como objeto formular, examinar historicamente, e fortalecer as teorias criminólogicas do passado e ora existentes.

 

 

Na segunda parte da divisão ora estabelecida, temos (II), Criminologia Filosófica, que também tem sua divisão e seus ensinamentos, como vejamos: A Metafísica Intramundana, que tem como estudo um modo de realidade: o ser e a ação negativa. Depois A moral, (Axiologia), A Epistemologia (metodologia do conhecimento).

 

Após dividida corretamente as áreas de atuação desta ciência de forma didática, para entendermos este trabalho, temos a seguir informações desta última parte da divisão, história da criminologia, teorias provadas em campo e utilizadas por este investigador, pesquisa de campo feita por uma instituição do Brasil e, por fim, considerações que nos fazem pensar em políticas criminais mais sérias e inovadoras.

 

Assim, começar um trabalho de investigação sobre algum tema criminológico, é sem dúvida um esforço muito grande, mas, gostaria antes de argumentar sobre um trecho de uma obra de psicologia em que o autor encontra um vínculo entre a tal disciplina e a criminologia, que a meu ver é de grande valia para a criminologia atual, onde buscamos a independência de tal matéria.

 

Não obstante, é a criminologia uma ciência antiga em seus dizeres e anotações? Não é, mas a psicologia sim, e a junção entre as duas ciências faz com que hoje possamos ter uma matéria antiga e ao mesmo tempo abundante em conteúdos para o futuro das teorias.

 

Esclarecer dados sobre um assunto criminológico atualmente é de extrema importância e ao mesmo tempo nada fácil, mas para um grande trabalho em forma de teoria é necessário uma pesquisa de campo ainda maior, por que estamos nas ruas, nos piores lugares do mundo e nos deparamos com o mundo normal, real, e olhamos as infinitas oportunidades com que o jovem de hoje podem adentrar em um possível mundo de criminalidade

 

Ademais, um dos livros ora citados ao longo deste artigo, me orienta no sentido ímpar de que um trabalho de teoria criminológica, para que se faça de verdade é necessário que se realize uma investigação empírica, ostensiva e, ao mesmo tempo, pormenorizada, ou seja, uma observação do mundo real, do  mundo do crime no âmbito jovem, social, familiar e escolar.

 

Conforme supra citado, faremos mençao de uma obra de psicologia, em que buscamos não só a realidade da autonomia da criminologia, mas de que forma as duas por si só são de extrema importância ás futuras teorias de desenvolvimento e estudos para os nossos jovens de um futuro próximo.

 

É uma anotação do autor que tem a necessidade de expor como as duas disciplinas juntas, nos ensinam que a sociedade tem sempre a possibilidade e o dever de “arrumar a casa”, ou seja, tem a chave para dirimir conflitos, dúvidas e os detalhes dos quais se fazem presente em uma sociedade com a qual vivimos e convivimos hoje em dia cuja taxa de violência cresce cada vez mais.

 

O livro “El Alma Está en el Cerebro”, do autor Eduardo Punset, mostra-nos:

 

“Sociedade e Neurologia: O Debate Aberto”

 

Como segue: “a doutora Manuela Martínez, especialista em violência de gênero, admite que obviamente, (-o maltrato físico durante o período de desenvolvimento do cérebro da criança, prejudica necessariamente, posto que altera o desenvolvimento das estruturas do desenvolvimento das sinapses, os níveis de neurotransmisores, etc. Assim, quero dizer que o cérebro pode não desenvolver-se adequadamente, mas isso não quer dizer, em minha opinião, que a criança possa ser um delinqüente o será muito menos um assassino).”

 

Ela continua “Em opinião de Manuela Martínez, a agressividade ou a violência não é um comportamento que se observa por razões fisiológicas, e sim por razões sociais”: (A agressividade ou a violência é um comportamento social. Você necesita estar com os demais, você aprendeu uns jogos sociais, você adquire um rol em cada contexto. Obviamente, se- teu cèrebro funciona bem em cada contexto, comportas adequadamente e não vai ser um individuo deliquente ou criminal; se teu cerebro funciona mal, pode sair do rol que se observa… Isso é obvio. Mas sempre se trata de um contexto determinado).

 

Sem duvida são anotações de grande valia para a criminologia, que vem nos ensinado com as teorias ora existentes que o convívio social é questionavelmente a chave para varias perguntas, como por exemplo, Por que não delinqüimos?

 

O autor e psicólogo espanhol segue com as tais “chaves” tendo como base a criminologia, mas com atitudes em sua área.

 

Seguido dos argumentos da doutora Manuela, também e psicóloga, Belén Martínez, que anota na mesma obra, outro dado interessante relacionado com a aprendizagem de padrões de conduta. “Eu não diria que a violência está interamente relacionada com a biologia, se não com o modo em que se encontrem os esquemas quando o sujeito é ainda uma criança. A segurança da criança é básica, é uma etapa onde se está construindo um esquema do mundo e de suas relações, se maltrata um bebê, ou uma criança, ou se cuida dele de uma maneira inadequada, abandonando-lhes ou abusando-lhes, a criança aprende ou desenvolve esquemas ou padrões para que o mundo se transforme em um lugar hostil, em um lugar mal, negativo, onde realmente existam duas opções: ser vitima ou ser agressor. É fácil entender como uma criança que sofrera determinadas experiências de maltrato, com o tempo desenvolve esquemas negativos sobre o mundo e sobre a vida, e tende a comportar-se em muitas ocasiões de um modo violento”.

 

Diante do acima narrado e exposto, é necessário que aprendamos com as relações de sociedade e família, não obstante, o convívio em determinadas fases de nossas vidas instigam com que a criança de hoje seja um determinado homem de amanhã.

 

Ademais, de comentar essa ciência, a psicologia, não poderemos nos equivocar de acreditar que a criminologia é uma parte dela e sim ciência autônoma que cuida e desenvolve teorias empíricas para a compreensão dos delitos.

 

Em destaque, antes de adentrar no conteúdo deste trabalho, é de extrema importância narrar que a criminologia atual necessita sim de dados de outras matérias para uma análise ampliada da situação delitiva, mas não carece de ser ela um apontamento de outra matéria.

 

 

                                               A Teoria do Controle Social

 

Sem embargo, mister se faz que anotemos um trecho da obra Criminologia do autor Orlando Soares (Biblioteca Jurídica Freitas Bastos, p. 42), “Criminologia é a ciência causal-explicativa, essencialmente preventiva, visando o oferecimento de estratégias, através de modelos operacionais, de maneira a minimizar os fatores estimulantes da criminalidade, bem como o emprego de táctica que empreguem fatores inibidores da criminalidade”.

 

A teoria do controle social de Hirschi bem como da frustração de Agnew e a também teoria anotada por Sutherland Associação Diferencial mais conhecida como aprendizagem social que no futuro foi melhorada por Akers e a mais conhecida de Sutherland, do colarinho branco e dos crimes de cor caqui (praticados pelos militares), e corroboram com os dados acima anotados que nos explicam que antigas teorias são novas aos olhos do ser em tempos atuais.

 

No na obraconsultadaIntroducción A La Criminología, em suas paginas sobre o tema, verifica-se que a teoria de Hirschi e seus colegas nos deixaram muitas conclusões que adiantaram o futuro criminal daquela época mas todavia, ainda, em tempos atuais não podemos dizer que temos todas as soluções para os problemas em tema de criminologia.

 

Ademais, insta salientar que tal teoria merece seu reconhecimento na historia da criminologia, não por ter efetuado um grande trabalho empírico mas sim por que com tal ponto de partida tivemos a possibilidade explicar nos dias atuais alguns delinquentes e seu modus operandi.

 

                                    Historia da Criminología – Controle Social

 

Para tal teoria, criada por Hirschi nos anos “60”, foram investigados nos bairros que eram povoados por emigrantes italianos que no futuro formariam as máfias italianas.

 

É incrível a historia e os meios pelos quais se podem observar o entorno do mundo criminal e suas variáveis. No mesmo ano da obra citada acima, Hirschi e seus colegas investigavam e assumiam, em Chicago que a teoria do Controle Social era aplicável no entorno daquela coletividade e Sutherland com a teoria do Colarinho Branco e de cor caqui, e Agnew com a teoria do Aprendizado e o controle baixo, na mesma época assumiam o que hoje podemos analisar como as três principais causas do delito no mundo capitalista em que vivemos.

 

A delinqüência não é produzida por nenhum elemento de natureza externa ou interna, como a frustração ou aprendizagem de certos valores e técnicas, se não que representa a tendência natural do ser humano em questão de oportunidade, o que se deve perguntar não é por que delinquimos e sim por que não delinquimos?

 

Nesta mesma época os investigadores de Chicago, observavam que a relação de crime X oportunidade desta comunidade, eram ocasionadas em virtude do não comprometimento de um Estado que lograsse colocar as devidas oportunidades e que, por conseguinte mantivessem isolados do resto do mundo tais emigrantes.

 

A criminologia tem como estudo o agente suas condutas negativas, e suas variáveis e possíveis causas do crime bem como o fator criminologico da prática delitiva somada às condutas anti-sociais dos delinquentes e Hirschi e seus colegas observaram bem de perto que o controle social é sem dúvida um dos mártires da prática delitiva.

 

A seguir vejamos como um psiquiatra de renome no Brasil e no exterior, cujo trabalho é conhecido por todos, nos diz:

 

Não se pode negar o merecimento dos estudos psicanalíticos na comprovação de que as ações humanas, inclusive o crime, obedecem a motivações inconscientes, e que as raízes dessas motivações provêm das experiências da primeira infância.” Ensaio de Psicologia Criminal, (O teste da Árvore e a Criminalidade), Luíz Angelo Dourado, ed Zahar,1969, 2ed.

 

E segue nos expondo que a infância é a verdadeira primícia sobre o fator criminológico que vivemos hoje, não obstante a chamada primeira educação, ou seja, aquela educação que as crianças recebem sobre moralidade ou educação básica seja a responsável pelas atitudes antis-sociais e a falta de respeito sob um ponto de vista da moralidade do ser. Vejamos:

 

“Assim sendo, à ausência de correta educação desde o início do desenvolvimento do ser humano é a chave-mestra que poderá abrir, na idade adulta, as portas do cárcere. A reação dos fatores ambientais sobre o indivíduo apenas relativa importância apresenta.” Ensaio de Psicologia Criminal, (O teste da Árvore e a Criminalidade), Luíz Angelo Dourado, ed Zahar,1969, 2ed.

 

Corrobora ao narrado do autor, bem como de alguns criminólogos em tela que uma sociedade mal formada e mal educada terá sem duvida os criminosos que assim se forme e eduque para tal, mas as raízes de uma sociedade positiva e bem cuidada para um convívio regular entre todos é sem duvida a educação.

 

Este investigador por meios empíricos desenvolveu um trabalho de análise, para promover uma investigação capaz de demonstrar, a teoria mista em que da falta de oportunidade e a falta de amor para com o nosso próximo, será sem dúvida, nos próximos anos a teoria criminológica mais explicativa sobre o crime e o delinqüente.

 

Assim podemos analisar que não se comete um delito por que existe um vinculo entre o sujeito e a sociedade.

 

(-A teoria do controle social assume que os atos delitivos se produzem quando o vinculo do individuo com a sociedade está debilitado ou rompido-) Hirschi, 1916:16.

 

Seguimos com a obra Introducción A La Criminología do autor e professor Alfonso Serrano Maíllo, na qual encontramos quatro elementos que segundo Hirschi, é o vínculo primordial para o não cometimento do ato delitivo: O Apego, A Entrega, A Participação e a Crença.

 

Por tais elementos o autor nos ensina que (-A essência da internalização das normas (…) reside no apego do individuo a outros-) Hirschi 1969, 18.

 

Hirschi também nos demonstra em sua teoria que a oportunidade do jovem de hoje em dia é a mesma de ontem para delinqüir, mas as oportunidades de prosseguir com uma conduta positiva para com a sociedade e para si é infinitamente maior que ontem.

 

 (c) Muitos jovens e adultos não dispõem de muito tempo para ocupar-se em atividades delitivas o incluso para pensar nelas: a participação, por tanto, em atividades das mais diversas naturezas, por exemplo, no caso dos jovens o rol de atividades escolares, esportivas e extra escolares… Constituem em ulterior elemento do vinculo a sociedade. Hirschi, 1968 212-222; o mesmo 1969: 21-22 e 191. (Quanto maior e mais intensa seja a participação do individuo em atividades deste tipo, mas difícil será que delínqua, segundo nosso autor).

 

Um jovem corrompido pela má conduta ou pela observação negativa somada ao aprendizado delitivo é sem duvida o elo de rompimento de um ser para com sua sociedade, o não comprometimento deste ser com sua sociedade se deve ao fato que um dia ele não encontrou sua oportunidade sendo que ao sentir-se excluído pelas políticas de proteção de um estado se vê obrigado a reservar seu seja como for.

 

                                               Por que não delinquimos?

 

(Quer dizer, que para as teorias do controle social, os controles que impeidem que o jovem caia no mundo do crime pode ser interno ou externo. Assim, por exemplo, os primeiros podem incluir um bom autoconceito, acreditar nas normas ou um autocontrole alto; os segundos, a vigilancia na familia na escola ou no seu grupo primário). .> Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Quer dizer que, em Durkhein para Hirschi, os pontos são os mesmos, mas a oportunidade e influência é a mudança maior para os jovens.

 

A oportunidade esta baseada em ter um futuro melhor olhando sempre para frente em direção ao seu entorno e principalmente no futuro.

 

A oportunidade de delinquir sempre estará presente, para todos, mas a oportunidade do futuro melhor, nem todos teriam.

 

(Sobre o caso da família, a investigação contemporânea destacou a importância para a explicação do delito, ainda que não seja tão determinante como às vezes pode-se pensar).

 

(… mas às vezes reconhecem que as variáveis referidas à escola ou aos pares tem uma influencia muito maior, assim como pode haver direfenças entre distintos subgrupos de família atendendo a variáveis como a raza). Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Assim sendo, autores de renome no Brasil e no exterior nos dão a oportunidade de verificar que uma sociedade que abriga seus criminosos e ao mesmo tempo em que ajuda a formar mais, nos incentiva no caminho que a educação e a total atenção para as crianças são de extrema importância.

 

Na mesma obra, ora citada, em sua página 362, nos destaca: (A teoria clássica do controle, mas conhecida é a que Hirschi apresento em 1969, é a que estamos nos referindo no capitulo 2. Essa teoria que teve impacto impressionante, segue inspirando ainda hoje alguns investigadores e, em realidade, mantem um certo apoio empirico) Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Estou certo que essa teoria nos ensina a melhorar a qualidade de vida dos jovens, por que nos orienta para os verdadeiros problemas da sociedade em que vivimos e, sobretudo, nos limita que a verdadeira ordem é melhorar nosso entorno com qualidade de vida social para todos, melhores trabalhos e igual oportunidade para que os jovens tenham uma opção agora, e não uma medida de penalização a que escolher.

 

Temos a oportunidade de proporcionar aos jovens de hoje a segurança que não tivemos, podemos agora clavar as mãos no trabalho social e voluntário, ajudar, mais o próximo, podemos conviver mais com os nossos filhos e família, pois somos todos como uma grande família e podemos estar certos de que o sentimento de ajuda nos permitirá assegurar um futuro sem delitos e delinquencia.

 

A chave para o delito, para o criminoso de hoje, é assegurar que cumpra sua reprimenda corporal e a chave para o futuro das pessoas de bem é a criminologia que nos ajuda com o efetivo cumprimento das leis e as teorias que nos ajudam no convivio com nossos entes queridos.

 

                                    A Teoria da Anomia para Durkhein

 

(Em especial, Durkhein desejava explicar que o comportamento humano não só depende do livre arbitrio, se não que se encontra ao menos em parte determinado por forças que se encontram fora do seu controle e que incluso tinha uma natureza social, ou seja, independente de sua pessoa. A tesi é que existem forças sociais que influem no comportamento humano) Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Insta salientar que autores como Durkhein abordam que determinada chave está na sociedade como um problema e para Hirshi, o problema é a sociedade.

 

Explicando, o criminoso, em suas varias modalidades ou profissões, como queira determinar, que não vem ao caso agora e será objeto de discussão ao longo do trabalho.

 

Tão somente cabe ressaltar que a sociedade como criadora de seus próprios criminosos tem para Durkhein a chave para gerar e propagar ao individuo a oportunidade que necessita para delinquir, vitimologia pura.

 

Como sendo a chama para o estopim, como por exemplo, a parte externa que o individuo analisa para o momento oportuno para o ato delitivo.

 

Hirschi exterioriza de uma forma mais contundente na hora de responsabilizar uma sociedade falida como a nossa aliás analisa muito bem ao argumentar que a oportunidade quem cria é o próprio autor do ato descrito na norma como reprovável, pois o mesmo ato que a lei condena como ato antijurídico e que a mesma sociedade sanciona, por meio do competente juízo.

 

Mas ainda, Hirschi, aborda que a sociedade tem sua parcela de culpa, sociedade essa em forma de Estado, que inclui todos de uma forma ou de outra.

 

(O mal estar que sofremos (…) é testemunha, não só uma miséria economica crescida, senão uma alarmante miséria moral) Durkhein 1897: 434; vid. Asimismo y en general 323-358. Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Ademais, os autores acima sitados, determinam que a chave é a conduta humana em sua sociedade, mas… os criminosos são pessoas normais? Sim, são de verdade, e merecem ser tratados como tal, ou seja, no cumprimento da reprimenda e incluso em suas responsabilidades pós crime, falo aqui das civis.

 

Entretanto, cada reprimenda merece uma historia e cada historia deveria ser contada de forma impar, pois não somos todos iguais, menos ainda os tipo penais, não quero aqui adentrar no Direito Penal, tampouco em políticas criminais de segurança pública.

 

Tão somente, cabe ressaltar que cada pena a cumprir deveria ter sua parcela de TENTATIVA de reabilitar o indivíduo para um possível convívio com uma sociedade, ou seja, não penas suaves, mas sim que a tentativa de reabilitação seja realizada de forma produtiva.

 

Mas cabe a criminologia fazer tais comentários, sim faz, e cabem às políticas de segurança do Estado, que assim se entitulam cumprirem com suas atividades e objetivos precípuos.

 

Como é realizado por aqui, na Espanha os juízes são assistidos por criminólogos formados, expertos em criminologia, ou especialistas na área da criminologia, por que não basta tão somente punir, por que depois do cumprimento da pena deparamo-nos novamente com o mesmo processo de delinquencia.

 

Em comentário, insta salientar que na Europa a criminologia faz parte diretamente da justiça penal e civil e por meio de especialistas em criminologia e seus expertos, contato direto com o acusado e por tempo de cumprimento da pena através do programa que dirige um profissional em estabelecimentos de correção.

 

Insta salientar que a criminologia, aqui e nos 27 países que compõe a União Europeia, é ciência autônoma, matéria impar e curso universitário com duração de três anos, MBA, Mestrado, Dotorado e Cursos de Especialização, que conferem direito ao aluno ou profissional da área o exercício pleno da atividade nos 27 países da UE alem de desenvolver atividades nas diversas áreas que apontam como a criminologia a ciência descoberta para o novo século da nova era do aperfeiçoamento do estudo do criminal e suas duvidas e teorias no mundo.

 

Em resumo, não é a criminologia parte edificante de nenhuma outra disciplina, tampouco assessoramento de alguma matéria penal ou suas extensões mas sim, ciência impar com características singulares, das quais fazem dela uma matéria única que deveria ser tratada como tal.

 

Pois bem após apontamentos importantes sobre a nova tendência que ainda se faz carente no Brasil, não somente porque geraria emprego e políticas que serviriam em muito para um convívio singular para todos, mas principalmente para que embarquemos em uma nova era de moralidade e conhecimento dos quais estamos privados desde muitos anos, e que agora possamos tomar a verdadeira direção deste barco chamado Brasil.

 

Sem mais, para o tema acima analisado e que as devidas reflexões sejam feitas pelos oportunos responsáveis, mudaremos o curso deste barco para analisar o autor e também professor Marcelo F. Aebi, em sua obra que com propriedades nos ensina que a delinqüência e emigração são dois tópicos associáveis e ao mesmo tempo merecedores de respeito.

 

Delinquência violenta e emigração: Um marco para a metodologia histórico-comparativa

 

(… creemos que o debate europeu atual sobre a minoria étnica deveria deixar de lado as estericas discussões sobre diferenças culturais e teria que concentrar-se na busca de estrategias para melhorar a qualidade de vida dessas minorias e evitar a consolidação de bairros habitados unicamente por elas. O caminho é largo por que o simples fato de falar de emigrantes de segunda e terceira geração em lugar de falar de cidadoas nos refletem o fracasso das sociedades europeias ocidentais para integrar-lhes).

 

Os apontamentos acima mister se faz somar com os de Hirschi em Chigaco, EUA, onde nasceu sua teoria em meados dos anos 60, a teoria do controle social, em que analisando as palavras do professor Marcelo nos indica que neste século, inicio de um novo mundo de tecnologias avançadas o homem não deixou de ter os mesmos medos e conflitos internos,

 

Estamos diante de um confronto universal em tema de emigração e crimes ou tão somente a teoria nascida em Chicago, vêm resurgindo por vários países do mundo.

 

Ao contrário do que se diz nas sociedades burguesas do então novo mundo a emigração é espelho de desenvolvimento, de que emigração é necessário aqui no velho continente, assim que os chamados “cérebros em fulga” para os países de Europa são cada vez maiores.

 

É claro que o caso do Brasil que exporta seus “cérebros” para o mundo não chega a 1%, tendo em vista números de envios como África, China e Japão, e outros visinhos das Américas, chegam ao absurdo de enviar até 50% dos chamados cérebros.

 

Cabe esclarecer algumas duvidas a respeito do ora narrado, entende-se por “fulga de cérebro” os chamados até então universitários, com términos de seus cursos, Doutores, Mestrando, PHD, MBA, Expertos, ou seja, diplomados que veem uma oportunidade de progredir em seus estudos ou teses e investigações, aqui na Europa, através de inúmeras oportunidades, e em se tratando de Brasil, assim como os Mexicanos nos EUA, vêm todos documentados, como turistas e depois do prazo determinado por lei viram ilegais, os chamados “sem papeis” ou indocumentados, termo legal.

 

Depois de esclarecer alguns tópicos sobre emigração, baseando em dados de uma pesquisa feita em 2008 por Guillermo de la Dehesa, titulado como (Comprender la Inmigracón ed:Alianza de 2008), vamos a seguir narrando tópicos de interesse criminológico.

 

Outra dúvida a sanar é que, o que tem haver a emigração, crime e criminologia?,… Tudo, continuando com os apontamentos do professor Marcelo, da Universidad de Ensino a Distancia de Madrid, UNED, o mesmo relata em seu livro, não somente como as autoridades tratam os emigrantes mas também como a política aqui e nos 27 países são restringidas ao longo do convívio entre emigrantes e população local.

 

Assim, comenta o professor que ao tratar um ser humano com tantas normas de proteção e diferenças restringe o emigrante a possíveis “subidas” de vida igualando-se à condição  parecidas com o estilo de vida dos nativos, ou seja, uma vez emigrante sempre emigrante, a falta de oportunidade ou igual oportunidade.

 

Assim sendo, em matéria de crime, em Itália e França, suas legislações penais, adotara o mesmo sistema que o EUA possui em vigor desde 11M, ou seja, caso seja abordado pelas autoridades policiais a um emigrante sem documentação que comprove sua instancia legal nestes países, poderá o miliciano encaminhá-lo até um distrito policial sendo obrigado a se submeter a um fichamento como um criminoso, esclarecendo que nestes países tal conduta é considerado como crime.

 

Esperar o processo de extradição preso e incomunicado, na vida real, e assim estar entregue ao convívio de outros delinquentes de tipo penal diferenciado.

 

Tais políticas, ainda, não fazem parte integrante do ordenamento jurídico penal da união europeia, mas em breve será, por que a taxa de emigração nestes países se elevam a cada dia e sempre existem aqueles que se aproveitam do sistema em analise, e os emigrantes se vem obrigados a participarem da auto exploração, como acontece com os chamados cérebros que recebem menos pelo mesmo trabalho desenvolvido pelos nativos, e os que ainda não tem seus documentos, sendo explorados de todas as formas possíveis.

 

Em um último argumento, destacaremos que os procedimentos como aqueles adotados em países da EU, sobre matéria de emigração como sendo propriedade do Direito Penal, caberá, sem dúvida de argumentos, o que hoje ocorre em diversos países na Europa a exploração do ser humano em suas diversas modalidades.

 

Mas cabe ressaltar ainda, que, essa discussão detalhadamente será tema de um novo trabalho de pesquisa.

 

Concernente ao narrado sobre crime e emigração é um tema de abordagem extensa e cabe aqui dirimir duvidas e não busca-las, continuemos.

 

Ademias, a teoria do controle social vem e nos ensina que o motivo primeiro é que a criminalidade esta caracterizada por um determinado lugar concreto, mas, tendo em vista seus proprios problemas socias de um bairro.

 

Assim sendo Hirschi e o professro Marcelo, nos demonstra que a emigração de Chicago pelas mafias da época em meados dos anos 60, vem a corroborar com o então narrado pelo professor Marcelo, onde hoje a emigração está condicionada a viver em determinados bairros já habitados pelos seus familiares que chegaram primeiro ou pessoas da mesma nacionalidade e assim está demonstrado desde os anos 60 e até hoje que a oportunidade de delinquir de um determinado bairro sem grandes oportunidades de sobrevivência, pode possivelmente ser um bairro com grandes possibilidades de ser um lugar criminogeneo.

 

Mas não vamos confundir a teoria de Hirschi, e a teoria do professor Marcelo, onde o ponto de partida pode ser o mesmo, bairro com um maior controle de uma determinada nacionalidade, que eram chamadas de máfias, por bairros com emigrantes vindo dos mais diversos países do mundo que se adpatam ao estilo e a cultura dos demais e apartir dai tirar conclusões que todos os emigrantes são criminosos por que vivem apartados.

 

Exemplos no Brasil são os bairros afastados do centro sem possibilidades e nem recursos, falta de escolas, lazer, saúde e demais saneamentos básicos, fazem com que a população local em sua minoria tenha como opção o crime ou atitudes negativas ao convívio social local e territorial.

 

Em seguida vamos analisar um trabalho de campo realizado na Fundação Casa, antiga FEBEM de São Paulo – Brasil, que faz chave ao narrado acima, pois politicas de governos que não atuam como devem em localidades carentes, edificam centros como os de abaixo colacionado.

 

Formuladas as perguntas pelos próprios trabalhadores da instituição em tela e as perguntas formuladas tambem são de responsabilidades dos mesmos, assim que em seguida será exposta comentarios acerca dos relatos dos profissionais que trabalharam nesta pesquisa da Fundação Casa, que cabe mais uma vez ressaltar, foram feitas pelos profissionais da Instituição e serão comentadas aqui.

 

 

 

Kohlberg nos fala da tridimensionalidade da ação moral da realidade e da oscilação binária e aponta em seus estudos que podemos diferenciar as seis figuras morais, como saúde moral sábio, santo e libertador e como patologia moral, escéptico, cínico e tirano.

 

Pesquisa na Fundação Casa – FEBEM, Investigação de Campo.

 

É com a frase a seguir retirada do livro, Ensaio de Psicologia Criminal, que gostaria deixar em aberto esse tópico de tamanha importância:

 

“A privação de amor na infância pode incurtir na personalidade em desenvolvimento completa indiferença, desamor ou mesmo ódio ao próximo, facilitando, mais tarde, o ingresso no crime.”

 

 

A Oportunidade

 

(O primeiro individuo que depois de acercar-se a um terreno e disse: “Esta terra és minha” e encontrou gente tão simples para acreditar-lhe, foi o verdadeiro fundador da sociedade civil).

 

(Cuidado ao escutar ao impostor; estarás perdido se esquece que os frutos são para todos e que a terra não é de ninguem) A origem da Desigualdade: A Propriedade. “Discurso sobre a origem e fundamentos da desigualdade entre os homens, parte 2, Tecnos, Madrid, 1987, Historias de los Filósofos.”

 

Bom como o próprio tópico demonstra a oportunidade segundo os autores reconhecidos, é a determinante entre o criminal e o ato em si.

 

Pois, a oportunidade da pratica delitiva é tão somente um momento em que o agente pratica a conduta descrita no tipo penal e assegura que todos os seus desejos sejam cumpridos.

 

Ademas, o criminoso sabe quando praticar e quando sua oportunidade aparecerá, mas tambem sofrerá a influência do meio onde vive e o tal baixo controle somado a uma possivel falta de oportunidade em sua vida.

Onde, sobre a ultima oportunidade ora narrada, gostaria discorrer algo sobre o tema, por que, creio que o determinante para a pratica delitiva do crime seja justo a falta de oportunidade, mas contraria a ter o agente a oportunidade de praticar um crime, ou seja, a falta de oportunidade em ter uma vida melhor, cujo o agente não deteve, é uma situação, e a oportunidade de ver-se em uma pratica delitiva por sua mera conduta e opinião é outra.

 

Cabe ao Estado, a sociedade, e por pirmeiro e não mais importante o grupo familiar, escola e grupo de amigos, que inspiram no ser em formação os prototipos de moralidade e boa conduta, assim teremos pessoas de bem, capazes de formar opiniões sobre o errado e certo ou melhor dizendo, bem e o mal, moralmente falando.

 

Teremos muitas teorias acerca do tema, uma delas é justamente a oportunidade, onde em uma pesquisa feita por (J.J. Muñoz Garcia y E. Navas Collado, pesquisa de 2004, extraido da Internet, Conducta antisocial en adolescentes: teorías explicativas psicosociales), uma teoria cujo nome De La desigualdad de Oportunidad, (Da desigualdade de oportunidade), que nos ensina, de certo modo, uma combinação das teorias de Anomia e da Associação Diferencial e tambem da Subcultura. Cloward y Ohlin, admitem a existencia de profundas desigualdades entre as diversas classes sociais na hora de ascender legítimamente a metas cultural e socialmente aceitas por uma sociedade podre e descriminate.

 

Os membros dos grupos mais deprimidos serviriam de meios ilegitimos para conseguir seus objetivos, é assim que nasce um criminoso.

 

A falta de oportunidade quando autores como Hirschi e Durkhein nos falam em seus ultimos anos de pesquisa, de que não tire a oportunidade das pessoas e que construam uma sociedade mas produtiva e pensadora de objetivos comuns com iguais oportunidades para todos.

 

Sem oportunidades mentirosas para aqueles que têm cor ou condição social diferenciada, ou pela nacionalidade ou pelas raizes hereditarias, e sim uma sociedade justa, para todos.

 

Uma sociedade que não dispõe de oportunidades para todos, sem duvida terá que assumir as consequencias de uma elevada porcentagem de criminosos convivendo na mesma sociedade com pessoas de bem.

 

Em sociedade com uma taxa de desigualdade tão profunda e clara aos olhos comuns, seria utopia crer que um dia algum governante poderá fazer algo, não por que o mesmo não queira e sim por que não havera mais oportunidade de fazê-la. Contraditorio.

 

(Desta maneira, a chave para que um delito tenha lugar se encontra em la concorrencia desses dois elementos; um sujeito com um autocontrole baixo que se encontra com uma oportunidade para delinquir – o bem, que se produza não a mera soma dos dois termos da formula, se não uma interação entre eles). Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Diante do ora exposto o autor nos ensina que a oportunidade de delinquir é a soma ou interação de efeitos externos a vontade do agente, ou seja, sua mera interação, já bastaria para a pratica delitiva.

 

Estudos que Freud realizava e outros psicologos e psiquiatras ao longo de nossa historia, até mesmo todos os profissionais da area criminal, em suas diversas areas de estudo e investigação todos juntos, não chegaram a uma só conclusão afim de que se o agente criminoso está ou não dotado de um baixo controle no momento da execução de um crime.

 

Não vamos aqui, corroborar ou não com este ou aquele autor, mas ter certeza de que a oportunidade ou a falta dela é sem duvida uma das palavras que alcansaram teorias que até o presete momento vem dando resultados e os seus devidos frutos.

 

O que queremos, os criminologos em geral é decobrir o que faz o agente pensar, manipular objetos ou planos, executar, ou até mesmo ordenar um crime.

 

Por que existem pessoas que vivem, moram, estudam, convivem, ou até mesmo tem menos possibilidade que muitos criminosos e não cometeram crime algum, ou seja, jovens que vivem nas mais diversas condições subumanas em torno do mundo e conseguem de forma magica, (muito esforço), seguir adiante, estudar, conseguir seu trabalho, talves não o sonhado, mas seguir, fazer familia e ter uma vida digna de respeito e admiração.

 

Não precisamos narrar, historias de superação em morros do Rio de Janeiro, Brasil, contam bem, ou até mesmo nos bairros pobres da grande São Paulo, ou Colombia, Peru, Venezuela, Argentina, Africa, Irã, etc etc etc.. e todos os países, cuja legislação é mentirosa, cuja sociedade é hipócrita, cujo legislador pensa dia e noite em mais tipos penais para enviar mais gente para as cadeias.

 

A falta de oportunidade acima narrada, é sem duvida a causa primaria do crime, em uma sociedade que estigmatiza, marca, manipula, puni, que descrimina, que não deixa o pobre ascender aos seus objetivos basicos, estudar, por exemplo, será sem dúvida uma sociedade falida.

 

O agente reincidente é mais custoso para o Estado, temos que fazer mais cadeias, só que agora com a palavra máxima na frante, mais impostos, para que todos possam dormir melhor.

 

Por que não construir escolas, hospitais, centro de desenvolvimento estudantil, centro de cursos profissionalizantes, ou centros culturais, com todo esse dinheiro poderiamos sim dormir melhor, tal dinheiro seria melhor empregado.

 

Existe uma pesquisa feita nos anos de 56 até 2006, pelos economistas e investigadores, Dean Yang, Oded Stark, Christian Helmenstein, Yuri Tegorov, Christian Dustmann, e seus colegas ao longo dessa pesquisa, que para ter um país de verdade democratico é preciso ter uma sociedade devidamente educada.

 

Corrobora ao narrado sobre o baixo controle e a falta de oportunidade de uma vida melhor ou a oportunidade de praticar um crime, com a versatilidade do criminoso, é imperioso destacar tal preceito aqui, por que vamos analisar agora o poder que o agente tem e a sua inteligência em pensar como constituir um crime até o momento da execução.

 

Os autores Gottfredson y Hirschi apontam: (a natureza das pessoas que relativamente tendem a estar involvidos no mundo do crime, o certo é que elas já sabem que os delinquentes tendem a ser versatiles: a evidencia da versatilidade dos delinquentes é assustadora.) Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006.

 

Partindo dos pensamentos apontados acima, teremos que colocar alguns topicos da criminologia radical, pois, o mundo Marxista nos traz uma grande ajuda, para entender a chave do capitalismo e o socialismo que tanto Baratta nos fala no livro do autor MarceloF. Aebi no livro Temas de Criminología, ed. Dykinson, 2008.

 

Em outra obra maravilhosa de ler também Introducción a la criminología, autor. Alfonso Serrano Maíllo, ED: Dykinson, 4ª ed, 2006, que nos orienta no sentido de que temos que estudar mais a respeito do tema, pois, podemos ficar como mero espectador ou buscar alternativas do aprendizado de novas teorias e novas conquistas para os futuros criminologos.

 

A seguir, pois, vejamos que a oportunidade de não ter oportunidade se amolda em ter oportunidade de praticar um crime, segundo Max e Engels, o mundo capitalista obriga ou impõe a sociedade como chama a tal “norma cruel”, onde o cidadão menos favorecido se ve obrigado a cumprir.

 

(O estado moderno (…) não é mas que a organização que se da a sociedade burguesa para sustentar as condicões gerais externas do modo de produção capitalista contra ataques dos trabalhadores o dos capitalistas individuais) Engels (1894):189. I MarceloF. Aebi en libro Temas de Criminología, ed. Dykinson, 2008.

 

Seguindo com o raciocinio de Engels o profesor Bonger nos acrescenta: (o capitalismo encontra-se na base da delinquencia por que promove o egoismo, no cual por sua vez, leva as pessoas criarem tendencias e levar a cabo atos de beneficio proprio neste caso, delinquir.) Bonger, 1916: 381-398, 401 y 405 sobre todo. MarceloF. Aebi en libro Temas de Criminología, ed. Dykinson, 2008.

 

A grande oportunidade de praticar um delito é o capitalismo o primeiro empurrão, diante de sua natureza estrutural econômica criminosa em forma de exploração do ser, e a desigualdade que reflexa na sociedade com menos recurso.

 

Um raciocínio empírico de Aniyar de Castro, grande criminologa da America do Sul, vem e nos relata:

 

(O delito é um instrumento das elites que estereotipa as classes baixas como delinquentes, enquato que os atos danosos dos primeiros – crime do colarinho branco e crime de cor caqui, cometidos pelos militares ficam impunes) Aniyar de Castro, 1977: 57-60 y 89; la misma, 1981: 14-15; la misma, 1992: 224; David, 1979: 95.

 

Bastante claro ficou a exposição da investigadora, pois, em se tratando de politicos ou militares, ou até mesmo pessoa com certa influencia tais crimes e seus atos sempre ficam impunes, ou por manobras dos proprios politicos ou pela quantidade de advogados corruptos que o dinheiro sujo pode comprar.

 

Todavia, temos base mais que suficiente para demonstrar que o capitalismo deprime as pessoas, orienta outras a praticas delitivas, somada com policas locais extremamente pro ricos, fazendo assim a total possibilidade dos jovens de hoje ter uma oportunidade a verdadeira oportunidade, de começar uma carrera no mundo do crime.

A delinqüência juvenil segue sem freios, para Max:

(o fundamental para compreender uma sociedade nasce nas condições que os individuo as encontram para sua subsistencia fisica, esto é quais os meios e relações de produção material) Introducción a la Criminología.

 

Segundo Edwards em sua teoria Estrutural Marxista, nas três frações que Max aborda, são de boa condição para que os jovens de hoje tenham seus futuros contrariados para a vida no crime, devido a carga de influência dos pais em relação com os seus trabalhos ou responsabilidades.

 

Como bem advertido a longo do livro Introducción a la Criminología, é a familia a chave para a educação da criança e suas atividades, bem como a vigilância nos grupos ou subgrupos e, por conseguinte a escola.

 

Segundo Max e outros investigadores, a familia tem o poder de decidir e educar da melhor maneira possivel o menor em se tradando de ensinamentos morais, analisando o contexto é claro do ponto de vista criminologico, por que um lugar criminogeneo sem duvida não será dentro de um ambiente familiar positivo, dai a preocupação, segundo alguns investigadores com os grupos, subgrupos e a escola.

 

Por segundo e não menos importante a escola e por fim os tais grupos, são chamados assim por ter uma tremenda carga de moralidade dentro do ser e ele com toda a segurança do mundo se rodeará de pessoas que se pareça com ele, ou seja, mesmo grupo de drogas, de crimes, ou até mesmo organização criminosa.

 

E a escola, joga um papel muito importante neste caso, por que tem e deve ter a responsabilidade de cuidar destes menores e formar parte das atividades escolares, ou até mesmo fazer parte dos tempos vagos que dispões esses alunos.

 

Finalizando como conseqüência, menos tempo livre mais facil será controlar e organizar a vida moral deste ser, ao contrario de que este menor sempre nas ruas a disposição do crime, potencialmente será levado a cabo uma das teorias de Sutherland e Coen, aprendizado.

 

                                                           Conclusão

 

Um argumento mais terá que somar aos apontamentos deste trabalho, bem como analisar algum pensamento, como segue.

 

De todos os pensadores percursores das mais antigas religiões, de todos os estudiosos da área criminal e penal, criminologos e suas mais amplas teorias, profissionais da área da saúde mental, e todos aqueles que de algum modo trabalham nesta area do saber do crime.

 

Estão, todos estes ora assinalados, com um objetivo unico, muito embora com suas diversas teorias, mas com um objetivo e analise maior, os maus tratos, a falta de oportunidade a falta de educação moral do ser.

 

Enfim, são dados dos quais não temos a maior gloria em ter como estadisticas, tais números ficam maiores com o tempo e o descaso e a falta de ajuda por parte do Estado fazem que sejam mais elevados.

 

Esperar que alguem nos ajude e que o estado possa intervir em situações como destes menores que jogados pelas ruas não tem a menor oportunidade de um futuro melhor, ou aqueles jovens que aos 18 anos tem que sair das casas abrigos por ter a maioridade completada, e agora sem apoio ou oportunidade, como muito, o crime é a unica esperança de sobreviver neste mundo hostil e inseguro que agora lhe pertence.

 

Que a criminología é a ciencia que cuida deste argumento e problemas criminogeneos, e que em um futuro próximo lograremos encontrar uma teoria onde poderemos nos apoiar e provar que o problema criminal de hoje é a somatoria de pontos que começa pela falta de educação, oportunidade de progredir na vida.

 

Ademas, concluindo mais um trabalho na esfera criminologica onde o poder degrada e abusa do ser, onde o poder de querer vencer se transpõe o humano, onde o poder de ter poder é a chave mestre para a dissolução do imoral, pervertido, e agora podemos desfrutar das pequenas mesquinharias que hoje não nos converte em ser humano.

Texto nº 53 “O Homem é livre”

 

  <O homem é livre; sem isso, conselhos, apontamentos, preceitos, proibições, recompensas e castigos seriam em vão.

 

Para por em evidencia esta liberdade, é preciso observar que certos seres atuam sem juizo, como, por exemplo, a pedra que cae; e o mesmo ocorre com todos os seres privados do poder de conhecer.

 

Outros atuam segundo uma apreciação, mas esta não é livre, como ocorre com os animais: quando observa um lobo, uma ovelha sabe por discernimento natural, mas não livre que tem que fugir: em efeito este discernimento é a expressão de um instinto natural e não de uma operação sintética.

 

E o mesmo serve para todo discernimento nos animais. Mas o homem atua com juizo, pois é pela potencia de conhecer como ele estima que deve fugir ou perseguir uma coisa, E posto que um tal juizo não é em efeito um instinto natural, senão um ato de sinteses que proceda da razão, o homem atua segundo um juizo livre que faz que seja capaz de diversificar sua ação.

 

Em feito, respeito aos contingente*, a razão pode fazer coisas opostas, como  prova os argumentos dos dialecticos  dos razonamentos dos retóricos.

 

Mas as ações particulares são em um sentido contingentes: assim o juizo racional pode apreciar-se de maneira diversa e não estar determinado por um ponto de vista único em consequencia, é necessario que o homem esteja dotado de livre arbitrio desde o momento mesmo em que esteja dotado de razão.

 

* Contingente: quer dizer não necesario que indiferentemente possa ser o não ser.                                              

 

“Santo Tomás de Aquino, Sua Teología, I, c.83 A1, editora Católica, BAC, Madrid, 1947>, Historias de los Fisolofos.”

 

“ Nadie es una isla, completa en si misma; cada hombre es un trozo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción, toda Europa queda disminuida, como si llevara un promontorio, o una casa de uno de tus amigos, o la suy propia; la muerte de calquier hombre me disminuy, porque soy parte de la Humanidad; y por tanto, nunca mandes preguntar por quién dobla la campana; dobla por ti.”

 

Apartir desta ultima frase o escritor Ernest Heminghway fez publico o livro titulado “Por quién doblas las campanas?” Intersecciones Teóricas en Criminologia (Acción, elección racional y teoría etiológica) Alfonso Serrano Maíllo editor, vários autores.

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